Impactantes revelaciones desde la Antártida Occidental

Robert Hunziker, CounterPunch.org, 17 julio 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Robert Hunziker (máster en Historia Económica por la Universidad DePaul) es un escritor independiente y periodista medioambiental cuyos artículos se han traducido a varios idiomas y han aparecido en más de 50 periódicos, revistas y sitios de todo el mundo, como Z magazine, European Project on Ocean Acidification, Ecosocialism Canada, Climate Himalaya, Counterpunch, Dissident Voice, Comite Valmy y UK Progressive. Se le ha entrevistado sobre el cambio climático en Pacifica Radio, KPFK, FM90.7, Indymedia On Air y World View Show/UK. Email: rlhunziker@gmail.com.

En la Antártida Occidental están en pleno invierno, pero una amplia zona que debería estar completamente congelada no lo está. ¿Qué está pasando?

La Antártida es el lugar más frío del planeta, donde la temperatura media en invierno es de -34,4 °C, aunque varía según la región. Por ejemplo, en zonas del interior, como el Polo Sur, la temperatura media ronda los -60 °C, mientras que en zonas costeras, como la Península Antártica, oscila entre los -12 °C y los -20 °C.

La zona sufrió recientemente una ola de calor invernal, pero ya ha pasado. Las olas de calor invernales ocurren de vez en cuando, pero el hielo siempre, siempre, siempre se vuelve a congelar, desde que se tiene memoria. Sin embargo, las fotos de satélite del 12 de julio de 2026, tomadas por el Centro de Datos sobre Nieve y Hielo de la Universidad de Colorado en Boulder, muestran que una gran parte de la Antártida Occidental —241.000 kilómetros cuadrados que suelen estar congelados en esta época del año— está, sorprendentemente, ¡libre de hielo! Algo va mal.

Los científicos identifican una delgada vulnerabilidad en la Antártida Occidental

Aún más preocupante que el hecho de que no se vuelva a congelar en pleno invierno es el siguiente titular, publicado en Space Daily el 20 de junio de 2026, que sirve de impactante telón de fondo a las noticias recientes: «Los científicos afirman que la capa de hielo de la Antártida Occidental podría colapsar con un calentamiento adicional muy leve y que la subida de cuatro metros del nivel del mar que se produciría a raíz de ello no podrá detenerse una vez que comience».

«Un estudio de modelización publicado en Communications Earth & Environment en junio de 2025 revelaba que la capa de hielo de la Antártida Occidental podría iniciar un colapso irreversible cuando las temperaturas oceánicas se sitúen entre cero y 0,25°C por encima de los niveles actuales, lo que significa que es posible que ya se haya alcanzado ese umbral», ibíd.

Aun así, nadie sabe con certeza cuándo ni hasta qué punto subirá el nivel del mar, pero la tendencia es clara: ¡va en aumento!

Eso era entonces. Hoy en día, algunas partes de la capa de hielo de la Antártida Occidental ya no vuelven a congelarse. Humm.

La civilización está viviendo actualmente un cambio climático vertiginoso. Esto se refleja en el comportamiento errático del sistema climático. Todo el sistema global se ha vuelto loco, es impredecible y los ecosistemas están amenazados en todas partes. Da la casualidad de que la ciencia ha identificado al principal culpable: el exceso de calor; se trata de las emisiones excesivas de CO₂ procedentes de la quema de combustibles fósiles.

El CO₂ se ha disparado a medida que las empresas petroleras y gasísticas aumentan su producción.

Según análisis de la IA de julio de 2026: «El dióxido de carbono es el principal impulsor del cambio climático. Atrapa el calor, por lo que cuanto más haya en el aire, más se calienta el planeta; de ahí que su concentración sea la cifra más vigilada en la ciencia climática. Casi todo el mundo ha visto el gráfico de esa cifra en ascenso desde la década de 1950. Pero la curva no solo sube, sino que se está volviendo más pronunciada. El aire absorbió más CO₂ en la última década que en cualquier otro periodo de diez años desde que se empezaron a registrar los datos en 1959, y el pasado mes de mayo la media mensual en Mauna Loa alcanzó las 432 partes por millón, la más alta jamás medida».

A los científicos les cuesta aceptar un calentamiento global tan generalizado y tan inesperado que impida que la Antártida vuelva a congelarse en pleno invierno. Ningún modelo científico lo había previsto.

Como preludio, la ciencia sí que había dado algunas pistas en los últimos dos años. Un artículo publicado en Inside Ecology, con fecha del 11 de mayo de 2026, describe los antecedentes: «Antarctic Sea Ice Defied Global Warming for Decades – Now Hidden Ocean Heat is Breaking Through» (El hielo marino antártico desafió el calentamiento global durante décadas; ahora, el calor oculto del océano se está abriendo paso), a saber: «Durante décadas, la Antártida pareció desafiar el calentamiento global. Desde que los satélites comenzaron a monitorizar los polos a finales de la década de 1970, el crecimiento y retroceso estacionales del hielo marino antártico —agua de mar congelada que se expande alrededor del continente cada invierno— parecían notablemente resistentes. A menudo se describía como el ‘latido del planeta’».

La casualidad de «una entre 3,5 millones»

«Desde 2015, el hielo marino antártico ha disminuido drásticamente. En 2023, la extensión del hielo marino invernal cayó a mínimos históricos —tan por debajo de la media a largo plazo que los científicos lo consideraron un acontecimiento con una probabilidad de producirse por casualidad de aproximadamente una entre 3,5 millones», ibíd.

Una probabilidad de «una entre 3,5 millones» exige atención. Esas probabilidades exigen un análisis, una llamada de atención, un presagio de cambio y, efectivamente, tres años después ocurre lo más extraño: el hielo no vuelve a formarse en una región de la Antártida Occidental donde hace un frío brutal.

Hay otros presagios, por ejemplo, el glaciar Hektoria (Antártida) retrocedió 8 kilómetros en solo dos meses; la mitad de la estructura se derrumbó en un tiempo récord. Se trata del colapso de glaciar más rápido jamás registrado, y el mensaje para el mundo es muy claro: parece que el calentamiento global se está adelantando a lo previsto. «Antarctica Just Saw the Fastest Glacier Collapse Ever Recorded» (La Antártida acaba de ser testigo del colapso glaciar más rápido jamás registrado), ScienceDaily, 26 de febrero de 2026)

Otra señal de alerta temprana: «Los investigadores han descubierto docenas de nuevas fugas de metano que salpican el fondo oceánico en la región costera del mar de Ross, en la Antártida, lo que suscita la preocupación de que exista un bucle de retroalimentación climática positiva desconocido que podría acelerar el calentamiento global», una configuración decididamente negativa. «Methane Leaks Multiplying Beneath Antarctic Ocean Spark Fears of Climate Doom Loop» (Las fugas de metano que se multiplican bajo el océano antártico despiertan el temor a un bucle catastrófico climático), LiveScience, 15 de octubre de 2025)

Y más advertencias previas: los científicos polares llevan advirtiendo, con más fervor que nunca, del rápido deterioro de la Antártida, especialmente desde 2024. Sus advertencias, a través de comunicados de prensa, se dirigen al público en general, ya que a los políticos, especialmente a los estadounidenses, les importa bastante poco. Principales advertencias de los científicos desde 2024: (1) Agosto de 2024: el XI Comité Científico de Investigación Antártica, al que asistieron 1.500 científicos. Gino Casassa, glaciólogo y director del Instituto Antártico de Chile, afirmó: «Según las tendencias actuales, el nivel del mar habrá subido 4 metros para el año 2100». Es la primera vez que un científico de alto nivel hace una previsión tan alarmante. (2) En noviembre de 2024, 450 científicos polares convocaron una reunión de emergencia en Australia para hacer un comunicado público: «Si no actuamos, y rápidamente, el deshielo de la Antártida podría provocar un aumento catastrófico del nivel del mar en todo el mundo durante nuestras vidas». Es la primera vez que los científicos polares predicen «un aumento catastrófico del nivel del mar durante nuestra vida». (3) Un estudio publicado en febrero de 2025 en la revista Nature —titulado «Worldwide Glacier Meltdown Underway» (El deshielo mundial de los glaciares ya está en marcha)—, fruto de una investigación de 20 años realizada por 35 equipos internacionales, identificó pérdidas de glaciares terrestres que superan en extensión a Groenlandia y la Antártida, pero que no se recogen en los modelos científicos sobre la subida del nivel del mar; no obstante, describió «pérdidas asombrosas» en los sistemas glaciares terrestres.

Los modelos climáticos no previeron el retroceso de la Antártida Occidental durante la última década. Esto significa que dicho retroceso es especialmente preocupante y sugiere que los acontecimientos podrían estar desarrollándose más rápido de lo que los modelos científicos pueden captar.

En consecuencia, esto es muy importante porque el hielo marino refleja la luz solar de vuelta al espacio; es una de las principales fuentes de albedo (reflectividad) del planeta que ayuda a mantener estable el sistema climático y contribuye a impulsar las corrientes oceánicas que retienen el calor y el carbono en las profundidades del mar. Este cambio repentino acarreará graves consecuencias de largo alcance para el sistema climático y para los ecosistemas de la Antártida, que ya están empezando a mostrar el impacto.

¿Por qué debería importarle a alguien que el hielo marino antártico no vuelva a congelarse? La mayoría de la gente seguramente lo descartará como un problema más del que no hay que preocuparse hoy por hoy. Y eso es comprensible. Pero cuando el salpicadero de sus coches parpadea en rojo, se asustan: tienen que encontrar una estación de servicio inmediatamente o el motor podría congelarse, ¿quién sabe qué está pasando?

De manera similar, la Antártida es el salpicadero del planeta que parpadea en rojo sin cesar.

Nunca se insistirá lo suficiente en el fracaso de las naciones del mundo a la hora de reducir las emisiones de CO₂, tal y como acordaron 195 países en París en 2015. Solo un par de países (Surinam y las islas Marshall), de los 195 signatarios, están cumpliendo los compromisos de París 2015 para reducir las emisiones de CO₂ para 2030. Acordaron reducir las emisiones de CO₂ para 2030 a través de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN), los planes de acción climática fundamentales presentados por los países en el marco del Acuerdo de París de 2015. En 2015, todos ellos (los 195 delegados, sin excepción) reconocieron que las emisiones excesivas de combustibles fósiles constituían un riesgo existencial para la sociedad. Esa realidad sigue vigente, pero la situación es ahora mucho peor, con un calentamiento global sin precedentes debido a unas emisiones de CO₂ que baten todos los récords.

¿Dónde están ahora todos ellos?

Imagen de portada de Cassie Matias.

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