Paul Khalifeh, Middle East Eye, 7 febrero 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Paul Khalifeh es un periodista libanés, corresponsal de la prensa extranjera y profesor en las universidades de Beirut. X: @khalifehpaul
La cuestión del desarme total de Hizbolá, exigido por Israel y Estados Unidos, lleva dominando la vida política libanesa hace más de un año.
Pero, desde principios de enero, las tensiones se han agudizado considerablemente, revelando una brecha entre el presidente Joseph Aoun y el movimiento libanés.
Aoun ha endurecido su retórica hacia Hizbolá, alejándose notablemente de la postura cautelosa y equilibrada que había mantenido anteriormente sobre la delicada cuestión de las armas del movimiento.
Las autoridades libanesas han declarado oficialmente que Hizbolá ya no mantiene ninguna presencia militar entre el río Litani y la zona fronteriza. Pero tanto Estados Unidos como Israel consideran que esto es insuficiente y siguen exigiendo el desarme del movimiento en todo el país.
El jueves, tras una tormentosa reunión con Rodolphe Haykal, comandante del ejército libanés, el senador republicano estadounidense Lindsey Graham, firme partidario de Israel que en su día sugirió que la muerte de civiles libaneses era «un daño colateral necesario», afirmó que el ejército libanés «no es un socio fiable».
Si bien la postura de Graham refleja una visión influyente en sectores de la clase política estadounidense, las decisiones sobre las relaciones con el ejército libanés no las toman senadores individuales, sino el Pentágono.
Israel nunca ha respetado plenamente el acuerdo de alto el fuego de noviembre de 2024 que puso fin a la guerra de 66 días con Hizbolá. Desde entonces, ha llevado a cabo cientos de ataques aéreos y decenas de incursiones terrestres, demoliendo viviendas y otros edificios. Casi 400 personas han muerto y decenas han resultado heridas.
El 2 de febrero, aviones y drones israelíes atacaron zonas civiles en varias localidades del sur del Líbano, destruyendo decenas de viviendas en las aldeas de Kfar Tebnit y Aïn Qana.
Aumento de la tensión
En una entrevista televisada el 11 de enero con un periodista abiertamente hostil a Hizbolá, Aoun describió las armas del grupo como “carga para el Líbano”. En su discurso con motivo del primer aniversario de su elección como presidente, afirmó que las circunstancias que justificaban el armamento de Hizbolá “ya no existen”, y en su lugar, instó a la “prudencia y la soberanía del Estado”.
Una semana después, el presidente redobló sus esfuerzos en declaraciones a diplomáticos extranjeros en el Líbano. Aseguró que el ejército libanés había llevado a cabo extensas operaciones para “limpiar vastas zonas de todas las armas ilegales, independientemente de su naturaleza o afiliación, a pesar de las provocaciones, la agresión continua y las campañas de desprestigio”.
Añadió: “Seguiremos por este camino durante el segundo año de mi mandato para que todo el territorio quede bajo la autoridad exclusiva del Estado”.
Estas declaraciones marcaron una clara ruptura con el tono más mesurado que Aoun había adoptado durante su primer año en el cargo, vinculando repetidamente los avances en materia de desarme a la retirada de Israel de cinco posiciones que ocupa en el sur del Líbano y al fin de las violaciones de la soberanía libanesa.
Aoun acusó previamente a Israel de obstruir el despliegue del ejército libanés en el sur y amenazó con suspender el plan de desarme adoptado formalmente por el gabinete el 5 de septiembre.
Según se informa, la frustración por esta postura era tan intensa en Washington que una visita prevista de Haykal fue cancelada abruptamente por funcionarios estadounidenses a finales de septiembre.
Tutela estadounidense
El reciente cambio de tono de Aoun resultó ser el punto de inflexión. El 16 de enero, el secretario general de Hizbolá, Naim Qasem, lanzó un duro ataque contra el ministro de Asuntos Exteriores, exigiendo su destitución. Qasem condenó a los partidos políticos y funcionarios que estaban “subordinados a la tutela estadounidense y alentaban la agresión israelí”, y acusó al ministro de Asuntos Exteriores libanés, Yusef Raggi, cercano al partido Fuerzas Libanesas Cristianas, de “alinearse con la postura israelí y tratar de arrastrar al Líbano a una guerra civil”.
Advirtió además: “Socavar la estabilidad y la resistencia del Líbano, un componente esencial del país, afectará a todos. Nadie se salvará”.
La confrontación se extendió rápidamente a las redes sociales, donde estallaron intensos intercambios entre partidarios y detractores de los distintos bandos. La tensión se intensificó aún más cuando un destacado periodista fue citado por la fiscalía acusado de “insultar al presidente de la república”.
La escalada política se produjo días antes de la visita de Haykal a Washington, durante la cual se reunió con miembros del Congreso y funcionarios del Pentágono.
El viaje coincidió con la publicación prevista por el ejército libanés a mediados de febrero de la segunda fase del plan de desarme de Hizbolá, que abarca la zona comprendida entre los ríos Litani y Awali, al norte de Sidón. Si bien el plan incluye cinco etapas, no se ha establecido un cronograma.
La visita del general Haykal a Washington se vio ensombrecida por un intercambio hostil con el senador republicano Graham.
Las tensiones surgieron cuando Haykal se negó a calificar a Hizbolá de organización terrorista en respuesta a una pregunta del senador estadounidense. Poco después de la reunión, Graham tuiteó en su cuenta en X que había “terminado” una “reunión muy breve” con Haykal tras su negativa a describir a Hizbolá como una organización terrorista. “No considero un socio fiable al ejército libanés”, escribió Graham.
Según fuentes bien informadas, la reunión duró sólo cinco minutos. El jefe del ejército se marchó sin hacer ninguna declaración pública. Si bien la postura de Graham fue ampliamente condenada por políticos y comentaristas online de todo el espectro político, también fue aplaudida por algunos actores, incluido el partido cristiano Fuerzas Libanesas.
Fuentes del gobierno libanés informaron a Middle East Eye que “el programa de la visita se desarrolló según lo previsto” y que “se había celebrado una productiva reunión entre el general Haykal y su homólogo estadounidense, el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine».
Punto de inflexión
En medio de esta agitación, responsables de Hizbolá afirman, en privado, no estar sorprendidos por el cambio de postura de Aoun. “El presidente ha llegado al límite de la presión que puede soportar”, declaró a Middle East Eye un alto cargo del partido bajo condición de anonimato. “Su ya estrecho margen de maniobra se ha reducido aún más, y los estadounidenses exigen resultados rápidos”.
Un exministro cercano a Aoun describió la situación como un “chantaje odioso”.
“O el desarme de Hizbolá continúa sin concesiones, o la ayuda militar al ejército se suspende y el apoyo financiero internacional se congela”, declaró a MEE.
Algunas figuras cercanas a Hizbolá, incluido el diputado Yamil al-Sayyed, han pedido una moderación en la retórica para evitar “empujar al presidente irreversiblemente a los brazos de los estadounidenses”.
En una publicación en X del 23 de enero, Sayyed afirmó que, desde que asumió el cargo, Aoun había buscado mantener una postura objetiva hacia la resistencia en el sur: “ni neutral, ni solidaria, ni hostil”. Concluyó con un llamamiento a la moderación, argumentando que “a pesar de esta profunda herida moral y material [causada por las declaraciones de Aoun], el interés nacional exige que la superemos”.
El presidente del Parlamento, Nabih Berri, uno de los aliados que le quedan a Hizbolá dentro del Estado, ha intervenido también para calmar las tensiones. Se reunió con Aoun el 23 de enero en un esfuerzo por reabrir los canales de diálogo.
Estos esfuerzos de desescalada parecen haber tenido éxito. El 4 de febrero, Aoun recibió a Mohamad Raad, jefe del bloque parlamentario de Hizbolá, quien, tras la reunión, hizo un llamamiento al “diálogo y la razón”, las mismas palabras que utilizó Aoun durante su entrevista televisada.
Sin embargo, el enfoque conciliador adoptado por la dirección de Hizbolá no cuenta con el apoyo unánime del partido. El Consejo de la Shura, el máximo órgano de decisión de Hizbolá, aceptó recientemente la dimisión de Wafic Safa, exjefe de la unidad de enlace y coordinación. Este organismo se encarga de la coordinación interna, las relaciones con las fuerzas políticas libanesas y la comunicación con las autoridades estatales y los servicios de seguridad.
Safa, estrecho colaborador del exsecretario general de Hizbolá, Hasan Nasralah, era considerado ampliamente partidario de una corriente de línea dura, menos proclive a las concesiones políticas y militares. Está claro que el debate interno en Hizbolá aún no ha determinado de manera concluyente el rumbo que adoptará el partido en el próximo período.
Foto de portada: Un hombre inspecciona los daños causados por un ataque aéreo israelí contra la localidad de Jbaa, en el sur del Líbano, el 4 de diciembre de 2025 (Mahmoud Zayyat/AFP).