Chris Hedges, The Chris Hedges Report, 17 marzo 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Chris Hedges es un escritor y periodista independiente que trabajó durante casi dos décadas como corresponsal extranjero para The New York Times, la National Public Radio y otros medios en Latinoamérica, Oriente Medio y los Balcanes. Formó parte del equipo de reporteros de The New York Times que ganó un Premio Pulitzer por su cobertura del terrorismo global. Hedges es miembro del Nation Institute y autor de numerosos libros, entre ellos War is a Force That Gives Us Meaning.
Transcripción de la entrevista
Chris Hedges:
Cuanto más se prolonga la guerra contra Irán, más la economía mundial se ve sumida en la crisis . Los iraníes han bloqueado el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del suministro energético mundial. El 40% del petróleo que se importa China pasa por ese estrecho. El precio del crudo supera ya los 100 dólares por barril, lo que supone un aumento del 45% desde que comenzó la guerra, y sigue subiendo.
Los precios de la gasolina en Estados Unidos han subido más de 65 centavos por galón. El combustible para aviones y el diésel se han disparado un 25%. En algunas zonas de Asia, como Tailandia, Pakistán y Bangladés, ya hay escasez y largas colas en las gasolineras. Las oficinas gubernamentales de Filipinas han pasado a una semana laboral de cuatro días. El Gobierno de Myanmar ha impuesto días de circulación alternos.
Japón, que depende de Oriente Medio para el 90% de su suministro de petróleo, está liberando una cantidad récord de 80 millones de barriles de petróleo, lo que supone unos 45 días de suministro. La India, aunque la administración Trump le ha permitido comprar petróleo ruso sancionado, se verá especialmente afectada. Ya está sufriendo una grave escasez de gas natural licuado.
Alrededor del 84% del crudo y el 83% del gas natural licuado que pasa por el estrecho se destina a Asia. El fertilizante nitrogenado, que costaba entre 460 y 480 dólares por tonelada corta antes de la guerra, ha subido a entre 520 y 620 dólares. Esto supone un aumento masivo de los precios de los alimentos. Y una vez que se agoten las reservas estratégicas de petróleo, el precio del barril podría dispararse fácilmente hasta los 200 o 300 dólares, lo que provocaría una inflación devastadora y una depresión mundial.
Las economías mundiales entrarían en ese momento en caída libre, lo que desencadenaría disturbios civiles generalizados. A esta crisis se suma el hecho de que son dos potencias nucleares las que están llevando a cabo la guerra: Estados Unidos, con unas 5.000 ojivas nucleares, e Israel, con unas 300.
Israel, por primera vez en su historia, está sufriendo graves destrozos a causa de los misiles y drones iraníes, cuya magnitud no se ha hecho pública debido a la fuerte censura militar. Israel, especialmente si Estados Unidos decide cortar por lo sano y retirarse de la guerra, podría ver cómo el Gobierno de Benjamin Netanyahu despliega un dispositivo nuclear y, potencialmente, desencadena una conflagración mundial. Me acompaña para debatir las consecuencias de la guerra contra Irán en los planos económico, político y militar Yanis Varoufakis, secretario general del Movimiento por la Democracia en Europa 2025 y exministro de Finanzas de Grecia.
Quiero comenzar, Yanis, con las consecuencias de la desestabilización económica en términos de malestar social y político. Recuerdo mi cobertura de la guerra en la antigua Yugoslavia, que se vio precipitada por un colapso económico y una hiperinflación, lo que, en mi opinión, contribuyó al surgimiento de figuras similares a Trump, como Radovan Karadžić, etc. Pero esta desestabilización económica siempre ha tenido, a lo largo de la historia, consecuencias que van mucho más allá del castigo económico. Y me preguntaba si podrías hablarnos de ello.
Yanis Varoufakis:
Claro, te refieres a las consecuencias imprevistas de una guerra muy estúpida en la que Benjamin Netanyahu ha atrapado a Donald Trump porque, ya sabes, Chris, hasta ahora, creo que Trump estaba ganándolo todo. Ha ganado la guerra comercial, la guerra de aranceles con los europeos. Ha tenido mucho éxito al utilizar las grandes tecnológicas y las criptomonedas como arma con la Ley GENIUS.
Desde su perspectiva, estaba ganando. Y esta es una campaña ridícula en la que se ha visto arrastrado por razones que no creo que sepamos hasta que pasen bastantes años; esto va a tener efectos duraderos, efectos a largo plazo.
Chris, estaba leyendo en el Wall Street Journal y en el Financial Times algunos artículos ilusorios en los que se comparaba lo que está ocurriendo ahora en Irán con el Día de la Liberación del año pasado.
¿Recuerdas cuando hubo una sacudida en los mercados, que entraron en pánico y se pusieron nerviosos tras el anuncio de los enormes aranceles que, en la práctica, suspendieron el comercio mundial durante una semana más o menos? Y así, el pensamiento optimista del Financial Times y del Wall Street Journal va en la línea de que no salió tan mal. Que en uno, dos o tres meses, los mercados se recuperaron. Y la economía se sacudió todas las preocupaciones sobre la recesión.
Y, quizá si esto termina pronto, en las próximas semanas, entonces podremos volver a proclamar dentro de un par de meses que fue una tontería lo que pasó, que el capitalismo mundial, el capitalismo con sede en EE. UU., el capitalismo dolarizado, ha demostrado ser resistente. Pues no creo que eso sea posible. No sólo porque esta guerra no va a terminar muy pronto. No creo… Ninguno de nosotros tiene una bola de cristal, pero creo que Donald Trump ha caído de lleno en la trampa que Netanyahu le ha tendido.
Pero lo que quiero destacar principalmente es que hay un mundo de diferencias entre lo que ocurrió el año pasado con los aranceles y el Día de la Liberación y lo que ocurre ahora. Y permíteme explicar por qué los aranceles del Día de la Liberación resultaron ser transitorios en cuanto a sus efectos y por qué estos no van a ser transitorios por más o menos las mismas razones.
Así pues, el año pasado, cuando Trump impuso sus gigantescos aranceles, especialmente contra China y demás, en primer lugar, quedó claro en pocas semanas que la demanda en Estados Unidos de exportaciones extranjeras era lo suficientemente elástica como para que gran parte de la carga no recayera sobre los consumidores estadounidenses, sino sobre los importadores.
La segunda razón, muy importante y crucial, por la que al final Trump no se vio afectado por el Día de la Liberación es que, al mismo tiempo que se producía una ola recesiva, se produjo otra ola en la dirección opuesta: una gigantesca oleada de inversiones de las grandes tecnológicas en IA. Y eso impulsó los mercados de una forma que satisfizo a Donald.
La tercera razón es que, desde su punto de vista, los aranceles realmente funcionaron. Esos aranceles lograron atraer a Estados Unidos importantes entradas de capital. De hecho, conozco muchas empresas alemanas que se trasladaron a Estados Unidos, como BASF y Mercedes-Benz, entre otras. También invirtieron empresas japonesas y taiwanesas.
Y la cuarta razón importante por la que el Día de la Liberación no tuvo efectos duraderos fue que los bancos centrales de todo el mundo, no sólo la Reserva Federal, estaban en proceso de reducir, de recortar los tipos de interés, de flexibilizar la política monetaria. Compárese y contrástese con lo que está ocurriendo ahora.
En primer lugar, la demanda en Estados Unidos no es elástica ante las subidas de los precios de la gasolina. La gran mayoría de las mismas personas, los trabajadores manuales que votaron a Trump, están sufriendo aumentos exorbitantes en sus gastos de transporte. No olvidemos que el partidario y votante medio de MAGA recorre 160 km al día en todoterrenos y coches que consumen mucho, y eso repercute directamente en el aumento del precio de la gasolina, que a su vez afecta directamente a su presupuesto familiar.
En segundo lugar, recordemos la fiebre inversora en IA que le salvó el pellejo a Donald el año pasado. Pues bien, la IA consume muchísima energía. Es muy voraz en cuanto a electricidad. Así que es muy probable que el ritmo de inversión que hemos presenciado en los últimos doce meses se vaya a ir apagando, porque ya había dudas sobre la lógica de esa inversión que se destinaba en gran medida a la IA. Pero ahora que la IA se está volviendo tan cara de mantener y formar, y todo eso…
Bien, eso va a reducir de forma muy sustancial los efectos compensatorios de una mayor inversión en IA. Y más allá de esto, tenemos los bancos centrales. Los bancos centrales, debido a que los rendimientos de los bonos a 10 años están subiendo, o bien van a subir ahora los tipos de interés o no los van a bajar según el calendario que se habían fijado y que los mercados financieros ya habían descontado.
Y, por último, por estas fechas, el año pasado, el desempleo no estaba aumentando. En los últimos dos o tres meses, el desempleo, tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido, y me temo mucho que también en la Unión Europea, va en aumento.
Por tanto, si se tienen en cuenta todos estos factores, se entenderá por qué llego a la conclusión de que esta guerra, esta guerra absurda de Donald Trump, afecta incluso a los propios Estados Unidos —sin tener en cuenta Bangladés o Japón, describiste con gran precisión que esas economías se encontraban en una situación desesperada—, a la propia economía estadounidense, que es lo que realmente le importa a Donald Trump, a la economía europea, a la economía británica; Occidente en general está entrando en una grave espiral de sufrimiento.
Chris Hedges:
Sí, los iraníes han dejado claro que son muy conscientes de su capacidad para infligir este tipo de dolor, pero han dejado también claro que este conflicto no va a terminar hasta que ese dolor se sienta. Y creo que es importante señalar que los iraníes se han dado cuenta de que se trata de una lucha existencial; tanto el pasado mes de junio como ahora, cuando Israel y Estados Unidos han atacado Irán, se encontraban en medio de negociaciones.
Así que los iraníes difícilmente van a confiar en otro equipo negociador. ¿Cómo ves, o qué ves, a medida que pasan las semanas? Ya estamos siendo testigos, especialmente en el Sur Global o en algunos de los países que he mencionado, incluso en Japón, que esto ya es una crisis. Descríbenos cómo será la situación dentro de unas semanas, dentro de unos meses, lo grave que puede llegar a ser y cuáles serán las consecuencias.
Yanis Varoufakis:
Sin querer causar pánico entre nuestros espectadores, esto es realmente grave. Porque, como has mencionado, Japón obtiene el 90% de su energía, o de su petróleo y gas natural, en Catar, en Arabia Saudí, en el Golfo. La economía japonesa es un engranaje importante en la maquinaria occidental internacional.
Si nos fijamos en lo que está ocurriendo, especialmente en Bangladés, donde la industria textil ya está ralentizando su actividad, simplemente porque temen que su suministro de gas y, por lo tanto, su producción de electricidad, se paralicen por completo, como consecuencia de la total dependencia de la generación eléctrica de Bangladés del Golfo.
Lo que realmente importa es el efecto bola de nieve. No se trata tanto de los efectos primarios, sino de los secundarios y terciarios. Y estos van a continuar incluso si, como he dicho antes, el estrecho de Ormuz se abriera mañana, porque estas cadenas de suministro tardan mucho tiempo en volver a ponerse en marcha, como pudimos comprobar durante la pandemia.
Y si se tiene en cuenta que ya nos encontramos en una trayectoria de tipo recesivo a nivel macroeconómico, y se suma a ello el hecho de que, como has señalado, los iraníes no están dispuestos a llegar a un acuerdo con Donald Trump, aunque él quiera un acuerdo con ellos, aunque quiera poner fin a los bombardeos ahora mismo, simplemente porque les han dejado en la estacada en numerosas ocasiones.
Y no es sólo algo reciente. Recordarás que en 2015 hubo un acuerdo con la Casa Blanca, en aquel entonces con Barack Obama. Recuerdo que cuando visité la Casa Blanca en abril de 2015 y me reuní con él, sólo me interesaba hablar de Grecia, como puedes imaginar en aquel momento, porque estábamos en una situación muy complicada. Y él no quería hablar de Grecia, no habló de Europa, dijo que lo único de lo que quería hablar era de Irán y de lo mucho que le interesaba que Irán se reintegrara en los circuitos financieros mundiales.
Y sí que cumplió con ese acuerdo. Los iraníes estaban muy contentos, los europeos estaban muy contentos, y entonces Donald Trump sale elegido y rompe ese acuerdo. Así que los iraníes han tenido unos buenos 10 u 11 años para reflexionar sobre qué es lo que pueden sacar de un acuerdo de paz, un pacto, un trato, de cualquier tipo de acuerdo con Estados Unidos. Y la respuesta es: no mucho.
Saben que Occidente, sencillamente, no es de fiar. No son fiables durante las negociaciones. No hay que olvidar que los bombardeos contra Irán comenzaron precisamente mientras se llevaban a cabo las negociaciones, con Omán actuando como intermediario. Y no pueden confiar en Occidente. No pueden confiar especialmente en Washington, ni siquiera después de que se haya cerrado un acuerdo. Así que no van a hacerle ningún favor a Japón, Canadá, Australia, Gran Bretaña, Alemania o Francia, y mucho menos a Estados Unidos.
Esas son todas las potencias que, a pesar de sus declaraciones de querer ser autónomas y soberanas respecto a Estados Unidos, ponen sus bases militares a disposición de los bombarderos estadounidenses que desde allí reducen Irán a escombros y matan a escolares en su territorio. Así que preparémonos para el gran tsunami que nos va a golpear. Ya nos está golpeando sin ninguna perspectiva de que vaya a remitir en un futuro próximo.
Chris Hedges:
Por supuesto, los peores efectos se dejarán sentir en el Sur Global, en países como Japón que no producen petróleo por sí mismos. Pero, claro está que supone un enorme beneficio para Rusia. Trump no ha podido levantar las sanciones lo suficientemente rápido debido a todos los problemas que ya están surgiendo en la cadena de suministro en la India y Europa.
Europa va a pagar por esto. Y me parece que el intento de la administración Trump de conseguir que los aliados europeos proporcionen barcos para una especie de misión suicida de ida y vuelta por el estrecho, después de haber despreciado e incluso insultado a estos aliados, no es más que otro ejemplo del desmoronamiento del edificio estadounidense, me refiero a Estados Unidos. Creo que, al ser un exportador de petróleo, probablemente sufrirá menos consecuencias directas, o al menos a corto plazo, aunque, en cuanto a la economía global, tú sabes mucho más que yo, así que te dejaré hablar, pero a medida que la economía global se desmorone, habrá una especie de repercusión secundaria en la economía estadounidense.
Pero hablemos de los diferentes niveles que se verán afectados, empezando por el Sur Global, pasando por Europa y luego quizá por Estados Unidos.
Yanis Varoufakis:
Permíteme empezar por Estados Unidos, porque me llamó la atención lo que dijo Trump. Afirmó, con toda razón, que Estados Unidos es un exportador neto de energía tras la revolución del fracking. Y por eso, dijo, cuando sube el precio de la energía, sube el del petróleo, sube el del gas, y nosotros, los estadounidenses, ganamos más dinero. Ahora bien, eso sólo demuestra una total falta de comprensión que, por supuesto, Trump comparte con la mayor parte de la prensa tradicional, la prensa clásica, del hecho de que no existe tal cosa de los Estados Unidos.
Hay muchos Estados Unidos, ya sabes, están los estadounidenses de clase trabajadora, están los estadounidenses de clase media, están los financieros, están los agentes inmobiliarios. Ahora bien, no hay duda de que si Estados Unidos fuera un país comunista y cada ciudadano estadounidense fuera accionista de EE. UU., entonces, por supuesto, el argumento de Trump se sostendría, pero no lo es.
Son las petroleras las que están ganando; la última vez que miré, ya habían ganado unos 80.000 millones [200.000 millones a fecha 17 de marzo] gracias al aumento del precio del petróleo. Pero si eres un obrero de cuello azul partidario del «Make America Great Again» que tiene que conducir hasta un trabajo de mierda en un coche que consume mucha gasolina, entonces estás perdido. No puedes llegar a fin de mes.
Así que no hace falta ir a Bangladés para ver quién va a sufrir. Ya sabes, la clase trabajadora de Estados Unidos va a sufrir porque no olvidemos que estas guerras, estas guerras comerciales, estas guerras reales, letales, al final son todas guerras de clases. No se trata de quién se va a beneficiar, si Estados Unidos, Alemania o Japón o Rusia. Las clases trabajadoras van a salir perdiendo en todas partes.
Y quizá la clase trabajadora de Misuri y Misisipi vaya a salir aún más perjudicada que la de Bangladés, porque no olvidemos que países como Bangladés cuentan con redes sociales muy sólidas. Tienen unidades familiares y comunidades rurales, y se cuidan unos a otros. Existe un cierto grado de solidaridad. No han sufrido la desintegración de la clase trabajadora, de esa clase trabajadora nómada de tu país, Chris.
Ahora voy a hacer lo que me has dicho y voy a hablar de Japón, la Unión Europea y el Sur Global. Hay dos tipos de países en el Sur Global: los que han tenido la suerte de recibir una gran inversión de China, y aquí me refiero a países como Ghana o Kenia, donde ya en los últimos dos o tres años los paneles solares chinos y las baterías chinas de muy alta calidad han proporcionado a comunidades de toda África, y también a algunos países asiáticos, autonomía respecto a la industria de los combustibles fósiles.
Así pues, en países como Kenia, Zambia y Ghana, del mismo modo que esos países nunca desarrollaron suficientemente sus teléfonos fijos con cables que atravesaban las casas y demás, se saltaron la evolución de las comunicaciones pasando directamente a los teléfonos móviles, directamente a la telefonía móvil. Del mismo modo, hay muchos países del Sur Global que ya no necesitan combustibles fósiles porque, en los últimos años, en muy pocos años, han experimentado un aumento sustancial en la producción y almacenamiento de su energía verde autónoma.
Esos países se verán menos afectados y su dependencia de la industria manufacturera china, sobre todo de los paneles solares y las baterías, aumentará considerablemente. Por otro lado, hay otros países que no han tenido la suerte de contar con sistemas energéticos autónomos y que van a sufrir más. Europa. Europa se encuentra en una situación terrible, Chris. Una situación terrible. Y no se trata simplemente de una marea que baja y hunde nuestros barcos en el fango de la recesión de forma uniforme por toda Europa.
Hoy estaba mirando los precios de la electricidad en toda Europa y vi que en España un kilovatio-hora costaba 35 euros, algo así como 40 dólares. En Alemania, 98. Y en mi país abandonado de la mano de Dios, Grecia, 144 euros. Así que no es sólo que una ola nos haya golpeado en Europa procedente de este tsunami recesivo. Nos ha golpeado de forma asimétrica. Y las asimetrías se deben al poder relativo de las oligarquías locales.
La razón por la que un kilovatio-hora en Grecia cuesta 144, mientras que en España sólo cuesta 35, es porque tenemos regímenes diferentes. En Grecia tenemos un régimen totalmente oligárquico, que está totalmente en el bolsillo de Donald Trump y de Israel. Grecia se ha convertido en un satélite de Israel, la OTAN y Estados Unidos. En España está [Pedro] Sánchez, con quien tengo muchas diferencias de opinión, pero al menos en lo que respecta a Palestina, a Estados Unidos, a Israel, a Gaza, a Irán, y también a la producción y distribución de electricidad, a la generación y distribución de electricidad, debería decir que su Gobierno, el Gobierno de Sánchez, ha actuado en contra de los intereses de los cárteles, de los cárteles oligopolísticos.
Por tanto, se ve que, mientras hablamos, Europa, que ya se estaba desindustrializando tras 20 años de austeridad, está siendo ya golpeada por otra ola que es recesiva y, por lo tanto, perjudicial para los intereses de las clases trabajadoras, pero no para los intereses de los cárteles, que se están forrando.
Lo que también tenemos en Europa es fragmentación. El problema de Europa siempre fue que teníamos una división. Solía ser una división norte-sur. Ahora también tenemos una división este-oeste. Ya se puede ver que los gobiernos y los funcionarios de los Estados bálticos, incluso de lugares que solían ser civilizados como Finlandia y Suecia, están presionando ahora mucho a favor de más guerra, de más gasto militar, de un mayor apoyo a una guerra en Ucrania que no lleva a ninguna parte para los ucranianos, sólo con el fin de crear mayores tensiones con Rusia.
Tenemos a España, Irlanda y, en menor medida, Portugal, países que van en una dirección completamente diferente. La fragmentación de la Unión Europea es la razón por la que la Unión Europea no es realmente una unión, sino una desunión, y por la que nadie se la toma en serio, y menos aún Donald Trump. Esa fragmentación se está agravando y empeorará aún más como consecuencia de la guerra en Irán.
Chris Hedges:
¿Y a nivel regional? ¿En qué medida todo esto socava la hegemonía de Estados Unidos, ahora que Irán ataca a los Estados del Golfo que albergan bases estadounidenses, por supuesto, pero que, en realidad, son lugares como Dubái, que han construido sus economías en torno a las finanzas internacionales y ese tipo de cosas?
Yanis Varoufakis:
El Golfo ha desempeñado en los últimos 10-15 años un papel muy importante en el sostenimiento del sector financiero vinculado al dólar estadounidense y vinculado a las grandes tecnológicas. Los centros de datos han proliferado por todo el Golfo. En cuanto a la inversión en microchips, Nvidia se ha forrado gracias al Golfo.
Y de repente, con este ataque liderado por Israel contra Irán, en el que Donald Trump se ha dejado atrapar, el modelo de negocio del Golfo se ha derrumbado, se ha derrumbado por completo. Fíjate en todas estas aerolíneas. Las mejores aerolíneas del mundo proceden del Golfo: Qatar Airways, Emirates, Etihad, etc. Y todas están inmovilizadas, como puedes ver, vayas donde vayas por el mundo.
Esos aviones, maravillosos, hermosos, relucientes aviones nuevos, están en tierra, acumulando miles de millones de dólares de deuda cada día en costes y pérdidas. Básicamente, lo que digo es que con esa ridícula guerra en la que Donald Trump se dejó arrastrar, una parte sustancial del circuito financiero y tecnológico que une la economía occidental dolarizada y la economía política ha sido sacrificado. Se ha ido todo al traste.
Chris Hedges:
La inflación ya ha comenzado. Si esto sigue así, ¿qué probabilidades hay de que se produzca una hiperinflación? Yo he vivido varias: en Argentina, Nicaragua y Yugoslavia. Toda la credibilidad de cualquier gobierno se derrumba cuando hay hiperinflación. ¿Qué probabilidades hay de que lleguemos a ese punto y cuáles serían las consecuencias?
Yanis Varoufakis:
No me preocupa la hiperinflación en Estados Unidos ni en Europa. Y la razón por la que no me preocupa es porque me preocupa algo peor. Me preocupa la estanflación. Los bancos centrales del mundo occidental —la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Japón— no están controlados por nuestros congresos, por nuestros parlamentos.
No les interesa en absoluto el bienestar de la gente corriente que lucha por llegar a fin de mes, por comprar comida, por comprar huevos, por comprar lo que sea que necesiten comprar para sobrevivir. No permitirán que la inflación supere un cierto nivel, aunque eso signifique subir los tipos de interés, tal y como hizo Paul Volcker a principios de los años 80, hasta el 20, 21 o 22%.
Por cierto, ya que has mencionado Yugoslavia y has vivido esa experiencia, Paul Volcker fue un hombre que, de hecho, destruyó Yugoslavia, no directamente, sino indirectamente, al subir los tipos de interés. Recordará que, a principios de los años 70, la economía yugoslava era una economía muy próspera basada en cooperativas. Era un ejemplo interesante, un experimento de empresas socialistas autogestionadas. Y tuvo tanto éxito que los banqueros estadounidenses se peleaban entre sí en 1971, 72 y 73 para prestar dinero a las empresas yugoslavas. Y las empresas yugoslavas cometieron el grave error de aceptar ese dinero.
El resultado fue que, como ya sabes, cuando pidieron préstamos al 3% o al 3,5% y luego Paul Volcker subió los tipos de interés al 22%, lógicamente quebraron. Y el resto es historia. Así que volverán a hacer lo mismo. La Reserva Federal, el BCE, si es necesario, para proteger los activos de las clases dominantes, van a subir los tipos de interés.
Pero eso va a provocar efectos inflacionistas gigantescos y efectos que van a duplicar o triplicar el desempleo. Así que vamos a tener inflación, no hiperinflación, combinada con desempleo. Por lo tanto, se avecina una estanflación.
Chris Hedges:
Explícanos por qué ocurre eso y explícanos los efectos de la estanflación en contraposición a la hiperinflación.
Yanis Varoufakis:
Hace tiempo, antes de la década de 1970, los economistas —hablo como miembro de esa horrible tribu— solían pensar que había dos monstruos a los que debíamos temer, pero que al menos no teníamos que preocuparnos por ambos al mismo tiempo. Un monstruo era la inflación, es decir, que los precios subieran y subieran sin parar. El otro monstruo era el desempleo. Y la convicción de mi profesión, hasta la década de 1970, era que no se podían dar ambos a la vez.
O bien los precios se disparan porque la economía se está sobrecalentando, o bien, si la economía se está enfriando, entonces habrá desempleo, pero no inflación. Y, por supuesto, en la década de 1970 tuvimos ambas cosas. Es muy interesante preguntarse por qué tuvimos ambas. Podemos profundizar en ello si lo deseas. Pero lo que quiero decir ahora es que nos enfrentamos a otra ronda de tener que lidiar con esos dos monstruos al mismo tiempo.
En la década de 1970, la razón por la que tuvimos ambas cosas fue porque el sistema económico mundial, la economía política global, sufrió una transformación importante. Las dos primeras décadas tras la Segunda Guerra Mundial fueron un periodo en el que Estados Unidos era un país con superávit; inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos era el único país acreedor, el único país con exportaciones netas.
Excluimos a Suiza, que es un país insignificante, y que realmente no cuenta en el panorama general. Y en Estados Unidos, los partidarios del New Deal en el poder, Roosevelt inicialmente y luego Truman, estaban muy preocupados por cómo mantener esa hegemonía que se derivaba de ser un país con superávit. Era una idea muy sencilla y en eso consistió el sistema de Bretton Woods entre finales de la década de 1940 y el 15 de agosto de 1971.
El sistema de Bretton Woods se basaba en la idea de que Estados Unidos mantendría sus superávits, sus exportaciones netas, mediante la dolarización de Europa y Japón. En la práctica, Europa y Japón quedaron devastados tras la Segunda Guerra Mundial. No teníamos un sistema monetario. No teníamos dinero para comprar las exportaciones estadounidenses. Así que los estadounidenses dolarizaron Europa y Japón y nos enviaron dinero para comprar las exportaciones netas de Estados Unidos.
Y mientras Estados Unidos tuviera superávit con Europa y Japón, con cada avión Boeing o frigorífico Westinghouse que vendían a los europeos, una parte de los dólares que habían enviado antes a Europa regresaba a Estados Unidos. Y ese fue el mecanismo de reciclaje en el que se basaron las dos primeras décadas tras la Segunda Guerra Mundial. Pero a finales de los años 60, Estados Unidos ya no tenía superávit. Tenía déficit.
Por lo tanto, ese sistema no podía funcionar porque simplemente estaba bombeando más dólares y enviándolos a Europa y a Japón, creando lagos de dólares, lo que acabó minando el valor del dólar. Nixon lo hizo estallar. Y el «shock de Nixon» del 15 de agosto de 1971, contó con personas muy importantes detrás, no Richard Nixon, que también era un loco en el poder como Donald Trump, sino que tenía a alguien como Paul Volcker diseñando todo el asunto y a Henry Kissinger en su equipo.
La idea de esos hombres, que de hecho funcionó, fue la siguiente: “Bueno, ahora tenemos déficit. No vamos a hacer como Alemania, apretarnos el cinturón e imponernos medidas de austeridad, porque eso simplemente significaría una caída de la inversión y la desaparición de la hegemonía de Estados Unidos. No, ¿qué vamos a hacer ahora que tenemos un déficit? Vamos a aumentarlo, a hacerlo aún mayor, y vamos a hacer que los capitalistas de Alemania, Francia, Italia, Japón y, mucho más tarde, China, paguen por él
Así fue cómo el déficit comercial estadounidense se convirtió en la aspiradora que succionaba hacia el territorio de Estados Unidos las exportaciones netas de Alemania, Japón y, más tarde, China. Estas se pagaban con pagarés llamados dólares estadounidenses. Y, por supuesto, ¿qué hacían los japoneses, los alemanes y los chinos con los dólares? Pues bien, devolverlos a Estados Unidos a través de Wall Street y ese dinero se utilizó para comprar deuda pública estadounidense, bonos del Tesoro.
En otras palabras, el déficit comercial de Estados Unidos se subvencionaba a través del gobierno y el ejército estadounidenses. Otra parte se destinó al sector inmobiliario. Por eso personas como Donald Trump se hicieron ricas. Y una tercera parte se invirtió en la compra de acciones, concretamente en la Bolsa de Nueva York. Ese fue el modelo. Para que esto sucediera, fue necesaria una devaluación significativa del dólar estadounidense.
Así pues, Nixon devaluó el dólar estadounidense en un 30%. Envió a John Connally, ¿recuerdan al secretario del Tesoro de Richard Nixon?, que fue a Europa y les dijo: «Amigos, el dólar es nuestra moneda y, a partir de hoy, es su problema». Lo devaluó, y esa devaluación provocó inflación. Además, con el fin de reducir los costes salariales en Estados Unidos, se suprimió de facto a los sindicatos.
Ronald Reagan completó ese proceso más tarde. La contención de los salarios reales supuso una combinación de caída de la demanda —puesto que los trabajadores tenían menos dinero para comprar—, lo que provocó una caída de la inversión que, a su vez, se tradujo en desempleo y, al mismo tiempo, en inflación.
El precio que la clase trabajadora estadounidense, europea y del resto del mundo tuvo que pagar por la transformación de Estados Unidos, de un país con superávit a uno con déficit, y por mantenerlo por primera vez en la historia, es que Estados Unidos fue el primer imperio que logró aumentar su hegemonía al endeudarse cada vez más. Esto nunca había sucedido antes. Fue, como saben, el shock de Nixon, una transformación extraordinaria. Esto significó estanflación.
Ahora tenemos otro caso similar. Comenzó el año pasado con los aranceles. Comenzó con la Ley GENIUS. La administración Trump, con gente como Scott Bessent y Stephen Miran, ya sabes, toda esa pandilla. Fue idea suya, estoy seguro de que no fue idea de Donald porque no creo que pueda contener un par de ideas en su cabeza sin explotar. Pero en su equipo no eran idiotas.
Simplemente querían emular el «shock Nixon». Así que privatizaron el dólar a través de la Ley GENIUS con criptomonedas, no tanto con criptomonedas, sino con monedas estables como Tether. Están utilizando a las grandes tecnológicas y la inversión en inteligencia artificial con el fin de atraer al territorio de Estados Unidos los flujos netos de capital del resto del mundo. El déficit comercial estadounidense no se ha reducido mucho.
Así que ese mecanismo, la «aspiradora», sigue funcionando. La «aspiradora» que inventó la administración Nixon sigue en marcha. Han recurrido directamente al mismo manual de estrategias de reducir el valor del dólar estadounidense en un 20 o un 30%, tal y como hizo Nixon. Así que se han vuelto a dar todos los elementos del periodo de estanflación de la década de 1970.
Y ahora la guerra en Irán lo está empeorando porque la estanflación, recordemos, como dijimos antes, es un aumento simultáneo de la inflación y del desempleo. Eso es lo que está pasando ahora. En Estados Unidos, pagas más por la gasolina para ir al trabajo. Por lo tanto, hay inflación. Y al mismo tiempo, la demanda de bienes y servicios y, por ende, de mano de obra también está disminuyendo. Por lo tanto, el desempleo está creciendo.
Donald Trump podría haber evitado la estanflación, la segunda estanflación, si la inversión en IA hubiera logrado mantenerse sin la inflación por aumento de los costes de la energía. Pero cayó en la trampa que Netanyahu le tendió.
Chris Hedges:
¿Crees que, a medida que pasan las semanas y esta crisis se agudiza, esto refuerza las tendencias autoritarias de gobiernos desde la India hasta Alemania, pasando por Estados Unidos? ¿Se beneficia el autoritarismo de esto?
Yanis Varoufakis:
Siempre, siempre, ¿qué fue el fascismo en el período de entreguerras? Es lo que le sucede al capitalismo cuando no puede hacer frente a la crisis que él mismo ha provocado. Cuando la clase capitalista pierde el control, accionas las palancas y estas ya no funcionan.
Son como pilotos desventurados que están en la cabina y, de repente, ven cómo las palancas dejan de responder a sus movimientos, el fascismo es la ideología y las prácticas a las que recurren y que les permiten mantenerse en el poder. Los fascistas siempre han sido especialmente útiles para la clase dominante cada vez que esta comete un error garrafal y no puede contener la crisis que ella misma ha creado.
Chris Hedges:
Y quiero decir, que ya… las libertades civiles están siendo destrozadas a cada hora en Estados Unidos. El Departamento de Justicia no es más que una máquina de venganza para la administración Trump. Las órdenes judiciales se ignoran. Creo que en enero se dictaron 96 en Minneapolis contra el ICE, y ninguna de ellas surtió efecto. ¿Cómo consolida aún más esta crisis ese poder y qué panorama se vislumbra a partir de ahora?
Yanis Varoufakis:
Lo que se vio en Minneapolis, el asesinato de ciudadanos estadounidenses, lo que se vio con el ICE convirtiéndose en las tropas de asalto de Donald Trump desde el día en que se mudó a la Casa Blanca por segunda vez, eso estuvo sucediendo mientras ha ido ganando. Imagínate lo que puede pasar si perdiera. Vimos lo que ocurrió en 2020. Vimos lo que pasó cuando perdió las elecciones y se negó a reconocerlo. Ni siquiera quiero empezar a imaginarme lo que va a pasar en las elecciones de mitad de legislatura de noviembre, cuando vea que sus índices de popularidad bajan.
¿Habrá elecciones? ¿Intentará impedirlas? Es muy posible que lo haga o que, una vez celebradas, impugne el resultado. Mira, está pasando por todas partes. Aquí en Europa hay un colega tuyo, un periodista ciudadano alemán, que ni siquiera puede comprar comida. No puede pagar el alquiler. Es como si no tuviera ningún derecho. Y ni siquiera puede llevar a su Gobierno a los tribunales porque no ha sido su Gobierno quien lo ha convertido en un don nadie.
Se llama Dogru, Hüseyin Dogru. Es ciudadano alemán. Y su delito fue escribir artículos apasionados sobre Palestina en Alemania y, de hecho, muy buenos reportajes sobre Palestina. Ya sabes, la clase dirigente de la Unión Europea descubrió la forma de impedirle ser ciudadano de su propio país y, al mismo tiempo, de impedir que los llevara a los tribunales. ¿Por qué? ¿Cómo lo hicieron?
Bueno, aprendieron la lección conmigo, porque cuando me prohibieron entrar en Alemania hace un par de años, los llevé a los tribunales y creo ahora que voy a ganar. Así que, en el caso de Hüseyin Dogru, ¿sabes lo que hicieron? La Unión Europea, la Comisión de Bruselas, lo expulsó de la Unión Europea, a un ciudadano de la Unión Europea. Lo convirtieron en una persona sin estatus legal, un agente de Putin, simplemente porque podían hacerlo. Podían declarar simplemente que un agente ruso.
Y el resultado es que, si tú o yo le enviamos dinero, o incluso se lo damos en mano, si vamos a Berlín y le damos unos billetes para que compre comida, también nos detendrán por alimentar a un agente ruso encubierto. Y esto está ocurriendo en la civilizada Europa. No es en los Estados Unidos de Donald Trump. Esto está ocurriendo en lo que, supuestamente, es un orden basado en normas llamado Unión Europea.
Chris Hedges:
Bueno, han ido a por ti, han ido a por Francesca [Albanese], tienes un juicio en diciembre.
Yanis Varoufakis:
Sí, pero al menos yo puedo acudir a los tribunales. He mencionado a Hüseyin Dogru porque él no puede acudir a los tribunales, ya que, como ves, han creado una situación paradójica. Es la Comisión Europea la que lo ha convertido en una persona «inexistente». Le han prohibido viajar fuera de las fronteras de Alemania. Y recuerda, esto es la Unión Europea, donde se supone que tenemos un derecho casi divino a la libre circulación dentro de ella.
No se le permite ir a Bruselas, donde necesita ir para impugnar ante los tribunales la orden de la Unión Europea en su contra. Ahora que no han hecho nada contra Francesca ni conmigo, esto eleva el fascismo a un nivel superior.
Chris Hedges:
Y la izquierda, los que estamos en la izquierda, ¿cómo podemos responder ante lo que está pasando?
Yanis Varoufakis:
Organizarnos, organizarnos y organizarnos aún más, y hacer lo que hicimos cuando trabajábamos juntos en Génova. Mira, no hay otra alternativa que el arduo trabajo de la organización política para derrocar a nuestros gobiernos. Ya sabes, la buena política de siempre. Ninguno de nosotros puede resolver ninguno de estos problemas de forma aislada, individualmente, mediante discursos apasionados o artículos magníficos.
Todo eso es importante para movilizar a la gente y poder así hacernos con las riendas del poder. Parece una tarea titánica. Y lo es. Pero, como dijo Hannah Arendt, todas las revoluciones parecían imposibles antes de que ocurrieran e inevitables después de que ocurrieran.
Chris Hedges:
Genial. Gracias, Yanis. Doy las gracias a Víctor [Padilla], Sofía [Menemenlis], Max [Jones] y Thomas [Hedges], que han producido el programa. Pueden encontrarme en ChrisHedges.Substack.com.