Medicidio en Gaza: El asesinato del Dr. Adnan al-Bursh

Jeffrey St. Clair, CounterPunch.org, 10 mayo 2024

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Jeffrey St. Clair es editor de CounterPunch. Su libro más reciente es An Orgy of Thieves: Neoliberalism and Its Discontents (junto a Alexander Cockburn). Se puede contactar con él en: sitka@comcast.net  o en Twitter @JeffreyStClair3

Más de dos semanas después de que Israel anunciara su muerte, aún no ha entregado el cadáver de uno de los médicos más célebres de Gaza, el Dr. Adnan al-Bursh. Israel no ha dicho cómo murió este hombre de 50 años en buen estado de salud, a pesar de que su muerte se produjo en uno de sus lugares más oscuros, la prisión de Oter, un espacio donde los guardias de las prisiones israelíes y los interrogadores del Shin Bet llevan a cabo cosas terribles. No ha explicado por qué detuvieron a al-Bursh en diciembre, lo desnudaron, lo ataron y se lo llevaron del hospital donde atendía a enfermos y heridos. Tampoco ha explicado por qué le tuvieron recluido cuatro meses sin contacto alguno con su familia ni con un abogado.

Adnan al-Bursh era uno de los principales cirujanos de Gaza. Más que eso, era uno de los principales trabajadores humanitarios de la Franja, que había sacrificado en repetidas ocasiones su propia seguridad para proporcionar tratamiento médico que salvara vidas a personas sometidas a bombardeos. Como jefe de ortopedia del Hospital Al-Shifa de la ciudad de Gaza, al-Bursh ayudó a crear la unidad de reconstrucción de extremidades, que se abrió tras los ataques militares israelíes de 2014 contra Gaza. Pero en diciembre se había desplazado con gran riesgo personal para tratar a pacientes del hospital Al-Awda, en el campo de refugiados de Yabalia, en el norte de Gaza.

Cuando al-Bursh llegó a Al-Awda a principios de diciembre, el hospital ya había sufrido repetidos ataques de las fuerzas de la ocupación israelí. Menos de una semana después de los ataques de Hamás del 7 de octubre, los israelíes ordenaron la evacuación de todos los hospitales del norte de Gaza, incluido Al-Awda, que cuenta con la mayor maternidad del distrito. La Organización Mundial de la Salud advirtió que cualquier ataque contra Al-Awda sería una sentencia de muerte para los enfermos y heridos del hospital.

El 10 de noviembre, un ataque aéreo israelí alcanzó una ambulancia que se dirigía al hospital. Diez días después, dos médicos de Médicos Sin Fronteras murieron en un ataque aéreo israelí contra Al-Adwa. El 1 de diciembre, el hospital volvió a ser alcanzado y dañado por bombas israelíes.

El 12 de diciembre, el hospital se hallaba prácticamente sitiado, rodeado de tropas y tanques israelíes y bajo el fuego casi constante de francotiradores. Habían tiroteado al menos a una mujer embarazada y un francotirador israelí había disparado y asesinado  una enfermera a través de una ventana del hospital mientras atendía a los pacientes en la cuarta planta del edificio. Se había cortado el suministro de agua potable y la población del hospital, incluidos los pacientes, se alimentaba con una sola comida de pan o arroz al día.

Adnan al-Bursh se apresuró a entrar en esta zona de matanza para ayudar a la avalancha de civiles heridos ingresados en el hospital, que carecía de personal suficiente. Al-Bursh, uno de los cirujanos más aclamados de Gaza, había recibido su formación médica en Rumania y posteriormente en Inglaterra. En cierto sentido, volvía a casa. Había nacido y crecido en el campo de refugiados de Yabalia, en el extremo norte de la Franja de Gaza, y allí recibió su primera educación.

Al-Bursh comprendía perfectamente la terrible situación en la que se encontraba. En noviembre, el hospital Al-Shifa fue atacado por Israel y él y su sobrino, Abdallah al Bursh, tuvieron que permanecer allí 10 días. Cuando las tropas israelíes entraron en el hospital, dijeron a Al Bursh que se trasladara al sur. Él se negó y se quedó atendiendo a sus pacientes hasta que le obligaron a salir.

«Después de que las fuerzas israelíes nos asediaran en el hospital Al Shifa durante 10 días y nos pidieran que nos trasladáramos al sur de la Franja, se negaron a permitir que entrara comida y bebida en el hospital», dijo Abdallah. «Nos obligaron a trasladarnos al sur, pero el Dr. Adnan se negó a acceder y decidió correr el riesgo de trasladarse al norte para seguir atendiendo a la gente en el Hospital Indonesio».

La esposa y los seis hijos de Adnan también se negaron a ir al sur, en su lugar buscaron refugio en una escuela de la UNRWA en la sección norte de la Franja de Gaza. Al-Bursh había argumentado que los palestinos que huyeran al sur nunca podrían regresar a sus hogares en el norte.

El Dr. al-Bursh descansando tras realizar múltiples cirugías en 2018.

Para muchos palestinos, al-Bursh es venerado por sus esfuerzos durante la Gran Marcha del Retorno en 2018-19, cuando realizó más de 28 cirugías en un día a los palestinos heridos por fuego israelí, tras unirse a una marcha no violenta hacia la valla del apartheid que separa Israel del norte de Gaza. Al-Bursh creció durante la Primera Intifada y relató el sufrimiento que padecieron su familia y sus vecinos por la violenta respuesta israelí.

Al-Bursh quería defender la causa de los derechos de los palestinos haciéndose abogado, pero su familia le convenció para que estudiara medicina.

«Los niños son los que más me afectan», afirma. «Cuando los trato, siento que podrían ser mis propios hijos. Cuando veo llorar a un niño, siento como si fuera mi propio hijo el que llora. Nuestros niños no tienen una infancia normal como la que he visto en el extranjero, fuera de Gaza».

El 20 de noviembre, el Hospital Indonesia de Bait Lahia, donde el Dr. al-Bursh realizaba ahora múltiples intervenciones quirúrgicas al día, sufrió un feroz ataque que duró cuatro días. Al-Bursh resultó herido por fuego israelí mientras se encontraba en el quirófano. El propio hospital resultó gravemente dañado por el fuego de los tanques israelíes.  Más de 500 pacientes y varios miles de personas desplazadas se encontraban en el Hospital Indonesio cuando fue atacado. Al menos 12 personas murieron en el ataque inicial cuando el fuego de los tanques y la artillería israelíes alcanzó la unidad de cuidados postoperatorios del hospital, en la segunda planta, a altas horas de la noche, donde dormían decenas de pacientes y refugiados.

«Había caos, oscuridad y fuego en el departamento, lo que hizo muy difícil evacuar a los muertos y heridos», dijo a la BBC una enfermera apellidada Mohamad. Con razón, Mohamad dijo que no quería que se hiciera público su nombre completo porque temía por su seguridad.

«Al cuarto día, las fuerzas israelíes entraron en el hospital y preguntaron por mi tío, mi padre, el doctor Mirwan al Barsh y otros médicos», recordó Abdallah. «Afortunadamente, al día siguiente hubo una tregua, así que no se los llevaron». Pero el hospital se había quedado sin electricidad ni agua, lo que obligó al personal a evacuar a 200 pacientes en autobús hacia el hospital Nasser de Jan Yunis. La Cruz Roja Internacional organizó la evacuación de otros 400 pacientes. Los desplazados fueron abandonados en gran medida a su suerte.

El asedio fue duramente condenado por el gobierno indonesio, que había financiado la construcción del hospital, inaugurado en 2016. En diciembre, el Hospital Indonesia se había convertido en una base militar del ejército israelí y Adnan al-Bursh aplicaba sus artes curativas en el Hospital Al-Adwa, a pocos kilómetros de distancia.

«Los trabajadores sanitarios y los civiles nunca deberían tener que estar expuestos a tal horror, especialmente mientras están dentro de un hospital», escribió el jefe de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Antes de la guerra, Gaza tenía 36 hospitales. Ocho meses después, sólo 11 funcionan siquiera parcialmente. Dos de los hospitales más grandes, Al-Shifa y Nasser, no sólo han quedado destruidos, sino que se ha descubierto que albergan fosas comunes con más de 500 palestinos asesinados por los israelíes, entre ellos muchos trabajadores sanitarios. «Algunos de los fallecidos eran supuestamente ancianos, mujeres y personas heridas; algunos fueron encontrados con las manos atadas y despojados de sus ropas», declaró Bob Kitchen, vicepresidente de emergencias del Comité Internacional de Rescate.

Los hospitales que quedan carecen de suministros médicos, medicinas, agua y electricidad. «Estas instalaciones sanitarias no están preparadas para atender a un gran número de víctimas. Y, de hecho, ningún hospital del mundo está construido para este tipo de gravedad sostenida de víctimas masivas, ni ninguno podría ser capaz de sostenerla», dijo la Dra. Sima Yilani, cirujana del equipo médico de emergencia de la Cruz Roja Internacional que trabajó en el Hospital Al Aqsa en el centro de Gaza. Desde el 7 de octubre se han producido más de 400 ataques israelíes contra instalaciones sanitarias, ambulancias y trabajadores de Gaza.

Mientras se enfrenta a ataques aéreos y a una invasión militar, en Rafah sólo quedan tres hospitales en funcionamiento, pero uno de ellos, el Hospital Al-Najjar, «que proporciona servicios de diálisis a más de 100 pacientes», se encuentra en la zona que Israel ha ordenado evacuar a los residentes, por lo que, según la OMS, «los pacientes tienen miedo de buscar servicios».

Alrededor de 500 trabajadores médicos de Gaza han muerto a manos de Israel desde el comienzo de la guerra. Al menos otros 1.500 han resultado heridos y 310 han sido detenidos. En teoría, al menos, las instalaciones y los trabajadores médicos están protegidos por el derecho internacional. Pero no cabe duda de que lo que estamos presenciando en Gaza es una forma de «medicidio», la destrucción sistemática de la infraestructura médica de una población: hospitales, clínicas, suministros médicos y personal sanitario.

Después de la tregua en el Hospital Indonesia, al Bursh decidió regresar a su antigua comunidad en el campo de refugiados de Yabalia, para continuar su labor de salvar vidas en el Hospital Al Awda. El campo de refugiados de Yabalia se creó durante la Nakba de 1948, cuando los palestinos fueron evacuados por la fuerza de sus hogares en Israel. Hasta su destrucción por Israel en la guerra actual, era el mayor campo de refugiados de los territorios palestinos, donde más de 100.000 residentes se hacinaban en menos de 800 metros cuadrados de terreno. Aquí es donde estalló la Primera Intifada en 1987, después de que un camión israelí embistiera a un coche en el paso fronterizo de Erez, cerca del campo, matando a cinco palestinos. Al-Bursh tenía 14 años y el levantamiento y su violenta represión dejaron una huella indeleble en él.

Durante la guerra de 2014, Yabalia fue objeto de repetidos ataques de las fuerzas de la ocupación, incluido un infame ataque contra una escuela de la UNWRA en el que murieron 15 civiles palestinos, varios de ellos niños, mientras dormían en el suelo de un aula que había sido designada como refugio de la ONU. Al-Bursh, que ahora es uno de los mejores cirujanos de Gaza, ayudó a tratar a muchos de los heridos de los ataques aéreos que pulverizaron su campamento natal.

Irónicamente, Yabalia había sido uno de los principales focos de las protestas que estallaron en el verano de 2023 por el deterioro de las condiciones económicas en Gaza, incluido el creciente enfado con Hamás por la mala gestión y la corrupción. Este malestar con Hamás no evitó que Yabalia se llevara la peor parte inicial de los ataques de represalia de Israel tras el 7 de octubre, cuando el campamento fue blanco de cientos de ataques aéreos y de una invasión armada, que dejó miles de muertos y heridos y la destrucción efectiva de todo el campamento. Después de que las tropas israelíes se retiraran finalmente en febrero, un antiguo residente describió Yabalia a Al Jazeera como un lugar que no contenía «ni una sola casa habitable».

Este fue el horrible paisaje al que Adnan al-Bursh regresó a principios de diciembre durante dos semanas, donde realizó operaciones quirúrgicas a la luz de los teléfonos móviles y sin anestesia, hasta que las tropas israelíes entraron en el hospital, detuvieron a todo el personal médico, comprobaron sus documentos de identidad, detuvieron a 10 de ellos, incluido al-Bursh, los desnudaron, los esposaron y se los llevaron a la prisión de Ofer. Una vez que él y sus compañeros entraron en la oscuridad de Ofer, no se supo nada de su estado, hasta el abrupto e insensible anuncio de su muerte. Aún no hay noticias de sus compañeros.

La prisión de Ofer, originalmente conocida como Centro de Encarcelamiento 385, es un lugar negro israelí, construido en tierra palestina en Cisjordania, entre Ramala y el asentamiento ilegal israelí de Giv’at Ze’ev. No sabemos exactamente qué le ocurrió al Dr. al-Bursh cuando llegó a Ofer. Pero conocemos el tipo de malos tratos que han sufrido otros, un trato que se asemeja mucho y a menudo supera el tipo de tortura que la CIA infligía en sus centros clandestinos de Polonia, Afganistán, Marruecos, Tailandia y Cuba. Incluso antes del último asalto a Gaza, la prisión de Ofer, construida en 1988 para recluir a los palestinos detenidos durante la Primera Intifada, tenía una notoria reputación por los malos tratos infligidos a los presos. En 2010, un equipo de abogados británicos que visitó la prisión denunció haber visto a niños con las manos esposadas a la espalda y sujetos con grilletes de hierro.

«Intentamos conseguir cualquier noticia sobre mi tío desde dentro de la prisión israelí», declaró Abdallah, sobrino de Al Bursh. «Los presos que fueron liberados nos dijeron que el médico se enfrentaba a una situación difícil y que era sometido a tortura».

¿Cómo fue esta tortura? Según informes de grupos de derechos humanos y de las Naciones Unidas, a los detenidos palestinos se les ha mantenido atados en jaulas, se les ha privado de agua y comida, se les ha golpeado con barras de metal, se les ha dado patadas, se les ha golpeado con culatas de pistola, se les ha atacado con perros militares, se les ha violado analmente con sondas eléctricas, se les ha orinado encima, se les ha mantenido encadenados tanto tiempo que se les han tenido que amputar brazos y piernas. Se ha amenazado a las familias de los presos con ataques aéreos selectivos y se les ha obligado a orinar y defecar en sus celdas, que han permanecido sin limpiar durante días. Tanto a hombres como a mujeres se les han golpeado y manoseado los genitales. Según el propio recuento del ejército israelí, al menos 27 palestinos han muerto bajo su custodia desde el 7 de octubre de 2023.

La familia de al-Bursh ha contratado a un abogado que trabajaba para la Corte Penal Internacional para exigir a las autoridades israelíes la devolución de su cadáver y una explicación de su muerte. Pero ¿qué otra explicación puede haber aparte de la obvia, que fue torturado hasta la muerte? Se trataba de un médico que fue bombardeado de un hospital a otro y que, en cada parada, se negó a dejar atrás a sus pacientes y, en lugar de dirigirse al sur, a la relativa seguridad de las zonas de evacuación, se encaminó hacia el norte, al ojo del huracán, donde más se necesitaban sus conocimientos y cuidados, donde los cuerpos mutilados y destrozados de su gente eran sacados cada hora de los cráteres de las bombas y de los escombros de los edificios en ruinas. Es difícil imaginar una figura más heroica en nuestra época depravada y desalentadora, que es, por supuesto, la razón por la que su ejemplo tuvo que ser borrado.

Adnan al-Bursh era inteligente, humano y comprometido. Hablaba varios idiomas. Vio y pudo explicar los estragos de la ocupación y los horrores de la guerra. Era exactamente el tipo de persona, como el aún encarcelado Marwan Barghuti, que Israel siempre ha temido que pudiera convertirse en líder del pueblo palestino. Por esa razón, también era exactamente el tipo de persona que Israel ha tenido en el punto de mira para eliminar al amparo de sus bombardeos e invasión de Gaza.

Foto de portada: El Dr. Adnan al-Bursh en el ahora destruido Hospital de Al-Shifa.

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