Lubna Masarwa y Huthifa Fayyad, Middle East Eye, 7 abril 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Lubna Masarwa es periodista y directora de la oficina de Middle East Eye en Palestina e Israel, con sede en Jerusalén.

Huthifa Fayyad es una periodista palestina.
El ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, irrumpió el lunes en la mezquita de Al-Aqsa, en la Jerusalén Oriental ocupada, mientras los musulmanes siguen teniendo prohibido el acceso, ya que la policía planea reabrir el lugar para permitir que los colonos reanuden allí sus incursiones diarias.
Los medios israelíes informaron de que la policía, bajo la supervisión de Ben Gvir, ha preparado un plan para admitir hasta 150 israelíes o musulmanes a la vez, lo que ha suscitado críticas generalizadas por parte de los organismos palestinos.
La Institución Internacional Al-Quds afirmó que el plan «profundiza la división de la Mezquita de Al-Aqsa» entre musulmanes y judíos.
«Aprovecha la guerra para transformar Al-Aqsa en un lugar sagrado compartido entre judíos e islámicos como preludio de su completa judaización», declaró la fundación en un comunicado el lunes.
Añadió que la medida otorgaría a Ben Gvir el control efectivo de los asuntos de la mezquita, dejando de lado al Waqf Islámico de Jerusalén, que ostenta la autoridad administrativa exclusiva reconocida, incluido el control del acceso.
«Esto representa un insulto sionista a los reyes, presidentes, primeros ministros y ministros de Asuntos Exteriores árabes y musulmanes, quienes se han limitado a apelaciones verbales, reduciéndose así a meros espectadores a la espera de la decisión de Ben Gvir sobre uno de sus lugares más sagrados», decía el comunicado.
«Esta es una postura profundamente vergonzosa e inaceptable que la nación musulmana no debe aceptar». Según el Waqf Islámico de Jerusalén, Ben Gvir entró en los patios de la mezquita el lunes por la noche a través de la Puerta Marroquí, bajo fuerte protección policial israelí.
Su incursión se produce mientras las autoridades israelíes continúan impidiendo el acceso de los fieles musulmanes a la mezquita —uno de los lugares más sagrados del islam— desde hace más de un mes, en un cierre sin precedentes.
Las autoridades israelíes alegan motivos de seguridad relacionados con la guerra contra Irán, pero los palestinos cuestionan estas afirmaciones, sobre todo porque en otros lugares se han permitido grandes celebraciones judías.
El abogado palestino Jaled Sabarqa afirmó que ahora es evidente que Israel está «aprovechando la guerra con Irán» para alterar la situación en la Mezquita de Al-Aqsa.
«El objetivo principal es consolidar la soberanía y la administración israelí sobre Al-Aqsa, transformando la mezquita en un espacio compartido entre judíos y musulmanes antes del reconocimiento oficial de zonas de oración judías en sus patios», declaró Sabarqa a Middle East Eye.
«Es evidente para todos los observadores que Israel se toma en serio su proyecto de construir el Tercer Templo sobre las ruinas de Al-Aqsa, trabajando sin descanso con plena coordinación entre las instituciones políticas, judiciales, militares, de inteligencia y policiales».
El Ministerio de Asuntos Religiosos palestino afirmó que la incursión de Ben Gvir, mientras la mezquita permanece cerrada, constituye «un paso sumamente peligroso que socava la santidad religiosa y espiritual de la Mezquita de Al-Aqsa en ausencia de fieles musulmanes».
Hamás también condenó a Ben Gvir, declarando que su incursión «refleja una creciente arrogancia de la ocupación y su ataque deliberado contra la santidad de la mezquita».
La acción también fue criticada por Jordania, Qatar y Turquía.
División entre musulmanes y judíos
La incursión de Ben Gvir coincide con una propuesta policial para reabrir la mezquita, permitiendo la entrada, al mismo tiempo, de hasta 150 fieles musulmanes o ultranacionalistas judíos israelíes.
El ministro de extrema derecha declaró el domingo que, dado que se habían permitido protestas contra la guerra de hasta 600 personas, se sentía «obligado a garantizar la justicia y prevenir la discriminación» contra los fieles que buscaban acceder al Muro de las Lamentaciones y a la Mezquita de Al-Aqsa.
«El Tribunal Supremo debe permitir el acceso tanto al Monte del Templo como al Muro de las Lamentaciones en grupos reducidos», añadió, utilizando el término israelí para la Mezquita de Al-Aqsa.
Antes de la guerra contra Irán, los colonos israelíes entraban habitualmente a Al-Aqsa dos veces al día, excepto los fines de semana, bajo fuerte protección policial, en violación del statu quo vigente desde hace mucho tiempo. Este acuerdo estipula que la mezquita es un lugar islámico administrado por autoridades musulmanas y así debe seguir siendo.
Las fuerzas israelíes han infringido este acuerdo con frecuencia, sobre todo facilitando las incursiones diarias de ultranacionalistas, en lo que los palestinos consideran un intento de tomar el control de la mezquita.
Estas incursiones —suspendidas al inicio de la guerra— solían tener lugar en dos turnos: de 7:30 a 10:30 y de 13:00 a 14:00, hora local.
Bajo una fuerte vigilancia policial, los colonos entran en los patios de la mezquita en grupos reducidos, generalmente de menos de 100 personas.
La nueva propuesta, que aún requiere la aprobación del Tribunal Superior, elevaría esa cifra a 150, mientras que la mezquita permanece prácticamente vacía de fieles musulmanes. El aumento ha sido bien recibido por Arnon Segal, un destacado activista ultranacionalista de los grupos del Monte del Templo, quienes organizan este tipo de incursiones.
«Permitir la entrada al Monte del Templo a ‘pequeños grupos de tan solo 150 personas’ supera el tamaño máximo de grupo que se ha permitido a los judíos», escribió en X, calificándolo de «sueño».
Según la Institución Internacional Al-Quds, la reapertura de la mezquita bajo este marco normalizaría las incursiones de colonos, al tiempo que restringiría severamente el culto musulmán.
«En la práctica, esto significa que la mezquita estará completamente abierta a las incursiones, mientras que permanecerá prácticamente cerrada a los musulmanes, ya que el número limitado de personas ni siquiera llena la primera fila de la mezquita Qibli, dentro de un complejo de 144.000 metros cuadrados», afirmó la fundación, refiriéndose al mayor espacio de oración interior.
Antes de la prohibición sin precedentes para los fieles musulmanes, la mezquita acogía a miles de personas para las cinco oraciones diarias, junto con visitantes y estudiantes. Los viernes, cientos de miles de fieles llenan sus patios.
La fundación advirtió de «graves consecuencias» e hizo un llamamiento a los palestinos y a los países musulmanes para que actúen.
También señaló a Jordania, custodio reconocido internacionalmente de los lugares sagrados de Jerusalén, incluida la Mezquita de Al-Aqsa.
«Reiteramos nuestro llamamiento a las autoridades jordanas, y al Waqf de Jerusalén en particular, para que tomen la iniciativa y se opongan a los intentos de eliminar su papel en la Mezquita de Al-Aqsa», declaró la fundación.
«De implementarse, la Mezquita de Al-Aqsa quedará efectivamente cerrada a los musulmanes y abierta a las incursiones de colonos. Este es un acto de agresión humillante y una realidad inaceptable que debe ser afrontada por todos los medios posibles».
Foto de portada: El ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, junto a funcionarios de seguridad, en los patios de la mezquita de Al-Aqsa el 7 de abril de 2026. (X/GLZRadio)