Nissi Peli, +972.com Magazine, 10 de abril de 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Nissi Peli es escritor y activista de New Profile: el movimiento para desmilitarizar la sociedad israelí.
En un momento dado, durante la secundaria, se formó en mi mente una extraña fantasía: deseaba morir heroicamente como soldado de combate en el ejército israelí, que mi foto colgara en los pasillos de la escuela como la del primer soldado caído y que se me llorara cada año en el Día del Recuerdo.
Para cuando terminé el instituto, mi conciencia política había comenzado a tomar forma. Aun así, me aferraba al credo sionista liberal de que podía ser un soldado bueno y moral y cambiar el sistema desde dentro. Cuando me reclutaron en el cuerpo de blindados, rápidamente me di cuenta de la imposibilidad de esa posición y, tras varios meses, obtuve una exención médica.
Sin embargo, durante unos cuantos años, después de dejar el ejército, tuve pesadillas recurrentes en las que me volvían a alistar. En un sueño especialmente vívido, cuando tenía 20 años y vivía en Berlín, miré por la ventana y vi a toda mi clase de primaria y a mi profesor allí abajo. Gritaban que mi exención había sido revocada y que tenía que volver con ellos de inmediato para reincorporarme al ejército, porque había estallado la guerra.
La sociedad israelí contemporánea se caracteriza por el hipermilitarismo. Esta forma de militarismo no es meramente una filosofía política: es un estado de ser que estructura fundamentalmente el yo, moldeando nuestra imaginación, pensamientos, deseos, relaciones y sentido de nuestro colectivo como israelíes. Casi todo se percibe y se entiende en términos, valores e imágenes militares, haciendo que el estado permanente de guerra y emergencia se convierta en el orden natural.
Esta ideología abarca todo el espectro israelí, desde el militarismo espiritual y teológico de los jóvenes de las colinas y los colonos religiosos, hasta el militarismo secular y liberal que predomina entre la burguesía israelí. En casi cualquier momento de la vida, los israelíes se ven a sí mismos y a quienes les rodean a través de una lente militar: como futuros soldados (como jóvenes en edad de alistamiento y, más tarde, como posibles reservistas), soldados en servicio activo o exsoldados.

Izquierda: Anuncio de 2018 del Hospital Materno y de la Mujer Lis de Ichilov, en el que aparece la ilustración de un bebé haciendo el saludo militar con una boina del ejército, acompañada del texto: «Galardonado con el Premio Presidencial a la Excelencia del año 2038 (probablemente nacerá en Lis)». Este premio, uno de los honores militares más prestigiosos de Israel, se concede anualmente a 120 soldados de las FDI. (Captura de pantalla). Derecha: Campaña de 2022 de la organización sin ánimo de lucro «Un verdadero israelí no escapa». La palabra mishtamet (insumiso) tiene una connotación despectiva única en hebreo. El cartel de la campaña muestra la mano de una persona mayor marcada con un tatuaje de Auschwitz, agarrando una placa de identificación militar, junto al texto: «Sé de dónde vienes y adónde vas». (Captura de pantalla)
Incluso quienes no se alistan, o quienes quedan exentos del servicio de reserva más adelante en la vida, son percibidos en relación con el ejército y tratados como marginados por la mayoría de la sociedad israelí. Los objetores de conciencia se enfrentan no sólo a penas de cárcel, sino también a hostilidad y provocación constantes, mientras que políticos de todo el espectro político amenazan ocasionalmente con privar de sus derechos civiles a quienes se niegan a «compartir la carga».
Ya se ha hablado mucho sobre la sociología del militarismo en Israel: cómo los altos mandos militares suelen convertirse en políticos de éxito, cómo los periodistas reciben su formación en unidades de comunicación militar; cómo las cafeterías, los bares y los trenes se llenan de soldados con armamento y civiles, y cómo el sistema educativo participa en el adoctrinamiento militarista y en los esfuerzos de reclutamiento del ejército. Sin embargo, lo que a menudo pasa desapercibido es la forma en que el militarismo impregna la vida cotidiana en Israel en sus formas más banales: una fenomenología de la cotidianidad militarizada.

Izquierda: Señal de tráfico en una autopista israelí que reza: «Autopista 16: el tráfico fluye. ¡Juntos ganaremos!», 25 de noviembre de 2024 (Nissi Peli). Derecha: Banderas con la insignia de una unidad del ejército israelí instaladas por el ayuntamiento de Ramat Gan, 12 de noviembre de 2024. (Nissi Peli)
Parte de esto es la mercantilización del militarismo en una sociedad capitalista. A veces, se vende directamente: por ejemplo, cursos que preparan a los jóvenes para la selección para puestos militares en ciberseguridad o inteligencia, o entrenamiento de «aptitud para el combate» para unidades de élite. Un cartel de reclutamiento reciente dirigido a adolescentes que van hacia la playa reza: «Si preguntan, estoy en el mar con amigos. ¿Crees que tienes el factor MAR? Ven y demuéstralo en uno de los gibushim de la Armada» (seminarios de entrenamiento físico y mental de varios días para unidades militares de élite).
Pero, con mayor frecuencia, el militarismo sirve de plataforma para vender otros productos. Innumerables anuncios no sólo muestran a soldados utilizando la mercancía, sino que aprovechan la carga emocional del militarismo en la sociedad israelí: el «heroísmo» y el «patriotismo» de los soldados que sirven en combate, el sentimentalismo de los soldados que regresan a casa con sus familias el fin de semana, e incluso su atractivo sexual.

Izquierda: Foto del perfil de un soldado israelí en una aplicación de citas. (Captura de pantalla). Derecha: Un anuncio de la empresa de limpieza «Combatientes de la Limpieza», en el que aparecen soldados israelíes sentados en un entorno urbano devastado, probablemente en Gaza, con el título: «Próximamente, limpieza de sofás en Gaza». (Captura de pantalla)
Consideremos, por ejemplo, un anuncio reciente de una empresa israelí de lubricantes: con motivo del Día Internacional de la Mujer, publicó una serie de imágenes en las que aparecían mujeres soldado (entre ellas, una piloto de combate y una soldado uniformada con el pañuelo rojo de Rosie la Remachadora), cada una con un bote de lubricante en la mano, acompañadas del pie de foto: «Oye, nena, eres una superheroína». O pensemos en los innumerables perfiles (en su mayoría de hombres) en aplicaciones de citas que incluyen fotos con uniforme militar, a veces con el telón de fondo de una Gaza destruida. En uno de esos perfiles con el que me topé recientemente, un francotirador de la reserva aparece fotografiado apuntando con su rifle desde la ventana de una casa en ruinas en Gaza o el Líbano.

Campaña publicitaria online de la empresa israelí de lubricantes Noom. (Captura de pantalla)
En la reciente Pascua judía, los compradores de los supermercados israelíes podían encontrar «Matzos Heroísmo» y «Matzos Leones en Ascenso» (en referencia al nombre que Israel dio a su guerra de junio con Irán), decorados con imágenes de soldados, bombarderos B-2 y aviones F-15 «de camino a bombardear Irán». En una cafetería de Tel Aviv, se puede encontrar un profiterol que lleva el nombre de un soldado caído, una tendencia reciente y cada vez más extendida en Israel de bautizar alimentos y bebidas para «honrar» a los fallecidos.
El hipermilitarismo deja poco margen para nada que no sea la guerra eterna. De hecho, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, lo reconoció así en septiembre, cuando defendió que Israel debe convertirse en una «super-Esparta», asegurando la autosuficiencia económica y ampliando la producción nacional de armas para hacer frente al creciente «aislamiento diplomático» del país.
Sólo desmantelando esta ideología —especialmente el mito de que el militarismo sionista garantiza, en lugar de amenazar, la seguridad de los judíos— podremos empezar a avanzar hacia un futuro diferente, más justo y próspero tanto para los judíos como para los palestinos.
Para ver más ejemplos, puede visitarse la página de Instagram de Militarized Realism.
Foto de portada: Un mural en Tel Aviv muestra a un soldado israelí abrazando a una niña, 21 de julio de 2025 (Chaim Goldberg/Flash90).