Hamid Dabashi, Middle East Eye, 13 enero 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Hamid Dabashi es catedrático Hagop Kevorkian de Estudios Iraníes y Literatura Comparada en la Universidad de Columbia de la ciudad de Nueva York, donde enseña Literatura Comparada, Cine Mundial y Teoría Postcolonial. Entre sus últimos libros figuran The Future of Two Illusions: Islam after the West (2022); The Last Muslim Intellectual: The Life and Legacy of Jalal Al-e Ahmad (2021); Reversing the Colonial Gaze: Persian Travelers Abroad (2020), y The Emperor is Naked: On the Inevitable Demise of the Nation-State (2020).
Desde que estallaron las protestas por todo Irán a finales del año pasado, más de 500 personas han perdido la vida, según datos de la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, que han sido citados por los principales medios de comunicación de todo el mundo.
La agencia informa de que la mayoría de los fallecidos eran manifestantes, junto con más de 45 miembros de las fuerzas de seguridad iraníes.
Aunque HRANA y los medios occidentales no son fuentes totalmente fiables en este sentido, es evidente que se está desarrollando un nuevo ciclo significativo de protestas en Irán.
La BBC en persa, en particular, parece estar llevando a cabo una misión patrocinada por el Reino Unido para exagerar el alcance de estas protestas. Ignora sistemáticamente a una parte significativa de la población iraní que, aunque no está de acuerdo con las políticas estatales, se niega a seguir las indicaciones de Israel o de su desatado títere, Reza Pahlavi.
Este es otro ejemplo más del poder blando del Reino Unido al servicio de Israel. La cobertura obsesiva de la BBC en persa de las protestas iraníes está profundamente entrelazada con su política de ignorar patológicamente el genocidio de Israel en Palestina.
Aunque el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, ha reconocido públicamente las protestas en curso, ha señalado que hay que distinguir entre quienes tienen quejas económicas legítimas contra el Estado y quienes se aprovechan del movimiento para promover otros objetivos nefastos, como el cambio de régimen y la desintegración de Irán. Ese es el proyecto israelí.
Según todas las fuentes, este nuevo ciclo de protestas es a la vez genuino y muy manipulado.
Crisis económica
En cuanto al primer punto, las protestas tienen su origen en la profunda crisis económica que Irán ha sufrido durante décadas. Estos problemas económicos se deben a dos factores complementarios: la corrupción y la incompetencia internas del Estado y las devastadoras sanciones externas impuestas por Estados Unidos y otros países. Como resumía acertadamente un reciente titular del Financial Times: «La moneda iraní se convierte en cenizas mientras la economía entra en una espiral».
Al mismo tiempo, esta crisis en particular es en su mayor parte (aunque no en su totalidad) una distracción fabricada por Israel y Estados Unidos. Una vez más, están apuntando a un Estado disfuncional —como el Líbano, Siria, Yemen o Venezuela— para mantenerse en el poder y distraer la atención mundial del genocidio que aún se está desarrollando en Gaza.
Los iraníes tienen todo el derecho y todas las razones del mundo para protestar por sus duras e insostenibles condiciones económicas y políticas. La clase media, empobrecida y en vías de desaparición, ha soportado penurias extremas, mientras que la clase trabajadora se desmorona bajo privaciones inconmensurables.
Pero el interés de Israel por Irán en la actualidad se debe a múltiples factores. En primer lugar, se trata de una táctica de distracción, destinada a desviar la atención mundial del genocidio israelí de los palestinos que se está produciendo y del robo sistemático por parte del Estado de lo que queda de la Cisjordania ocupada.
Tel Aviv cree que cuanto más caos y confusión genere en la región, más rápido olvidará el mundo el genocidio de Gaza y seguirá adelante.
El segundo objetivo, relacionado con el primero, es la desintegración de Irán en estados étnicos más pequeños, de forma similar a los planes de Israel para otros países de la región, como el Líbano y Siria. Tel Aviv quiere remodelar toda la región a su imagen y semejanza, la de un Estado-cuartel. Su retorcido reconocimiento de «Somalilandia» es un modelo para este escenario.
La cuestión del programa nuclear iraní es una cortina de humo. Existía un acuerdo nuclear entre Irán y el mundo exterior, elaborado bajo la administración Obama.
Israel se opuso sistemáticamente a ese acuerdo, incluso a través de su quinta columna dentro de Estados Unidos, el AIPAC. En contra de los intereses tanto de Estados Unidos como de Irán, el presidente Donald Trump lo desmanteló rápidamente al asumir el cargo. Por lo tanto, Israel es el principal responsable de la ausencia de un acuerdo nuclear entre Irán y el mundo exterior.
Sanciones devastadoras
Mientras tanto, Estados Unidos sigue siendo el principal responsable del uso de sanciones devastadoras como arma contra la élite gobernante de Irán y las masas empobrecidas por igual.
Hay dos razones que sustentan las sanciones: las preocupaciones inventadas sobre el programa nuclear de Irán y la presión estadounidense-europea sobre Teherán para que adopte una postura menos beligerante y más favorable a Israel en la región.
El hecho de que Israel, aunque se presenta como el enemigo más acérrimo de la República Islámica gobernante de Irán, sea en sí mismo una potencia nuclear involucrada en una batalla en múltiples frentes contra sus vecinos —en particular contra los palestinos, que están atrapados en su propia patria— no se tiene en cuenta, por supuesto, en esta lectura de la región.
En comparación con las oleadas de disturbios anteriores, las protestas actuales aún no han alcanzado la magnitud, la importancia o la autenticidad del levantamiento «Mujeres, Vida, Libertad» de 2022. Ese acontecimiento trascendental e icónico sigue siendo objeto de debate académico, pero el hecho de que fuera un acontecimiento de enorme importancia, precisamente porque fue liderado por mujeres, sigue siendo indiscutible.
Las protestas actuales son excepcionalmente violentas y, desde luego, no están lideradas por mujeres. El levantamiento de Mahsa Amini fue quizás el último movimiento de protesta genuino, autóctono y auténtico de la historia moderna de Irán, un movimiento con importancia mundial.
Por el contrario, las últimas protestas están irremediablemente contaminadas por agentes del Mossad, con mezquitas incendiadas para enfurecer y agitar, lo que da pie a comentarios islamófobos de personas como J. K. Rowling.
Las protestas también se ven empañadas por noticias falsas, que Israel lleva mucho tiempo utilizando en un intento de desmantelar el Gobierno iraní para sus propios fines. Según las investigaciones de Haaretz, TheMarker y Citizen Lab, la hasbará israelí participa activamente en la fabricación del apoyo a Reza Pahlavi, el enloquecido hijo del último monarca Pahlavi.
Los altos funcionarios israelíes alientan continuamente la revuelta contra el Estado iraní, incluso cuando tales instigaciones desacreditan los disturbios resultantes. Aun así, algunos aspectos de las últimas manifestaciones son reales y potencialmente trascendentales.
Supervivencia del Estado
El Estado iraní se encuentra ahora en modo de supervivencia. Pero lidiar con una crisis tras otra está en el ADN de la República Islámica; se regodea en ellas.
Tras los ataques estadounidenses e israelíes de junio contra las instalaciones nucleares de Irán y otros objetivos civiles, el Estado reprimirá sin piedad estas protestas y no dudará en llevar la batalla a las bases regionales de Estados Unidos y directamente a Israel. El primer intercambio de misiles en este contexto cambiará de forma repentina y radical el escenario.
Mientras tanto, las protestas parecen desarrollarse con una furia ciega. El Estado ha detenido u obligado al exilio a todas las voces legítimas y razonables que podrían haber liderado estas manifestaciones en el mejor interés de la nación.
En ausencia de opciones pacíficas y legítimas —figuras como Mir Hossein Mousavi, Zahra Rahnavard, Mohammad Khatami, Mostafa Tajzadeh o Abolfazl Qadiani—, el espacio está abierto para los monárquicos ilegítimos y oportunistas pro-Pahlavi y los Mojahedin-e-Khalq, ninguno de los cuales tiene una base popular significativa dentro de Irán.
Y mientras medios de comunicación occidentales como la BBC y el Wall Street Journal siguen fabricando una base popular para el títere sionista Pahlavi, el Estado iraní espera un ataque de Estados Unidos, como ha amenazado Trump, o de Israel, o de ambos.
Aunque las protestas comenzaron, al menos en parte, desde dentro, el ex secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo ha declarado públicamente que agentes del Mossad han estado involucrados. No está claro si esto es cierto o si se trata de una maniobra psicológica destinada a inquietar a las autoridades iraníes; en cualquier caso, enturbia las aguas.
En esencia, este movimiento no es una revolución, sino un intento de golpe de desinformación burdamente orquestado por Estados Unidos e Israel. Siguiendo el modelo del golpe de Estado de la CIA y el MI6 de 1953 contra un primer ministro electo, los estadounidenses pueden aportar el poderío militar, mientras que los británicos, a través de medios como la BBC en persa, pueden suministrar las noticias falsas.
Foto de portada: Agencia EFE.