Kathy Kelly, The Progressive Magazine, 5 septiembre 2023
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Kathy Kelly (kathy@worldbeyondwar.org), presidenta de la junta directiva de World BEYOND War, coordina el Tribunal de Crímenes de Guerra de los Mercaderes de la Muerte de noviembre de 2023. Es autora de Other Lands Have Dreams, publicado por CounterPunch/AK Press.
Los saudíes nos recogieron del centro de detención de Daer y nos metieron en un minibús que volvía a la frontera con Yemen. Cuando nos soltaron, crearon una especie de caos; nos gritaron «salid del coche y largaos». … fue entonces cuando empezaron a disparar morteros: para mantenernos en la línea de la montaña, disparaban el mortero desde la izquierda y la derecha. Cuando estábamos a un kilómetro de distancia, … Estábamos descansando juntos después de correr mucho … y fue entonces cuando dispararon morteros sobre nuestro grupo. Directamente sobre nosotros. Había 20 personas en nuestro grupo y sólo diez sobrevivieron. Algunos de los morteros impactaron en las rocas y luego los [fragmentos de la] roca nos golpearon… Dispararon sobre nosotros como si lloviera. (Munira, 20 años)
Hay una ruta de refugiados que va desde la región africana del Sahel, asolada por la sequía, hasta el Yemen devastado por la guerra, para después, a través de Arabia Saudí, hacia Iraq y Turquía. Se la conoce como «la ruta oriental», o a veces «la ruta yemení». La monarquía saudí, que ya lleva ocho años dirigiendo una campaña de hambruna y bombardeos contra Yemen, gobernado por rebeldes y alineado con Irán, ha estado masacrando a los refugiados etíopes (y de otros países africanos), supuestamente por millares, para enviar el mensaje de que los africanos afectados por la sequía deben elegir morir en casa y no arriesgar sus vidas para morir en Yemen. Es un mensaje escalofriante y cruel.

Mapa Península Arábiga
Las políticas imperiales de Estados Unidos en la región, que han apuntalado a la brutal monarquía saudí, garantizan el continuo derramamiento de sangre, el hambre, la división y la desestabilización. Estas políticas degeneradas socavan una colaboración desesperadamente necesaria ante el colapso ecológico. En lugar de ayudar a los pueblos afligidos por las sequías, el empobrecimiento y la intensificación de las guerras, Estados Unidos actúa en su propio interés y atiende las demandas saudíes de aún más poder militar. El propósito de cortejar a Arabia Saudí con contratos militares es, aparentemente, evitar una mayor integración económica de Arabia Saudí con China y Rusia, rivales mundiales de Estados Unidos.
En algún momento de la semana del 3 de septiembre, dos representantes del Departamento de Estado estadounidense llegarán a Riad, la capital de Arabia Saudí, para reanudar las negociaciones con la realeza saudí. Un informe reciente sugiere que en las reuniones se debatirá un acuerdo similar al de la OTAN entre Arabia Saudí y Estados Unidos, una medida que podría acercar a Arabia Saudí a la normalización de sus relaciones con Israel. ¿Qué busca Riad a cambio? «Riad ha estado buscando un tratado de seguridad mutua similar al de la OTAN que obligaría a Estados Unidos a acudir en defensa de Arabia Saudí en caso de que ésta fuera atacada», según The Times of Israel. Los saudíes también pretenden reforzar un programa nuclear civil respaldado por Estados Unidos en Arabia Saudí y quieren garantías sobre la adquisición de armamento más avanzado de contratistas militares estadounidenses.
En la reciente cumbre de la coalición de los BRICS, liderada por China, rival de Estados Unidos, se anunció la incorporación de Arabia Saudí como nuevo miembro en enero de 2024. A principios de este año, China había mediado en la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Arabia Saudí y su principal rival regional (y el de Estados Unidos), Irán, que también ha sido invitado a unirse a los BRICS a principios del próximo año. En su viaje a Riad, Brett McGurk y Barbara Leaf, del Departamento de Estado de Estados Unidos, trabajarán para contrarrestar la integración de la rica nación petrolera saudí en una coalición de naciones que Estados Unidos teme como amenazas a la hegemonía unipolar estadounidense. De forma rutinaria, Estados Unidos condena a China y Rusia por abusos contra los derechos humanos, abusos que palidecen al lado de lo peor de la política saudí en tal materia de derechos humanos.
Desde 2015, Arabia Saudí ha bombardeado, matado de hambre, bloqueado y torturado a civiles yemeníes. El Reino de Arabia Saudí sigue persiguiendo y ejecutando a sus propios civiles por denunciar crueles fechorías.
Human Rights Watch, en su informe de 73 páginas, «‘They Fired on Us Like Rain’: Saudi Arabian Mass Killings of Ethiopian Migrants at the Yemen-Saudi Border«, denuncia que guardias fronterizos saudíes han disparado ametralladoras y lanzado morteros contra etíopes que intentaban cruzar al reino desde Yemen, matando probablemente a cientos de migrantes desarmados en los últimos años. Este patrón generalizado y sistemático de ataques incluía incidentes, según el informe, en los que «los guardias fronterizos saudíes preguntaban a los migrantes a qué extremidad preferían que les disparasen y luego lo hacían a quemarropa. Los guardias fronterizos saudíes también dispararon armas explosivas contra migrantes que intentaban huir de vuelta a Yemen». El grupo de defensa de los derechos citó informes de testigos presenciales de los ataques de las tropas e imágenes que mostraban cadáveres y lugares de enterramiento en las rutas de los migrantes, afirmando que el número de muertos podría ascender a «posiblemente miles».
También debería interesar a los dos enviados estadounidenses un informe de The Guardian que afirma que los ejércitos estadounidense y alemán han entrenado y equipado a guardias fronterizos saudíes.
Hay una razón para la huida masiva de migrantes del Sahel hacia la zona de exterminio que Arabia Saudí, con sus socios internacionales, ha convertido en Yemen: El planeta está hirviendo.
Sin duda, es necesaria la colaboración entre todos los pueblos para hacer frente y resolver los trágicos problemas, incluidos los terribles abusos contra los derechos humanos, que con toda seguridad irán en aumento debido a la intensificación de las catástrofes climáticas. Pero los acuerdos militares con Arabia Saudí aumentarán la disposición de este país a atacar a países más débiles y perseguir a su propia ciudadanía. El desarrollo de la tecnología nuclear con luz verde agravará las agresiones medioambientales causadas por la guerra. La política de confrontación de Estados Unidos para derrotar a sus rivales económicos sólo puede empeorar estas crisis.
Durante los años en que Estados Unidos colaboró y armó a dictadores, militares y paramilitares en Centroamérica y Sudamérica, varios líderes notables exigieron el fin de la violencia. El arzobispo de El Salvador, Óscar Romero, ahora canonizado como santo, se manifestó de esta forma:
«Quisiera hacer un llamamiento especial a los hombres del ejército, y en particular a las tropas de la Guardia Nacional, de la policía y de las guarniciones. Hermanos, pertenecéis a nuestro propio pueblo. Vosotros estáis matando a vuestros propios hermanos campesinos; y, ante una orden de matar dada por un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice ‘¡No matar!’ Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contraria a la ley de Dios. Nadie está obligado a cumplir una ley inmoral. Ya es hora de que recuperéis vuestra conciencia y obedezcais sus dictados antes que el mandato del pecado… Por eso, en nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos se elevan al cielo cada día más tumultuosos, ¡os lo suplico, os lo ruego, os lo ordeno! En nombre de Dios: ‘¡Que cese la represión!’».
En cierto sentido, al firmar esta declaración firmó su propia sentencia de muerte. El 24 de marzo de 1980, Romero fue asesinado por sus valientes palabras y acciones.
El presidente Joe Biden haría bien en hacer caso a este santo católico, revisar el mandato que da a los diplomáticos que trabajan en Arabia Saudí y basarse en las palabras de monseñor Romero: ¡Recuperad vuestra conciencia! Detened la represión, detened la matanza.
En lugar de normalizar el militarismo y los abusos de los derechos humanos, Estados Unidos debería tratar, siempre y en todas partes, de salvar el planeta y respetar los derechos humanos.
Foto de portada: Bombardeo de un barrio en Yemen, 28 de diciembre de 2017. (Aida Faillace)