Ali Abunimah, The Electronic Intifada, 28 de marzo de 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Ali Abunimah es periodista, cofundador y director ejecutivo de The Electronic Intifada, una publicación digital independiente y sin ánimo de lucro centrada en Palestina. Residente en Estados Unidos, ha participado activamente en el movimiento por la justicia en Palestina durante 20 años. Entre sus libros destacan «The Battle for Justice in Palestine» (Haymarket Books, 2014) y «One Country: A Bold Proposal to End the Israeli-Palestinian Impasse» (Metropolitan Books, 2006).
Helyeh Doutaghi, una académica iraní especializada en derecho internacional y economía política de la Universidad de Teherán, ha dedicado las últimas semanas a documentar la vida bajo los bombardeos en Irán.

Exinvestigadora de la Facultad de Derecho de Yale, de donde fue expulsada por su defensa abierta de la liberación palestina, Doutaghi reside actualmente en Teherán.
Desde allí, ofrece una visión de la guerra que contradice frontalmente los relatos occidentales: una visión que no se define por la división interna o el colapso, sino por la solidaridad, la claridad política y un sentido cada vez más profundo de lucha compartida en toda la región, sobre todo con Palestina.
En mi conversación con ella para el podcast de The Electronic Intifada —que pueden ver en el vídeo al principio de este artículo—, Doutaghi describe una sociedad bajo ataque, pero que no se desintegra.
En cambio, destaca «la presencia sostenida y muy fuerte de millones de iraníes por todo el país cada noche», que se reúnen en espacios públicos como expresión de resistencia colectiva y defensa de la soberanía nacional.
Esta movilización visible es sólo una parte del panorama. Paralelamente, existe lo que ella denomina una forma más silenciosa de resiliencia: personas que siguen con su vida cotidiana en condiciones extraordinarias, manteniendo abiertas las tiendas, horneando pan y limpiando las calles; una labor que pasa a menudo desapercibida y que ya se ha cobrado la vida de algunos trabajadores de limpieza.
Esto es «mantener la vida cotidiana», explica.
Incluso en medio del cierre de colegios y la interrupción de las infraestructuras, están surgiendo sistemas improvisados de educación y ayuda mutua.
La televisión estatal emite clases gratuitas para los niños. Las plataformas online han facilitado el acceso a los contenidos educativos. Las comunidades organizaron comidas compartidas durante el Ramadán y siguen apoyando a los desplazados o heridos por los ataques.
El resultado, afirma, es «un hermoso sentido de construcción de comunidad».
«Momento de claridad»
Esa unidad se extiende más allá de quienes tradicionalmente apoyan al Estado iraní.
Doutaghi destaca que muchas personas que antes eran críticas con el Gobierno, incluidos los participantes en las recientes protestas, están ahora reconsiderando sus posiciones ante la agresión de Estados Unidos e Israel.
«Tengo a mucha gente que no ha sido necesariamente comprensiva», afirma, refiriéndose al Gobierno. «Han sido muy críticos».
Pero ahora, «se están replanteando las cosas y su postura simplemente por lo que están viendo que ocurre».
Este cambio no es simplemente un reflejo nacionalista. Refleja lo que ella denomina un «momento de claridad» provocado por la guerra.
Años de confusión política, marcados en parte por las sanciones, los discursos orientalistas, la guerra mediática y la presión externa, están dando paso al reconocimiento de que la soberanía es una condición previa para cualquier lucha interna.
Además, sitúa este cambio en el marco de un análisis de clase más amplio. Las sanciones, señala, no son herramientas políticas abstractas, sino instrumentos de guerra económica. Perjudican de manera desproporcionada a los trabajadores, las mujeres y los pobres, socavando las protecciones sociales al tiempo que afianzan la desigualdad; procesos que ella considera comunes a otros países sancionados por Occidente, desde Cuba hasta Venezuela e Iraq.
Según Doutaghi, muchos iraníes reconocen ahora que es imposible impulsar ninguna lucha interna «mientras una fuerza imperial te inflige violencia».
Ya sea por los derechos laborales, la igualdad de género o la reforma económica, todas las causas dependen, en primer lugar, de la resistencia a la dominación y agresión externa.
Palestina es fundamental
Un elemento central de esta reorientación es una creciente identificación con las luchas más allá de las fronteras de Irán, en particular con Palestina.
Doutaghi cuestiona la afirmación ampliamente difundida de que el apoyo de Irán a Palestina es impuesto desde arriba y es mal visto por los iraníes de a pie.
Sostiene que la guerra está poniendo de manifiesto la interconexión de las luchas regionales. Irán no es el agresor, y sus alianzas no son la fuente de la inestabilidad, argumenta Doutaghi.
Por el contrario, son Estados Unidos e Israel quienes actúan a través de grupos de intermediarios y de infraestructura militar en toda la región, mientras que las acciones de Irán se basan en la autodefensa y la solidaridad anticolonial.
Bajo el bombardeo estadounidense-israelí, afirma, muchos iraníes se están dando cuenta de que «nuestro destino es compartido con los palestinos, nuestro destino es compartido con todos los que nos rodean, desde Afganistán hasta Iraq, pasando por el Líbano y Omán».
El apoyo de Irán a Palestina y a otros movimientos de resistencia no es, por lo tanto, una desviación, sino una necesidad estratégica. «A menos que tengamos una región libre de la ocupación colonial sionista, ninguno de nosotros en la región está a salvo», explica Doutaghi.
Como experta en derecho internacional, Doutaghi sostiene que la respuesta militar de Irán, incluidos los ataques contra objetivos en países vecinos, está justificada en virtud del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.
Lo que exige la solidaridad
La propia experiencia de Doutaghi en Estados Unidos pone de manifiesto los límites de la disidencia dentro de las instituciones occidentales.
Fue expulsada de Yale el año pasado en medio de una campaña gubernamental más amplia de represión contra la solidaridad con Palestina.
Recuerda que «se desató un ‘fascismo descarado’ en las universidades estadounidenses», al describir un clima de intimidación dirigido contra los estudiantes y el profesorado que cuestionaban la política de Estados Unidos. La represión, sostiene, logró silenciar a muchos.
Por el contrario, describe el entorno académico en Irán como mucho más abierto, con diversidad de opiniones y un debate activo, incluso entre los críticos hacia el Gobierno.
Doutaghi es tajante sobre lo que exige la solidaridad. Cualquier solidaridad significativa con los iraníes, sostiene, debe oponerse a las sanciones que son parte del mismo proyecto imperial que los ataques militares.
Lo que se necesita, afirma, no son gestos simbólicos ni una «educación» interminable, sino una oposición concreta a las guerras de agresión lideradas por Estados Unidos.
«La única solidaridad basada en principios», afirma, «es oponerse a toda violencia imperial contra Irán». Eso incluye rechazar las sanciones y reconocer el derecho de los pueblos de la región a defenderse.