Cuando llueve ahora solo cae miseria

Jaideep Hardikar, People’s Archive of Rural India (PARI), octubre 2022

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Jaideep Hardikar es un periodista, escritor, investigador y viajero afincado en Nagpur (India).

El lugar donde Champat Narayan Jangle cayó muerto es una parcela rocosa y desamparada en un campo de algodón ondulado.

Por estos lares de Maharashtra, se le llama halki yamin o tierra poco profunda. Una exuberante colina verde sirve de hermoso telón de fondo a este lienzo ondulado de tierras pertenecientes al clan Andh, una parcela aislada de tierra de cultivo alejada del pueblo.

El toldo de paja de Champat -construido para protegerse del sol y la lluvia cuando pasaba días y noches vigilando su granja contra los jabalíes- sigue en pie en este paisaje salpicado de rocas. Sus vecinos recuerdan que siempre estaba allí, cuidando su granja.

Desde el dosel, Champat, un agricultor tribal de Andh de unos 40 años, debió de tener una visión completa de su granja, y del interminable espectro de la pérdida, de las plantas atrofiadas y sin vainas, y de las plantas de guisantes que le llegaban a la rodilla.

Debió saber instintivamente que, en dos meses, cuando empezara la cosecha, estos campos no darían nada. Tenía que hacer frente a los préstamos pendientes y a los gastos diarios de la familia. Y no tenía dinero.

Plantas de algodón muy dañadas y atrofiadas en la desamparada granja de Champat Narayan Jangle en la aldea de Ninganur del distrito de Yavatmal. Champat, un pequeño agricultor, se suicidó el 29 de agosto de 2022.

El pequeño toldo de paja que Champat había construido para sí mismo en su granja aparece desierto.

A última hora de la tarde del 29 de agosto de 2022, mientras su esposa Dhrupada y sus hijos visitaban a su padre enfermo en el pueblo de éste, a 50 km de distancia, Champat consumió una lata de Monocil, un insecticida letal que había comprado a crédito un día antes.

Entonces gritó a su primo que trabajaba en el campo de enfrente, agitando enérgicamente la lata vacía como si quisiera despedirse antes de caer al suelo. Murió al instante.

«Lo dejé todo y corrí hacia él», recuerda el tío de Champat, Ramdas Jangle, de 70 años, que estaba trabajando en la granja contigua, otro pedazo de tierra rocosa poco fértil, cuando ocurrió el incidente. Lo declararon «muerto» después de que los familiares y los aldeanos consiguieran organizar un vehículo para llevarlo a un hospital rural a 30 kilómetros del pueblo.

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Ninganur, una oscura aldea del subdistrito de Umarkhed de Yavatmal, en la región occidental de Vidarbha, en Maharashtra, está habitada en su mayoría por pequeños agricultores tribales andh o marginales, con una vida de subsistencia y tierras poco profundas. También es el lugar donde vivió y murió Champat.

En los dos últimos meses, Vidarbha ha sido testigo de una oleada de suicidios de agricultores tras una desastrosa sequía provocada por las incesantes e intensas lluvias caídas durante julio y mediados de agosto.

«Durante casi tres semanas no vimos el sol», dice Ramdas. Primero, las fuertes lluvias arruinaron las siembras, dice. Luego, los periodos de sequía que siguieron atrofiaron las plantas que sobrevivieron a las lluvias. «Cuando queríamos aplicar fertilizantes, las lluvias no cesaban. Ahora, cuando necesitamos lluvias, no cae nada de agua».

La colonia de la comunidad Andh en Ninganur

Ramdas Jangle se ocupa de su granja y de la de su sobrino Champat tras la muerte de éste.

El cinturón algodonero de Vidarbha occidental lleva más de dos décadas siendo noticia por la elevada incidencia de suicidios de agricultores debido a los problemas económicos y, cada vez más, ecológicos de la agricultura.

Vidarbha y Marathwada, con un total de 19 distritos, han recibido una media de 30% más de precipitaciones en la actual temporada de monzones, según los datos de precipitaciones del IMD (siglas en inglés del Departamento Meteorológico de la India) por distritos. La mayor parte de estas precipitaciones se produjeron en julio. A falta de casi un mes para que el monzón empiece a remitir, la región ya ha recibido más de 1.100 mm de lluvia entre junio y el 10 de septiembre de 2022 (en comparación con la media de 800 mm de lluvia registrada en el mismo período en años anteriores). Este se está convirtiendo en un año excepcionalmente húmedo.

Pero esa cifra no revela las variaciones y fluctuaciones. El mes de junio fue casi seco. Las lluvias comenzaron a principios de julio y, en pocos días, cubrieron el déficit. A mediados de julio se registraron inundaciones repentinas en varias partes de Maharashtra. El IMD informó de fuertes lluvias (más de 65 mm en 24 horas) en muchos lugares, durante la primera quincena de julio, de Marathwada y Vidarbha.

Las lluvias acabaron por remitir a principios de agosto y muchos distritos, incluido Yavatmal, sufrieron largos períodos de sequía hasta principios de septiembre. Entonces las lluvias volvieron a aparecer en todo Maharashtra.

Los agricultores de Ninganur afirman que las lluvias intensas o extremas seguidas de largos períodos de sequía se están convirtiendo en un patrón en esta región. Un patrón que les deja en una situación difícil a la hora de elegir qué cultivos cultivar, qué prácticas adoptar y cómo gestionar el agua y la humedad del suelo. El resultado es una angustia aguda como la que llevó a Champat a quitarse la vida.

Campos dañados tras las lluvias extremas de julio y mediados de agosto en el pueblo de Shelgaon, en Nanded.

Grandes extensiones de granjas en el pueblo de Chandki, en Wardha, permanecieron bajo el agua durante casi dos meses tras las lluvias torrenciales de julio

Kishor Tiwari, que dirige la Misión Vasantrao Naik Shetkari Swavalamban, un grupo de trabajo dirigido por el gobierno para mitigar la angustia agraria, afirma que últimamente se ha producido un aumento de los suicidios de agricultores. Solo en la quincena comprendida entre el 25 de agosto y el 10 de septiembre se produjeron cerca de 30 suicidios de agricultores en Vidarbha, dice, culpando a los fenómenos de lluvia extrema y a la angustia económica de haber llevado al suicidio a más de mil agricultores desde enero de 2022.

Entre los que acabaron con su vida se encuentran dos hermanos de una aldea de Yavatmal, que se suicidaron con un mes de diferencia.

«Ninguna ayuda servirá realmente; la devastación de este año es realmente grave», afirma Tiwari.

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Con sus campos inundados y sus cosechas destruidas, un gran número de pequeños agricultores de Maharashtra se enfrentan a un largo período de angustia.

La oficina del Comisario de Agricultura de Maharashtra calcula que unos dos millones de hectáreas de tierras de cultivo en Vidarbha, Marathwada y el norte de Maharashtra han quedado arruinadas por la sequía de esta temporada. Los agricultores de la región afirman que el jarif está prácticamente perdido. La soja, el algodón, los guisantes, todos los cultivos importantes han sufrido. Para las zonas de secano que dependen principalmente de la cosecha jarif, la devastación de este año podría ser insoportable.

Las aldeas situadas a lo largo de los ríos y riachuelos -como Shelgaon, en el subdistrito de Ardhpur, en Nanded- se han llevado la peor parte de unas inundaciones sin precedentes. «Estuvimos incomunicados durante una semana», dice el sarpanch [jefe de la aldea] de Shelgaon, Punjab Rajegore. «Nuestras casas y campos se inundaron debido a la furia del río Uma, que fluye a lo largo del pueblo». El Uma se une al río Aasna unos kilómetros más abajo del pueblo, y juntos se unen al Godavari cerca de Nanded. Todos estos ríos se desbordaron durante el período de fuertes lluvias.

Punjab Rajegore, sarpanch de Shelgaon en Nanded, de pie en el puente del río Uma que quedó sumergido en las inundaciones repentinas de julio.  

Deepak Warfade (con kurta azul) perdió su casa y sus cultivos en las inundaciones de julio. Desde entonces se ha mudado a una casa alquilada en el pueblo.

«Durante todo el mes de julio, tuvimos unas lluvias tan intensas que fue difícil trabajar los campos», dice. Los suelos erosionados y las cosechas destrozadas son signos reveladores de ello. Algunos agricultores están limpiando lo que queda de sus cultivos dañados para poder preparar la siembra temprana de Rabi en octubre.

Alrededor de 1200 hectáreas de tierras de cultivo en Chandki, en el distrito de Wardha, siguen bajo el agua incluso hoy, después de que las incesantes lluvias de siete días y la crecida del río Yashoda inundaran todo el pueblo en julio. Hubo que llamar a la Fuerza Nacional de Respuesta a los Desastres (NDRF, por sus siglas en inglés) para evacuar a los habitantes atrapados.

«Trece casas se derrumbaron, incluida la mía», dice Deepak Warfade, un agricultor de 50 años que ha estado viviendo en una casa alquilada después de que el diluvio derribara la suya. «Nuestro problema es que ahora no hay trabajo agrícola; es la primera vez que estoy sin trabajo».

«Hemos sido testigos de siete inundaciones en un mes», dice Deepak. «La séptima vez fue como un golpe de gracia; tuvimos suerte de que los equipos de la NDRF llegaran a tiempo, de lo contrario no estaría aquí».

Con el jarif perdido, los habitantes de Chandki están atormentados por una pregunta: ¿Y ahora qué?

En su campo, donde las plantas de algodón atrofiadas y una vasta extensión de la granja aplastada pintan un cuadro de devastación, Babarao Patil, de 64 años, está tratando de salvar lo que pueda.

«Puede que saque algo este año o puede que no», dice. «Estoy tratando de resucitar algunas de estas plantas, en lugar de quedarme sin hacer nada en casa». El problema económico es grave y no ha hecho más que empezar, añade.

Kilómetros y kilómetros de campos en Maharashtra reflejan el estado de las tierras de cultivo de Babarao: no hay rastro de cultivos sanos que queden en pie en parte alguna.

Babarao Patil trabajando en su granja dañada por la lluvia en Chandki.

La atrofia de las plantas le llena de preocupación. Puede que saque algo este año o puede que no».

«Esta crisis se agravará en los próximos 16 meses», afirma Shrikant Barhate, antiguo consultor del Banco Mundial y experto en desarrollo regional en Wardha. «Será entonces cuando la próxima cosecha esté lista para ser recogida». La pregunta es: ¿cómo se mantendrán los agricultores durante 16 meses?

El propio pueblo de Barhate, Rohankhed, cerca de Chandki, ha sufrido pérdidas masivas. «Están ocurriendo dos cosas», dice, «la gente está hipotecando el oro u otros bienes o pidiendo dinero prestado en privado para las necesidades del hogar, y los jóvenes están contemplando la posibilidad de emigrar en busca de trabajo».

Obviamente, los bancos verán impagos sin precedentes en los préstamos para las cosechas cuando termine el año, dice.

La pérdida de la cosecha de algodón solo en una aldea, Chandki, se aproxima a los 20 millones de rupias, es decir, la cantidad de dinero que el algodón habría aportado a esta única aldea este año en circunstancias favorables. La estimación se basa en la productividad media por acre de algodón en esta zona.

No solo hemos perdido la cosecha», dice Namdev Bhoyar, de 47 años, «sino que no podremos recuperar el dinero que hemos gastado hasta ahora en la siembra y otras operaciones».

«Y esto no es una pérdida puntual», advierte. «La erosión del suelo es un problema (ecológico) a largo plazo».

La cosecha de soja de Govind Narayan Rajegore en Shelgaon sufrió graves daños.

Aldeas como Shelgaon, situadas a lo largo de ríos y arroyos, se llevaron la peor parte de las inundaciones durante más de quince días en julio de 2022

Mientras cientos de miles de agricultores de todo Maharashtra se tambaleaban bajo las lluvias de julio a agosto, el Estado no tenía un gobierno funcional tras la revuelta del Shiv Sena que provocó el derrocamiento del gobierno de Maha Vikas Aghadi.

A principios de septiembre, el nuevo gobierno de Eknath Shinde anunció una ayuda financiera de 3.500 millones de rupias para el estado, una ayuda parcial que no cubrirá las pérdidas reales de cosechas y vidas. Además, podría pasar al menos un año antes de que la gente reciba realmente el dinero en sus bancos, una vez identificados los beneficiarios mediante encuestas. Sin embargo, la gente necesita ayuda hoy.

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«¿Has visto mi granja?», pregunta Dhrupada, la viuda de Champat, con aspecto frágil y angustiado; está rodeada de tres niños pequeños, Poonam, de 8 años, Puja, de 6, y Krishna, de 3. «¿Qué se cultiva en esas tierras? Champat y Dhrupada trabajaban como jornaleros para llegar a fin de mes.

El año pasado, la pareja casó a su hija mayor, Tajuli, que dice tener 16 años pero no parece tener más de 15; tiene un bebé de tres meses. Para pagar las deudas derivadas de la boda de su hija, Champat y Dhrupada cedieron su granja en arrendamiento a un pariente por una mísera suma y se fueron a Kolhapur el año pasado para trabajar como cortadores de caña de azúcar.

Los Jangles viven en una chabola sin electricidad. En este momento, la familia no tiene nada que comer; los vecinos – igualmente pobres y devastados por la lluvia – están colaborando con la ayuda que pueden aportar.

«Este país sabe cómo engañar a nuestros pobres», dice Moinuddin Saudagar, periodista local y agricultor, que fue el primero en informar sobre el suicidio de Champat. Escribió un artículo mordaz sobre la mísera ayuda del MLA local del BJP de 2.000 rupias a Dhrupada, calificándola de insulto real.

El periodista y agricultor Moinuddin Saudagar, de Ninganur, dice que la mayoría de los agricultores andh son demasiado pobres para soportar las aberraciones climáticas.

Una emocionada Dhrupada, la esposa del difunto Champat, con sus hijos en su pequeña cabaña de Ninganur

«Primero», dice Moinuddin, «les damos tierras que nadie querría cultivar: poco profundas, rocosas, infértiles. Y luego les negamos el apoyo». La tierra que Champat heredó de su padre, añade, es una tierra de segunda clase que llegó a la casa como parte del programa de distribución de tierras de la Ley de Techo de Tierras.

«Durante décadas, estos hombres y mujeres han gastado su sudor y su sangre para hacerla fértil, para cultivar algo para ellos», dice Moinuddin. La aldea de Ninganur es una de las más pobres de la zona, habitada mayoritariamente por familias de la tribu Andh y Gonds, añade.

La mayoría de los agricultores andh son tan pobres que no podrían soportar aberraciones climáticas como la que han presenciado este año, dice Moinuddin. Los andh, añade, son sinónimo de penurias y de una situación de miseria abyecta, incluida el hambre.

En el momento de su muerte, Champat tenía deudas pendientes, tanto formales como informales. Unos 4 lakh, revela Dhrupada tras mucha persuasión. «El año pasado pedimos préstamos para la boda; este año, hemos pedido dinero a nuestros familiares para la granja y para atender nuestras necesidades diarias», dice. «No estamos en condiciones de devolver los préstamos».

Con un futuro incierto para su familia, también le preocupa que uno de sus toros haya enfermado recientemente. «Incluso mi toro ha dejado de comer desde que su amo dejó el mundo».

Voces del Mundo

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