Les obligaron a entregar a un hijo al ejército israelí a cambio de otro, ocho meses después fallecía en prisión

Lubna Masarwa, Middle East Eye, 2 febrero 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Lubna Masarwa es periodista y directora de la oficina de Middle East Eye en Palestina e Israel, con sede en Jerusalén.

Los padres de Ahmad Tazaza están atormentados por el dolor y la culpa por la muerte de su hijo el pasado agosto en la infame prisión israelí de Megido.

Ahmad era un joven sano, de 20 años, sin antecedentes médicos conocidos cuando tuvieron que entregarlo a las autoridades israelíes en la Cisjordania ocupada en enero de 2025.

Sus padres afirman que aún desconocen por qué buscaban a su hijo, el menor de tres hermanos. Sin embargo, las circunstancias de su detención no fueron distintas a las que enfrentaban miles de jóvenes palestinos.

Ahmad fue recluido en régimen de detención administrativa, una forma arbitraria de prisión indefinida sin cargos, juicio ni acceso a abogados. En septiembre de 2025, había oficialmente 10.465 hombres palestinos retenidos como “presos de seguridad”, incluidos 7.425 de Cisjordania y Jerusalén Este, según datos del Servicio Penitenciario de Israel.

Durante meses, la casa de los Tazaza, en la ciudad de Qabatiya, al norte de Cisjordania, había sido atacada repetidamente por las fuerzas de seguridad israelíes y la familia había sido acosada y amenazada.

“Destrozaron la casa y lo destruyeron todo”, declaró Najah Abdul Qader, madre de Ahmad, a Middle East Eye.

Él no estaba en casa; estaba trabajando en el mercado y durmió allí esa noche. Y entonces se llevaron a su hermano y a su padre. Por la mañana, los liberaron y dijeron: “Lo queremos a él”.

En una llamada telefónica posterior, Qader contó que un soldado israelí había amenazado con bombardear la casa si Ahmad no se entregaba. Ya había escapado por poco en una ocasión saltando de un coche que fue aplastado por una excavadora israelí.

Finalmente, al no encontrarlo, las fuerzas israelíes llegaron y detuvieron a su hermano por segunda vez. Said Tazaza, el padre de Ahmad, recuerda lo que sucedió después con lágrimas en los ojos.

“Nos dijeron: ‘No vamos a dejarlo libre hasta que nos traigas a tu otro hijo’. Como su hermano está casado y tiene dos hijos, le dijimos a Ahmad que queríamos verlo. Y entonces lo cogimos y se lo llevamos a los israelíes.

Acompañados por su otro hijo, los padres de Ahmad lo entregaron en el puesto de control de Salem, cerca de Yenín.

“Lo entregamos”, dijo Qader. “Nos miró y supe que no volvería. Sentí que no iba a volver cuando giró la cara y se fue”.

Mientras Ahmad desaparecía, sus padres se dijeron a sí mismos que le habían salvado la vida; que pasaría un tiempo en prisión y que después le liberarían.

“Les entregué a mi hijo porque temía por él. Temía que lo mataran”, dijo su padre. “Nos obligaron a entregarlo. ¿Qué podíamos hacer? Este es nuestro destino”.

Najah Abdul Qader, madre de Ahmad Tazaza, en su casa de Qabatiya, en el norte de Cisjordania ocupada, en enero de 2026 (Muhammed Atiq/MEE)

La pareja era consciente del duro trato y el sufrimiento que le aguardaba a su hijo como prisionero.

“Él me había dicho: ‘Mamá, torturan a la gente en la cárcel’. Le dije: ‘Que te torturen, pero no te matarán, no te dispararán’. Hoy, en la calle, le disparan a cualquier persona aunque no haya hecho nada”, declaró Qader.

“Ahora me arrepiento. Lo entregué a la muerte con mis propias manos. Entregué a mi hijo a mi enemigo. Eso es todo. Pero queríamos protegerlo”.

Se le negó tratamiento médico

Ahmad Tazaza murió a los 21 años en la prisión de Megido el 3 de agosto de 2025, según un informe post mortem visto por MEE.

El informe, fechado el 8 de agosto, fue escrito por un médico que trabajaba para Médicos por los Derechos Humanos de Israel (PHRI, por sus siglas en inglés), un grupo de derechos humanos que, con la autorización de las autoridades israelíes, envía observadores para supervisar las autopsias de prisioneros palestinos.

Señalaba que, según informes, Tazaza se encontraba sano al momento de su detención.

Su historial penitenciario indicaba que había sufrido diarrea y sarna, y que se había quejado de dolor de garganta unos días antes de su muerte. El 2 de agosto, fue examinado por el médico de guardia, quien observó manchas de sangre en sus pantalones.

El informe decía: “Durante la visita a la clínica, el Sr. Tazaza solicitó ir al baño y posteriormente se desplomó al suelo, perdiendo el conocimiento y las constantes vitales. Se iniciaron intentos de reanimación, pero a pesar de la intubación y las maniobras de reanimación cardiorrespiratoria, le declararon muerto”.

Según el informe, la autopsia reveló posibles indicadores de un cáncer de sangre grave, como leucemia aguda o linfoma agresivo. No se encontraron pruebas de “causas de muerte súbita”, añadió.

Sin embargo, en ausencia de su cuerpo, que aún se encuentra en poder de las autoridades israelíes, los padres de Ahmad cuestionan firmemente la versión de su muerte presentada en la autopsia.

No habían podido ver a Ahmad ni hablar con él durante sus ocho meses en prisión, y dependían principalmente de las noticias que les transmitían otros presos cuando eran liberados.

Un oficial de enlace del Comité Internacional de la Cruz Roja les informó de su muerte, aunque el CICR no ha tenido acceso a los palestinos en las cárceles israelíes desde el 7 de octubre de 2023.

“Su salud era buena. Nunca lo había examinado un médico en toda su vida. No tenía absolutamente nada”, dijo su madre.

Un hombre que visitó a la familia antes de que muriera dijo que Ahmad le había pedido que les comunicara que necesitaba un abogado y también que su hijo gozaba de buena salud.

Hablando bajo condición de anonimato por temor a ser arrestado nuevamente, el mismo hombre declaró a MEE que había visto a Ahmad cuatro días antes de su supuesta muerte y que parecía estar bien.

Tras su liberación, el hombre comentó que se enteró de que había habido una dura represión en la sección de la prisión donde Ahmad se encontraba. Algunos dijeron que un perro le había mordido la garganta y que la herida se le había infectado.

“Otros presos dijeron que murió porque no le brindaron atención médica después de golpearlo y que tenía una lesión grave en el cuello”, declaró a MEE.

El hombre les contó que él había pasado 18 meses en prisión.

“Las condiciones superan todo lo que pueda imaginarse. Te golpean desde el momento en que te arrestan hasta que sales. No hay seguridad. Te acuestas con miedo, te duchas con miedo. Allanan las celdas todos los días”.

MEE no ha podido verificar estos relatos sobre la muerte de Ahmad. El Servicio Penitenciario de Israel no había respondido a la solicitud de MEE de comentarios sobre los asuntos planteados en este artículo al momento de su publicación. Sin embargo, los detalles coinciden con los testimonios de exprisioneros contactados por organizaciones israelíes de derechos humanos, como B’Tselem y PHRI.

En un informe publicado la semana pasada, B’Tselem describió el sistema penitenciario israelí como una “red de campos de tortura” que, según el informe, “debe entenderse en el contexto de la brutal embestida de Israel contra los palestinos como colectivo desde octubre de 2023”.

Los presos han sido sometidos a “violencia y abusos frecuentes, institucionalizados y organizados”, incluyendo violencia sexual y ataques con perros.

Las condiciones de vida, descritas como “inhumanas”, con los presos recluidos en celdas sucias y hacinadas, sin alimentación adecuada y la negación de atención médica constituye una forma de tortura en sí misma, afirmó B’Tselem.

De los 84 presos que, según B’Tselem, habían muerto en prisión, sólo habían entregado los cuerpos de cuatro.

El domingo, el periódico israelí Haaretz informó que Israel retiene actualmente los cadáveres de al menos 776 palestinos identificados y 10 ciudadanos extranjeros, incluyendo al menos 88 que murieron bajo custodia israelí, citando cifras recopiladas por el Centro de Asistencia Legal y Derechos Humanos Al-Quds (JLAC, por sus siglas en inglés), una organización palestina de derechos humanos con sede en Ramallah.

Añadió que las cifras indicaban que Israel retenía los cadáveres como una política deliberada de venganza y sufrimiento a las familias.

En noviembre, el PHRI informó de que al menos 94 palestinos habían muerto en cárceles israelíes entre octubre de 2023 y agosto de 2025, como parte de lo que describió como una política oficial dirigida contra los palestinos detenidos, lo que había provocado un número de muertes sin precedentes.

Añadió que el servicio penitenciario y el ejército israelíes habían encubierto sistemáticamente las circunstancias de la muerte de los presos, incluyendo no notificar a las familias esas muertes bajo custodia, negarse a devolver los cadáveres, realizar autopsias sin la presencia de un médico designado por la familia y retrasarlas.

Desde noviembre, el número de muertes confirmadas ha ascendido al menos a 101, según declaró a MEE Naji Abbas, director del PHRI para presos y detenidos.

“En el último año, la principal causa ha sido la negligencia médica”, declaró Abbas.

“Cuando hablamos de negligencia médica, no nos referimos a la negligencia en el sentido de antes del genocidio, como retrasos en las citas, cancelaciones o procrastinación. Hablamos de una política, en realidad una política oficial, para impedir el tratamiento médico. Hoy en día, el preso o detenido palestino no tiene la posibilidad de ver a un médico cuando y donde lo necesita. Esa posibilidad no existe”.

Antiguos detenidos contaron también a MEE cómo se les había negado el tratamiento para afecciones médicas graves mientras estuvieron en prisión.

Muhamad Shalamesh fue arrestado a los 17 años en enero de 2024 y pasó los dos años siguientes en prisión, recluido en régimen de detención administrativa.

Durante ese tiempo, Shalamesh afirmó haber sido sometido a palizas constantes y obligado a realizar trabajos forzados durante cuatro meses.

Pero también afirmó sufrir un dolor crónico cada vez mayor debido a la negación de tratamiento para las lesiones sufridas cuando soldados israelíes le dispararon a la entrada del campo de refugiados de Yenín en junio de 2023.

Shalamesh se levanta la sudadera negra con capucha y la camiseta blanca para revelar las cicatrices de las balas en el pecho y el abdomen. Le falta la mayor parte del dedo medio de la mano derecha, donde recibió una tercera bala.

“Poco a poco, el dolor aumentó; el dolor de mis heridas seguía empeorando. Seguí sufriendo hasta que ya no pude mantenerme en pie”, dijo.

“Fui al médico y le dije que necesitaba tratamiento y que no podía dormir por la noche. Me dijo: ‘Aquí has venido a morir, no a que te tratemos’.

“Le pregunté: ‘¿No me vas a tratar?’. Me respondió: ‘No. Y si pudiera matarte, te mataría’”.

Muhamad Shalamesh afirma que le negaron tratamiento en prisión por el dolor relacionado con heridas de bala (MEE).

El estado de Shalamesh siguió empeorando. Mientras lo trasladaban a la prisión de Negev, contó que lo golpearon con porras de hierro dentro del camión de traslado.

Finalmente, según Shalamesh, le dieron analgésicos, pero sólo después de que su estado se hubiera deteriorado gravemente y días antes de que lo liberaran y finalmente lo llevaran al Hospital Penitenciario de Ramle para recibir tratamiento.

“Cuando vieron que mi estado había empeorado, comenzaron a tratarme, pero no me dieron el tratamiento adecuado. Y lo hicieron al ver que estaba a punto de ser liberado y que mi estado se había deteriorado hasta el punto de que podría morir en prisión”, declaró.

“A pesar de estar herido, me trataron como a todos. Vi a gente morir en prisión sin recibir atención médica por la represión y las palizas. Temí morir en cualquier momento por falta de tratamiento”.

“Como en el año 1800”

Ahmad Zaul y su esposa, Um Jalil Zaul, siguen buscando respuestas sobre la muerte de su hijo de 26 años, Sajr Zaul, en la prisión de Ofer el 14 de diciembre de 2025.

Sajr, cuya familia es de Husan, cerca de Belén, llevaba sólo dos semanas en Ofer, tras ser trasladado allí desde la prisión de Etzion, donde había permanecido recluido desde su arresto en junio.

Anteriormente había pasado tres años en prisión y estaba clasificado como preso de seguridad, en detención administrativa.

Antes de su arresto, Sajr no tenía problemas de salud, según su padre, y planeaba abrir su propio restaurante. “Durante su detención, dependíamos de quienes iban siendo liberados para que nos informaran sobre él. Nos dijeron que estaba bien y con buena salud. Pero en las últimas dos semanas, no hubo noticia alguna”, declaró a MEE.

Tras su muerte, los padres de Sajr se enteraron por antiguos presos que su hijo había enfermado, pero no había recibido tratamiento médico.

“Nos informaron que su situación incluyó hinchazón, vómitos con sangre y fiebre alta”, declaró Ahmad Zaul.

El informe post mortem de Sajr registra que se encontraba “sano” en el momento de su arresto y que se le habían recetado antibióticos seis días antes de su muerte.

A la 1:00 de la madrugada del 14 de diciembre, se llamó al personal médico de la prisión para que lo atendiera, pero poco después, vomitó sangre y se desplomó. A las 2:30 de la madrugada fue declarado muerto.

El informe señala que Sakhr se había sometido a una cirugía de corazón cuando era niño y que podría haber fallecido a consecuencia de hemoptisis (sangre que le inundó los pulmones) causada por complicaciones relacionadas con la operación. Pero no han devuelto el cuerpo de Sajr  a su familia, y sus padres creen que su muerte probablemente esté relacionada con la violencia infligida a los detenidos y las condiciones en las cárceles.

Ahmad Zaul y Um Jalil Zaul con una foto de su hijo, Sajr Zaul, quien falleció en la prisión de Ofer en diciembre de 2025 (MEE).

“Matan a nuestros hijos y luego buscan excusas, diciendo que quizás estaba enfermo”, dijo Um Jalil Zaul. Mi hijo fue operado a los seis años. Creció y fue encarcelado y sufrió cientos de palizas. ¿Y ahora me dicen que murió por una operación a los seis años? Si le afectó, que lo liberen y lo trataré, lo enviaré a un hospital; debían avisarme y no dejarme despertar una mañana y descubrir que ya no tengo un hijo”.

Nayi Abbas, del PHRI, señala que los informes post mortem vistos por las familias de Ahmad Tazaza y Sajr Zaul son preliminares y que se necesita más investigación para determinar las causas de sus muertes con mayor certeza.

Reconoce también que sus hallazgos seguirán siendo controvertidos y susceptibles de impugnación mientras las autoridades israelíes sigan reteniendo sus cuerpos.

Sin embargo, afirmó que las muertes de ambos hombres pusieron de relieve la amenaza mortal que supone la negligencia médica deliberada hacia todos los presos palestinos.

Abbas declaró: “Esta política, combinada con la hambruna y las agresiones, pone en riesgo a los 10.000 presos”. Hoy en día, incluso la infección más leve puede causar la muerte. Es como si estuviéramos aún en el año 1800. Incluso una infección cutánea, que entra en el torrente sanguíneo a través de una herida, puede provocar el colapso de todos los sistemas del cuerpo.

La ropa de Ahmad Tazaza todavía está colgada en su armario en casa, según contó su madre, Najah Abdul Qader, a MEE.

Desde su muerte, comentó, ha vivido “días muy negros, todos los días son días muy negros. Me duermo llorando y me despierto llorando. Si llorar lo trajera de vuelta, lloraría día y noche”.

Sin un cuerpo que enterrar, los padres de Ahmad se aferran a la esperanza de que esté vivo, repitiendo la historia que han oído sobre un preso que apareció en Belén tras haber sido dado por muerto.

“Quiero verlo. Quiero verlo, aunque esté muerto”, dijo Qadir.

“Dicen que murió, pero no me lo creo. Y si Dios quiere, saldrá vivo. Quiero verlo. Si alguien ha muerto, te tranquiliza enterrarlo con sus propias manos y saber que tiene una tumba. ¿Por qué lo retienen? ¿Qué quieren de él?”

Foto de portada: Los padres de Ahmad Tazaza con la foto de su hijo. (Middle East Eye)

Voces del Mundo

Deja un comentario