Maha Hussaini y Mohammed al-Hajjar, Middle East Eye, 22 febrero 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Maha Nazih al-Hussaini es una periodista palestina, activista por los derechos humanos, directora de estrategias del Monitor Euromediterráneo de Derechos Humanos en Ginebra y miembro de la Red Marie Colvin de Mujeres Periodistas. Comenzó su carrera periodística cubriendo la campaña militar de Israel en la Franja de Gaza en julio de 2014.

Mohammed al-Hajjar es un fotógrafo y periodista palestino afincado en Gaza que trabaja en medios de comunicación desde 2007. Ha ganado varios premios de periodismo locales e internacionales.
Los primeros días del Ramadán han traído poco alivio a los palestinos de la Franja de Gaza.
Mientras los líderes mundiales se reunían en Washington para la reunión inaugural de la controvertida Junta de Paz del presidente estadounidense Donald Trump y prometían miles de millones para la reconstrucción de Gaza, los residentes del devastado enclave afirman que el ambiente sigue siendo insoportable, con pérdidas, desplazamientos y bombardeos intermitentes, muy similar a los dos Ramadán vividos durante la guerra.
Un alto el fuego parecido alcanzado en enero del año pasado se rompió durante el mes sagrado después de que Israel violara unilateralmente la tregua y reanudara sus ataques, dejando a muchos en la incertidumbre sobre lo que pudiera depararles el futuro.
Este año, las familias de más de 72.000 palestinos asesinados en los implacables bombardeos israelíes desde octubre de 2023 se ven obligadas a afrontar el Ramadán en un gran vacío de dolor, pérdida y reuniones destrozadas.
«No hay ninguna diferencia real entre el Ramadán actual y el Ramadán durante la guerra. La única diferencia es que han cesado algunos de los asesinatos y el derramamiento de sangre», declaró Siad Dhair, un palestino desplazado del norte de Gaza, a Middle East Eye desde su tienda de campaña improvisada en el campo de refugiados de Nuseirat.
Para Dhair, la ausencia de sus seres queridos es lo que define el mes sagrado de este año.
«Hemos perdido los encuentros con las personas que amamos. Hoy no me queda nadie. Sigo desplazado del norte de Gaza y no tengo hermanos ni amigos aquí. Todos mis amigos han sido martirizados, sólo me queda uno. De mi familia, las personas más queridas han sido martirizadas».
A pesar de la relativa tregua en los bombardeos a gran escala, los ataques no han cesado por completo. Durante los dos primeros días del Ramadán, el ejército israelí mató a dos palestinos e hirió a otros cuatro en toda la Franja de Gaza.
Desde el acuerdo de alto el fuego de octubre, al menos 603 palestinos han muerto y otros 1.618 han resultado heridos, según el Ministerio de Salud de Gaza.
La mayoría de las víctimas mortales se han producido en bombardeos y tiroteos cerca de la Línea Amarilla, mientras que otras han muerto en ataques israelíes contra zonas que se suponían seguras.
Para muchas familias, el alto el fuego ha alterado la intensidad de los ataques, pero no la realidad del dolor, el desplazamiento y las comunidades destrozadas que siguen marcando la vida cotidiana en Gaza.
«Durante el Ramadán, antes de que comenzara la guerra en 2023, solíamos colgar adornos, comprar comida y postres y ver series sobre la celebración. Hoy en día, nada de eso existe», continuó Dhair.
«Nuestra vida en una tienda de campaña es muy elemental y apenas encontramos amigos a los que desearles Ramadán mubarak. Solíamos invitarnos unos a otros al iftar [comida para romper el ayuno]. Hoy en día, todo lo que tengo son recuerdos. Sigo evocando que, en este día, un amigo me invitara a su casa para el iftar».
Dhair añadió que el Ramadán no puede ser lo mismo, ni siquiera con el alto el fuego, ya que sigue sin poder volver a su barrio.
«La guerra no ha terminado. Ni siquiera puedo llegar a mi casa. No puedo verla porque se encuentra en una zona en la que tenemos prohibido entrar y que sigue ocupada», dijo.
«La guerra no puede haber terminado cuando todavía no puedo ni siquiera ver los escombros de mi casa».
En virtud del acuerdo de alto el fuego, Israel ha impuesto la «línea amarilla», una zona militar de acceso prohibido en el norte y el este de Gaza que permanece bajo control israelí.
Desde octubre, las fuerzas israelíes han ido desplazando gradualmente esa línea amarilla hacia el oeste, lo que les ha permitido controlar aproximadamente el 58% de Gaza y anexionarse más barrios, dejando a decenas de miles de palestinos sin acceso a sus hogares.
Ramadán en una tienda de campaña
Um Mohamad Abu Qamar, residente desde hace mucho tiempo en el campo de refugiados de Yabalia, en el norte de Gaza, logró pasar los dos últimos Ramadán en su casa a pesar de los intensos ataques.
Este año, sin embargo, se ve obligada a pasarlo en una tienda de campaña improvisada en el centro de Gaza, lejos de su hogar y de la comunidad que una vez conoció.
«El primer día del Ramadán fue triste porque no estaba en mi casa», dijo la mujer de 50 años a MEE.
«Pasé los dos últimos Ramadán en mi casa de Yabalia, aunque tuvimos que colocar láminas de zinc en lugar de las paredes destruidas. Hoy estoy en una tienda de campaña. Echo de menos mi casa, echo de menos Yabalia. Anhelo volver y oler su tierra».
Aunque algunas zonas de Yabalia siguen siendo accesibles, la mayoría de los residentes aún no han regresado, ya sea porque sus barrios quedaron completamente arrasados o debido a los continuos ataques israelíes sobre la zona.
Además del profundo dolor que le causa el desplazamiento, Abu Qamar pasa este Ramadán sin sus dos hermanas y sus dos yernos, que murieron en los ataques israelíes.
«El primer día del Ramadán, mis pensamientos estaban con ellos, especialmente con mi hermana mayor, que fue quien me crio. Siempre la consideré como una madre. Mi hermana menor era mi amiga. Solíamos reunirnos e invitarnos mutuamente al iftar», relató.
«Este Ramadán es diferente porque ya no hay reuniones. Solíamos compartir el iftar juntos. Hoy, mis dos hijas están sin sus maridos. Mi hija menor tiene 19 años y la otra tiene 24. Uno de sus maridos era periodista y el otro trabajaba como chef en una fábrica de pasteles».
Fuad Hiyasi, originario de la ciudad de Gaza, comparte el mismo dolor.
«En cuanto anunciaron que se había avistado la luna creciente del Ramadán, se me llenaron los ojos de lágrimas», contó a MEE. «Echaba de menos a mi padre y a mi hermano, que fueron martirizados, así como unos 20 amigos míos. Durante el Ramadán, solíamos comprar cosas entre todos y celebrar el iftar juntos».
Durante los últimos dos años, los palestinos de toda la Franja de Gaza han celebrado el Ramadán bajo un bloqueo impuesto por Israel, durante el cual las fuerzas israelíes mataron a cientos de palestinos que esperaban ayuda en la ciudad de Gaza, en lo que se denominó «las masacres de la harina».
Este Ramadán, los mercados de Gaza se asemejan al período anterior a la guerra, con estantes nuevamente repletos de productos.
Sin embargo, para muchos en Gaza, estos artículos siguen estando fuera de su alcance, inasequibles en medio de la devastación casi total del sector económico de la empobrecida franja.
«Llevo dos años y medio sin trabajo. No puedo permitirme los precios actuales, aunque haya productos disponibles. Por eso dependemos de los comedores sociales», dijo Hiyasi.
«Nos pasamos el día llenando bidones de agua y recogiendo leña. Recibimos la comida de los comedores sociales a mediodía, por lo que, a la hora del iftar, la comida se ha enfriado y tenemos que encender un fuego para calentarla», explica Hiyasi.
Aunque el acuerdo de alto el fuego estipulaba la entrada de unos 1.500 camiones cargados de gas para cocinar en Gaza a finales de enero, solo llegaron 307 camiones, con unas 6458 toneladas de gas, lo que cubre aproximadamente el 20% de las necesidades de la franja, según la Autoridad General del Petróleo de Gaza.
Como resultado, muchas familias se ven obligadas a depender de la leña para cocinar durante el Ramadán, al igual que durante la guerra.
En cierto modo, dijo Hiyasi, «la situación actual es más dura que la hambruna que sufrimos durante el Ramadán de los dos últimos años».
«Durante la hambruna, simplemente no había ningún producto. Hoy hay bastantes cosas, pero no podemos adquirirlas para nuestros hijos. Hemos perdido todo nuestro dinero en el desplazamiento, comprando tiendas de campaña y trasladándonos de una zona a otra. Cuando ha llegado el Ramadán, no nos quedaba ya nada en absoluto».
Foto de portada: Niños sobre una duna contemplando una escultura de arena con el mensaje «Bienvenido, Ramadán», creada por el artista palestino Yasid Abu Yarad, en una playa de Jan Yunis el 17 de febrero de 2026, un día antes del inicio del mes sagrado (Bashar Taleb/AFP).