De cómo las sanciones estadounidenses y las amenazas externas han destruido la economía iraní

Yasmine El-Sabawi, Middle East Eye, 30 enero 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Yasmine El-Sabawi es periodista y productora de campo. Ha cubierto la política interior y exterior de Estados Unidos durante las administraciones de Obama, Trump y Biden para la Agencia de Noticias de Kuwait, TRT World y, actualmente, Middle East Eye, centrando su trabajo en la diplomacia, la democracia, el militarismo y la diáspora árabe y musulmana.

El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, dejó clara la política de sanciones de la administración Trump en marzo de 2025, cuando habló ante el Club Económico de Nueva York y dijo que el objetivo es «arruinar de nuevo a Irán».

«Estén atentos», añadió. «Si la seguridad económica es seguridad nacional, el régimen de Teherán no tendrá ninguna de las dos».

Esa contundente valoración va más allá de la mayoría de los objetivos declarados por el propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tanto a lo largo de su primera presidencia hasta hace pocos días, como de los de su sucesor y predecesor, el demócrata Joe Biden.

«El objetivo era ejercer una presión significativa sobre el régimen para que hiciera concesiones nucleares», declaró a Middle East Eye Richard Nephew, que fue coordinador adjunto principal de la política de sanciones del Departamento de Estado de Estados Unidos entre 2013 y 2015, y más tarde se convirtió en enviado especial adjunto para Irán.

«Se podría argumentar que también querían obtener concesiones regionales indirectas. También querían concesiones en materia de misiles», afirmó.

«Creo que la idea de que si Irán está en bancarrota, no va a poder continuar con el programa nuclear… es empíricamente falsa En este momento, han realizado inversiones monetarias en muchas cosas, e Irán podría tener armas nucleares sin necesidad de realizar inversiones financieras sustancialmente mayores».

Las sanciones de Estados Unidos a Irán se remontan a casi cinco décadas.

La primera oleada de sanciones comerciales y militares se produjo tras la revolución de 1979, que derrocó al sah respaldado por Estados Unidos. Ese Gobierno iraní sigue en pie hoy en día, aunque puede que se encuentre en su momento más débil desde entonces.

Según el Instituto Estadounidense para la Paz, conocido ahora como Instituto Donald J. Trump para la Paz, fue en 2005 cuando Estados Unidos comenzó a señalar a personas, empresas y organizaciones iraníes por su participación en la proliferación nuclear, el desarrollo de misiles balísticos, el apoyo a grupos terroristas y las violaciones de los derechos humanos.

La campaña de «máxima presión» de Trump, que comenzó en 2018, tras su retirada unilateral del plan de acción integral conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), también conocido como acuerdo nuclear con Irán, provocó una importante contracción de la economía iraní de alrededor del 6% en 2018 y de casi el 7% en 2019, según cifras del Fondo Monetario Internacional.

Cuanto más larga era la lista de señalados por Estados Unidos, más se contraía el PIB de Irán, según un análisis realizado en 2020 por el Center for a New American Security (CNAS).

En términos per cápita, entre 2012 y 2024, el PIB de Irán cayó de forma espectacular, pasando de 8.000 a 5.000 dólares, según datos del Banco Mundial.

En 2025, cuando la Administración Trump calificó a Irán como la «principal fuerza desestabilizadora» del mundo en su Estrategia de Seguridad Nacional, la lista de designaciones de Estados Unidos contra las redes de evasión de sanciones superó la de cualquier año entre 2017 y 2024. Eso incluye 2018, cuando la primera Administración Trump volvió a imponer las sanciones que se habían levantado anteriormente en virtud del JCPOA, según los datos publicados el jueves por el CNAS.

El viernes, el Tesoro anunció sanciones contra otros seis iraníes, entre los que destaca el ministro del Interior, Eskandar Momeni Kalagari, «que supervisa las sanguinarias Fuerzas de Orden Público de la República Islámica de Irán (LEF), una entidad clave responsable de la muerte de miles de manifestantes pacíficos», según se lee en el comunicado.

Middle East Eye no ha podido verificar el número exacto de manifestantes muertos desde que estallaron las protestas masivas a finales de diciembre.

Las protestas se vieron impulsadas por la quiebra de un banco local a finales del año pasado. Y esta semana, la moneda iraní, el rial, alcanzó un nuevo mínimo de 1,5 millones por cada dólar estadounidense.

«Dado que el Gobierno es el principal proveedor o la principal entidad con acceso a la moneda, y que esa moneda paga los salarios de los profesores y los funcionarios, la importación de trigo, arroz, etc., todo se ve afectado por la cantidad de moneda que tiene el Gobierno y su acceso al dólar estadounidense», explicó a MEE Sina Azodi, profesora adjunta de Estudios sobre Oriente Medio en la Universidad George Washington.

«Cuando no dispones de esa cantidad, se genera incertidumbre e inestabilidad en la economía iraní», añadió.

«El desempleo ha aumentado. La inflación ha aumentado. El precio de los tratamientos médicos, especialmente para el cáncer, ha aumentado».

El impacto de las sanciones estadounidenses, según Azodi, ha sido «devastador».

«Infligir dolor»

No es ningún secreto que las sanciones están diseñadas para que produzcan ese efecto.

«Las sanciones siempre persiguen infligir dolor, ¿no? No me avergüenza decirlo. Otras personas que a veces defienden o trabajan en políticas de sanciones se ponen muy nerviosas y no quieren decirlo», afirmó Nephew.

«Hay que volver a la cuestión de la justificación, de la proporcionalidad, de ese tipo de pruebas que se han aplicado a otras formas de coacción», añadió.

Nephew citó el caso de Corea del Norte, donde «no tiene ningún sentido» ejercer presión sobre la población, ya que esta no tiene poder de respuesta y no puede resistirse ni influir en la política.

Irán, por otro lado, que se ha postulado como «defensor de los pobres, los marginados y los descontentos», hace que «tenga lógica confrontar básicamente a ese Gobierno con diversas opciones», explicó Nephew.

«Hay que tener muy claro cuáles son los objetivos, y estos deben ser… proporcionales en términos de lo que es un conjunto razonable de daños que intentas mitigar», añadió.

«¿Armas nucleares apuntando a mis hijos? Eso es un daño bastante grande».

Los iraníes sostienen que su programa nuclear tiene fines civiles, pero en el pasado los funcionarios también han enmarcado el desarrollo de capacidades nucleares como un elemento disuasorio contra los ataques israelíes, que en el pasado han tenido como objetivo instalaciones nucleares, científicos y miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).

La política de Israel es no confirmar ni negar que posee armas nucleares, pero documentos desclasificados y revelaciones de denunciantes de la década de 1980 indican claramente que sí las tiene.

Círculo vicioso

Israel ha llevado a cabo asesinatos de destacados científicos nucleares iraníes, además de ayudar a planificar el ataque estadounidense contra el comandante del CGRI Qasem Soleimani en enero de 2020.

En los últimos dos años, también ha asesinado a los líderes de grupos antiisraelíes financiados por Irán en la región, entre ellos Hizbolá en el Líbano y los hutíes en Yemen.

En junio, comenzó una guerra de 12 días con ataques israelíes contra Irán que causaron la muerte de 400 iraníes. Este escenario constante de asedio político y militar empuja a Irán a ciclos que profundizan su agujero económico.

«Imaginemos que no hubiera tensiones geopolíticas y que no hubiera gastos presupuestarios en el ámbito militar ni en misiles —en apoderados—, entonces podríamos haber tenido una economía mejor», declaró Mahdi Ghodsi, economista sénior del Instituto de Estudios Económicos Internacionales de Viena, a MEE.

«En el primer mandato de Donald Trump, si los líderes iraníes no hubieran sido tan obstinados y hubieran negociado otras cuestiones, como los asuntos regionales, los misiles balísticos y también Israel, no estaríamos aquí», afirmó.

«No lo hicieron. Por lo tanto, la culpa es exclusivamente del Gobierno y del propio líder supremo, el ayatolá Jamenei».

El presupuesto de defensa estimado de Irán para 2024 es de poco menos de 8.000 millones de dólares, según cifras del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés). Sin embargo, eso supone una caída del 10% con respecto al año anterior, debido a los problemas económicos de Teherán derivados de la caída de los ingresos petroleros, de las sanciones de Estados Unidos y de la alta inflación, según el SIPRI.

«Los empleados públicos y la economía pública representan alrededor del 85% del PIB. Por lo tanto, necesitan un presupuesto enorme y, como no pueden sostenerlo, imprimen dinero», explicó Ghodsi.

La devaluación, a veces intencionada, de la moneda iraní para aumentar los ingresos del petróleo, dadas las restricciones económicas del país, da lugar al acaparamiento de divisas extranjeras, pero estas se han vuelto mucho más caras de obtener para el iraní medio.

Las exportaciones de petróleo de Irán registraron una caída de más del 60% tras la reimposición de las sanciones estadounidenses en 2018, lo que supuso una pérdida de ingresos anuales de decenas de miles de millones de dólares.

«La gente intenta ahorrar su dinero en divisas extranjeras, por lo que compra más divisas, y estas se deprecian aún más porque Irán no puede sostener su presupuesto, lo que significa que no puede financiarlo, ya que vende petróleo con descuentos y no puede vender todo el petróleo que quiere, por lo que necesita pedir préstamos al Banco Central. Y el Banco Central simplemente imprime dinero, lo que aumenta aún más la inflación», explicó Ghosdi.

Ese círculo vicioso es la razón por la que declaró a MEE que, aunque el impacto negativo de las sanciones estadounidenses ha sido «enorme», estima que puede que sólo sea la mitad de la razón por la que la economía iraní se ha derrumbado.

Economía de resistencia

Aunque el coste humano ha sido terrible, Irán ha intentado construir una infraestructura sostenible durante los últimos quince años que le ha ayudado a capear las duras sanciones estadounidenses y europeas.

«Creo que la República Islámica sabía, desde su creación, que iba a ser enemiga de Occidente, y es como una ideología fundamental que se ha construido dentro del Estado», declaró a MEE Shirin Hakim, investigadora principal del Centro para Oriente Medio y el Orden Global de Berlín.

«Encaja perfectamente con su política exterior. Las políticas exteriores iraníes, como las sanciones, han fortificado en cierto modo el modelo de economía de resistencia».

Esa economía de resistencia incluía un enfoque gubernamental socialista para satisfacer necesidades básicas como el agua y la vivienda; incentivos para la producción local de bienes que, de otro modo, se importarían; y una política de trueque con naciones amigas.

Pero Irán sólo se aisló más aún a nivel económico después de que se rompiera el JCPOA y Occidente presionara a sus socios del Sur Global para que redujeran sus relaciones comerciales.

Con una economía en gran parte informal, las familias dependen de los iraníes que viven en el extranjero para que les traigan maletas llenas de medicamentos que no se producen en Irán. También existe un sistema bancario interno con tarjetas de débito «que parecen tarjetas de juguete… no son tan sofisticadas», explicó Hakim.

Aun así, «es interesante ver lo independientes que son los iraníes y cómo se han modernizado», dijo Hakim, refiriéndose a la creatividad de los fabricantes y comerciantes, y a la expansión de algunas libertades sociales relacionadas con el uso de los espacios públicos y el acceso a plataformas como WhatsApp.

La aviación comercial se ha visto especialmente afectada, después de que la Corte Internacional de Justicia ordenara en 2018 a Estados Unidos que garantizara que los aviones de pasajeros iraníes pudieran adquirir piezas para su reparación por motivos de seguridad.

«Estados Unidos se limitó simplemente a ignorar la orden», declaró Azodi a MEE. «Y muchos de los aviones de Irán, incluso los nuevos que han adquirido los iraníes, están ahora en tierra porque Irán no puede conseguir piezas de repuesto para ellos».

«Irán lleva 20 años bajo sanciones y no ha cambiado su comportamiento. Su política nuclear no ha cambiado. Sus actividades en la región no han cambiado. Su historial en materia de derechos humanos, de hecho, ha empeorado», añadió.

Entonces, ¿qué han logrado realmente las sanciones estadounidenses durante décadas?

«Las sanciones económicas hacen que los regímenes autoritarios sean más autoritarios», respondió Azodi.

«Los regímenes autoritarios, una vez sometidos a sanciones, destinan más recursos financieros a las fuerzas de seguridad, lo cual tiene mucho sentido, ya que el Gobierno empieza a tratar a los ciudadanos como una amenaza, no como un activo».

MEE informó anteriormente de que la intervención extranjera que la mayoría de los iraníes desean es el levantamiento de las sanciones, y los analistas políticos iraníes de la diáspora instan a que se dé espacio para un cambio político orgánico y autóctono.

«Bueno, ahora mismo no es plausible», declaró Nephew a MEE.

«Si se levantaran ahora mismo un montón de sanciones, ¿adónde iría el dinero? No iría a parar a manos de los reformistas… Eso es totalmente inverosímil», añadió.

Pero la combinación de sanciones y, ahora, la posible fuerza militar, puede que siga sin lograr el objetivo deseado, aparte de endurecer aún más la vida de la gente normal y corriente.

«No creo que sea una buena idea que Estados Unidos utilice la fuerza para intentar derrocar al régimen de Irán. Creo que la posibilidad de que funcione es una entre un millón, con el riesgo de que todas las desventajas, consecuencias negativas y todo en general empeoren mucho más».

Foto de portada: Un iraní compra en un mercado local tras el colapso del rial, en Teherán, Irán, el 5 de enero de 2026 (Majid Asgaripour/West Asia News Agency vía Reuters).

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