Evaggelos Vallianatos, CounterPunch.org, 19 febrero 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

El Dr. Evaggelos Vallianatos es historiador y teórico ecologista-político. Estudió zoología e historia, griega y europea, en la Universidad de Illinois y Wisconsin. Realizó estudios posdoctorales en historia de la ciencia en Harvard. Trabajó en el Capitolio y en la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos; impartió clases en varias universidades y es autor de cientos de artículos y varios libros, entre ellos: Poison Spring (2014), The Antikythera Mechanism (2021), Freedom (2025) y Earth on Fire: Brewing Plagues and Climate Chaos in Our Backyards (World Scientific, 2026).

Las actividades humanas y, en particular, la industrialización han provocado en la atmósfera un aumento sin precedentes de las concentraciones de gases de efecto invernadero en registros que abarcan cientos de miles de años. Quinta Evaluación Nacional del Clima de EE. UU., 14 de noviembre de 2023:
800.000 años: Los niveles actuales de gases de efecto invernadero en la atmósfera son más altos que en cualquier otro momento de al menos los últimos 800.000 años, y la mayoría de esas emisiones se han producido a partir de 1970.
3.000 años: La tasa de aumento del nivel del mar en el siglo XX fue superior al de cualquier otro siglo en al menos los últimos 3.000 años.
2.000 años: La temperatura global se ha incrementado de forma más veloz en los últimos 50 años que en cualquier otro momento de los últimos 2.000 años.
1.200 años: La sequía actual en la zona oeste de EE. UU. es ahora la más grave de los últimos 1.200 años, y persiste desde hace décadas.
El 7 de diciembre de 2009, la administración Obama aceptó la determinación de peligros que, finalmente, sometió a los combustibles fósiles a la jurisdicción del Estado de derecho. Es decir, la determinación de peligro confirmó que la quema de combustibles fósiles perjudica la salud humana: “El administrador de la EPA (siglas en inglés de la Agencia de Protección Ambiental en EE. UU.) concluye que las concentraciones actuales y proyectadas de los seis gases de efecto invernadero clave bien mezclados —dióxido de carbono (CO₂), metano (CH₄), óxido nitroso (N₂O), hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF₂)— en la atmósfera amenazan la salud pública y el bienestar de las generaciones actuales y futuras”.
El precio de ignorar la ciencia
Según Los Angeles Times: “La administración Trump ha derogado la determinación de peligro de 2009 sobre los gases de efecto invernadero, eliminando así la base de gran parte de la política climática estadounidense. La decisión revierte décadas de progreso ambiental a pesar de la abrumadora evidencia científica y la oposición de expertos en salud, grupos ambientalistas, 50 ciudades y casi dos docenas de estados. Los expertos advierten que la derogación aumentará la contaminación, las enfermedades respiratorias y las emisiones que contribuyen al calentamiento global en las próximas décadas”.
El presidente Barack Obama, durante cuya administración la determinación de peligro se convirtió en política gubernamental en 2009, expresó su indignación por su eliminación. Declaró: “Hoy, la administración Trump ha derogado la determinación de peligro: la decisión que sirvió de base para los límites a las emisiones de los tubos de escape y las normas de las centrales eléctricas. Sin ella, estaremos menos seguros, seremos menos saludables y menos capaces de combatir el cambio climático, todo para que la industria de los combustibles fósiles pueda ganar aún más dinero”.
No cabe duda de que detrás de las acciones/políticas contra la protección ambiental, hay personas o empresas que ganan dinero. Después de todo, la humanidad moderna surgió en medio de la minería de la tierra y los mares, la deforestación, la guerra química, las bombas nucleares, el DDT y la agricultura peligrosa. Incluso las mayores compañías automotrices, Ford y General Motors, ignoran el peligro porque sus flotas de automóviles y camiones han estado contaminando Estados Unidos durante unos 200 años. La contaminación y las ganancias parecen ser sus principales productos.
Historia ambiental
El hallazgo de 2009 sobre el peligro no resultó inesperado. La Ley de Aire Limpio de 1970 ordenó a la EPA estadounidense regular los contaminantes atmosféricos, pero no señaló directamente el dióxido de carbono, el metano ni otros gases de efecto invernadero, principales responsables del aumento de la temperatura del planeta que amenazan así la vida, tanto humana como silvestre, los ecosistemas y el orden y la armonía de la naturaleza. El resultado ha sido un aumento de las temperaturas y el caos climático.
Sin embargo, en 1970, Estados Unidos se encontraba sumido ya en una grave contaminación: sustancias peligrosas circulaban en ríos, lagos, mares, lluvias, nieve, hielo, en el agua potable y en los alimentos. Los estadounidenses eran conscientes de los peligros del DDT, un biocida/insecticida que devastaba insectos, polinizadores como las abejas y una gran cantidad de especies silvestres, especialmente las aves. En 1962, Rachel Carson, bióloga del gobierno, publicó Silent Spring, un elocuente libro de ciencia que contenía advertencias sobre los aerosoles tóxicos que los agricultores vertían sin pensar en los cultivos, las frutas y verduras que consumían las personas. La EPA prohibió el DDT en 1972, pero el daño ya estaba hecho. Muchos agricultores estadounidenses, especialmente los grandes terratenientes, sufrían un lavado de cerebro hasta el punto de haberse vuelto adictos a los venenos para cultivar alimentos. Esto significa que los estadounidenses consumen aún alimentos contaminados. Los alimentos certificados como “orgánicos”, que prohíben la pulverización de pesticidas en los cultivos, siguen representando un pequeño porcentaje de los alimentos producidos y consumidos en Estados Unidos. Los carcinógenos y las neurotoxinas son las toxinas favorecidas por la mayoría de los agricultores que cultivan alimentos en Estados Unidos. Los grandes agricultores y la agroindustria ejercen su poder económico en el Congreso. Su influencia política, tanto nacional como internacional, aumenta las enfermedades, los alimentos de mala calidad, las granjas de animales moralmente reprobables, el ecocidio global y el hambre. En 2024, alrededor de 2.300 millones de personas “experimentaron inseguridad alimentaria moderada o grave, y el hambre crónica afectó a 96 millones más de personas que en 2015”.
Esta es una de las razones por las que los “malos actores”, como los combustibles fósiles, permanecieron sin regulación durante décadas. Las compañías petroleras y las corporaciones que extraen carbón y gas natural han sido incluso más poderosas que la agroindustria. Permanecieron intencionadamente invisibles. Los combustibles fósiles estuvieron fuera del alcance de los reguladores de la EPA hasta 2009.
Para entonces, cientos de científicos de todo el mundo habían estado estudiando los efectos de la quema de combustibles fósiles y habían concluido que los gases de efecto invernadero estaban alterando la atmósfera, calentándola y transformando así las estaciones, las lluvias, la nieve, las tormentas eléctricas y los huracanes, produciendo olas de calor destructivas en los océanos y la tierra, matando corales y matando de hambre a leones marinos y osos árticos, causando sequías crónicas, vientos fuertes, lluvias torrenciales e inundaciones. Esta evidencia convenció al presidente Obama y a la EPA a emitir la declaración de peligro de 2009, que permitió al gobierno federal comenzar a considerar la regulación de los combustibles fósiles.
Política petroquímica
En general, los presidentes demócratas y republicanos siguen el manual de estrategia de la agroindustria. Pero con los combustibles fósiles, los presidentes y congresistas republicanos comparten la ideología de la industria y se niegan a regular el petróleo, el gas natural y el carbón. El petróleo es un activo estratégico para los EE. UU. industrializados, con sus vastas flotas de automóviles, camiones, sopladores de hojas, yates de lujo, barcos comerciales, aviones privados y comerciales, innumerables máquinas, incluyendo las fuerzas armadas estadounidenses y cientos de bases militares estadounidenses por todo el planeta.
El presidente Trump dejó claro que le importaba poco el cambio climático y el caos, al que calificó de “engaño”. Junto con el administrador de la EPA, Lee Zeldin, descartó el hallazgo de peligros de 2009 y una gran cantidad de regulaciones que limitaban las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de los tubos de escape de automóviles, camiones, chimeneas de centrales eléctricas y otras fábricas y máquinas.
“Al desechar el hallazgo de peligros, la administración Trump está cuestionando esencialmente el abrumador consenso científico sobre el cambio climático. La gran mayoría de los científicos afirma que la Tierra se está calentando rápida y peligrosamente”.
Calentamiento rápido y peligroso
El 14 de noviembre de 2023, la Quinta Evaluación Nacional del Clima de EE. UU. afirmó lo mismo: que el planeta está experimentando un calentamiento rápido y peligroso. Además, la Evaluación Climática de EE. UU. de 2023 advertía que el país se estaba calentando a un ritmo un 68% más rápido que otros países del mundo. La recomendación política y filosófica de la Evaluación Climática de 2023 fue la siguiente:
“Decisiones que determinarán el futuro”:
“Con cada incremento adicional del calentamiento, aumentan las consecuencias del cambio climático. Cuanto más rápido y en mayor medida reduzca el mundo las emisiones de gases de efecto invernadero, mayor será el calentamiento futuro que podrá evitarse, lo que aumentará las posibilidades de limitar o evitar los impactos perjudiciales para las generaciones actuales y futuras”.

Calentamiento rápido de EE. UU. desde la década de 1890. Temperatura en EE. UU. en azul claro, temperatura mundial en negro. Quinta Evaluación Nacional del Clima de EE. UU., 14 de noviembre de 2023.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) contribuyó a la Quinta Evaluación del Clima. Elogió sus hallazgos y conclusiones. Citó las conclusiones del informe de Evaluación Climática del 14 de noviembre de 2023: Sabemos que el caos climático amenaza la salud pública y ambiental, e incluso causa enormes daños económicos y un daño ecológico planetario masivo:
“El cambio climático exacerba desigualdades sociales de larga data… El cambio climático está dañando la salud y el bienestar físico, mental, espiritual y comunitario. Se estima que los impactos de los fenómenos climáticos extremos le cuestan al país 150.000 millones de dólares al año. Con cada incremento del calentamiento global, se prevé que se aceleren daños muy costosos. Por ejemplo, se proyecta que un calentamiento de 2 grados Fahrenheit cause más del doble del daño económico inducido por un calentamiento de 1 grado F. Las altas temperaturas anuales y los ciclones tropicales se asocian con un menor crecimiento del PIB.
“La acción climática puede generar beneficios a corto plazo que superan los costes, con el potencial de mejorar el bienestar, fortalecer la resiliencia, beneficiar a la economía y reparar los legados del racismo y la injusticia.
“Se estima que, acre por acre, los ecosistemas de carbono azul, como las praderas marinas, los manglares y las marismas, almacenan aproximadamente el doble de carbono bajo tierra que la vegetación terrestre. Con medidas de conservación y restauración, estos ecosistemas podrían secuestrar suficiente carbono cada año para compensar aproximadamente el 3% de las emisiones globales (según las emisiones de 2019 y 2020).
“Para 2050 y 2100, se proyecta que el aumento del nivel del mar, según el Escenario Intermedio del Nivel del Mar, será mayor en el Atlántico (aproximadamente 38 y 120 cm, respectivamente) que en la costa del Pacífico (22 y 90 cm), y mayor en la costa occidental del Golfo (60 y 150 cm).
“Los huracanes se han intensificado con mayor rapidez desde la década de 1980, provocando lluvias y marejadas ciclónicas más intensas debido al cambio climático.
“El cambio climático ha afectado a la pesca marina comercial en todas las regiones de EE. UU., alterando la disponibilidad y la calidad de las especies capturadas, desestabilizando los ingresos y el empleo relacionados con la pesca… Durante el próximo siglo, se prevé que el cambio climático reduzca la captura de peces y mariscos en todas las regiones de EE. UU., incluidas algunas de las pesquerías de mayor valor”.
Epílogo
Es cierto que el clima está cambiando y dañando nuestro único hogar en el vasto universo. La Evaluación Climática del Gobierno estadounidense de 2023 habla el lenguaje de la ciencia y ofrece opciones sensatas. Pero el rechazo de la ciencia por parte de la administración Trump complica y perturba la democracia, dificultando la supervivencia a largo plazo. Trump recibió unos 450 millones de dólares de la industria del petróleo y el gas para su campaña de 2024. A cambio, la industria del petróleo y el gas disfruta de 35.000 millones de dólares en exenciones fiscales anuales.
Esta relación financiera no se le pasó por la cabeza al administrador de la EPA, Zeldin, quien ridiculizó la eliminación de la determinación de peligros, calificándola como “la mayor acción desreguladora en la historia de Estados Unidos”. A continuación, “acusó a los demócratas de haber lanzado una cruzada ideológica sobre el cambio climático que ‘había estrangulado sectores enteros de la economía estadounidense’, en particular la industria automovilística”.
Esto me recuerda a los cruzados que libraron largas y encarnizadas guerras por nociones supersticiosas que tomaron prestadas de religiones que no tenían nada que ver con la ciencia, la búsqueda de la verdad y la justicia. Los demócratas favorecieron las decisiones basadas en la ciencia más que los republicanos, pero nunca defendieron la protección del medio ambiente ni la lucha contra el cambio climático. Por lo tanto, es muy improbable que los gobernantes estadounidenses, adictos al petróleo, estén preparados para tomar decisiones basadas en la ciencia.
Y aunque las administraciones demócratas no han sido tan despiadadas con el medio ambiente como la republicana, el Partido Demócrata está en apuros. No sabe qué hacer frente a Trump. Trump ofendió al país al presentar a Obama y a su esposa como simios, una arrogancia que socavó su propia coalición republicana. Los estadounidenses están también preocupados por el Partido Demócrata. Existe una “continua suspicacia hacia un partido en el que aún no se puede confiar para que haga lo que beneficie a la nación en su conjunto”.
Recomendaría que el mayor número posible de científicos se unieran a organizaciones ambientales, ambientalistas y políticos locales, estatales y federales que respeten la ciencia. Que formen una organización para la defensa de la civilización y la Madre Tierra. Y luego, que se conviertan en evangelistas de este nuevo evangelio climático basado en la ciencia. Que eduquen a los estadounidenses de los peligros que corren su salud y sus vidas. Si esta labor educativa se hace bien, la situación dará un giro hacia la razón y la seguridad. De hecho, la mayoría de los datos climáticos que la gente necesita aprender o conocer se encuentran en la Evaluación Climática de 2023.
Si este ejercicio de política, ciencia y supervivencia se tomara en serio, tendríamos la posibilidad de prevenir los peores efectos del calentamiento global y, lo que es igualmente importante, de revitalizar nuestra democracia para una sociedad basada en la justicia, el afecto, los cuidados responsables y la protección del mundo natural, nuestra Madre Tierra.
Imagen de portada: Quinta Evaluación Nacional del Clima de EE. UU., 14 de noviembre de 2023.