El Dr. Abu Safiya en peligro de muerte tras incesantes torturas

Ramzy Baroud, The Palestine Chronicle, 2 abril 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Ramzy Baroud es periodista y director de The Palestine Chronicle. Es autor de seis libros, entre ellos Our Vision for Liberation, My Father was a Freedom Fighter y ‘The Last Earth, siendo el más reciente Before The Flood.  El Dr. Baroud es también investigador senior no residente en el Centro para el Islam y los Asuntos Globales (CIGA) de la Universidad Zaim de Estambul (IZU). Su sitio web es http://www.ramzybaroud.net.

De pie entre las ruinas a las afueras del Hospital Kamal Adwan, rodeado de destrucción, caminó solo con su bata blanca hacia los vehículos blindados israelíes que se acercaban.

«Israel debe liberar de inmediato al médico de Gaza, el Dr. Hasam Abu Safiya», afirmaron expertos de la ONU en un comunicado reciente, en términos inequívocos.

El Dr. Abu Safiya fue «sometido a tortura y otros tratos crueles y degradantes», señalaron. Su estado de salud es «crítico».

Muchos ya conocen al emblemático médico palestino de Gaza. Pero la merecida y urgente atención que se presta a su caso no debería limitarse a él. Más bien, debería poner de relieve la catástrofe más amplia que aflige al sector sanitario de Gaza; un sector desmantelado deliberadamente como parte del genocidio en curso que comenzó el 7 de octubre de 2023.

Los palestinos y otras personas siguen refiriéndose al genocidio como «en curso». No se trata de una hipérbole. Aunque la tasa de muertes por bombardeos ha disminuido, el genocidio sigue vigente porque la destrucción de Gaza, y de toda la infraestructura civil necesaria para la supervivencia, sigue produciendo el mismo resultado: los palestinos siguen muriendo como consecuencia directa de las mismas políticas.

Esto ha afectado a todos los aspectos de la vida palestina en Gaza que garantizan la supervivencia, desde el agua y los alimentos hasta la atención médica.

En una rueda de prensa de la OMS celebrada en El Cairo el 8 de octubre de 2025, la Dra. Hanan Balkhy, máxima responsable regional de salud de la Organización Mundial de la Salud para el Mediterráneo oriental, puso bien claras las cosas sobre la mesa.

Aunque se expresó en términos institucionales, al describir las urgentes necesidades sanitarias de Gaza, su relato confirmó la magnitud de la devastación causada por el genocidio perpetrado por Israel en Gaza.

Más de 1.700 trabajadores sanitarios han sido asesinados en Gaza desde el inicio del genocidio, afirmó. La mayoría de los hospitales de Gaza han sido destruidos o han quedado inoperativos, y sólo unos pocos funcionan de forma precaria. Al menos 455 palestinos han muerto de hambre, entre ellos 151 niños, en cuestión de meses.

Entre todas las cifras sombrías que el genocidio de Gaza ha generado —y sigue generando— destaca una constante: por cada número creciente de víctimas, hay un número correspondiente de personas destinadas a salvarlas que también han sido asesinadas.

Miles de médicos, trabajadores sanitarios, trabajadores humanitarios, personal de defensa civil, personal de emergencias, voluntarios, trabajadores de organizaciones benéficas y funcionarios municipales han sido aniquilados en el mismo ciclo de destrucción.

Se podría argumentar que estas cifras se corresponden con la magnitud global de la mortandad en Gaza. Las cifras oficiales indican que más de 72.000 palestinos han sido asesinados y más de 172.000 heridos, mientras que investigaciones independientes, incluidas las estimaciones publicadas en The Lancet, sugieren que el número real de víctimas mortales podría ser mucho mayor.

Este argumento puede parecer defendible. Pero los ataques contra hospitales, el asesinato y las lesiones infligidas a médicos, así como la detención ilegal y la tortura del personal sanitario, no pueden descartarse como un mero reflejo de los asesinatos en masa.

Desde los primeros días del genocidio, Israel situó a los hospitales de Gaza en el centro de su ofensiva. El 17 de octubre de 2023, el Hospital Árabe Al-Ahli de Gaza fue atacado en una de las masacres iniciales más horribles, a la que siguieron ataques sistemáticos contra las principales instalaciones médicas, incluidos el Hospital Al-Shifa, el Hospital Al-Quds, el Hospital Indonesio y el Complejo Médico Naser.

Pero ¿por qué los hospitales? Porque los hospitales no eran sólo lugares de tratamiento. Eran lugares de refugio. Mientras decenas de miles de palestinos buscaban cobijo entre sus muros, los hospitales se convirtieron en los últimos espacios donde aún era posible sobrevivir. Destruirlos era cortar ese último hilo de vida.

El asesinato de médicos, el bombardeo de hospitales y la detención de personal médico no fueron incidentales. Formaban parte de una estrategia más amplia: hacer que Gaza fuera inhabitable desmantelando los sistemas que sustentan la vida.

Privados de atención sanitaria, despojados de infraestructuras y carentes de los medios para sobrevivir, a los palestinos les quedaban pocas opciones: primero huir hacia el sur y, en última instancia, ser expulsados por completo de Gaza.

Por eso el Dr. Abu Safiya se ha convertido en una figura tan fundamental en esta historia.

Cada médico de Gaza que se negó a abandonar su puesto durante el genocidio es un héroe. Cada profesional sanitario que arriesgó su vida para salvar a otros representa un modelo de valentía que debería imitarse en todas partes. Y cada médico asesinado, herido o detenido merece ser recordado como la máxima expresión del compromiso humano con la vida.

El Dr. Abu Safiya encarna a todos ellos.

No es un caso único, y ahí radica precisamente la cuestión. Es el rostro colectivo de una comunidad médica que se negó a abandonar a su pueblo, incluso cuando todo el sistema a su alrededor se derrumbaba.

En el Hospital Kamal Adwan, en el norte de Gaza, Abu Safiya permaneció en su puesto mientras las fuerzas israelíes avanzaban hacia el centro, ya desbordado por oleadas de civiles heridos y desplazados. A pesar de la escasez de combustible, medicamentos y personal, siguió atendiendo a los pacientes mientras ayudaba a proteger a quienes se refugiaban dentro del recinto hospitalario.

En los últimos días antes de su detención, el 27 de diciembre de 2024, fue uno de los últimos médicos de alto rango que seguían trabajando en el hospital, supervisando la atención sanitaria en condiciones que desafían cualquier concepción convencional de la práctica médica.

Una imagen llegó a definirlo.

De pie entre las ruinas a las afueras del Hospital Kamal Adwan, rodeado de destrucción, caminaba solo con su bata blanca hacia los vehículos blindados israelíes que avanzaban: un médico solitario frente a una máquina de guerra. La imagen se difundió ampliamente porque captaba, en un solo fotograma, la realidad de Gaza: quienes curan, de pie y desarmados, frente a quienes destruyen.

Esa destrucción sigue vigente hoy en día, a pesar de que la atención mundial se ha desviado hacia otros lugares, lo que agrava el peligro al que se enfrenta una Gaza sitiada. «Israel debe liberar al Dr. Abu Safiya y a todo el personal sanitario», afirmaron los expertos de la ONU. Israel también debería liberar a todos los presos palestinos, levantar el bloqueo y poner fin al genocidio en su totalidad.

«Los Estados tienen el poder de poner fin a su tormento», afirmaron. No se equivocan, y no puede haber justificación moral ni jurídica para su inacción.

Imagen de portada: El Dr. Abu Safiya camina hacia los tanques israelíes momentos antes de su detención (Redes sociales)

N. de la T.: No hay límite alguno que el gobierno y la ocupación israelí no se atrevan a violar. Hoy lunes, han atacado a un vehículo de la Organización Mundial de la Salud, hiriendo a sus ocupantes. Quizá sea esa su respuesta a lo expuesto en este artículo. Pero mientras siga la inacción de los gobiernos occidentales defensores de los derechos humanos, no cabe esperar otra cosa.

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