Por Israel, de nuevo a la guerra

Chris Hedges, The Chris Hedges Report, 28 febrero 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Chris Hedges es un escritor y periodista independiente que trabajó durante casi dos décadas como corresponsal extranjero para The New York Times, la National Public Radio y otros medios en Latinoamérica, Oriente Medio y los Balcanes. Formó parte del equipo de reporteros de The New York Times que ganó un Premio Pulitzer por su cobertura del terrorismo global. Hedges es miembro del Nation Institute y autor de numerosos libros, entre ellos War is a Force That Gives Us Meaning.

Una vez más, Estados Unidos va a la guerra por Israel. Una vez más, muchos morirán por el Estado sionista, incluidos integrantes del ejército estadounidense. Una vez más, nos veremos envueltos ciegamente en un fiasco militar. Una vez más, haremos lo que nos dicte una potencia extranjera cuyos intereses no son los nuestros, pero cuyos grupos de presión han comprado a nuestra clase política, incluido Donald Trump. Una vez más, violaremos la Carta de las Naciones Unidas al atacar a un país que no representa una amenaza inminente.

Esta no es nuestra guerra. Es parte de la demencial visión de Israel de un Gran Israel, de dominar Oriente Medio. Pero Israel necesita nuestro ejército, el dinero de nuestros contribuyentes y nuestras armas para hacerlo. Y nosotros les hemos entregado las llaves de nuestro formidable arsenal.

Los arquitectos de la guerra con Irán, una guerra que la administración no considera necesario justificar ante la opinión pública estadounidense ni ante la comunidad internacional, admiten que no será rápida.

El senador Tom Cotton, presidente del Comité de Inteligencia del Senado, declaró el sábado a CBS News que el objetivo no es sólo frenar el programa nuclear de Irán, sino «desmantelar su red de apoyo al terrorismo».

«Hacer todo eso llevará más tiempo que los ataques contra su programa nuclear del verano pasado», dijo Cotton. «Probablemente se trate de semanas, no de días, de esfuerzos conjuntos por parte de Estados Unidos, Israel y nuestros socios árabes, que también han sido atacados esta mañana».

Los lacayos de Israel en la clase política, junto con sus cortesanos en los medios de comunicación, entre ellos el exempleado del Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC, por sus siglas en inglés) Wolf Blitzer, así como el mundo académico, son ejemplos claros de la injerencia transparente y a menudo ilegal de Israel en el sistema político estadounidense. Olvídense de Rusia. Olvídense de China. Ningún gobierno extranjero se acerca al nivel de influencia que ejerce Israel.

Los líderes del Partido Demócrata no se oponen a atacar Irán, se oponen a atacar Irán sin que se les consulte. Dos docenas de demócratas se pusieron en pie y aplaudieron cada vez que Trump amenazaba a Irán o alababa a Israel en su discurso sobre el estado de la Unión. La administración Biden y los líderes del Partido Demócrata no hicieron ningún esfuerzo por restablecer el acuerdo nuclear con Irán de Barack Obama. En cambio, se centraron en mantener el genocidio en Gaza. Aplaudieron la decapitación por parte de Israel de los representantes iraníes en el Líbano, Siria y Yemen. Kamala Harris, en su incompetente y desafinada campaña presidencial, prometió continuar financiando el genocidio, lo que alienó a muchos votantes y etiquetó a Irán como nuestro enemigo más peligroso.

La guerra sin fin es un proyecto bipartidista.

La flagrante injerencia de Israel en el sistema político estadounidense queda documentada en la serie de cuatro capítulos de Al-Jazeera titulada «The Lobby», cuya emisión fue bloqueada por Israel y sus partidarios. Se pueden ver copias piratas en el sitio web de Electronic Intifada. En el documental, los líderes del lobby israelí son grabados con una cámara oculta por un reportero explicando cómo, con el respaldo de los servicios de inteligencia de Israel, desacreditan y silencian a los críticos estadounidenses y utilizan enormes donaciones en efectivo para controlar el proceso electoral y el sistema político estadounidenses.

El férreo control de Israel sobre nuestro sistema político queda también documentado en «The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy» (El lobby israelí y la política exterior estadounidense), de John Mearsheimer y Stephen Walt.

«Si te sales de la reserva y te vuelves crítico con Israel, no sólo no obtendrás dinero, sino que el AIPAC hará todo lo posible por encontrar a alguien que se presente contra ti», afirma Mearsheimer, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Chicago, en el documental. «Y apoyarán a esa persona muy generosamente. El resultado final es que será probable que pierdas tu escaño en el Congreso».

Israel lleva a cientos de miembros del Congreso, a menudo con sus familias, a Israel para disfrutar de lujosos viajes a resorts costeros. Estos miembros del Congreso acumulan facturas individuales que con frecuencia superan los 20.000 dólares. La Ley de Liderazgo Honesto y Gobierno Abierto de 2007 intentó restringir a los grupos de presión la oferta de viajes pagados de más de un día de duración para los miembros del Congreso. Pero el AIPAC, que nunca se ha visto obligado a registrarse como agente extranjero, utilizó su influencia para incluir una cláusula en la ley que excluye los llamados viajes educativos organizados por organizaciones benéficas que no contratan a grupos de presión. La organización benéfica afiliada al AIPAC que se utiliza para sortear esta laguna jurídica se llama American Israel Education Foundation.

La inversión de Israel merece la pena. En 2016, el Congreso de los Estados Unidos autorizó un paquete de ayuda a la defensa de 38.000 millones de dólares anuales para Israel entre 2019 y 2028. Hemos malgastado entre 4 y 6 billones de dólares en las guerras inútiles que Israel y su lobby impulsaron en Oriente Medio. El Congreso ha autorizado también 21.700 millones de dólares en ayuda militar a Israel para sostener el genocidio.

Sólo Dios sabe el coste de esta guerra, pero probablemente ascenderá a decenas, si no cientos, de miles de millones de dólares.

Hemos vuelto al punto en el que estábamos en 2003, con una guerra cuyo objetivo utópico es el cambio de régimen. No funcionó entonces. No funcionará ahora.

Se han desenterrado las mismas mentiras fatuas para justificar esta guerra, y el enviado de Estados Unidos a Oriente Medio, Steve Witkoff, ha declarado a Fox News que Irán está «probablemente a una semana» de disponer de los materiales necesarios para fabricar una bomba nuclear.

Este ha sido el mantra de Benjamin Netanyahu y del lobby israelí durante tres décadas.

No sé cómo se supone que debemos tragarnos esto después de que Trump anunciara el pasado mes de julio, tras los ataques aéreos estadounidenses, que «las tres instalaciones nucleares de Irán han sido completamente destruidas y/o ARRASADAS. Se necesitarían años para volver a ponerlas en funcionamiento…».

Una mentira sustituye a la siguiente.

Una vez más, prometemos bombardear un país para liberarlo, con Trump diciendo que lo único que quiere es «libertad para el pueblo» de Irán.

El líder supremo de Irán, Ali Khamenei, ha sido asesinado.

El primer ministro israelí, al igual que Trump, está pidiendo a los iraníes que aprovechen la «oportunidad única en una generación» para «salir a las calles en masa y completar la tarea de derrocar al régimen que está haciendo miserable sus vidas».

«Este es el momento de unir fuerzas para derrocar al régimen y asegurar su futuro», dijo Netanyahu.

Se les escapa que todos los demás intentos de cambio de régimen en Oriente Medio han acabado en desastre. Esta vez, prometen, va a funcionar.

Puede que no hayamos reunido una fuerza terrestre, como hizo Bush en 2003 para la guerra de Iraq, pero una vez que se abre la caja de Pandora de la guerra, la guerra te controla a ti. Tú no la controlas.

Es probable que mueran soldados estadounidenses cuando Irán ataque las bases de EE. UU. en la región. La Armada iraní ha anunciado que cerrará el estrecho de Ormuz, el punto de estrangulamiento petrolero más importante del mundo, por el que pasa el 20% del suministro mundial de petróleo. Esto podría duplicar o triplicar el precio del petróleo y devastar la economía mundial. Las instalaciones petroleras, junto con los barcos y las bases militares estadounidenses en la región, serán atacadas.

Irán ha lanzado misiles ya contra la base aérea de Al Udeid en Catar, la base aérea de Al-Salem en Kuwait, la base aérea de Al-Dhafra en los Emiratos Árabes Unidos, el cuartel general de la Quinta Flota de los Estados Unidos en Baréin y las bases estadounidenses en Jordania. Se han registrado explosiones en Riad, Arabia Saudí.

Miles de inocentes morirán. Israel atacó el sábado una escuela primaria de niñas en Minab, una ciudad de la provincia de Hormozgan, en el sur de Irán. La agencia de noticias iraní Tasnim citó al poder judicial de Minab diciendo que el número de muertos había aumentado a 108.

Imagen de la escuela primaria de niñas alcanzada por un ataque aéreo el sábado en Minab, Irán, publicada por el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, en X.

Las pérdidas constantes y el enorme aumento de los precios del petróleo agravarán la frustración de Trump y sus aliados israelíes. Esta frustración, al igual que la que se vivió durante las dos décadas de guerra en Iraq y Afganistán, desencadenará una guerra regional prolongada.

Irán, sometido a ataques continuos, podría acabar fragmentándose y dividiéndose, lo que provocaría que millones de refugiados atravesaran sus fronteras y desencadenaría el caos que también provocamos en Libia. Pero Israel, cuyo objetivo es debilitar la capacidad militar de sus vecinos, conseguirá lo que quiere.

Y nosotros nos quedaremos con el desastre.

Imagen de portada: Hermanos de sangre (por Mr. Fish).

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