Estados Unidos deporta en secreto a palestinos hacia Cisjordania en coordinación con Israel

Ghousoon Bisharat y Ben Reiff, +972.com Magazine, 5 febrero 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Ghousoon Bisharat es el editora-jefe de la revista +972 Magazine.

Ben Reiff es editor adjunto de la revista +972, con sede en Londres. Ha escrito para The Guardian, The Nation, New Statesman, Prospect y Haaretz, y ha participado en los programas Listening Post de Al Jazeera y LBC Radio de Gran Bretaña. También es miembro fundador del colectivo editorial de Vashti Media. Twitter: @bentreyf.

Estados Unidos está deportando discretamente a palestinos detenidos por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) a la Cisjordania ocupada en aviones privados. Desde principios de este año se han realizado dos vuelos de este tipo en coordinación con las autoridades israelíes, como parte de una operación secreta y políticamente delicada revelada a través de una investigación conjunta de +972 Magazine y The Guardian.

Ocho hombres palestinos, esposados durante todo el viaje por las muñecas y los tobillos, fueron trasladados en avión desde un centro de deportación del ICE en Phoenix, Arizona, el 20 de enero, y llegaron a Tel Aviv a la mañana siguiente, tras hacer escala para repostar en Nueva Jersey, Irlanda y Bulgaria. Tras llegar al aeropuerto Ben Gurión, los hombres fueron subidos a un vehículo con un policía israelí armado y liberados en un puesto de control militar a las afueras de la ciudad palestina de Ni’lin, en Cisjordania.

El mismo jet privado, que pertenece a un magnate inmobiliario israelí-estadounidense amigo y socio comercial desde hace mucho tiempo del presidente Donald Trump, realizó un viaje casi idéntico el lunes de esta semana, pero el número de pasajeros a bordo y la identidad de la mayoría de ellos siguen sin estar claros.

Según personas familiarizadas con los detalles, los ocho hombres deportados en el vuelo inicial, del que informó por primera vez el periódico israelí Haaretz, eran originarios de pueblos y ciudades de Cisjordania, entre ellos Belén, Hebrón, Silwad, Ramun, Bir Nabala y Al-Ram. Algunos de ellos tenían tarjetas de residencia y varios tienen esposas, hijos y otros familiares cercanos en Estados Unidos. Algunos habían estado detenidos en instalaciones del ICE durante semanas; al menos uno estuvo recluido durante más de un año.

La primera persona que los vio tras su liberación en el puesto de control de Ni’lin el 21 de enero fue Mohammed Kanaan, un profesor universitario que vive cerca del cruce.

«Alrededor de las 11 de la mañana, vi a un grupo de hombres caminando hacia mi casa con pijamas de color gris claro, como los que llevan los presos palestinos en las cárceles israelíes», declaró a +972 y The Guardian (Estos chándales procedían del ICE). «Me sorprendió verlos. El ejército israelí no suele liberar a los presos en este puesto de control».

Un trabajador palestino espera fuera del puesto de control de Ni’lin, con el asentamiento israelí de Hashmonaim al fondo, en la Cisjordania ocupada, el 21 de octubre de 2013. (Keren Manor/Activestills)

Kanaan dijo que los hombres tenían frío cuando llegaron a su casa. «No llevaban chaquetas ni abrigos, y ese día hacía mucho frío y viento», relató. «Se quedaron en mi casa durante dos horas, durante las cuales les di de comer y llamaron a sus familias, que vinieron a recogerlos o les organizaron el transporte».

Según Kanaan, hacía tanto tiempo que los hombres no tenían contacto con sus familias —debido a su prolongada detención en las instalaciones del ICE—, que algunos de ellos estaban considerados desaparecidos. «Sus familias se alegraron mucho de oír sus voces», dijo. «Una madre empezó a gritar y a llorar por teléfono».

Un residente de Ramun confirmó que dos hombres originarios de la ciudad cisjordana se encontraban en el primer vuelo de deportación. Añadió que al menos otros cuatro jóvenes de la ciudad que vivían en Estados Unidos están actualmente detenidos por las autoridades estadounidenses, y crece el temor de que también puedan ser deportados.

Varios abogados especializados en inmigración expresaron su sorpresa y preocupación por los vuelos, señalando que las deportaciones de palestinos a través de Israel han sido muy poco frecuentes en el pasado y que facilitar las deportaciones en territorio ocupado puede constituir una violación del derecho internacional.

«Aparte de las numerosas irregularidades que presenta la deportación de ocho palestinos en un avión privado y sin el debido proceso, este traslado también viola el principio de no devolución, que prohíbe el retorno forzoso de personas a un país en el que existen motivos fundados para creer que correrían el riesgo de sufrir daños irreparables a su regreso, como persecución, tortura, malos tratos u otras violaciones graves de los derechos humanos», explicó Gissou Nia, directora del Proyecto de Litigios Estratégicos del Atlantic Council.

«Estados Unidos está obligado por tratados internacionales que lo prohíben explícitamente, incluida la Convención contra la Tortura», continuó. «Por lo tanto, Estados Unidos violó este principio al enviar a solicitantes de asilo palestinos y palestinos con otros estatus en un vuelo de regreso a Israel, donde se enfrentan a persecución».

Agentes de la Policía Fronteriza israelí detienen violentamente a un manifestante palestino cerca del puesto de control de Beit El, al norte de Ramala, en la Cisjordania ocupada, el 22 de diciembre de 2017. (Oren Ziv)

«El papel del Estado israelí en el traslado de estas personas desde el aeropuerto Ben Gurión a Cisjordania lo implica también en esta violación», añadió Nia. «Además, si Irlanda y Bulgaria sabían que el avión privado transportaba a estas personas, la parada para repostar también plantea dudas sobre la responsabilidad intermediaria de esos países». 

El abogado israelí especializado en derechos humanos Michael Sfard describió los vuelos como «un caso excepcional: no conozco ningún caso en el que los palestinos hayan podido llegar a Cisjordania a través del aeropuerto Ben Gurión, ni siquiera en casos humanitarios, con la excepción de los VIP». Por ello, dijo, cree que «algún tipo de interés específico lo hizo posible».

Según Haaretz, las deportaciones se produjeron tras «una solicitud inusual de Washington a Israel» y fueron aprobadas por el servicio de seguridad israelí Shin Bet.

«Todo lo que conozco estaba en Estados Unidos»

Maher Awad, de 24 años, fue uno de los ocho hombres que viajaron en el primer vuelo de deportación. «Mi vida era maravillosa», declaró a +972 Magazine y The Guardian desde la casa de su familia en Ramun, cerca de Ramala, en un inglés con acento estadounidense. «Me sentía seguro y protegido en Estados Unidos hasta que el ICE me detuvo».

Dijo que se mudó hace casi una década de Cisjordania a Kalamazoo, Michigan, donde ya vivía su tío. Allí terminó la escuela secundaria antes de empezar a trabajar en la popular tienda de shawarma de su familia, entre otros negocios familiares. No tenía tarjeta de residencia, pero dijo que había obtenido un número de la seguridad social mientras la solicitaba. También pagaba impuestos y había obtenido el permiso de conducir.

Conoció a su pareja, Sandra McMyler, de 26 años, hace unos años, y habían planeado casarse. «Todo lo que sabía, todo lo que había vivido estaba en Estados Unidos», dijo.

Un palestino baja del avión privado que lo deportó a él y a otros siete palestinos de Estados Unidos a Israel, el 21 de enero de 2026. (Fuente desconocida)

En febrero de 2025, Awad llamó a la policía para denunciar un robo. Pero cuando llegaron, lo arrestaron, aparentemente en relación con una acusación de violencia doméstica de 2024, que tanto él como McMyler, la persona involucrada, dijeron que había sido retirada. Estuvo detenido durante dos días en la cárcel local; cuando salió, fue detenido por el ICE. (La acusación penal fue posteriormente desestimada).

Durante casi un año, fue trasladado a diferentes centros de detención antes de que le metieran en un vuelo hacia Israel. Según él, los agentes del ICE le confiscaron su pasaporte palestino y su teléfono, y no se los devolvieron. Cuando recientemente fue detenido en un puesto de control militar israelí, lo único que pudo mostrarles fue su permiso de conducir de Michigan.

Al enterarse de que las autoridades estadounidenses planeaban deportarlo de vuelta a Cisjordania, dijo que expresó fuertes objeciones a los agentes del ICE y a un juez. «Pero me obligaron a irme», explicó. «Da miedo; realmente no quiero estar aquí. Prefiero estar en otro país que en el mío ahora mismo, por todo lo que está pasando aquí».

Poco antes de que Awad fuera detenido, McMyler, que ya tenía dos hijos propios, se quedó embarazada de su hijo, que nació hace cuatro meses. Awad aún no lo ha conocido. «Me consumía cada día», dijo sobre haberse perdido el nacimiento. «Cada vez que me voy a dormir, miro sus fotos y no puedo evitar llorar».

Además de su pareja y su hijo, el hermano, la hermana y el tío de Awad siguen en Estados Unidos, y todos ellos, según él, tienen estatus legal.

«Sólo quiere a su hijo, quiere a su familia», dijo McMyler a +972 y The Guardian desde Michigan. «Quiere poder ayudarme a cuidar de su bebé. Quiere abrazarlo, besarlo, hablar con él».

«Mis otros hijos lo echan de menos», añadió, describiendo cómo ha luchado sin Awad durante el último año. «Quiero que mi familia vuelva a estar unida».

Maher Awad y Sandra McMyler. (Cortesía)

Samir Zeidan, un trabajador de supermercado de 47 años originario de la ciudad de Bir Nabala, también cerca de Ramala, viajaba en el mismo vuelo de deportación que Awad. Su tío, Khaled, declaró a +972 y The Guardian que Zeidan había vivido en Luisiana durante más de dos décadas con su esposa, también palestina de Cisjordania y ciudadana estadounidense. Tuvieron cinco hijos, todos los cuales tienen pasaportes estadounidenses.

Según su tío, Zeidan tenía una tarjeta de residencia, pero dejó que caducara sin renovarla. Sus padres y tres de sus hermanos también viven en Estados Unidos.

Khaled dijo que Zeidan, que cumplió una condena en prisión hace unos diez años, estuvo detenido por el ICE durante aproximadamente un año y medio, tiempo durante el cual fue trasladado entre varias instalaciones. Se le notificó el vuelo de deportación con dos meses de antelación. Al igual que Awad, dijo, los agentes del ICE confiscaron la identificación y el pasaporte palestino de Zeidan y nunca se los devolvieron.

Zeidan le dijo a su tío que estuvo esposado por las manos y las muñecas «desde el momento en que salió de la prisión del ICE hasta que bajó del coche en el puesto de control cerca de Ni’lin». Durante el vuelo, según su tío, tuvo que comer «acercando la cara al plato»; cuando necesitó ir al baño, le permitieron quitarse las esposas de una muñeca y de un tobillo.

Según su tío, Zeidan fue obligado a firmar documentos que autorizaban su deportación, lo que lamenta haber hecho. «Me dijo que, si no hubiera firmado esos papeles, habría podido renovar su tarjeta de residencia de alguna manera», dijo Khaled. «Ahora no puede volver a Estados Unidos. Y toda su familia está allí».

«Un sistema opaco sin rendición de cuentas»

La cola del avión privado utilizado para los dos recientes vuelos de deportación lleva el emblema de Dezer Development, una empresa inmobiliaria fundada por el promotor inmobiliario israelí-estadounidense Michael Dezer y dirigida actualmente por su hijo, Gil Dezer.

Los Dezer son socios comerciales de Donald Trump desde principios de la década de 2000. Han construido seis torres residenciales con la marca Trump en Miami, Florida, y los registros muestran que han donado conjuntamente más de 1,3 millones de dólares a sus campañas presidenciales.

La extravagante fiesta del 50 cumpleaños de Gil Dezer el año pasado contó con artistas vestidos como Trump. Su página web señala que es miembro del Florida Friends of the Israel Defense Forces, una organización sin ánimo de lucro estadounidense que recauda fondos para el ejército israelí.

Dezer habló de su «amor» hacia el presidente en una entrevista reciente. «Lo conozco desde hace más de veinte años. Estuve en su boda. Él estuvo en la mía. Somos buenos amigos. Estoy muy orgulloso de que ocupe el cargo. Muy orgulloso del trabajo que está haciendo».

Trump Towers, de Dezer Development, en Sunny Isles, Florida, 25 de marzo de 2012. (Edward Dulmulder/CC BY 2.0)

Los vuelos se producen en un momento en que la administración Trump ha intensificado sus esfuerzos para deportar a un gran número de los más de 10 millones de inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos. Con este fin, el ICE fletó el avión de Dezer —que él mismo ha descrito anteriormente como «mi juguete favorito»— a través de Journey Aviation, una empresa con sede en Florida que suele ser contratada por agencias federales para proporcionar acceso a una flota de jets privados. (Journey se negó a comentar sobre los vuelos de deportación a Israel).

Según Human Rights First (HRF), que realiza un seguimiento de los vuelos de deportación, el avión de Dezer ha realizado otros cuatro «vuelos de expulsión» desde octubre: a Kenia, Liberia, Guinea y Esuatini.

«Este avión privado se ha utilizado repetidamente para vuelos de ICE Air», afirmó Savi Arvey, director de investigación y análisis de HRF para los derechos de los refugiados e inmigrantes. «Forma parte de un sistema opaco de aviones privados que facilita la campaña de deportación masiva de esta administración, que ha ignorado descaradamente el debido proceso, ha separado a familias y ha actuado sin rendir cuentas».

En un correo electrónico, Dezer afirmó que «nunca tuvo conocimiento de los nombres» de las personas que viajan a bordo de su jet cuando Journey lo fleta de forma privada, ni del propósito del vuelo. «Lo único que se me comunica son las fechas de uso», afirmó.

Las autoridades estadounidenses no respondieron a las preguntas sobre el coste de los dos últimos vuelos a Israel, pero según el ICE, los costes de los vuelos fletados han oscilado entre casi 7.000 y más de 26.000 dólares por hora de vuelo en el pasado. Fuentes del sector de la aviación estiman que los vuelos de ida y vuelta a Israel probablemente le hayan costado al ICE entre 400.000 y 500.000 dólares.

Dado que Estados Unidos no reconoce a Palestina como Estado, existen grandes inconsistencias en la forma en que los funcionarios fronterizos clasifican los países de origen y expulsión de los palestinos. Los palestinos que llegan a Estados Unidos han sido identificados de diversas maneras como procedentes de Israel, Egipto, Jordania o cualquier otro país árabe por el que hayan transitado, la mayoría de los cuales, y en particular Israel, se han negado en general a aceptarlos. Como resultado, los palestinos suelen permanecer en los centros de detención de inmigrantes de Estados Unidos más tiempo que otros inmigrantes.

En el pasado, cuando las autoridades de inmigración no encontraban un país al que deportarlos, los palestinos eran puestos en libertad en Estados Unidos, a menudo con monitores en el tobillo y la obligación de presentarse periódicamente ante el ICE. Pero, dado que la administración Trump ha tratado de cumplir su promesa de deportaciones masivas, varios palestinos han sido expulsados de Estados Unidos en los últimos meses.

Foto de portada: Mohammed Kanaan (con el kufiya rojo) se hace un selfi con palestinos deportados que habían sido liberados en un puesto de control cerca de la ciudad de Ni’lin, entre ellos Maher Awad, de 24 años, de Michigan (en primer plano), y Samir Zeidan, de 47 años, de Luisiana (al fondo), en la Cisjordania ocupada, el 21 de enero de 2026. (Cortesía)

Voces del Mundo

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