El período más oscuro hasta la fecha: Iraq, que en su día fue líder regional, no protege ahora a sus mujeres

Hadani Ditmars, The New Arab, 13 enero 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Hadani Ditmars es la autora de Dancing in the No Fly Zone y ha escrito desde y sobre la región MENA desde 1992. Su próximo libro, Between Two Rivers, es un diario de viaje por lugares antiguos y la cultura moderna en Iraq. Página web:  www.hadaniditmars.com

Las mujeres iraquíes despertaron al año nuevo con las horribles imágenes del ataque de una turba contra una adolescente en Basora, cuyo único “delito” fue caminar sola sin hiyab por la Corniche, junto al río, en Nochevieja.

La noticia indignó a los iraquíes y acabó con la detención de 17 agresores que agarraron, manosearon, patearon y golpearon a la muchacha mientras alguien grababa toda la secuencia con su teléfono. El video, que la madre de la niña ha pedido que se elimine de las redes sociales debido a que su hija tiene ahora tendencias suicidas, se volvió viral e indignó a las mujeres iraquíes. La veterana periodista y activista iraquí Nermin Al Mufti escribió sobre el incidente en Basora: “¡Exijamos que se imponga el máximo castigo a estos bárbaros sinvergüenzas! Exigimos que las leyes vigentes sobre acoso, los artículos del Código Penal iraquí (396, 403 y 404), no sean ya suficientes para castigar a estos criminales moralmente degradados”.

Si bien existen numerosos incidentes de acoso en Iraq, escribió: “Este incidente en particular puede servir de modelo para un verdadero estudio social y psicológico, para una búsqueda profunda de soluciones que puedan curar a la sociedad iraquí, que está en decadencia. Que el llanto de esta joven herida sea una señal de alarma para iniciar dichos estudios y para que los legisladores promulguen una nueva ley sobre el acoso”.

El declive social al que se refiere Nermin comenzó ya, relata, durante los 12 años del embargo.

Incluso en el transcurso de las sanciones de la ONU, escribió, los hombres que acosaban a las mujeres eran recluidos en hospitales psiquiátricos durante tres meses para asegurarse de que no representaran una amenaza para ellas. Lamentablemente, ninguno de los 17 hombres acusados ​​del ataque de Basora ha sido sentenciado aún, y todos siguen en libertad, técnicamente libres para acosar a otras mujeres. El gobernador de Basora ha restado importancia al incidente, calificándolo de “nada que merezca tanto alboroto” y ha declarado que “este tipo de cosas podrían haber ocurrido en cualquier lugar de Iraq”, negando que se tratara de un problema específico de Basora.

Lamentablemente, tenía razón. Lamentablemente, este no fue el primer ataque de una turba masculina contra una joven en Iraq, ya que recientemente se han producido casos de gran repercusión en Sulaymaniyah y otras partes del país.

Cuando el país protegía a sus mujeres

Este último ataque de una turba es un sombrío recordatorio del declive de la condición de las mujeres iraquíes, quienes, antes del embargo de la ONU y la invasión de 2003, gozaban de uno de los estatus más altos del mundo árabe, a la par de Túnez.

En su día, se beneficiaron de guarderías, educación y atención médica subvencionadas por el Estado, incluyendo la salud reproductiva, en una época en la que muchas mujeres estadounidenses ni siquiera tenían acceso a anticonceptivos.

A principios de los ochenta, casi la mitad de los médicos y la mitad de la administración pública eran mujeres, e Iraq fue el primer país del mundo árabe en tener una jueza, una embajadora y una ministra.

Recuerdo haber informado desde Iraq en los 90, cuando, a pesar del colapso social provocado por las sanciones, Bagdad seguía siendo un lugar seguro para caminar sola y sin acoso, con o sin hiyab, mucho mejor que, por ejemplo, El Cairo.

Recuerdo un punto de inflexión siniestro en 2002, cuando el régimen perdió el control y “mamá Estado” fue reemplazada por el islam extremista y las bandas criminales, mientras entrevistaba a gente en un mercado de Bagdad.

Incluso con mi escolta, designado por el Ministerio de Información, me asaltó un hombre que desapareció entre la multitud. Unos minutos después, la situación se puso fea cuando la multitud le lanzó a mi escolta fruta podrida y logramos escapar en un taxi justo a tiempo.

Dos décadas después, según el índice de la ONU, más de un millón de mujeres y niñas iraquíes corren el riesgo de sufrir violencia de género, incluidos los crímenes de honor.

Según ONU Mujeres, sólo alrededor de la mitad de los marcos legales que promueven, aplican y supervisan la igualdad de género en el marco de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), con especial atención a la violencia contra la mujer, están en vigor.

Incluso obtener estadísticas precisas resulta abrumador, ya que los organismos estatales dedicados a los derechos de las mujeres que existían antes de 2003 nunca se han recuperado por completo, por lo que la mayoría son estimaciones por debajo de la realidad. Aun así, constituyen una prueba contundente del declive de la condición de las mujeres iraquíes.

En diciembre de 2024, el 27,9% de las mujeres de entre 20 y 24 años estaban casadas o en unión antes de los 18 años. Las mujeres y niñas mayores de 10 años dedican el 24,1% de su tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, en comparación con el 4,2% de los hombres.

Las mujeres en edad reproductiva (15-49 años) a menudo enfrentan barreras con respecto a su salud y derechos sexuales y reproductivos: a pesar de los avances, en 2018, solo el 53,8% de las mujeres satisfizo sus necesidades de planificación familiar con métodos modernos.

Según ONU Mujeres, sólo el 41% de los indicadores necesarios para monitorear los ODS desde una perspectiva de género estaban disponibles, con brechas en áreas fundamentales, en particular: violencia contra las mujeres e indicadores clave del mercado laboral, como la brecha salarial de género.

Además, muchas áreas —como género y pobreza, acoso físico y sexual, acceso de las mujeres a activos (incluida la tierra) y género y medio ambiente— “carecen de metodologías comparables para el monitoreo regular. Cerrar estas brechas en los datos de género es esencial para lograr los compromisos de los ODS relacionados con el género en Iraq”.

Aunque los invasores estadounidenses facilitaron la reescritura de la constitución iraquí según criterios religiosos sectarios, debilitando el antiguo código civil que defendía el divorcio, los derechos de propiedad y la custodia de los hijos, la legislación aprobada en enero pasado bajo la supervisión del primer ministro Sudani legalizó efectivamente el matrimonio infantil.

Las enmiendas otorgan a los tribunales islámicos mayor autoridad en asuntos familiares, incluyendo matrimonio, divorcio y herencias. Los activistas argumentan que esto socava la Ley del Estatuto Personal de Iraq de 1959, que unificó el derecho de familia y estableció salvaguardas para las mujeres.

La ley iraquí establece actualmente los 18 años como edad mínima para contraer matrimonio en la mayoría de los casos. Los cambios aprobados permiten a los clérigos gobernar según su interpretación de la ley islámica, que algunos interpretan como que permite el matrimonio de niñas en la adolescencia temprana, o incluso a partir de los nueve años, según la escuela Yafarí de la ley islámica, seguida por muchas autoridades religiosas chiíes en Iraq.

Quienes proponen los cambios, defendidos principalmente por legisladores chiíes conservadores, los defienden como un medio para alinear la ley con los principios islámicos y reducir la influencia occidental en la cultura iraquí. La “Coalición 188”, un grupo de mujeres activistas y abogadas, continúa abogando por la derogación de esta ley.

El Iraq de Sudani

Según la activista Awatef Rashid, consultora en cuestiones de género en Bagdad, la prohibición de facto del uso del término “género” ha socavado los esfuerzos para promover la causa de las mujeres iraquíes.

En agosto de 2023, la Comisión Iraquí de Comunicaciones y Medios (CMC) emitió una directiva que prohibía a todos los medios de comunicación y proveedores de internet utilizar la palabra “género”. La comisión también ordenó que el término “homosexualidad” se sustituyera por “desviación sexual”.

Se trataba de una directiva regulatoria de la comisión de medios, y no de una ley aprobada por el parlamento iraquí en ese momento. Sin embargo, esta directiva formaba parte de una campaña anti-LGBTQ+ más amplia que precedió a la aprobación de una ley anti-LGBTQ+ en abril de 2024, que penalizaba explícitamente las relaciones entre personas del mismo sexo y la expresión transgénero.

“En los últimos cuatro años”, declaró Awatef a The New Arab, “desde que Sudani llegó al poder, la igualdad de género, en el contexto más amplio de los derechos humanos y las libertades, ha decaído. Primero, prohibió el término género y luego, aunque la ONU sigue siendo muy necesaria, le pidió que se retirara de Iraq”.

Ahora, afirma, cualquiera que trabaje por la igualdad de género es acosada por el gobierno, incluidas aquellas que trabajaron para ONU Mujeres.

Si bien la situación es difícil para las mujeres iraquíes en todas partes, Awatef, quien asesora al gobierno iraquí sobre desplazados internos, afirma que las mujeres desplazadas internas que se enfrentan al empobrecimiento tras perder sus subsidios gubernamentales y que a menudo no pueden regresar a sus hogares por razones de seguridad, se ven doblemente afectadas por las cuestiones de género.

Aunque algunos defensores del gobierno señalan con orgullo el sistema de cuotas del 25% para mujeres en el parlamento como señal de progreso, Awatef afirma que es un “sistema falso”.

“No hay espacio para las mujeres liberales que hablen un lenguaje feminista. En realidad, no tienen voz, al haber sido introducidas por líderes de partidos políticos que les exigen que se sometan. Se muestran totalmente sumisas a los partidos religiosos conservadores”.

Mientras que los países occidentales se preocupan más por la estabilidad y la seguridad en Iraq, Awatef siente que han abandonado a las mujeres iraquíes, al igual que George W. Bush, quien defendió el feminismo de palabra durante los preparativos de una invasión que les hizo la vida imposible.

“Es necesario un pronunciamiento más firme de la comunidad internacional”, declaró Awatef a The New Arab.

“Deben exigirle al gobierno iraquí que dé voz a las mujeres que buscan la igualdad de género y la libertad”.

El “período más oscuro”

Según la académica iraquí Ruba Ali Al-Hassani, candidata a Doctora en Derecho por la Facultad de Derecho de Osgoode Hall y consultora de investigación del King’s College de Londres, la violencia doméstica está en aumento en todo Iraq, al igual que los ataques verbales online, la difamación y las amenazas de muerte.

Esta tendencia, afirma, se puede atribuir en parte a “la militarización de la sociedad desde 2003”.

Además, añade, en las últimas elecciones se registró “una tasa de participación femenina mucho menor en todo Iraq, lo que indica una mayor desconfianza femenina en el sistema político que en ciclos electorales anteriores”. Esto no es sorprendente, señala, tras la aprobación de las enmiendas a la Ley del Estatuto Personal, “ya que perjudican gravemente los derechos de las mujeres y las niñas”.

Las mujeres en Iraq, afirma Ruba, están “siendo expulsadas gradualmente de muchos espacios públicos y recreativos, donde el acoso sexual ha ido en aumento. Donde las mujeres y las niñas esperan sentirse más seguras —en sus hogares— estamos presenciando un aumento del abuso doméstico”.

“Ahora”, declaró a The New Arab, “estamos viviendo el período más oscuro para las mujeres en la historia de Iraq”.

Al reflexionar sobre la terrible declaración de Ruba, recuerdo mi último viaje a Iraq en mayo. Una mañana, camino a Babilonia para visitar el templo de Ninmakh, la diosa madre sumeria, que actualmente está siendo restaurada a su antigua gloria por el Fondo Mundial para los Monumentos, conocí a su homóloga contemporánea.

Mi conductor había traído con él a su madre, una mujer formidable sólo unos años mayor que yo. Resultó ser un tesoro. Tras una semana esquivando manoseadores y mujabarat, disfruté de la oportunidad de hablar con una mujer que, como tantas de su generación, había presenciado la transición de Iraq de laica a sectaria.

Enseguida me habló de su pasado —estudió inglés en la universidad en los años 80 y dirigió una agencia de turismo— y de su realidad actual.

“Ahora”, me dijo, “los hombres se aprovechan de la situación, se casan con varias mujeres y luego las abandonan a ellas y a sus hijos”.

Aunque su marido fue asesinado por las fuerzas de Sadam en 1991 y sus restos fueron encontrados en una fosa común cerca de la misma carretera llena de baches por la que íbamos, me dijo: “Antes las cosas eran mejores para las mujeres”.

Al acercarnos al dominio de Ninmakh, me abrazó, me deseó suerte en el viaje y sonrió, diciendo: “¡No te preocupes! ¡Eres fuerte, como una mujer iraquí!”. Y con eso, fui a presentar mis respetos a la antigua diosa madre, mientras mi nueva amiga continuaba su ruta por un camino incierto.

Voces del Mundo

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