Noam Chomsky, Jeffrey Epstein y la política de la traición

Chris Hedges, The Chris Hedges Report, 9 febrero 2026

Traducido del inglés para Sinfo Fernández


Chris Hedges es un escritor y periodista independiente que ganó el Premio Pulitzer en 2002. Fue corresponsal en el extranjero durante quince años para The New York Times.

No espero mucho de los políticos, de los magnates empresariales, los rectores de universidades prestigiosas, los filántropos multimillonarios, las celebridades, la realeza o los oligarcas. Viven en burbujas narcisistas y hedonistas que satisfacen su adoración por sí mismos y su depravación moral. Pero sí espero mucho de intelectuales como Noam Chomsky. La explicación de su esposa Valéria —Noam sufrió un grave derrame cerebral en junio de 2023 y está incapacitado— sobre su relación con Jeffrey Epstein está llena de las excusas fatuas que utilizan todos aquellos que han sido desenmascarados en los correos electrónicos y documentos de Epstein. Según Valéria, ella y Noam eran «demasiado confiados». Esto les llevó a «tomar malas decisiones». Escribe que ella y Noam quedaron atrapados por las cenas con personalidades en la mansión de Epstein, los vuelos en su avión privado apodado Lolita Express, una referencia literaria a la explotación sexual de niñas que Noam habría reconocido, la ayuda financiera, los viajes al rancho de Epstein y el uso de uno de los apartamentos de Epstein en Nueva York. Como todos los demás que salieron a la luz en los archivos de Epstein, ella y Noam «nunca presenciaron ningún comportamiento inapropiado por parte de Epstein u otros».

El consejo que Noam le dio a Epstein sobre cómo manejar las preguntas de la prensa sobre sus delitos, al igual que la carta de recomendación de Noam para Epstein, fue, según ella, el resultado de que Epstein «aprovechara las críticas públicas de Noam hacia lo que se conoció como la ‘cultura de la cancelación’ para presentarse a sí mismo como una víctima de la misma». Tras la segunda detención de Epstein en 2019, ella y Noam «fueron descuidados al no investigar a fondo sus antecedentes». Concluye expresando su «solidaridad sin límites con las víctimas». Su carta repite la fórmula de todos los que aparecen en los archivos de Epstein.

Conozco y admiro desde hace mucho tiempo a Noam. Es, sin duda, nuestro intelectual más grande y con más principios. Puedo asegurarles que no es tan pasivo ni tan crédulo como afirma su esposa. Sabía del abuso de menores por parte de Epstein. Todos lo sabían. Y, al igual que otros en la órbita de Epstein, no le importaba. De la correspondencia por correo electrónico entre Epstein y Valéria se desprende que era ella quien disfrutaba especialmente de los privilegios que le reportaba formar parte del círculo de Epstein, pero eso no exime a Noam de su aquiescencia. Noam, más que nadie, conoce la naturaleza depredadora de la clase dominante y la crueldad de los capitalistas, que convierten a los vulnerables, especialmente a las niñas y las mujeres, en objetos que se pueden usar y explotar. Epstein no le engañó. Le sedujo. Su asociación con Epstein es una mancha terrible y, para muchos, imperdonable. Mancha irreparablemente su legado. Si hay una lección aquí, es esta: la clase dominante no ofrece nada sin esperar algo a cambio. Cuanto más te acercas a estos vampiros, en más esclavo te conviertes. Nuestro papel no es socializar con ellos. Es destruirlos.

Foto de portada: Noam Chomsky y Jeffrey Epstein (imagen publicada por el comité de supervisión de la Cámara de Representantes de EE. UU.).

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