Oren Ziv, +972.com Magazine, 8 septiembre 2025
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Oren Ziv es reportero y fotógrafo de Local Call y +972 Magazine. También es cofundador del colectivo Activestills. Ziv lleva documentando cuestiones sociales y políticas en Israel-Palestina desde 2005. Sus trabajos se publican en el New York Times, Vice, Al Jazeera, Der Spiegel y otros medios de comunicación.
En colaboración con Locall Call
A mediados de julio, varias docenas de jóvenes activistas judíos israelíes marcharon por las calles de Tel Aviv para protestar contra el genocidio que se está produciendo en Gaza. La manifestación terminó en la plaza Habima, en el centro de la ciudad, donde diez participantes que habían recibido sus citaciones militares las quemaron y declararon públicamente su negativa a alistarse.
El acto provocó un gran revuelo en las redes sociales israelíes, desatando una oleada de mensajes privados —algunos de apoyo, otros hostiles— junto con llamamientos a la provocación desde páginas de extrema derecha.
«La gente se ponía en contacto conmigo todos los días después de que quemáramos las notificaciones», dijo Yona Roseman, de 19 años, una de las participantes, en una entrevista con +972. «No sé si esto por sí solo puede provocar un cambio, pero incluso un soldado menos participando en el genocidio es un paso positivo».
Roseman es una de los siete jóvenes israelíes encarcelados en agosto por negarse a cumplir el servicio militar en protesta por el genocidio y la ocupación de Israel. Según la red de objetores de conciencia Mesarvot, se trata del mayor número de personas encarceladas simultáneamente desde que el grupo comenzó a operar en 2016. Sus condenas oscilan entre 20 y 45 días, tras los cuales es probable que sean citados de nuevo y cumplan varias penas de prisión más antes de ser dados de baja oficialmente.
En total, 17 jóvenes israelíes han sido encarcelados por negarse a cumplir el servicio militar desde que comenzó la guerra. El primero fue Tal Mitnick, que estuvo encarcelado durante 185 días. Otro, Itamar Greenberg, permaneció detenido durante casi 200 días, lo que supone la condena más larga para un objetor de conciencia en más de una década. Sus casos indican un endurecimiento de la postura del ejército; según Mesarvot, el ejército parece haber abandonado su política anterior de liberar a los objetores tras 120 días, convirtiendo las penas de prisión prolongadas en la nueva norma.

Un contramanifestante se enfrenta a Itamar Greenberg, en una protesta en apoyo a los nuevos objetores Ayana Gerstmann y Yuval Peleg el día de su encarcelamiento, frente a la base de reclutamiento de Tel Hashomer, cerca de Tel Aviv, el 31 de julio de 2025. (Oren Ziv)
Aunque la objeción de conciencia absoluta sigue siendo poco frecuente en la sociedad israelí, la ofensiva de Israel contra Gaza ha desencadenado una ola más amplia de negativas entre los reservistas. Más de 300 han buscado el apoyo del movimiento de negación Yesh Gvul (en hebreo, «Hay un límite»), la mayoría de ellos llamados a filas para servir en Gaza.
«Lo que caracteriza a esta oleada de rechazo, a diferencia de lo que ocurrió durante la primera guerra del Líbano y la primera y segunda intifadas, es que entonces había objetores selectivos, es decir, aquellos que se negaban a ir al Líbano o a Cisjordania», explicó Ishay Menuchin, presidente de Yesh Gvul. «Pero ahora, se trata de objetores que, en su mayoría, no están dispuestos a servir en el ejército en absoluto».
A diferencia de lo que ocurre con los objetores de conciencia antes del reclutamiento, el ejército suele optar por liberar rápidamente a los reservistas que se niegan a cumplir el servicio militar o llegar a otros acuerdos. De los 300 reservistas apoyados por Yesh Gvul, solo cuatro han sido juzgados.
«La decisión de objetar es mucho más sencilla hoy en día»
El 17 de agosto, el día en que Roseman anunció su negativa, unos 150 manifestantes se reunieron frente a la oficina de reclutamiento de su ciudad natal, Haifa. Roseman, que había sido detenida en seis ocasiones en manifestaciones lideradas por palestinos en Haifa, observó cómo la policía declaraba rápidamente ilegal la protesta y, como suele hacer en las manifestaciones contra la guerra lideradas por palestinos en Haifa, detenía violentamente a diez personas.
«El verdadero reconocimiento de la magnitud de la destrucción que está sembrando nuestro Estado, del sufrimiento que inflige a sus gobernados, exige actuar en consecuencia», dijo a la multitud antes de que se disolviera la protesta. «Si ven la magnitud de las atrocidades y se consideran personas morales, no pueden seguir como si nada, a pesar del coste, ya sea social o legal».

Yona Roseman, de 19 años, el día en que declaró su negativa a alistarse en el ejército israelí, frente a la oficina de reclutamiento de Haifa, el 17 de agosto de 2025. (Oren Ziv)
Roseman había decidido por primera vez negarse a principios de 2023, mientras participaba en las manifestaciones semanales contra la reforma judicial. En ese momento, marchó con el «bloque antiocupación», un pequeño contingente que insistía en vincular el intento del Gobierno de debilitar el poder judicial con la ocupación israelí de los territorios palestinos, para disgusto a menudo de los organizadores de las protestas mayoritarias. También fue una de los 230 jóvenes que firmaron la carta «Jóvenes contra la dictadura» unas semanas antes del 7 de octubre, en la que se comprometían a «negarse a alistarse en el ejército hasta que se garantizara la democracia para todos los que viven bajo la jurisdicción del Gobierno israelí».
«Creo que la decisión de negarse es mucho más sencilla hoy en día», afirmó Roseman. «No hay mucha necesidad ni deseo de filosofar sobre el militarismo y la obediencia porque hay un genocidio, y es obvio que no te alistas en un ejército que está cometiendo un genocidio».
Roseman, que ya estaba profundamente involucrada en el activismo conjunto con los palestinos —proporcionando «presencia protectora» en las comunidades rurales palestinas de Cisjordania contra la violencia de los colonos y el ejército, y participando en manifestaciones contra el genocidio en Haifa—, afirmó que sus relaciones personales con activistas palestinos no han hecho más que reforzar su decisión de negarse. «Si quieres ser compañero de los palestinos, no puedes alistarte en el ejército que los está matando», afirmó. «Son personas que conoces, cuyas casas están siendo demolidas o que están siendo asesinadas».
Su trabajo de solidaridad con los palestinos, dijo, también puso de manifiesto los límites de intentar reformar el sistema desde dentro. «Hubo momentos en los que un soldado me lanzó una granada aturdidora, me detuvo o vi a soldados demoler casas en las que había dormido, casas de compañeros activistas palestinos. Eso realmente cambia tu perspectiva, tu comprensión de que este no es ‘mi’ ejército, sino que el ejército está en mi contra».
Fuera de los círculos activistas, la decisión de Roseman de negarse ha tenido un coste personal. «Algunos compañeros de clase rompieron su relación conmigo por ello. Dejé mi programa de año sabático antes de tiempo debido a las dificultades que me supuso mi negativa», explicó. Su familia, añadió, «me apoyó como hija suya, pero no es una decisión que respaldaran».

Yona Roseman, de 19 años, se dirige a la multitud de simpatizantes el día en que declaró su negativa a alistarse en el ejército israelí, frente a la oficina de reclutamiento en Haifa, el 17 de agosto de 2025. (Oren Ziv)
A diferencia de la mayoría de los objetores que se encuentran en las cárceles militares israelíes, Roseman pasa la mayor parte del día en régimen de aislamiento. Como presa transgénero, solo la sacan para breves descansos al final de la fila, según la política del ejército, el mismo trato que recibió otra objetora transgénero, Ella Keidar Greenberg, a principios de este año.
«Es importante para mí señalar, especialmente después de haber sido tratada de forma humillante tras mi detención en las protestas, que la actitud del Estado hacia las personas queer es liberal y progresista sólo en condiciones específicas», afirmó. «En el momento en que no cumples con el estándar nacional, te despojan de tus derechos».
«No hemos llegado aquí por casualidad»
El 31 de julio, unas semanas antes del encarcelamiento de Roseman, dos israelíes de 18 años, Ayana Gerstmann y Yuval Peleg, fueron condenados a 30 y 20 días de prisión, respectivamente, por negarse a alistarse. Gerstmann ha sido puesta en libertad, mientras que Peleg ha recibido una condena adicional de 30 días. Si los casos recientes sirven de indicio, es probable que se enfrente a cuatro o cinco condenas más antes de ser puesto en libertad.
«Estoy aquí para negarme a participar en el genocidio y para enviar un mensaje a cualquiera que quiera escucharme: mientras continúe el genocidio, no podremos vivir en paz y seguridad», declaró Peleg antes de ingresar en prisión.
Criado en una familia sionista liberal de la ciudad de clase media de Kfar Saba, Peleg describió su decisión de negarse como reciente. «Nunca hablamos de la negativa en casa. Hablábamos mucho de Bibi Netanyahu y un poco de la ocupación», dijo en una entrevista conjunta con Gerstmann antes de su encarcelamiento.

Ayana Gerstmann y Yuval Peleg, ambos de 18 años, el día de su encarcelamiento por negarse a alistarse en el ejército israelí, frente a la base de reclutamiento de Tel Hashomer, cerca de Tel Aviv, el 31 de julio de 2025. (Oren Ziv)
Para Peleg, el contacto con medios de comunicación online no israelíes en los primeros días de la guerra fue un punto de inflexión. «Me dio una perspectiva que no tenía al crecer», afirmó. «En algún momento, me di cuenta de que el ejército israelí no es el ejército moral, protector y bueno que yo creía que era».
A medida que avanzaba la guerra y se hacía más evidente la magnitud del ataque de Israel contra Gaza, «se convirtió en una decisión relativamente fácil no alistarme», afirmó. La negativa también le ofreció la oportunidad de expresar su desacuerdo. «No hay casi ningún lugar en este país donde se puedan decir estas cosas».
Para Gerstmann, que creció en Ramat Gan, un suburbio de Tel Aviv, la decisión de negarse había tardado años en madurar. «En quinto curso, nos dieron una tarea escolar para escribir sobre lugares de Jerusalén con motivo del Día de Jerusalén. Se suponía que debía despertar sentimientos patrióticos, pero a mí me produjo el efecto contrario», recordó.
Aunque en casa se hablaba a menudo de la ocupación, ella no la había experimentado realmente hasta ese momento. «Mi madre me sugirió que visitara la página web de B’Tselem y leyera sobre Jerusalén Este para el proyecto escolar», le contó a +972. «Fue la primera vez que vi lo que estaba pasando allí. Me quedé impactada».
En el sistema educativo israelí, añadió, «siempre hablan de Jerusalén Este solo en el contexto de la «unificación» de la ciudad y alaban la guerra de 1967, durante la cual fue capturada. De repente, me di cuenta de cuánta injusticia y sufrimiento conllevaba».
A los 16 años, tomó la decisión de no alistarse en el ejército. «Le dije a una amiga que quería obtener una exención por motivos de salud mental porque me oponía a la ocupación», dijo. Su amiga la desafió: «Si esas son tus creencias, ¿por qué no las defiendes y las expresas? ¿Por qué necesitas esconderte detrás de mentiras?».
«Ese fue el momento en que lo comprendí», recordó. «Me di cuenta de que tenía razón, que necesitaba gritar mi rechazo de forma clara y pública».
Al igual que Roseman y Peleg, Gerstmann sintió que los argumentos a favor de la negativa se hicieron innegables una vez que estalló la guerra en Gaza y se intensificó el ataque de Israel contra el pueblo palestino. «Ha quedado mucho más claro que negarse es lo correcto, que no hay que cooperar con lo que el ejército está haciendo en Gaza», afirma.

Humo saliendo de la Torre Mushtaha, al oeste de la ciudad de Gaza, tras ser alcanzada por un ataque aéreo israelí, el 5 de septiembre de 2025. (Ali Hassan/Flash90)
Gerstmann y Peleg esperan que su negativa envíe un mensaje a todos los soldados enviados a Gaza: hay otra opción. «Durante años nos han condicionado a pensar que hay que alistarse, que es imposible cuestionarlo. Pero lo que estamos viendo ahora en Gaza es la línea roja que demuestra que sí hay otra opción».
«Hemos alcanzado un nivel de violencia y destrucción que nunca habíamos visto en la historia de esta tierra», afirmó Peleg. «Israel nunca volverá a ser lo que era antes del 6 de octubre de 2023. Está claro que nos encontramos en medio de un genocidio en curso. Ante eso, nos negamos».
Para Peleg, era importante destacar que la campaña de aniquilación de Israel en Gaza no surgió de la nada. «No hemos llegado aquí por casualidad», explicó. «Israel siempre ha tenido elementos de ocupación, fascismo y racismo hacia los palestinos, obviamente desde 1967, pero incluso si nos remontamos a la Nakba. No es de extrañar que hayamos llegado a una situación en la que se está produciendo un genocidio contra los palestinos».
A pesar de que la opinión pública israelí se ha desplazado bruscamente hacia la derecha, Gerstmann dijo que aún espera llegar a sus compañeros. «Oigo la frase ‘No hay gente inocente en Gaza’ cada vez con más frecuencia. Es muy preocupante, pero mi rechazo es, de hecho, un rechazo a la desesperanza», dijo. «Espero que les abra los ojos y les permita pensar y comprender lo que el ejército está haciendo en su nombre».
Ambos reconocieron el miedo a negarse públicamente en una sociedad que equipara ese acto con la traición. «Por supuesto que da miedo, pero no me disuadió», dijo Gerstmann. «Al contrario, lo que hemos visto desde el comienzo de esta guerra me hizo darme cuenta de que tenía que negarme sin falta».

Ayana Gerstmann y Yuval Peleg, ambos de 18 años, el día de su encarcelamiento por negarse a alistarse en el ejército israelí, el 31 de julio de 2025. (Oren Ziv)
«No puedo seguir formando parte de esto»
Otros dos objetores de conciencia encarcelados el mes pasado, que hablaron con +972, decidieron permanecer en el anonimato por motivos personales y familiares.
R., un joven de 18 años de la ciudad de Holon, fue condenado a 30 días de prisión. «Decidí negarme antes del 7 de octubre, pero después de ver la destrucción en Gaza, comprendí que no podía seguir dudando», afirmó. «Después de eso, alistarme era simplemente imposible para mí».
Su mensaje a otros jóvenes fue contundente: «Simplemente negáos. En el clima actual, a la luz de lo que estamos viendo en Gaza, hay que resistir».
Otro objetor, B., siguió un camino más inusual. Este joven de 19 años, que se había alistado en la Administración Civil —el organismo militar que gobierna a los palestinos en Cisjordania—, decidió negarse a seguir allí tras ocho meses de servicio y fue condenado a 45 días de prisión.
«Antes de alistarme, había estado en Cisjordania, había conocido a gente y había comprendido la situación allí», recordó B. «Ya entonces me resultaba difícil, realmente no quería alistarme. Pero hablé con algunas personas y me convencieron para que me alistara de todos modos».
Lo que presenció en la base acabó de consolidar su decisión de negarse. «Durante el entrenamiento y sobre el terreno, vi muchas cosas y pensé: ‘Vaya, no puedo seguir formando parte de esto’. Gran parte de ese sentimiento procedía de ver a los demás soldados, cómo hablaban, cómo se comportaban, era gente impulsada por un racismo extremo».
La brutalidad, dijo, era generalizada. «Vi cómo golpeaban a palestinos sin motivo alguno. Los ataban, los dejaban esposados al sol durante 24 horas, boca abajo y de rodillas, sin agua ni comida. Los soldados pasaban por allí y les daban patadas. Me quedé impactado».

Residentes palestinos detenidos en sus tierras privadas por soldados israelíes, en la aldea de Qawawis, en Masafer Yatta, el 19 de abril de 2025. (Omri Eran Vardi/Activestills)
«En mi segundo día, vi a un detenido y pregunté qué había hecho. Me dijeron que ‘no había obedecido a las fuerzas del orden’. Luego vi cómo pateaban a otro. Me dijeron: ‘Se lo merece’. No faltaban casos de ese tenor».
Hay un incidente que aún le persigue. «Un soldado le habló en hebreo a un palestino y, cuando este le respondió en árabe, el soldado le golpeó la cabeza contra la pared y le dijo: ‘Estás en Israel, habla hebreo. Le dije: ‘No te entiende’. Se veían violencias como esa todo el tiempo».
Foto de portada: Jóvenes israelíes queman en Tel Aviv sus órdenes de alistamiento en protesta por el genocidio en Gaza, 15 de julio de 2025. (Oren Ziv)