Ed Augustin y Reed Lindsay, Drop Site News, 10 enero 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Ed Augustin es un periodista independiente británico afincado en La Habana que colabora con The Guardian, Al Jazeera y The New York Times.

Reed Lindsay es un documentalista y periodista con 20 años de experiencia.
Los cubanos observaron dos días oficiales de luto a principios de esta semana después de que un contingente de sus fuerzas de seguridad fuera masacrado mientras protegía al presidente venezolano Nicolás Maduro. Las banderas ondearon a media asta y se cancelaron los conciertos.
«Ningún país tiene derecho a invadir a otro», nos dijo una mujer en las calles de La Habana. «Esos cubanos estaban allí a petición del Gobierno venezolano para proteger a Maduro… La sangre que hemos derramado nos une».
¿Teme la población de la isla que Cuba sea la siguiente?
«Seré sincero con usted… un poco», dijo uno.
«Todo el mundo sabe que se trata del petróleo. No creo que vengan a bombardear Cuba», confiaba otro.
«Hemos vivido bajo amenaza toda nuestra vida, incluso [de] una invasión. Y los derrotamos», dijo un tercero. (Veánse las entrevistas aquí).
«Lo que le está pasando a Venezuela le podría pasar a cualquier país latinoamericano», dijo un joven de 19 años que estudia microbiología en la universidad para trabajar en el sector sanitario. «Quiero graduarme. Pero nunca se sabe lo que pasará dentro de tres años, ni siquiera si Donald Trump seguirá siendo presidente».
Cien personas, entre civiles y fuerzas de seguridad, murieron en el ataque estadounidense contra Venezuela, según el ministro del Interior del país, Diosdado Cabello.
The Guardian informa de que Estados Unidos tardó dos horas y veintiocho minutos desde que sus helicópteros aterrizaron en el complejo de Maduro en Caracas, a las 2:01 a.m., en capturar al presidente y a su esposa. Según el periódico, Maduro había reforzado sus medidas de seguridad antes de su secuestro y contaba con la protección de guardaespaldas cubanos.
Sin embargo, la falta de respuesta del ejército venezolano y la disparidad en el número de víctimas mortales —Estados Unidos no informó de ninguna baja— han alimentado las especulaciones en el extranjero sobre una posible traición.
La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, destituyó al general Javier Marcano Tábata, que dirigía la Dirección General de Contrainteligencia Militar y era responsable de la seguridad de Maduro. La propia Rodríguez ha sido cuestionada debido a un informe según el cual ella y su hermano, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, habían mantenido conversaciones en Catar con la Administración Trump sobre una alternativa «más aceptable» a Maduro en los meses previos al ataque estadounidense.
Sin embargo, el desequilibrio en el número de víctimas puede tener explicaciones más mundanas.
«Es evidente que los estadounidenses llegaron con una gran potencia de fuego y simplemente los abrumaron», afirmó Hal Klepak, profesor emérito de Historia y Estrategia del Real Colegio Militar de Canadá. «Esa es una táctica estadounidense a lo largo de casi dos siglos de historia latinoamericana. No se entra con lo mínimo, se entra con lo máximo».
El ministro de Defensa de Venezuela, Vladímir Padrino, leyó el domingo un comunicado de las Fuerzas Armadas Bolivarianas en el que acusaba a la Administración Trump de «asesinar a sangre fría a gran parte de su equipo de seguridad, soldados y ciudadanos inocentes».
El martes, Cuba publicó las fotografías, los nombres, los rangos y las edades de los 32 oficiales cubanos asesinados por Estados Unidos. La lista incluía coroneles, tenientes, comandantes, capitanes y reservistas de entre 26 y 60 años.

Fotos publicadas por Granma de las fuerzas cubanas asesinadas en Venezuela
¿Qué hacían las fuerzas de seguridad cubanas en Venezuela?
Tras la elección del presidente socialista Hugo Chávez en 1998, Venezuela se convirtió rápidamente en el aliado más cercano de Cuba. Al principio de su mandato, Chávez firmó junto a Fidel Castro el Acuerdo Integral de Cooperación entre Cuba y Venezuela, por el que especialistas cubanos aportaron sus conocimientos en Venezuela en los ámbitos de la cultura, la educación, la salud y otros. Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, pero su sistema sanitario siempre ha sufrido escasez de medicamentos y personal. Cuba envió a miles de médicos y enfermeros a trabajar a Venezuela, donde cobraban salarios mucho más altos que los que ganaban en Cuba. A cambio, Venezuela enviaba petróleo a Cuba.
Esta relación, en manos de las fuerzas de línea dura del sur de Florida, se convirtió en munición para los defensores de un cambio de régimen en La Habana y Caracas. Venezuela era acusada habitualmente de apoyar a Cuba y, cuando era necesario para la narrativa, se acusaba a Cuba de hacer lo mismo con Venezuela.
El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, ha tratado de describir las misiones médicas cubanas como «trabajos forzados» y ha ampliado una política de restricción de visados existente relacionada con las misiones médicas cubanas en el extranjero dirigida a funcionarios de gobiernos extranjeros para disuadir a los países de firmar acuerdos similares con Cuba.
Durante años, los funcionarios estadounidenses se quejaron de que Venezuela, rica en petróleo, estaba apoyando a Cuba con petróleo subvencionado. Luego, en 2019, la primera administración Trump cambió el guion.
Ese año, Trump calificó a Maduro de «títere cubano». El entonces vicepresidente Mike Pence acusó a Cuba de mantener al pueblo venezolano «secuestrado». El representante especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliot Abrams, dijo que Venezuela era una «colonia» de Cuba, y el secretario de Estado Mike Pompeo afirmó que la isla era «la verdadera potencia imperialista en Venezuela».
El entonces asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, que supervisó un intento fallido junto con Rubio, entonces senador, para provocar un cambio de régimen en Venezuela, afirmó que había hasta 25.000 «matones» cubanos apoyando al Gobierno de Maduro. «Maduro caería antes de la medianoche» si no fuera por los cubanos, dijo Bolton a los periodistas en abril de 2019. (Para más información, véase el segundo episodio de la galardonada serie documental The War on Cuba, de Belly of the Beast,).
La líder de la oposición venezolana María Corina Machado comparó la presencia de asesores cubanos en Venezuela con una «invasión» y la utilizó como parte de su campaña a favor de la intervención militar estadounidense en su país. Nunca se presentó ninguna prueba creíble de que Cuba tuviera miles de soldados en Venezuela.
«No creo que sea ningún misterio que no seamos grandes admiradores del régimen cubano, que, por cierto, es el que está apoyando a Maduro», declaró Rubio el domingo pasado en el programa Meet the Press de la NBC.
La gran mayoría de los cubanos que han ido a Venezuela han trabajado como médicos y enfermeros, así como profesores y entrenadores deportivos. Uno de ellos es la Dra. Lyhen Fernández Báez, uróloga, que recientemente fue entrevistada por su hija, la periodista de Belly of the Beast Liz Oliva Fernández, sobre su experiencia en una misión médica en Venezuela.
Fabricando una crisis de seguridad
Durante meses, la administración Trump afirmó que sus mortíferos ataques a embarcaciones y su refuerzo militar en el Caribe tenían como objetivo combatir el «narcoterrorismo». El Departamento de Justicia afirmó que Maduro lideraba un cártel de drogas llamado «Cartel de los Soles».
Pero esta semana, la administración retiró discretamente esa afirmación en una acusación revisada, reconociendo que el llamado cartel no es una organización real de tráfico de drogas, a pesar de que Maduro sigue enfrentándose a cargos de narcoterrorismo y tráfico de drogas en un tribunal federal.
Inventar acusaciones inverosímiles para legitimar la hostilidad ha sido la estrategia del Gobierno estadounidense durante décadas en lo que respecta a Venezuela y Cuba. Por ejemplo, la isla figura en múltiples listas negras del Departamento de Estado, acusada de llevar a cabo tráfico de personas a través de sus misiones médicas e incluso de patrocinar el terrorismo, a pesar del consenso en sentido contrario de la comunidad de inteligencia estadounidense.
La estrecha relación entre ambos países también ha servido de combustible para neoconservadores como Abrams y Bolton, quienes cuentan con décadas de experiencia en idear formas de derrocar gobiernos en todo el mundo.
Abrams, condenado por «ocultar información al Congreso» durante el caso Irán-Contra, fue «la figura clave» en Washington durante el fallido golpe de Estado en Venezuela que derrocó brevemente al presidente Hugo Chávez en 2002, según The Guardian. (El miércoles, The New York Times publicó una entrevista de 52 minutos con Abrams para ayudar a sus lectores a comprender «lo que realmente está sucediendo en Venezuela»).
Bolton, que en su día afirmó falsamente que Cuba estaba desarrollando armas biológicas, argumentó en 2019 que Cuba, Nicaragua y Venezuela forman una «troika de tiranía» y un «triángulo de terror» en el hemisferio occidental, lo que recuerda la retórica del «eje del mal» que empleó durante los años de George W. Bush.
Liderada por Bolton y Abrams, la administración Trump no abandonó la afirmación de que Venezuela apoyaba a Cuba, sino que simplemente redobló su apuesta por lo contrario. Los funcionarios estadounidenses han oscilado entre presentar a Caracas como benefactora de La Habana y a La Habana como titiritera de Caracas, narrativas contradictorias que, sin embargo, convergían en el mismo objetivo político: imponer sanciones de «máxima presión» a ambos países, incluidas medidas destinadas a reducir las exportaciones de petróleo venezolano.
Afirmaciones «manifiestamente falsas»
Los expertos en seguridad afirman que las afirmaciones del Gobierno estadounidense sobre la influencia de Cuba en Venezuela son muy exageradas. Ben Rhodes, exasesor adjunto de seguridad nacional de Estados Unidos que desempeñó un papel clave en las negociaciones para la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba durante el segundo mandato del presidente Barack Obama, ha rebatido la afirmación de que el personal militar cubano en Venezuela ascendía a decenas de miles.
«La única forma de llegar a esas cifras es contar a los médicos como agentes de seguridad», nos dijo Rhodes en una entrevista en 2019.
«El número de agentes de seguridad cubanos alegado por el Gobierno estadounidense era claramente falso», afirmó Fulton Armstrong, que ocupó el cargo de oficial de inteligencia nacional para América Latina entre 2000 y 2004. «La gran mayoría son médicos, profesores y entrenadores civiles, y muchos de ellos son mujeres».
«Sabemos que efectivamente había cubanos en el equipo de seguridad de Maduro, pero quizás ahora también podamos descartar que los cubanos «dirigieran» el plan de seguridad de Venezuela, ya que aparentemente no tuvieron ningún indicio del ataque hasta que se produjo», añadió.
La cooperación entre Cuba y Venezuela se intensificó tras el golpe de Estado de 2002, cuando los cubanos ayudaron a crear los servicios de seguridad y la capacidad de inteligencia militar en Venezuela, según Klepak, exanalista de la OTAN que también fue asesor de los ministros de Asuntos Exteriores y Defensa de Canadá.
Añadió que, desde hace tiempo, hay un número limitado de oficiales cubanos destinados en el sistema de mando de las fuerzas armadas venezolanas y que, en los últimos años, han participado en labores de socorro en casos de desastres naturales.
«La ONU ha elogiado a menudo el sistema de respuesta ante desastres de Cuba como el mejor o uno de los mejores del mundo y un modelo para otros países. Venezuela es propensa a sufrir desastres naturales, pero sus fuerzas tenían un historial pésimo a la hora de hacerles frente. Por lo tanto, era obvio pedir ayuda a Cuba», afirmó. «Pero la idea de que esta pequeña presencia militar es en modo alguno un ejército de ocupación o que se trata de unas 1.000 personas, por no hablar de 25.000, tiene simplemente motivaciones políticas».
«El continuo énfasis de Bolton en la presencia de Cuba dice más sobre la Casa Blanca de Trump que sobre Venezuela», afirmó Rhodes en 2019. «Tienen una agenda para perseguir tanto a Venezuela como a Cuba… su enfoque parece ser abiertamente político e ideológico: utilizar el cambio de régimen en Venezuela como punto de entrada para perseguir el cambio de régimen en Cuba».
Este enfoque no ha cambiado con Rubio al frente de la política estadounidense en la región.
La larga historia de resistencia de Cuba a la intervención estadounidense
No es de extrañar que Venezuela recurra a Cuba en busca de ayuda para defenderse de la agresión estadounidense.
La isla ha soportado una invasión respaldada por Estados Unidos, actos de sabotaje, repetidos ataques terroristas y numerosos intentos de asesinato contra Fidel Castro. El servicio de inteligencia de Cuba es famoso, en particular, por haber superado en repetidas ocasiones a la CIA.
Hace décadas, Cuba también era conocida por un ejército «internacionalista» que superaba su peso, enviando contingentes militares para enfrentarse a las fuerzas respaldadas por Estados Unidos en África, Oriente Medio y América Latina.
Mientras Abrams armaba en secreto a los paramilitares de la derecha para derrocar al gobierno sandinista de izquierda en Nicaragua en la década de 1980, Cuba enviaba asesores militares a sus aliados marxistas.
Cuando el Movimiento Nueva Joya, de izquierdas, llegó al poder en la pequeña isla caribeña de Granada tras independizarse de Gran Bretaña, Cuba envió agentes de inteligencia y tropas para apoyar al nuevo gobierno. La administración Reagan calificó a Granada de «colonia cubano-soviética» en 1983 y la invadió.
La intervención militar extranjera más exitosa de Cuba fue en Angola, donde los soldados cubanos lucharon junto al Movimiento Popular para la Liberación de Angola, de izquierdas. Entre 1975 y 1991, Cuba desplegó cientos de miles de tropas en el país, lo que supuso, con diferencia, la mayor intervención militar en el extranjero jamás realizada por un país latinoamericano. A Cuba se le atribuye haber contribuido a la caída del apartheid en Sudáfrica.
«Los internacionalistas cubanos han contribuido a la independencia, la libertad y la justicia de África de una manera sin precedentes por su carácter principista y desinteresado», afirmó Nelson Mandela durante una visita a Cuba en 1991.
Pero cuando la Unión Soviética se desintegró, la economía cubana entró en barrena y las intervenciones militares extranjeras llegaron a su fin.
«Las fuerzas armadas cubanas se redujeron drásticamente, pasando de entre 270.000 y 290.000 efectivos en la década de 1980 a entre 55.000 y 60.000», afirmó Klepak, quien añadió que las fuerzas armadas se han reducido a una fuerza de defensa nacional con poca o ninguna capacidad para proyectar su poder más allá de la isla.
Una verdad incómoda para los que quieren cambiar el régimen
A lo largo de los años, Cuba se ha convertido en uno de los socios de seguridad más fiables del Gobierno de Estados Unidos en el Caribe.
Según Klepak, desde la década de 1990, las fuerzas armadas cubanas y estadounidenses han colaborado estrechamente en operaciones antinarcóticos y en esfuerzos para detener la migración ilegal. Klepak sostiene que la estrategia de Cuba ha sido generar confianza, «crear un grupo de personas en el Gobierno de Estados Unidos que vean a Cuba como un aliado natural y eficaz en cuestiones de seguridad».
Ahora que los días del internacionalismo militar cubano a gran escala han quedado atrás, los partidarios del cambio de régimen se enfrentan a una verdad incómoda. Según Klepak, «por mucho que ambas partes intenten restarle importancia, hasta la primera administración Trump, la relación de seguridad más estrecha que tenía Cuba era con los Estados Unidos de América».
Ahora, con Maduro fuera de escena y casi tres docenas de cubanos muertos, las afirmaciones de que Cuba está apoyando a Venezuela parecen más absurdas que nunca.
La afirmación contraria, que Venezuela está apoyando a Cuba, puede que tampoco sea ya cierta.
En 2025, Venezuela envió menos de 30.000 barriles diarios a la isla, aproximadamente un 70% menos de lo que enviaba una década antes. Este suministro vital de combustible se ha reducido aún más en las últimas semanas, ya que la administración Trump ordenó un «bloqueo total y completo» de los petroleros sancionados. En los últimos años, México se ha convertido en el principal proveedor de petróleo de Cuba, y la presidenta Claudia Sheinbaum ha presentado los envíos como parte de los esfuerzos humanitarios de su Gobierno en el Caribe y de una política de larga data de México.
Estados Unidos está ejerciendo una presión extraordinaria sobre el gobierno interino de Venezuela para que rompa relaciones con Cuba, y aún no está claro qué sucederá con otros aspectos de la relación entre ambos países, ni si los médicos, enfermeros y profesores cubanos que prestan servicios humanitarios en Venezuela se verán obligados a regresar a su país.
Si así fuera, podrían ser sustituidos por ejecutivos petroleros estadounidenses. Rubio dijo el miércoles que el Gobierno estaba a punto de cerrar un acuerdo con el Gobierno venezolano para «quedarse con todo el petróleo», y añadió que Estados Unidos tenía «mucha influencia» debido a su continuo bloqueo a las exportaciones de petróleo venezolano.
Mientras tanto, los directores de ExxonMobil, Chevron y ConocoPhillips se reunieron con Trump el viernes para discutir sus planes de «dirigir» Venezuela y controlar su industria petrolera.
En la reunión, Trump siguió irritando a quienes buscaban un final para su asalto. «Estamos abiertos a los negocios», dijo. «China puede comprarnos todo el petróleo que quiera, allí o en Estados Unidos. Rusia puede también obtener todo el petróleo que necesite de nosotros».
(Amba Guerguerian y Liz Oliva Fernández han contribuido a la elaboración de este artículo).