Las bombas estadounidenses e israelíes están destrozando las vidas y los medios de vida de los iraníes

Corresponsal de Middle East Eye en Teherán, 30 marzo 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


El término «corresponsal de MEE», anteriormente conocido como «colaborador de MEE», es una firma que suelen utilizar los periodistas que trabajan en zonas peligrosas del mundo, donde revelar su identidad podría poner en peligro su propia seguridad o la de otras personas.

Mientras Estados Unidos e Israel se jactan del éxito militar de su campaña de bombardeos en Irán, los iraníes de a pie describen una realidad muy diferente, una realidad marcada por profundas pérdidas.

La guerra, como siempre hace, ha traído consigo destrucción, un miedo implacable, la ruina financiera y el colapso repentino de años de duro trabajo.

Ahmadreza, propietario de una tienda en el centro de Teherán, es uno de ellos. Este hombre de 40 años regentaba una pequeña óptica hasta que un ataque aéreo destruyó todo por lo que había trabajado.

«Me he quedado sin todos los ahorros de mi vida», declaró a Middle East Eye. «Todo lo que había construido a lo largo de los años desapareció en cuestión de segundos».

Ahmadreza calcula que sus pérdidas rondan los 150.000 millones de riales, aproximadamente 100.000 dólares.

«Todas las gafas que había importado se quemaron», dijo. «Ahora no me queda nada más que un montón de cheques que no tengo ni idea de cómo pagar».

Ahmadreza afirmó que no había instalaciones militares cerca de su tienda, por lo que le costaba entender por qué se había atacado esa zona.

«Ni una base, ni una comisaría, nada», dijo. «Era solo una zona comercial, un lugar al que la gente acudía a comprar gafas».

Su voz se tornó amarga. «Ellos [Estados Unidos e Israel] dijeron que nos traían la libertad. ¿Es esto lo que llaman libertad?».

La campaña de bombardeos estadounidense-israelí está afectando cada vez más a las infraestructuras civiles en todo Irán, dejando decenas de miles de instalaciones no militares -como viviendas, escuelas y hospitales- dañadas o completamente destruidas.

Todo ha desaparecido

Ahora que la guerra entra en su segundo mes, muchos iraníes afirman que la naturaleza de los ataques ha cambiado.

Aunque las autoridades israelíes sostienen que sus objetivos son las infraestructuras militares, la población sobre el terreno afirma que son las zonas civiles las que están siendo cada vez más castigadas.

Para muchos, la distinción carece ya de sentido.

Mina, que trabaja en un salón de belleza para mujeres en el oeste de Teherán, contó que su lugar de trabajo quedó completamente destruido en uno de los ataques.

Aún recuerda la noche antes de que ocurriera.

«No podía dormir», dijo. «El ruido de los aviones era tan cercano, como si algo zumbara justo al lado de tu oído».

Describió el ruido como constante, abrumador. «Se les oía ir y venir toda la noche», dijo. «Parecía que estuvieran justo encima de nosotros».

A pesar de la guerra, sin embargo, el salón había estado muy concurrido.

Faltaban solo unos días para el Nowruz, el Año Nuevo persa, una de las épocas más ajetreadas del año para los negocios de belleza.

«Teníamos muchísimas citas», dijo Mina. «La gente quería ponerse a punto para las fiestas».

A la mañana siguiente, todo había desaparecido.

«Cuando llegué, todo el edificio estaba destrozado», dijo. «Todos los espejos estaban hechos añicos. Había trozos de sillas y secadores de pelo enterrados bajo los escombros».

Le costaba contener las lágrimas.

«No sabemos qué hacer ahora», dijo. «Nuestro jefe trabajó muy duro para mantener ese local en marcha. Ahora nos hemos quedado todos sin trabajo».

Mina, especializada en servicios de manicura, tenía la agenda llena de clientas.

«Ahora ni siquiera tengo un lugar donde trabajar», dijo en voz baja.

Al igual que Ahmadreza, afirmó que no había instalaciones militares en las cercanías.

Sueños reducidos a cenizas

Para otras personas, la pérdida no es sólo económica, sino profundamente personal.

Naghmeh, de 29 años, había pasado años estudiando diseño de moda y textil. Junto con tres amigas, había lanzado recientemente una pequeña marca de ropa.

«Éramos cuatro mujeres jóvenes que intentábamos construir algo por nosotras mismas», dijo.

Con las sanciones internacionales limitando las importaciones, vieron una oportunidad.

«La gente ya no podía comprar fácilmente marcas extranjeras», dijo Naghmeh. «Así que decidimos crear la nuestra».

Su estudio, situado en el oeste de Teherán, quedó destruido cuando un bombardeo alcanzó su calle.

«Las metrallas de un ataque contra otro edificio lo incendiaron todo», explicó. «Todo nuestro trabajo, nuestros diseños, nuestros productos… todo se quemó».

Comentó que ni ella ni sus amigas se atreven todavía a calcular las pérdidas.

«Intentamos seguir adelante cada vez que la vida nos derriba», añadió. «Pero entonces parece que algo nos vuelve a agarrar por el cuello».

Naghmeh respiró hondo. «Nos sentimos agotadas», dijo. «Completamente agotadas».

Cambio de estrategia

Por todo Teherán, historias similares son cada vez más comunes.

Muchos residentes dicen que, en comparación con los primeros días de la guerra, ahora hay más ataques que alcanzan zonas sin una presencia militar clara.

Puede que no siempre entiendan por qué, pero dicen que notan la diferencia.

Hassan, un restaurador de 67 años del norte de Teherán, perdió un negocio que había pertenecido a su familia durante décadas.

«Mi padre abrió este local hace 35 años», dijo. «Después de que falleciera, yo lo mantuve en funcionamiento. Ahora, dijo, no queda nada.Todo son escombros».

Hassan cree que este giro refleja un cambio más amplio en la estrategia.

«Esperaban que Irán se derrumbara tras los primeros ataques», dijo. «O al menos que la gente saliera a las calles y derrocara al Gobierno».

Sacudió la cabeza. «Eso nunca ocurrió».

Entonces alzó la voz: «¿De verdad pensaban que la gente protestaría mientras caían las bombas? ¿Quién se arriesgaría a salir a la calle en esas condiciones?».

Para Hassan, las consecuencias son inmediatas y personales.

«Tengo tres hijos», dijo. «¿Cómo voy a mantenerlos ahora?».

Miedo, ira e incertidumbre

A medida que la guerra se prolonga, el ambiente en Teherán se ve cada vez más marcado por el miedo y la ira.

La gente no sabe cuánto durará el conflicto, y muchos dicen que ya no creen que vaya a alcanzar los objetivos declarados por ninguna de las partes.

Sin embargo, lo que más les preocupa es hasta qué punto podrían empeorar las cosas.

Mina dijo que a menudo se sorprende a sí misma pensando de forma inesperada.

«Quizá no debiera decir esto», comentó, «pero a veces me siento afortunada de que mi casa no haya sido alcanzada. Al menos un lugar de trabajo se puede reemplazar».

Suspirando, Mina añadió: «Me preocupa mi jefe. Me preocupan todos. Pero ahora mismo, lo único a lo que puedo aferrarme es a una pequeña esperanza de que esta guerra termine pronto».

Para muchos iraníes, la guerra ya no tiene que ver con la política o la estrategia. Se trata de supervivencia.

Los propietarios de pequeñas empresas, los trabajadores y los jóvenes emprendedores dicen que se ven empujados al límite, tanto económica como emocional y psicológicamente.

No hablan de victoria ni de derrota, sino de pérdida.

Pérdida de ingresos, de estabilidad, del futuro que creían estar construyendo. Y, sobre todo, una sensación cada vez más profunda de que están atrapados en algo mucho más grande que ellos mismos.

«Estamos atrapados», dijo Naghmeh en voz baja. «Nosotros no elegimos esta guerra. Pero somos nosotros quienes la estamos padeciendo».

Foto de portada: El personal de una cafetería inspecciona los daños en el local tras un ataque aéreo estadounidense-israelí contra su edificio, ocurrido ese mismo día en Teherán, el 29 de marzo de 2026. (Atta Kenare/AFP)

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