Chris Hedges, The Chris Hedges Report, 16 febrero 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Chris Hedges es un escritor y periodista independiente que ganó el Premio Pulitzer en 2002. Fue corresponsal en el extranjero durante quince años para The New York Times.
La sostenida y despiadada campaña lanzada contra Francesca Albanese, relatora especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967 por parte de Israel y Estados Unidos, incluye ahora a los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Italia, Francia, Austria y la República Checa, que exigen su dimisión. Esta campaña forma parte de un esfuerzo de las naciones industrializadas por mantener el genocidio en Gaza —casi 600 palestinos han sido asesinados en Gaza desde que entró en vigor el falso alto el fuego— y silenciar a todos aquellos que exigen que la comunidad internacional respete el Estado de derecho.
El último ataque contra Francesca, que forma parte de un esfuerzo concertado para desacreditar a organismos internacionales como la ONU, se basa en un vídeo deliberadamente truncado de una charla que Francesca dio en Doha el 7 de febrero, en el que se distorsionan y tergiversan sus palabras. Pero la verdad, por supuesto, es irrelevante. El objetivo es silenciarla a ella y a todos los que defienden los derechos de los palestinos.
Francesca fue incluida por la administración Trump en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos —que normalmente se utiliza para sancionar a los acusados de blanqueo de capitales o de estar involucrados con organizaciones terroristas— seis días después de la publicación de su informe «De la economía de la ocupación a la economía del genocidio», que documentaba las empresas globales que ganan miles de millones de dólares con el genocidio en Gaza y la ocupación de los palestinos.
La lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OCAC), utilizada por la administración Trump para perseguir a Francesca y en violación de la inmunidad diplomática otorgada a los funcionarios de la ONU, le prohíbe la entrada a Estados Unidos. Prohíbe a cualquier institución financiera tenerla como cliente. Cualquier banco que realice transacciones financieras con Francesca tiene prohibido operar en dólares, se enfrentará a multas multimillonarias y se le bloqueará bloqueado en los sistemas de pago internacionales. Esto la ha privado de la banca global, impidiéndole usar tarjetas de crédito o reservar un hotel a su nombre. Sus activos en Estados Unidos están congelados. Su seguro médico se ha negado a reembolsarle sus gastos médicos. Esto ha llevado a instituciones, incluyendo universidades estadounidenses, grupos de derechos humanos y ONG que alguna vez colaboraron con ella, a romper vínculos por temor a onerosas sanciones estadounidenses. Estas sanciones son continuación a las impuestas en febrero y junio del año pasado al fiscal de la Corte Penal Internacional, Karim Khan, y a dos jueces por emitir órdenes de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el exministro de Defensa, Yoav Gallant.
Al convertir a Francesca, quien recibe frecuentes amenazas de muerte, en el blanco de las críticas, estos gobiernos buscan desviar la atención de la masacre y el desastre humanitario que se están produciendo en Gaza. Buscan enmascarar el sistema israelí de apartheid y la ocupación ilegal de la Palestina histórica. Buscan ocultar, sobre todo, su complicidad con los continuos envíos de armas que alimentan el genocidio israelí.
El ritmo del genocidio ha disminuido, pero no se ha detenido. Israel se ha apoderado del 60% de Gaza y bloquea la mayor parte de la ayuda humanitaria, incluyendo combustible, alimentos y medicamentos. Al mismo tiempo, Israel acelera la toma de la Cisjordania ocupada, donde más de 1.100 palestinos han sido asesinados y decenas de miles han sido desplazados de sus hogares desde octubre de 2023.
La campaña contra Francesca presagia un mundo aterrador donde las naciones industriales occidentales explotan y se aprovechan de los débiles, donde la ley es lo que las naciones poderosas dicen que es, donde quienes se atreven a decir la verdad y defender el Estado de derecho son perseguidos sin piedad, donde el genocidio es una herramienta más en el arsenal para aplastar las aspiraciones y los derechos de los vulnerables. Esta es una lucha que debemos ganar. Si la perdemos, si permitimos que voces como la de Francesca sean silenciadas, daremos paso a una era de sangre y terror.
Foto de portada: Francesca Albanese (Emmanuela Zampa, vía Getty Images).