¿Qué significaría para la región que los hutíes tomaran el control de Bab al-Mandeb?

Shady Ibrahim, Middle East Eye, 14 septiembre 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Shady Ibrahim es investigador asociado en el Center for Islam and Global Affairs (CIGA) de la Universidad Sabahattin Zaim de Estambul. X:  @shadyibrahim90.

En la guerra, los movimientos tácticos pueden alcanzar objetivos estratégicos, mientras que las maniobras estratégicas pueden provocar reveses operativos. Esta es quizás la forma más clara de entender las últimas batallas en Yemen, especialmente tras la entrada de las fuerzas hutíes en la ciudad de Moca.

La mentalidad con la que se gestiona una guerra desde una perspectiva regional y estratégica difiere fundamentalmente de aquella que la aborda desde un punto de vista local. Esta puede ser la distinción más importante entre los bandos beligerantes de Yemen, incluidos los hutíes, los grupos respaldados por Arabia Saudí y aquellos que están apoyados por los Emiratos Árabes Unidos.

Moca y las islas cercanas a su costa deben considerarse parte de una batalla por una red de rutas y pasos marítimos, más que simplemente una contienda decisiva por el control de una ciudad dentro de un conflicto de soberanía local respaldado por dos potencias regionales.

La importancia de la ciudad va mucho más allá de su ubicación geográfica o de sus instalaciones portuarias. Abarca la ruta de abastecimiento que conecta Taiz con la costa, la franja costera occidental, los accesos a Dhubab y, en última instancia, el lado yemení del estrecho de Bab al-Mandeb.

El avance corta una de las rutas de abastecimiento más importantes que conectan Taiz y el interior de Yemen con la costa occidental. Esto explica por qué la pérdida de Moca tiene consecuencias militares dentro de Yemen.

A nivel regional, el avance de los hutíes supone una expansión de la influencia iraní y de la de sus aliados. Su capacidad para ejercer presión sobre dos vías navegables estratégicas altera el equilibrio geopolítico, estratégico y militar a favor de Irán frente a EE. UU., Israel y sus aliados.

Lo que se está produciendo es también un colapso organizativo en las líneas operativas de las fuerzas yemeníes respaldadas por Arabia Saudí y sus socios.

La caída de Moca no puede describirse ya como un mero revés táctico para las fuerzas antihúties en la costa occidental. Los posteriores acontecimientos en el campo de batalla —en particular, la llegada de las fuerzas hutíes a Dhubab, que domina directamente el estrecho de Bab al-Mandeb— han transformado la batalla de una contienda por una ciudad y un puerto en una lucha directa por los accesos terrestres y marítimos a una de las rutas marítimas más importantes del mundo.

Consecuencias estratégicas

La caída de Moca es, por lo tanto, un acontecimiento táctico con consecuencias estratégicas, que pone de manifiesto la fragilidad de las fuerzas afiliadas al Ministerio de Defensa de Yemen y de los grupos respaldados por Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.

Aún es demasiado pronto para determinar la trayectoria operativa de la guerra. El avance hutí podría provocar una respuesta contundente por parte de Arabia Saudí, Estados Unidos y, tal vez, Israel. Las fuerzas saudíes ya han llevado a cabo ataques aéreos contra el aeropuerto de Moca.

Por lo tanto, la situación debe analizarse en tres niveles. El primero se refiere al control del territorio y del campo de batalla. El segundo a la capacidad de utilizar el litoral cercano a Bab al-Mandeb como plataforma para amenazar el comercio marítimo, así como para atacar buques de guerra y portaaviones. El tercero al uso de Bab al-Mandeb como moneda de cambio en el enfrentamiento regional más amplio entre Irán y sus adversarios.

Cada nivel ofrece una forma diferente de evaluar las trayectorias locales y regionales de la guerra, y de comprender sus consecuencias tanto desde una perspectiva estratégica como táctica.

Desde el punto de vista operativo, los hutíes han logrado varios objetivos importantes en el campo de batalla. El primero ha sido consolidar el control sobre zonas al sur de Hodeidah que anteriormente parecían vulnerables a perderse. El segundo ha sido debilitar las líneas de suministro entre Taiz y la costa occidental, lo que podría abrir el camino a nuevos avances hacia el interior.

La toma de Moca también supuso la captura de un centro de mando y abastecimiento utilizado por las fuerzas antihúties. El avance hacia la isla de Perim y los accesos directos a Bab al-Mandeb fueron consecuencia de estos logros anteriores, lo que dotó a los hutíes de una mayor capacidad de vigilancia, coacción y proyección de amenazas, incluso sin ejercer un control físico total sobre el tráfico marítimo.

La ofensiva lanzada por el bando anti-hutí formaba parte de una campaña compleja y en múltiples frentes que abarcaba Taiz, Hodeidah, al-Dhale, al-Bayda, Marib, Shabwa y al-Jawf. Su objetivo aparente era agotar a los hutíes e impedir que concentraran sus fuerzas exclusivamente en la costa occidental.

El proyecto «Armed Conflict Location and Event Data» estimó que 276 personas perdieron la vida en los cinco días de escalada que tuvieron lugar entre el 3 y el 7 de septiembre.

Sin embargo, estas operaciones y tácticas pusieron de manifiesto un importante fracaso de Arabia Saudí y sus aliados a la hora de elaborar una estrategia militar coherente, especialmente a nivel regional.

Desde el 7 de octubre de 2023, las capacidades operativas de los hutíes y la precisión de sus ataques han demostrado una eficacia considerable. Pero Arabia Saudí parece no haber asimilado esa lección y, en cambio, ha basado su estrategia en evaluaciones optimistas e inexactas.

La decisión de lanzar la operación contra los hutíes antes de las próximas elecciones en Israel y EE. UU. también sugiere que la dimensión política de la estrategia militar no persigue objetivos claros frente a Irán. El momento elegido coincidió, en cambio, con una mayor cohesión entre EE. UU. e Israel, que parecían más dispuestos a implicarse directamente en Yemen.

La ofensiva también supone una auténtica prueba para el acuerdo de defensa de La Meca, firmado el mes pasado por Arabia Saudí, Turquía y Pakistán.

Poner a prueba el impulso

Si bien el rápido avance hacia Dhubab supone un éxito operativo para Ansar Allah (los hutíes), también plantea al grupo un reto más difícil: si serán capaces de convertir el impulso en el campo de batalla en un control sostenible.

Sus líneas de suministro se alargan a medida que avanzan hacia el sur, mientras que sus posiciones quedan cada vez más expuestas a los ataques aéreos, las operaciones marítimas y los contraataques. Controlar Moca y Dhubab también implica gobernar nuevas zonas, asegurar carreteras, puertos e infraestructuras, y gestionar las relaciones con la población local y las comunidades desplazadas, más allá de limitarse a llevar a cabo una ofensiva militar.

Es probable que los ataques saudíes contra el aeropuerto de Moca tuvieran como objetivo destruir la infraestructura que los hutíes podrían utilizar para concentrar fuerzas, drones y munición.

La retirada de las fuerzas respaldadas por Arabia Saudí de Moca podría haber tenido sentido desde el punto de vista táctico si el objetivo era preservar las fuerzas y reorganizarlas. Sin embargo, sigue siendo costosa tanto política como militarmente, ya que proporcionó a los hutíes un rápido impulso y les permitió desplazar la batalla hacia Bab al-Mandeb.

Uno de los problemas fundamentales es que el bando antihutíes no es una fuerza unificada, sino un conjunto de actores cuyos intereses se solapan sin llegar a alinearse por completo. Incluye a las autoridades reconocidas internacionalmente, las Fuerzas de Resistencia Nacional lideradas por Tareq Saleh, las formaciones con base en Taiz, las fuerzas del sur y varios actores tribales y locales. También incluye a Arabia Saudí y a los Emiratos Árabes Unidos, que mantienen visiones diferentes sobre el Yemen.

Algunas fuerzas se centran en restablecer el Estado central. Otras buscan preservar la autonomía del sur, mientras que otras se preocupan principalmente por los puertos, el litoral y la influencia local.

Cuanto más se acerca la batalla a Bab al-Mandeb, mayores son los costes de estas divisiones.

Por lo tanto, la cuestión decisiva no es solo si las fuerzas antihutíes pueden detener el avance del grupo, sino si son capaces de establecer un mando unificado sobre el terreno capaz de superar las divisiones políticas y la rivalidad entre sus patrocinadores regionales.

Cambio en el equilibrio de poder

La llegada de los hutíes a Dhubab y su avance hacia Bab al-Mandeb amenazan la ruta menos conflictiva de Arabia Saudí para las exportaciones de petróleo, sobre todo teniendo en cuenta que Irán ejerce una influencia significativa sobre el estrecho de Ormuz. Por lo tanto, Riad podría verse obligada a intervenir directamente para evitar verse limitada en ambas vías navegables.

Según un informe publicado por Axios, el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman pidió al presidente de EE. UU., Donald Trump, que lanzara ataques contra los hutíes, pero Trump rechazó una intervención militar directa por el momento. Al parecer, Washington expresó en su lugar su disposición a proporcionar a Arabia Saudí información de inteligencia y datos sobre objetivos.

Esto sugiere que Arabia Saudí desea ampliar el apoyo internacional a sus operaciones, mientras que EE. UU. prefiere limitar su papel a la protección de la libertad de navegación y a la prestación de asistencia no bélica, evitando así la apertura de otro frente directo en Yemen.

La petición de Mohammed bin Salman devuelve, en la práctica, a Arabia Saudí al punto de partida de los primeros días de la guerra de Yemen en 2015. Tras haber aprendido una dura lección cuando la administración Biden utilizó el conflicto en su contra, los saudíes se dan cuenta ahora de que poco ha cambiado; confiar en el apoyo de Trump ya no es una opción.

En consecuencia, los hutíes podrían asestar duros golpes a la infraestructura energética en lo más profundo del territorio saudí, obligándoles a aceptar a regañadientes el statu quo, tal y como ocurrió en el pasado.

Para los Emiratos Árabes Unidos, la caída de Moca supone un golpe directo al modelo en el que invirtieron a lo largo de la costa occidental de Yemen: apoyar a socios locales capaces de proteger los puertos y las rutas marítimas, al tiempo que se enfrentan a los hutíes.

Esto plantea dudas sobre la sostenibilidad de la red de influencia costera que Abu Dabi ha construido, y sobre si las fuerzas vinculadas a ella pueden seguir luchando sin un apoyo financiero y militar sostenido.

Sin embargo, quizá la cuestión más importante se refiera al papel de la ideología a la hora de determinar la eficacia del combate sobre el terreno. Las fuerzas de Saleh han oscilado entre diferentes bandos, lo que las ha dejado fragmentadas y vulnerables frente a un movimiento hutí que posee una visión coherente y un proyecto político regional.

Un peligro mayor

Para Egipto, el avance de los hutíes podría suponer una amenaza casi permanente para el estrecho. Esto podría empujar a más buques a desviarse por el cabo de Buena Esperanza, lo que reduciría el tráfico por el canal de Suez y perjudicaría sus ingresos.

El mayor peligro, sin embargo, radica en la normalización de un entorno de seguridad en el que un grupo paramilitar pueda aumentar los costes de paso, determinar qué categorías de buques pueden ser objeto de ataques e imponer riesgos en constante cambio a los flujos comerciales y energéticos.

Aunque los hutíes insistan en que no se atacará a los buques que no tengan relación con Arabia Saudí, las empresas navieras y aseguradoras basan sus decisiones en los niveles de riesgo, y no únicamente en garantías políticas.

Para Irán, por el contrario, el avance de los hutíes representa una ventaja estratégica, aunque Teherán no haya dirigido directamente la operación. Contar con una fuerza aliada en la costa de Bab al-Mandeb, junto con la capacidad de Irán para interrumpir el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz, proporciona a Teherán un medio para ejercer presión en ambos extremos de la península arábiga.

Irán puede, por tanto, beneficiarse de la presión ejercida por los hutíes, sin asumir la responsabilidad directa de cerrar el estrecho ni de desplegar fuerzas convencionales en la zona.

Tras la caída de Moca, el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní instó a Arabia Saudí a poner fin a su bloqueo de las zonas controladas por los hutíes y a volver a las negociaciones. Esto refleja el enfoque más amplio de Irán: asegurar y consolidar las ventajas estratégicas, sin entrar en una guerra abierta, lo que le permite preservar lo que ha logrado mientras se prepara para la siguiente fase del enfrentamiento.

Todo ello tendrá consecuencias negativas para una economía internacional que ya se enfrenta a la inflación y a graves crisis.

La pérdida de Bab al-Mandeb crearía un importante cuello de botella geopolítico, lo que provocaría un aumento de los precios de la energía, retrasaría las exportaciones de petróleo y gas, incrementaría las primas de los seguros marítimos, obligaría a los buques a desviarse por el cabo de Buena Esperanza y perturbaría las cadenas de suministro y el comercio de contenedores.

Foto de portada: Buques portacontenedores fondeados cerca del estrecho de Bab al-Mandeb el 6 de agosto de 2026. (AFP)

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