Jeffrey D. Sachs y Sybil Fares, Common Dreams, 9 febrero 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Jeffrey D. Sachs es profesor universitario y director del Centro para el Desarrollo Sostenible de la Universidad de Columbia, donde dirigió el Instituto de la Tierra desde 2002 hasta 2016. También es presidente de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDS, por sus siglas en inglés) de las Naciones Unidas y comisionado de la Comisión de Banda Ancha para el Desarrollo de las Naciones Unidas. Ha sido asesor de tres secretarios generales de las Naciones Unidas y actualmente es defensor de los Objetivos de Desarrollo Sostenible bajo el mandato del secretario general Antonio Guterres.

Sybil Fares es especialista y asesora en política de Oriente Medio y desarrollo sostenible en la SDS.
La historia presenta ocasionalmente momentos en los que la verdad sobre un conflicto se expone con tanta claridad que resulta imposible ignorarla. El discurso pronunciado el 7 de febrero por el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, en Doha, Catar (transcripción aquí), debería ser uno de esos momentos. Sus importantes y constructivas declaraciones respondieron al llamamiento de Estados Unidos a favor de unas negociaciones exhaustivas al presentar una sólida propuesta para la paz en Oriente Medio.
La semana pasada, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, pidió negociaciones exhaustivas: “Si los iraníes quieren reunirse, estamos dispuestos”. Propuso que las conversaciones incluyeran la cuestión nuclear, la capacidad militar de Irán y su apoyo a grupos apoderados en toda la región. A primera vista, parece una propuesta seria y constructiva. Las crisis de seguridad en Oriente Medio están interrelacionadas, y es poco probable que la diplomacia que aísla las cuestiones nucleares de la dinámica regional más amplia perdure.
El 7 de febrero, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Araghchi, respondió a la propuesta de paz integral de Estados Unidos. En su discurso en el Foro Al Jazeera, el ministro de Asuntos Exteriores abordó la causa fundamental de la inestabilidad regional: “Palestina… es la cuestión determinante de la justicia en Asia Occidental y más allá”, y propuso un camino a seguir.
La declaración del ministro de Asuntos Exteriores es correcta. El fracaso a la hora de resolver la cuestión de la creación de un Estado palestino ha alimentado todos los conflictos regionales importantes desde 1948. Las guerras árabe-israelíes, el auge de la militancia antiisraelí, la polarización regional y los repetidos ciclos de violencia se derivan del fracaso en la creación de un Estado de Palestina junto al Estado de Israel. Gaza representa el capítulo más devastador de este conflicto, donde la brutal ocupación israelí de Palestina fue seguida por el ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023 y, posteriormente, por el genocidio israelí contra el pueblo de Gaza.
En su discurso, Araghchi condenó el proyecto expansionista de Israel “en nombre de la seguridad”. Advirtió sobre la anexión de Cisjordania, que funcionarios del gobierno israelí, como el ministro de Seguridad Nacional, Ben Gvir, exigen continuamente, y para la cual la Knéset ya ha aprobado una moción.
Araghchi también destacó otra dimensión fundamental de la estrategia israelí: la búsqueda de la supremacía militar permanente en toda la región. Afirmó que el proyecto expansionista de Israel requiere que “los países vecinos se debiliten —militar, tecnológica, económica y socialmente— para que el régimen israelí mantenga permanentemente la ventaja”. Esta es, en efecto, la doctrina de la “ruptura limpia” del primer ministro Netanyahu, que se remonta a 30 años atrás. Estados Unidos la ha apoyado fervientemente mediante 100.000 millones de dólares en asistencia militar a Israel desde el año 2000, la cobertura diplomática ante la ONU a través de vetos reiterados y el rechazo constante de Estados Unidos a medidas de rendición de cuentas por las violaciones del derecho internacional humanitario por parte de Israel.
La impunidad de Israel ha desestabilizado la región, impulsando carreras armamentísticas, guerras subsidiarias y ciclos de venganza. También ha corroído lo que queda del orden jurídico internacional. El abuso del derecho internacional por parte de Estados Unidos e Israel, con gran parte de Europa en silencio, ha debilitado gravemente la Carta de la ONU, dejando a la ONU al borde del colapso.
En las observaciones finales de su discurso, ofreció a Estados Unidos una solución política y un camino a seguir. “El camino hacia la estabilidad es claro: justicia para Palestina, rendición de cuentas por los crímenes, el fin de la ocupación y el apartheid, y un orden regional basado en la soberanía, la igualdad y la cooperación. Si el mundo quiere paz, debe dejar de recompensar la agresión. Si el mundo quiere estabilidad, debe dejar de permitir el expansionismo”.
Esta es una respuesta válida y constructiva al llamamiento de Rubio a una diplomacia integral.
Este marco podría abordar todas las dimensiones interrelacionadas del conflicto de la región. El fin de la expansión y ocupación israelí de Palestina, y el regreso de Israel a las fronteras del 4 de junio de 1967, pondrían fin a la financiación y el suministro de armas externas a grupos aliados en la región. La creación de un Estado palestino junto al Estado de Israel mejoraría la seguridad de Israel y de sus vecinos. Un acuerdo nuclear renovado con Irán, que limite estrictamente a Irán a actividades nucleares pacíficas y que esté acompañado del levantamiento de las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea, añadiría un pilar crucial a la estabilidad regional. Irán ya aceptó dicho marco nuclear hace una década, en el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC, por sus siglas en inglés), adoptado por el Consejo de Seguridad de la ONU mediante la Resolución 2231. Fue Estados Unidos, durante el primer mandato de Trump, y no Irán, quien se retiró del acuerdo.
Una paz integral refleja los fundamentos de la doctrina moderna de seguridad colectiva, incluida la propia Carta de las Naciones Unidas. Una paz duradera requiere el reconocimiento mutuo de la soberanía, la integridad territorial y garantías de seguridad equitativas para todos los Estados.
La seguridad regional es responsabilidad compartida de todos los Estados de la región, y cada uno de ellos enfrenta una obligación histórica. Esta propuesta integral de paz no es nueva; ha sido defendida durante décadas por la Organización para la Cooperación Islámica (57 países de mayoría musulmana) y la Liga de los Estados Árabes (22 Estados árabes). Desde la Iniciativa Árabe de Paz de 2002, todos estos países han respaldado anualmente el acuerdo de territorio por paz. Todos los principales Estados árabes e islámicos, aliados de Estados Unidos, han desempeñado un papel crucial en la facilitación de la última ronda de negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Omán. Además, Arabia Saudí ha recordado claramente a Estados Unidos que normalizará las relaciones con Israel sólo con la condición del establecimiento de un Estado palestino.
Estados Unidos se enfrenta a la hora de la verdad. ¿De verdad quiere la paz o prefiere seguir el extremismo de Israel? Durante décadas, Estados Unidos ha seguido ciegamente los erróneos objetivos de Israel. Presiones políticas internas, poderosas redes de cabildeo, errores de cálculo estratégico y quizás un poco de chantaje acechando en los archivos de Epstein (¿quién sabe?) se han combinado para subordinar la diplomacia estadounidense a las ambiciones regionales de Israel.
La sumisión de Estados Unidos a Israel no beneficia a sus intereses. Ha arrastrado a Estados Unidos a repetidas guerras regionales, ha socavado la confianza global en la política exterior estadounidense y ha debilitado el orden jurídico internacional que el propio Washington ayudó a construir después de 1945.
Una paz integral ofrece a Estados Unidos una oportunidad única para corregir el rumbo. Al negociar una paz regional integral basada en el derecho internacional, Estados Unidos podría recuperar una diplomacia genuina y ayudar a establecer una arquitectura de seguridad regional estable que beneficie a todas las partes, incluidos Israel y Palestina.
Oriente Medio se encuentra en una encrucijada entre la guerra interminable y la paz integral. El marco para la paz existe. Requiere, ante todo, la creación de un Estado palestino, garantías de seguridad para Israel y el resto de la región, un acuerdo nuclear pacífico que restablezca el acuerdo básico adoptado por la ONU hace una década, el levantamiento de las sanciones económicas, la aplicación imparcial del derecho internacional y una arquitectura diplomática que sustituya la fuerza militar por la cooperación en materia de seguridad. El mundo debe unirse en torno a un marco integral y aprovechar esta oportunidad histórica para lograr la paz regional.
Foto de portada: El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, habla en la 17.ª edición del Foro Al-Jazeera en Doha, el 7 de febrero de 2026. Araghchi criticó lo que calificó como una “doctrina de dominación” que permite a Israel ampliar su arsenal militar mientras presiona a otros países de la región para que se desarmen. (Foto de Karim Jaafar / AFP a través de Getty Images)