¿Qué diferencia a las actuales protestas iraníes de otras anteriores?

Isaac Chotiner, The New Yorker, 11 enero 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Isaac Chotiner es redactor de The New Yorker, donde es el principal colaborador de Q. & A., una serie de entrevistas con personalidades de la política, los medios de comunicación, la literatura, los negocios, la tecnología y otros ámbitos.

El viernes, el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, amenazó con seguir reprimiendo a los manifestantes que se han levantado contra su régimen, calificándolos de «vándalos» que trabajan para los estadounidenses. Años de sanciones occidentales y mala gestión interna han provocado el colapso de la economía iraní; en respuesta al creciente descontento interno, el Gobierno iraní ha cortado el acceso a Internet y las fuerzas de seguridad han respondido con violencia a las protestas. (Los grupos de derechos humanos han informado de decenas de muertes; un médico declaró a la revista Time que sólo en Teherán seis hospitales habían registrado más de doscientas muertes de manifestantes). Las protestas son sólo el último problema al que se enfrenta el régimen de Jamenei, que vio cómo Israel asesinaba a gran parte de sus líderes durante una guerra de doce días el pasado mes de junio. (El presidente Trump también ordenó el bombardeo de las instalaciones de enriquecimiento nuclear iraníes en junio). Mientras tanto, la red de aliados de Irán en Oriente Medio se ha visto gravemente debilitada. En Siria, el presidente Bashar al-Asad huyó del país después de que la revolución, que Irán había ayudado a pacificar de forma sangrienta, lograra finalmente su objetivo. En el Líbano, la presencia y la influencia de Hizbolá se han reducido tras los ataques israelíes de los últimos años.

Recientemente hablé por teléfono con Fatemeh Shams, profesora asociada de literatura persa en la Universidad de Pensilvania. Es una activista feminista y, desde 2009, vive exiliada de Irán. Durante nuestra conversación, que ha sido editada por motivos de extensión y claridad, hablamos sobre lo que ha hecho que esta ronda de protestas contra el régimen iraní sea única, cómo la humillación del régimen por parte de Israel ha debilitado su posición en el país y por qué la represión contra los manifestantes podría ser aún más brutal que en épocas anteriores.

I.C.: Hablamos en 2022 durante las protestas en Irán que se centraron en el hiyab. ¿Qué cree que ha cambiado desde esa anterior ronda de protestas importantes y desde las otras rondas de protestas que hemos visto en Irán en las últimas dos décadas?

F.S.: Lo principal que hay que tener en cuenta, y se trata de un cambio significativo, es que a la mayoría de la población le resulta prácticamente imposible llegar a fin de mes. No me refiero sólo a las clases trabajadoras o a las clases más bajas. Incluso la mayoría de la clase media, que hasta el año pasado aún podía cubrir el coste de vida, está casi completamente paralizada en este momento. El coste de vida ha aumentado significativamente, y una de las razones es la caída en picado del valor de la moneda del país, lo que ha llevado a la imposibilidad de los comerciantes e importadores de traer productos del extranjero. A esto se suma la inflación extrema y la falta de alimentos básicos. Mi madre me acaba de decir que ahora es difícil conseguir aceite para cocinar. El precio del pollo se ha disparado. Muchas pequeñas empresas han cerrado o no pueden operar en absoluto. El gobierno no ha sido capaz de gestionar la situación y, básicamente, la sociedad ya no puede sobrevivir. Se trata de una revuelta de una población hambrienta. Es una revuelta por la supervivencia. La sociedad no puede sobrevivir sin poder gestionar el coste de la vida.

Las protestas están siendo reprimidas brutalmente: la población estaba ya indignada. La libertad social ha sido extremadamente limitada desde que el régimen llegó al poder, y especialmente en las últimas dos décadas. Y luego está la humillación que sufrió el régimen durante los doce días de guerra con Israel el año pasado.

¿Diría usted que se trata del descontento más generalizado desde la revolución de 1979, cuando la monarquía iraní, liderada por el sah Mohammad Reza Pahlavi, fue derrocada por los clérigos islámicos?

Por supuesto. Creo que se trata de una explosión. Es un momento en el que ya no se trata de la libertad social. No se trata de la autonomía corporal. Se trata de algo mucho más generalizado. Las protestas de 2022, que fueron protestas sin precedentes por derecho propio, fueron interseccionales en el sentido de que reunieron a personas de diferentes grupos étnicos, géneros y facciones políticas al principio por la autonomía corporal de las mujeres, pero luego, de forma inmediata y muy rápida, se orientaron básicamente hacia el derrocamiento del régimen y la igualdad para los diferentes grupos étnicos de la sociedad. Esta vez, sin embargo, se trata de que la sociedad ha llegado a un callejón sin salida. Y cuando digo que han llegado a un callejón sin salida, me refiero a la gente, a la población. Se trata de cómo poder sobrevivir y proteger a sus familias y poner pan y comida en la mesa cuando es imposible comprar o encontrar productos básicos.

Me imagino que las protestas anteriores, que versaban sobre los derechos de las mujeres o las minorías étnicas, y que a veces se caracterizaban por ser una batalla entre radicales y moderados, provocaban oposición, ya fuera por parte de los hombres, de los elementos más conservadores de la sociedad o de la mayoría étnica. Sé que ha dicho que había muchos aspectos interseccionales, pero sigo imaginando que ese tipo de protestas traen consigo algunas divisiones que una protesta en respuesta a un desastre económico no traería.

Sí, sin duda. Y creo que por eso tienen tanta magnitud. En Irán nunca habíamos tenido protestas a tan gran escala en ninguna otra ocasión. No sé si ha visto los vídeos que están saliendo de algunas ciudades, como, por ejemplo, Mashhad. De allí soy yo. Es mi ciudad natal. Crecí allí y también es la primera ciudad estratégica para Jamenei, en el sentido de que hay un santuario sagrado allí, y la expansión de ese santuario ha sido parte de su proyecto ideológico. Como ciudadana de Mashhad, estoy conmocionada.

¿Las protestas anteriores no fueron tan grandes allí?

No, en absoluto. Y esto es un duro golpe para el régimen, porque en Mashhad se ven fuerzas de seguridad en todos los rincones de la ciudad. Jamenei suele dar discursos allí en los que expone sus planes para el año siguiente. Este es el último lugar en el que habrían imaginado una protesta a tan gran escala.

Las consignas son muy importantes. En la última ronda de protestas, en la ronda anterior, la consigna principal era «Mujer, vida, libertad». Provenía de colectivos de base de mujeres kurdas. Ahora escuchamos consignas como «muerte al dictador», que apuntan al núcleo del régimen. Tampoco habíamos tenido nunca huelgas a tan gran escala. Las huelgas desempeñaron un papel importante en el derrocamiento del régimen de Pahlavi en 1979. Y, en la ronda anterior de protestas, vimos que las zonas kurdas fueron muy activas en las huelgas. Algunos activistas gritaban que el resto del país, incluido Teherán, debía sumarse a sus huelgas, pero eso no sucedió.

Esta vez, sin embargo, los disturbios comenzaron en el Bazar Ala’addin, un conocido centro comercial de Teherán que vende principalmente teléfonos móviles y equipos digitales, y se extendieron rápidamente al Gran Bazar de Teherán. Los comerciantes del Bazar Ala’addin son considerados conservadores desde el punto de vista religioso. Nunca habían protestado en el pasado. Y este es un lugar para equipos electrónicos, teléfonos móviles, ordenadores… Se trata de comercio y de poder importar, etc. Así que comenzó en el corazón de la capital, luego se extendió a otras zonas de Irán, y entonces los siete principales partidos kurdos se unieron y anunciaron que se sumaban a la huelga.

Usted mencionó la Guerra de los Doce Días con Israel. Fue significativo el grado en que Irán fue humillado primero por Israel y luego por Estados Unidos, y el grado de poder militar que Israel parece haber demostrado sobre Irán. Me imagino que, desde una perspectiva puramente nacionalista, cualquiera que vea a su propio país pasar por una situación tan vergonzosa también se sentiría indignado con el régimen.

Creo que debemos ser muy cautelosos al abordar esta cuestión, porque creo que hubo muchas interpretaciones erróneas en cuanto a la respuesta de los iraníes a la guerra. Es obvio que los iraníes estaban en contra de las acciones israelíes. La mayoría estaba furiosa por ello, pero al mismo tiempo debemos tener cuidado: cuando se enfurecen por un ataque en suelo iraní, no se trata de defender al régimen. Se trata de una población que se encuentra atrapada entre una mafia criminal asesina que se ha apoderado del país y, por otro lado, Israel y Estados Unidos, que persiguen sus propios intereses. Por lo tanto, al condenar a Israel no están defendiendo al régimen.

La humillación es algo que debemos tener en cuenta. Muchos comandantes militares fueron asesinados. Creo que una de las cosas de las que la gente se dio cuenta es que este régimen ni siquiera es capaz de proteger a sus propios altos funcionarios. Si no pueden proteger a sus propios funcionarios y bases militares, ¿cómo van a proteger a la nación? ¿Cómo van a proteger a su propio pueblo? El líder del país estuvo escondido durante doce días. La gente se vio prácticamente abandonada a su suerte para que descubrieran por ellos mismos cómo defenderse. No podían salir de determinadas ciudades. Estaban bloqueados dentro de sus ciudades sin ningún refugio al que acudir.

Por lo tanto, creo que la guerra provocó una falta total de confianza en la capacidad del gobierno para proteger a la nación en caso de invasión, bajo un régimen que básicamente ha estado atacando a Israel, atacando a Estados Unidos y aislando a toda la nación en nombre de la integridad nacional. He oído repetidamente, especialmente después de los ataques estadounidenses y durante la guerra, que la gente cree que el programa nuclear ha causado más devastación económica y un mayor aislamiento internacional que cualquier éxito que pudiera haber aportado. Los inmensos costes asociados al programa sólo han empeorado la situación económica, lo que ha dado lugar a un entorno más asfixiante. A diferencia del régimen, la población no considera que esto sea de interés nacional y, en cambio, está a favor de negociar un acuerdo con Estados Unidos para que levanten las sanciones. Ha habido negociaciones y debates dentro del gobierno sobre esta cuestión, pero Jamenei no parece dispuesto a ceder.

¿Qué hay de la posición regional de Irán, que se ha debilitado en los últimos dos años tras la caída del régimen sirio de Bashar al-Asad y su sustitución por un gobierno suní, y tras el debilitamiento de Hizbolá, el aliado iraní en el Líbano, por parte de Israel? ¿Existe entre la población la sensación de que la posición regional de Irán es más débil? ¿Ha visto usted cómo se manifiesta este hecho en la forma en que la gente dentro de Irán habla de política y protesta?

Creo que forma parte de esa humillación de la que hemos estado hablando, y creo que un aspecto importante de ello fueron todos esos gestos y discursos vacíos de Jamenei. Siempre hablaba del «eje de la resistencia» y de los defensores haram, que es como se refería a los soldados que enviaba a Siria para ayudar al régimen de Asad. Todo eso ha desaparecido, y ha desaparecido en muy poco tiempo. Y creo que Jamenei no esperaba realmente este nivel de agresión y este nivel de pérdidas a nivel regional. Por otro lado, creo que lo realmente importante es tener en cuenta las quejas del pueblo iraní sobre este asunto.

Una de las cosas que escucho mucho de personas que ni siquiera son políticas, sino ciudadanos comunes y corrientes, es que nos estamos muriendo de hambre, así que ¿por qué se envía nuestro dinero a Hizbolá o a Hamás, por ejemplo? Por cierto, este apoyo financiero se ha anunciado abiertamente. No es ningún secreto. Están enviando dinero y son muy transparentes al respecto. Hablan sin rodeos de financiar el «eje de la resistencia» y no sólo de financiarlo, sino también de crearlo, ya que fueron ellos quienes lo crearon. Y ha habido un descontento masivo entre las personas que lo consideran una forma de traición, ya que los pone en una situación muy precaria y frágil en materia de seguridad, al exponerlos a la guerra, la invasión, el hambre y las sanciones.

También creo que algo que debemos tener en cuenta y considerar es que Irán ha sido el único gran aliado regional de Palestina. Desde el comienzo de la revolución, la retórica pro-Palestina ha sido uno de los pilares de la identidad de la República Islámica, con discursos sobre que vamos a conquistar Jerusalén, vamos a liberar Palestina. El ayatolá Jomeini solía decir que el camino a Jerusalén pasa por Karbala. Y ese fue el lema de la guerra entre Irán e Iraq: esa idea expansionista de «vale, queremos ir a liberar Palestina y liberar Jerusalén». Y creo que lo que ocurrió en Gaza durante los últimos dos años, por horrible que fuera, y no hay duda de que fue un genocidio, debilitó la posición de la República Islámica, aunque el mundo, y en particular algunos tipos poscoloniales, no quieran aceptarlo. Y en este momento guardan silencio porque piensan que, al debilitar el régimen iraní, la situación en Palestina empeorará. Pero con lo que ocurrió en Gaza, creo que la República Islámica demostró que no puede hacer nada más que crear aún más caos en la región.

Me imagino que el sentimiento entre el pueblo iraní es muy solidario con los palestinos. Eso hace que resulte aún más sorprendente cuando dice que hay una enorme indignación porque la República Islámica ha estado ofreciendo apoyo a Hamás y Hizbolá mientras la situación en el país está fuera de control.

Sí. Y uno de los lemas que se ha vuelto a corear esta vez, y que escuché por primera vez en 2009, es «Ni Gaza ni Líbano, sacrifico mi vida por Irán». Creo que la gente está harta de estas intervenciones regionales y de la trama ideológica expansionista que tanto Jomeini como Jamenei han tenido en mente durante cuarenta y siete años. Su principal preocupación es: ¿cómo vamos a sobrevivir?

Independientemente de las esperanzas de Irán de ayudar a los palestinos, el país en el que Irán ha sido más activo en la región, con un coste humanitario desastroso, ha sido Siria, y después de gastar una cantidad incalculable de soldados y dólares allí, el régimen de Asad se derrumbó por completo. Y es probable que el nuevo régimen sirio no sea demasiado amistoso con Irán en el futuro. Uno se pregunta si la gente en Irán se está preguntando por qué se hizo todo esto.

Sí, exactamente. Y cuando Asad huyó del país a Rusia, ha habido, incluso ahora, mientras hablamos, rumores dentro de Irán y fuera de Irán de que Jamenei también va a huir allí. No creo que eso vaya a suceder. Creo que Jamenei quiere quedarse en Irán y quiere ser «martirizado» o «asesinado» o lo que sea. En mi opinión, nunca abandonará suelo iraní, pero el hecho de que existan rumores como este nos da una pista muy interesante sobre cómo piensa la gente acerca de su destino, y el ejemplo más cercano a eso es, por supuesto, lo que le sucedió a Asad.

El régimen ha demostrado una verdadera disposición a ser brutal a la hora de responder a las protestas. Y estoy seguro de que esta vez no será diferente. ¿La preocupante situación en la que se encuentra el régimen a nivel regional le hace pensar que estará aún menos dispuesto a transigir, que hará todo lo posible por mantener su poder sin importar las consecuencias?

Estoy muy preocupada. El viernes por la mañana, Jamenei dijo básicamente que todas las personas que están en las calles son un grupo de alborotadores y agentes de Israel y Estados Unidos, y que deben ser puestos en su lugar. Así que es obvio que están muy asustados y desesperados. Creo que el bloqueo de Internet es una señal de la desesperación del Estado, porque no quieren que se difundan las noticias. En 2019, cuando cerraron Internet, murieron más de mil quinientas personas.

Lo que les preocupa y les inquieta mucho más sobre la posibilidad de su supervivencia esta vez es la falta de aliados regionales. Bashar Asad ya no está allí. Casi no tienen control sobre el Líbano. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, dijo recientemente que la situación económica actual ya no está bajo control. La represión de los manifestantes va a ser mucho más brutal.

También me preocupa lo que va a pasar en las cárceles, porque normalmente las principales represiones, asesinatos y torturas se producen a puerta cerrada. En los últimos dos años, el número de ejecuciones en Irán ha alcanzado cifras sin precedentes. Sólo en el último año, se ha ejecutado a unas dos mil personas. Y uno de los principales cargos, especialmente desde la Guerra de los Doce Días, ha sido la colaboración con Israel. No sabemos si este tipo de acusaciones son ciertas. Pero es posible que veamos consecuencias mucho más brutales para los manifestantes que las que hemos visto en el pasado.

Foto de portada de Mahsa/Middle East Images/AFP/Getty.

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