“No volvería a intentarlo”: La lucha por entrar y salir de Gaza

Ruwaida Amer, +972.com Magazine, 13 febrero 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Ruwaida Amer es una periodista palestina independiente de Jan Yunis.

El viaje de regreso a Gaza comienza de noche y sin previo aviso. Desde la ciudad costera egipcia de El-Arish, los palestinos a los que se les permite regresar a la Franja —un promedio de unos 35 al día desde la reapertura limitada del cruce de Rafah el 2 de febrero— preparan sus maletas apresuradamente y suben a un autobús que los lleva a su primer control de seguridad, en el lado egipcio del punto de entrada civil a Gaza.

“Nos recibió la delegación egipcia y la Media Luna Roja, y su recibimiento fue maravilloso”, declaró a +972 Sabah Al-Reqeb, quien llegó al cruce con sus cinco hijos en la madrugada del 5 de febrero. “El problema estaba al otro lado”. Tras una inspección por parte de las fuerzas egipcias, los repatriados pasan por un estrecho puesto de control rodeado de alambradas que los lleva al lado gazatí del cruce. “Sentí que entraba en una prisión”, relató Huda Abu Aabed, una mujer de unos 50 años que regresó a la Franja con su hija el 8 de febrero. “El lado palestino no parecía palestino en absoluto”.

Al final de ese puesto de control, los residentes que regresan son recibidos por personal de la Autoridad Palestina que opera bajo la supervisión de la Misión de Asistencia Fronteriza de la Unión Europea en el cruce de Rafah, conocida como EUBAM. Allí, deben someterse a otra inspección, que, según se informa, incluye comprobaciones de reconocimiento facial y toma de huellas dactilares, así como registros de bolsos que prohíben la entrada de líquidos o metales, no llevar más de un bolso por persona, ni sumas de dinero superiores a 2.000 NIS (unos 650 dólares), ni cigarrillos o dispositivos electrónicos, salvo un único teléfono móvil.

En la práctica, esto significa que el personal de EUBAM confisca muchas de las pertenencias de los retornados. “Les dije que sólo llevaba ropa, cigarrillos y otras pertenencias, pero me dijeron que tenía que entregarlo todo”, relató Al-Reqeb. Abu Aabed, mientras tanto, se vio obligada a desprenderse de su linterna solar y los juguetes de sus hijos, quedándose sólo con unas pocas prendas y los medicamentos que necesita para su hipertensión, diabetes y problemas cardíacos.

Paso palestino por el cruce de Rafah bajo la supervisión del personal de EUBAM. (Página de Facebook de EUBAM Rafah)

Al finalizar la inspección de EUBAM, los retornados informan haber subido a un autobús escoltado por jeeps militares israelíes que los lleva a un puesto de control controlado por la milicia Abu Shabab, una de las bandas aliadas de Israel en Gaza, a la que se le ha permitido establecerse en Rafah, la ciudad ocupada por Israel. Ahí comienzan las amenazas y la intimidación.

Según Abu Aabed, el líder de la banda, Ghassan Al-Duhaini, les dijo a todos que bajaran del autobús para una nueva inspección, momento en el que los milicianos “tiraron nuestras pertenencias al suelo”. Registraron sus bolsas de nuevo, dijo, antes de que “sus hombres nos agarraran y nos entregaran al ejército israelí”. (Más tarde se dio cuenta de que habían desaparecido algunas de sus pertenencias, una experiencia común a varias de las personas entrevistadas para este artículo).

En esta etapa, los soldados israelíes cachean a los adultos que regresan, y algunos son interrogados. Abu Aabed y su hija, Lamiaa, fueron interrogadas por separado durante varias horas. Durante este tiempo, Abu Aabed fue desnudada parcialmente mientras las soldados la cacheaban con la mano.

Cuando finalmente terminó el interrogatorio, preguntó adónde se habían llevado a su hija. Los soldados, buscando una última humillación, le dijeron: “No hay tal hija”, a pesar de que ya habían enviado a Lamiaa de vuelta al autobús.

Al-Reqeb, en cambio, fue interrogada mientras sus hijos permanecían en el autobús. “Dos mujeres soldado me esposaron, me vendaron los ojos y me tocaron por todos los lados”, declaró a +972. “Estaba oscuro y no sabía por dónde caminar, pero me arrastraban con ellas. Les dije que estaba cansada y tenía frío, pero no les importó”.

Durante el interrogatorio, relató, “me preguntaron por mis hermanos, que habían muerto en la guerra de 2014,  que si eran de Hamás, y les dije que no. Amenazaron con arrestarme, dejarme en medio del frío y echarme agua encima, diciendo que nadie sabría dónde estaba”. Más tarde, durante el interrogatorio, soldados israelíes me amenazaron con deportar a la familia a un país extranjero.

Mientras tanto, mientras los hijos de Al-Reqeb esperaban en el autobús, hombres de la banda de Abu Shabab los animaron a trasladarse a la zona de Rafah que actualmente está bajo su control. “Intentaron reclutarnos”, relató Asmaa, la hija de 17 años de Al-Reqeb. “Nos dijeron: ‘Nuestra zona es más segura, tendréis una vida mejor. La zona a la que vais está totalmente destruida. Seguidnos en las redes sociales y veréis cómo es la vida con nosotros. Podríamos ir a buscaros’”.

Finalmente, una vez concluidos esos interrogatorios, los retornados vuelven al autobús para cruzar la “Línea Amarilla” y ser trasladados al Hospital Naser en Jan Yunis. Sólo entonces quienes aún no la habían presenciado empiezan a comprender la magnitud de la destrucción de Gaza.

Vista aérea de edificios residenciales destruidos en el barrio de Tel Al-Sultan, tras la retirada del ejército israelí durante un alto el fuego temporal, Rafah, sur de la Franja de Gaza, 19 de enero de 2025. (Ali Hasan/Flash90)

“Todo lo que vi fue destrucción y desierto”, relató Abu Aabed. No sé a dónde fueron a parar las casas. ¿Qué le hicieron a mi país? ¿Lo azotó un terremoto? Me alegré de regresar a Gaza y con mi familia, pero por dentro sentía una tristeza enorme porque antes Gaza era uno de los lugares más hermosos. Aun así, les pido a todos que regresen a Gaza. Que no la abandonen.

“Sabíamos que volveríamos a una tienda de campaña, pero tras regresar me encontré con que Gaza era un pueblo fantasma”, reflexionó Asmaa, la hija de Al-Reqeb. “La bienvenida de nuestra familia fue muy alegre, pero no le aconsejo a nadie que abandone Gaza. Si me ofrecieran la oportunidad de viajar de nuevo, no lo haría”.

Entrar y salir

Según informes, hasta 80.000 gazatíes se han registrado en la Embajada de Palestina en Egipto para regresar a la Franja, mientras que unos 20.000 residentes enfermos o heridos aguardan desesperadamente permiso para salir y recibir tratamiento médico en el extranjero junto con sus acompañantes. La mayoría probablemente permanecerá en el limbo durante meses o incluso años, con Israel restringiendo severamente el número de personas autorizadas a cruzar en cada dirección.

En respuesta a la consulta de +972, el Coordinador de Actividades Gubernamentales de Israel en los Territorios declaró que alrededor de 320 gazatíes han entrado en la Franja desde el 2 de febrero, y aproximadamente la misma cantidad de pacientes y acompañantes ha salido. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el número de pacientes que se habían marchado era de 127 hasta el 13 de febrero.

Fariza Barbakh, de 49 años, fue una de las primeras en regresar a Gaza tras la reapertura del cruce de Rafah, atravesando la ciudad en la madrugada del 3 de febrero. “La experiencia del regreso fue difícil: la espera, las inspecciones y que las autoridades se llevaran la mayoría de nuestras pertenencias”, dijo. “Pero sobrevivimos, y eso es lo más importante”.

Barbakh salió de Gaza con su hija el 2 de marzo para recibir tratamiento contra el cáncer en Egipto. Aunque su condición física mejoró, el impacto psicológico de estar lejos de sus seres queridos en la línea de fuego le afectó negativamente.

“Sentí como si no hubiera recibido ningún tratamiento debido a la intensa tensión mental de seguir las noticias”, dijo. “Mi cuñado, mis primos y otros familiares fueron asesinados. Con cada noticia, me agotaba y tenían que llevarme al hospital. Luego, mis hijos y mi esposo fueron desplazados, y sentía que me necesitaban con ellos.

“Mucha gente me preguntaba por qué había regresado a Gaza, diciendo que allí no había vida”, continuó Barabakh. “Y es cierto, sentí que me iba a desmayar por la destrucción que vi; no podía creer que esto fuera Gaza. Pero soñaba con regresar a cada instante”.

Palestinos enfermos y heridos se preparan para salir de la Franja de Gaza para recibir tratamiento a través del cruce de Rafah, Jan Yunis, 9 de febrero de 2026. (Abed Rahim Khatib/Flash90)

Para quienes tienen la suerte de conseguir permiso, el viaje de salida de Gaza es mucho más sencillo que el de entrada. “Tenía mucho miedo de viajar por lo que habíamos oído sobre el sufrimiento de quienes regresaban, pero los procedimientos fueron relativamente sencillos”, declaró a +972 Rasha Al-Farra, quien salió de la Franja con sus tres hijos el 11 de febrero. “Lo más aterrador fue el trayecto: todo a nuestro alrededor estaba completamente destruido. Ver tantos jeeps militares israelíes por el camino fue espantoso”.

Al-Farra recibió permiso para salir para acceder a tratamiento médico para su hija de 20 años, Doaa, cuya pierna derecha y los dedos del pie izquierdo fueron amputados como resultado de un ataque aéreo israelí en Jan Younis hace un año. Doaa se sometió a múltiples cirugías para intentar salvar sus piernas, pero la grave escasez de medicamentos impidió que sus heridas sanaran, lo que finalmente obligó a los médicos a proceder a la amputación.

Durante casi un año, Al-Farra intentó repetidamente obtener permiso para viajar al extranjero para que Doaa pudiera recibir prótesis. Esta semana, finalmente pudieron salir de Gaza, junto con sus dos hijos menores.

“El martes, la OMS nos contactó y nos indicó que fuéramos temprano a la mañana siguiente al Hospital Al-Amal en Jan Yunis”, declaró Al-Farra a +972. “Salimos del hospital con un grupo de pacientes en un autobús que se dirigía al cruce de Rafah. El autobús se detuvo en un puesto de control militar israelí entre Jan Yunis y Rafah, donde los soldados nos inspeccionaron uno por uno haciéndonos pasar por varios escáneres”.

Tras volver a subir al autobús, continuaron hasta el cruce de Rafah. En el lado palestino, fueron examinados por la EUBAM y la Autoridad Palestina antes de cruzar a Egipto.

“Allí nos sentimos seguros”, relató Al-Farra. “Pudimos sentarnos y descansar después del largo viaje que había comenzado temprano por la mañana y se prolongó hasta la noche. Unos jóvenes nos recibieron, nos ofrecieron agua y nos dieron la bienvenida”.

Luego, la familia fue trasladada a una vivienda en El-Arish, donde se confía en que Doaa comience el tratamiento. “Estoy esperando a ver adónde debemos ir exactamente y quién atenderá a mi hija”, dijo Al-Farra. Todavía no sé si nos quedaremos en Al-Arish o nos trasladarán a El Cairo. Estoy aún intentando adaptarme y entender cómo comenzaremos su tratamiento. Espero que reciba la atención adecuada y le coloquen prótesis para que pueda volver a caminar y regresar con su esposo, que la espera en Gaza —continuó Al-Farra—. Y espero poder regresar también con mi esposo y mis dos hijos mayores, a quienes tuve que dejar atrás”.

Palestinos enfermos y heridos esperan en el departamento de derivaciones médicas del Complejo Médico Naser para recibir tratamiento en el extranjero a través del cruce de Rafah con Egipto, Jan Yunis, sur de la Franja de Gaza, 3 de febrero de 2026. (Abed Rahim Khatib/Flash90)

“No hay sustituto para nuestro país”

Mientras tanto, a los gazatíes que abandonaron la Franja antes del inicio de la guerra se les ha prohibido regresar. Entre ellos se encuentra Yasin Anwar Abu Awda, activista social del campo de refugiados de Al-Shati, quien viajó a Turquía para una conferencia el 24 de septiembre de 2023, apenas dos semanas antes del inicio de la guerra.

Su esposa y sus seis hijos permanecieron en la Franja durante ocho meses, incluyendo 20 días en los que perdió todo contacto con ellos. “Seguí los acontecimientos minuto a minuto, lleno de miedo y añorándolos”, declaró a +972.

En abril de 2024, apenas unas semanas antes de que Israel cerrara el cruce de Rafah, Abu Awda pagó 15.000 NIS (5.000 dólares) para sacar a su esposa e hijos (uno de ellos tenía una lesión en el pie y otro una infección ocular). El resto de su familia —sus padres, hermanas, sobrinos y sobrinas— tuvo que permanecer en Gaza.

Desde que Israel anunció la reapertura limitada del cruce, ha estado al tanto de las noticias constantemente y se ha unido a redes online de palestinos en Egipto que también planeaban su regreso. Pero incluso quienes cumplen los requisitos se ven obligados a esperar indefinidamente, no parece que quienes se fueron antes de la guerra puedan regresar pronto. “Me siento como si me hubieran exiliado a la fuerza”, declaró.

Los informes sobre el duro trato que aguarda a los gazatíes a su regreso no lo han disuadido. “Quiero regresar a Gaza a pesar de lo que presencié de la humillación y degradación de los retornados en los puestos de control del ejército israelí”, declaró Abu Awda. “No he construido un futuro para mi familia en Egipto porque el futuro de nuestros hijos y nuestras vidas está en Palestina. No hay sustituto para nuestro país, y es nuestro derecho regresar a nuestros hogares y a nuestras familias”.

Rand Abu Mustafa está en la situación opuesta: está desesperada por abandonar Gaza. Hace un año y medio, su hijo Mohammed, de 12 años, fue alcanzado por la metralla de un ataque aéreo israelí que le provocó la pérdida de la vista. Desde entonces, ha estado intentando conseguir una evacuación médica para él, con ella como acompañante, antes de que su situación se vuelva permanente. “Necesitamos viajar para tratar a mi hijo y salvarlo de una vida de ceguera”, declaró a +972.

Cuando la OMS la contactó el día de la reapertura de Rafah, pensó que los habían seleccionado para la evacuación. Pero la llamada sólo era para informarle que el cruce estaba operativo de nuevo y que debía estar lista para partir cuando llegara la notificación. Casi dos semanas después, siguen esperando sin tener idea de cuándo llegará esa llamada.

Según la OMS, más de 900 palestinos han muerto mientras esperaban la evacuación médica de Gaza desde que Israel ocupó y selló el cruce de Rafah en mayo de 2024.

Foto de portada: Pacientes palestinos esperan ser trasladados a Egipto por el cruce de Rafah para poder recibir tratamiento fuera de Gaza, Jan Yunis, 2 de febrero de 2026 (Abed Rahim Khatib/Flash 90)

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