David Hearst, Middle East Eye, 8 abril 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

David Hearst es cofundador y redactor jefe de Middle East Eye, así como comentarista y conferenciante sobre la región y analista en temas de Arabia Saudí. Fue redactor jefe de asuntos exteriores en The Guardian y corresponsal en Rusia, Europa y Belfast. Con anterioridad, fue corresponsal en temas de educación para The Scotsman.
El presidente estadounidense Donald Trump acaba de dar al mundo una lección magistral sobre el arte de la negociación. Amenazas con el apocalipsis un minuto y al siguiente cedes ante las principales demandas de tu enemigo. Esto debería quedar registrado en los libros de texto de diplomacia.
Los iraníes tienen buenas razones para salir a las calles y ondear su bandera hoy. Irán inicia dos semanas de negociaciones, tras haber cosechado una impresionante lista de victorias estratégicas.
Esto es independiente de cómo se describan los 10 puntos del plan de alto el fuego. Trump los calificó como una «base viable» para las conversaciones. Irán y Pakistán las describieron como garantías para un alto el fuego de tan solo dos semanas.
Bajo estos términos, Irán continuará enriqueciendo uranio. Si bien ha accedido a entregar sus reservas de uranio altamente enriquecido, esto no representa una gran concesión; es lo que Irán ofreció en las negociaciones mediadas por el ministro de Asuntos Exteriores omaní, Badr al-Busaidi, antes del ataque de Estados Unidos e Israel.
Irán seguirá controlando el estrecho de Ormuz, permitiendo el paso de un número limitado de buques durante el período del alto el fuego. Además, continuará cobrando tasas de tránsito, al igual que Omán.
Trump retuiteó la declaración del ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, en la que afirmaba que durante dos semanas sería posible el paso seguro por el estrecho de Ormuz «mediante la coordinación con las Fuerzas Armadas de Irán». Esto significa que la reapertura del estrecho conlleva el reconocimiento por parte de Washington de la autoridad iraní sobre el mismo.
Pero eso no es todo. El precio de la paz con Irán es un compromiso vinculante de no volver a atacarlo, el levantamiento de todas las sanciones —tanto primarias como secundarias— y la indemnización por los daños de guerra.
De los diez puntos, la exigencia iraní de la retirada de todas las fuerzas de combate estadounidenses de la región es la más especulativa. La retirada de las fuerzas estadounidenses de Iraq ha sido exigida por sucesivos primeros ministros en Bagdad durante casi una década, y aún no se ha producido.
Netanyahu pierde
Pase lo que pase en Islamabad durante las próximas dos semanas, el hecho de que Trump haya frustrado la intensa campaña de ataques aéreos estadounidenses e israelíes supone un duro golpe para la autoridad del hombre que lo condujo a esta guerra, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.
Si su campaña genocida en Gaza supuso el fin de la autoridad moral de Israel sobre Europa, la guerra contra Irán podría tener el mismo efecto sobre el monopolio israelí en la formulación de políticas de Washington en Oriente Medio. Los asuntos ya no se verán en Washington exclusivamente desde la perspectiva israelí.
Todas y cada una de las predicciones que Netanyahu le presentó a Trump durante más de una hora en la Sala de Crisis de la Casa Blanca —una sala que rara vez se utiliza para reuniones con líderes extranjeros— el 11 de febrero resultaron ser falsas:
Que el programa de misiles balísticos de Irán podría ser destruido en pocas semanas: Irán continuó lanzando misiles balísticos hasta la sexta semana.
Que el régimen estaría tan debilitado que no podría bloquear el estrecho de Ormuz: ningún barco ha pasado sin permiso o pago iraní.
Que el peligro de que Irán atacara los intereses estadounidenses en países vecinos era mínimo: Irán atacó continuamente aeronaves, sistemas de radar y tropas estadounidenses en Kuwait, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Catar.
Que las protestas callejeras en Irán se reanudarían y, con el impulso del Mossad y una intensa campaña de bombardeos, se podrían crear las condiciones para que la oposición iraní derrocara al régimen: no se ha producido ninguna deserción, ni dentro ni fuera del régimen, y la indignación popular contra los bombardeos ha consolidado, no disminuido, el apoyo a la Guardia Revolucionaria Islámica.
El New York Times informó que Netanyahu presentó su propuesta con un tono monótono y seguro, como si supiera de antemano que Trump ya había tomado una decisión.
Pero el primer ministro israelí, que durante décadas hizo campaña a favor de un ataque estadounidense contra Irán y que veía la mano de Irán en cada acto de resistencia palestina, no puede estar tan seguro hoy de que Trump lo respalde.
Destinos entrelazados
No cabe duda de que fue Netanyahu quien metió a Trump en esta guerra. Si la guerra fracasa, será a él a quien culpará todo el establishment de Washington, tanto republicanos como demócratas.
Por otro lado, está Trump, cuyas publicaciones erráticas en redes sociales han avivado las peticiones de destitución por parte de miembros del Congreso. Su base republicana permanece en silencio, pues también perciben la dirección que este presidente les está marcando de cara a las elecciones de mitad de mandato en noviembre.
La alianza contra Irán implica que Trump ha ligado su destino político al de Netanyahu, y, sin embargo, las encuestas sobre ambos en Estados Unidos están cayendo en picado.
La prueba más reciente es una encuesta del Centro de Investigación Pew realizada a finales de marzo. Esta reveló que el 60% de los adultos estadounidenses tiene una opinión desfavorable de Israel, frente al 53% del año anterior. Un total del 59% tiene poca o ninguna confianza en que Netanyahu haga lo correcto, un aumento respecto al 52% del año pasado, y la mayoría de los adultos menores de 50 años de ambos partidos tienen una opinión negativa de Israel y de Netanyahu.
Si nos guiamos por la experiencia de las dos últimas rondas de negociaciones con Irán, es muy probable que Trump diga que Irán no está cumpliendo su parte del acuerdo y reinicie la campaña de ataques.
Sin duda, Netanyahu hará todo lo posible por provocar tal situación. Ni siquiera necesita ataques con drones de falsa bandera contra los vecinos iraníes del Golfo. Simplemente puede seguir bombardeando el Líbano, como hizo el miércoles.
Pero ¿qué pasaría si Trump reiniciara la guerra? ¿Qué más puede hacerle a Irán que no haya intentado ya? ¿Qué nuevas cartas tiene Trump para jugar?
Irán tiene muchas. Puede cerrar de nuevo el estrecho de Ormuz y empezar a hacer con el canal de Suez y el estrecho de Bab el-Mandeb, en la desembocadura del Mar Rojo, lo que ha hecho con el Golfo.
Los hutíes en el norte de Yemen poseen misiles aire-mar para atacar buques en el Mar Rojo. Acababan de unirse a la campaña de Irán. El precio mundial del petróleo y las materias primas se dispararía si se reanudara la guerra aérea, que ya fracasó en su intento de doblegar a Irán.
Trump, aún más debilitado
A diferencia de la primera o la segunda guerra del Golfo, Trump no cuenta con el respaldo de Europa. Podría amenazar a los Estados europeos con retirarse de la OTAN, pero Trump no tiene la fuerza suficiente para continuar una guerra que carece de sentido tanto para sus aliados como para su propio partido.
La tercera guerra del Golfo ha condensado todos los errores de las dos primeras. Estos errores fueron cometidos por el expresidente George H. W. Bush en Iraq, y por su hijo, George W. Bush, en Afganistán e Iraq, seguidos por los desaciertos de la administración Obama en Libia y Siria, y de la administración Biden en Gaza.
La campaña de Trump se convirtió en un discurso racista, colonialista y plagado de improperios, culminado con su versión de Apocalipsis Now: su amenaza de acabar con 3.000 años de civilización iraní.
En el orden mundial que se está formando sobre las cenizas del excepcionalismo estadounidense, las divagaciones incoherentes de Trump se perciben como debilidad. Bajo el mandato de Trump, Estados Unidos ha perdido todo sentido de la utilidad de la fuerza, y esa es una gran pérdida para el ejército más poderoso del mundo.
La falta de recursos de Trump y su debilidad en el escenario mundial ya han quedado patentes para China y Rusia. No sólo se abstuvieron en la votación de una resolución de Baréin que pedía la reapertura del estrecho de Ormuz, sino que la vetaron.
Fu Cong, embajador de China ante las Naciones Unidas, calificó la resolución de «desequilibrada» y afirmó que «sólo acusa a Irán».
«No creemos que la resolución sea equilibrada. Ni siquiera aborda la raíz del problema», declaró. «Quiero recalcar, en particular, que el momento es muy inoportuno. Todos hemos oído lo que ha dicho el presidente estadounidense sobre aniquilar a toda una civilización».
Un frágil alto el fuego
¿Qué sucederá ahora? Dos factores determinarán el destino del alto el fuego: lo que ocurra en Ormuz y si el tránsito puede formalizarse en un acuerdo aceptable para Irán y Omán. Lo que suceda en el Líbano también será crucial.
Un punto clave de las diez demandas de Irán era que el alto el fuego se aplicara en toda la región, especialmente en el Líbano. Sin embargo, horas después de que el principal mediador, el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif, afirmara que el alto el fuego debía incluir al Líbano, Netanyahu lo contradijo, prometiendo que la campaña en el sur del país continuaría, como así ha sucedido.
¿Se mantendrá esta postura? ¿Permitirá Irán que Israel siga atacando el Líbano como si nada hubiera pasado?
Un responsable de Hizbolá declaró que el grupo no aceptaría la continuación de los ataques israelíes en el Líbano, como lo había hecho antes del ataque a Irán, pero que está dando una oportunidad a los países que alcanzaron el acuerdo para obligar a Israel a cumplirlo.
El alto el fuego ya se encontraba en peligro el miércoles, cuando Israel lanzó una ofensiva relámpago en el Líbano que alcanzó 100 objetivos en 10 minutos, causando decenas de muertos y cientos de heridos. Además, Irán atacó un importante oleoducto saudí que conectaba el este con el oeste del país.
Ormuz y el Líbano decidirán si habrá una nueva ronda en esta guerra contra Irán, pero Trump y Netanyahu saben perfectamente a qué atenerse si vuelven a la carga.
Foto de portada: El presidente estadounidense Donald Trump habla en la Casa Blanca en Washington, D.C., el 6 de abril de 2026 (Anna Moneymaker/Getty Images/AFP).