La guerra contra la juventud en la era de la política fascista (en EE. UU. y bastantes lugares más…)

Henry Giroux, CounterPunch, 13 mayo 2022

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Henry A. Giroux es actualmente titular de la Cátedra de Becas de Interés Público en el Departamento de Estudios Ingleses y Culturales de la Universidad McMaster, y es becario distinguido Paulo Freire en Pedagogía Crítica. Sus libros más recientes son America’s Education Deficit and the War on Youth (Monthly Review Press, 2013), Neoliberalism’s War on Higher Education (Haymarket Press, 2014), The Public in Peril: Trump and the Menace of American Authoritarianism (Routledge, 2018),  American Nighmare: Facing the Challenge of Fascism (City Lights, 2018), On Critical Pedagogy, 2ª edición (Bloomsbury), y Race, Politics, and Pandemic Pedagogy: Education in a Time of Crisis (Bloomsbury 2021). Su página web es www.henryagiroux.com.

La juventud bajo asedio

Uno de los registros más importantes para medir la salud democrática de una sociedad se refleja en cómo trata a su juventud. Según cualquier criterio actual, que incluye desde la calidad de las escuelas públicas hasta las leyes que protegen la salud y el bienestar de los jóvenes, Estados Unidos está fracasando estrepitosamente. Los jóvenes, especialmente los de color, no solo son considerados como un lastre, sino que cada vez se criminaliza más gran parte de su comportamiento.  Cuando los jóvenes son sometidos de forma implacable y despiadada a fuerzas que los mercantilizan, los criminalizan, los castigan y los consideran indignos de recibir una educación crítica y significativa, es un mal presagio para la nación en su conjunto.  Por supuesto, este ataque a la juventud no es nuevo.

En la década de 1970 se consideraba que los jóvenes eran depredadores y peligrosos, y en las generaciones siguientes se les marginó, aterrorizó y excluyó del contrato social [1]. Estados Unidos es uno de los pocos países del mundo que mete a los niños en prisiones de máxima seguridad, los juzga como adultos, los encarcela durante periodos de tiempo excepcionalmente largos, los define como «superdepredadores», los rocía con gas pimienta por participar en protestas pacíficas y los describe como «bombas de relojería para adolescentes» [2]. Más recientemente se ha informado de que cientos de niños nativos americanos en Estados Unidos, y aún más niños indígenas en Canadá en las escuelas del gobierno y de las reservas, no solo fueron separados de sus familias, sino que también sufrieron abusos físicos, emocionales y sexuales. Muchos otros murieron en estas fábricas genocidas y fueron enterrados en tumbas sin nombre. El legado de la violencia contra los niños de color es profundo en Estados Unidos [3]. Considerados como una inversión a largo plazo, son definidos bajo el neoliberalismo como un lastre económico y una fuga de recursos necesarios para concentrar la riqueza en manos de las clases dirigentes y la élite financiera.

Lo que ha cambiado es que el abanico de leyes y sitios en los que ahora se libra una guerra contra los jóvenes se ha trasladado de las calles a todas las instituciones importantes en las que habitan. Ningún espacio es seguro para los jóvenes desatendidos. Las escuelas para los niños pobres de color son en gran medida un modelo de cárceles; los libros están prohibidos; los profesores están bajo asedio por no suscribir la historia blanqueada; las instituciones públicas son desfinanciadas; los créditos fiscales para los niños pobres son rescatados; la deuda estudiantil excluye el futuro de muchos jóvenes; los supremacistas blancos ahora promulgan leyes contra los jóvenes, especialmente los jóvenes transgénero, cuya orientación sexual e identidad no encajan en una noción blanca y cristiana ortodoxa tanto de la heteronormatividad como de una noción regresiva de quién califica como ciudadano. En estas circunstancias, no es de extrañar que en un informe publicado en la revista médica The Lancet «Estados Unidos se sitúe por debajo de otros 38 países en las mediciones de la supervivencia, salud, educación y nutrición de los niños, y todos los países del mundo tienen niveles de exceso de emisiones de carbono que impedirán a las generaciones más jóvenes un futuro saludable y sostenible» [4].

La desigualdad, la precariedad y la depravación moral están ahora escritas en el ADN de la política estadounidense y los que más sufren esta forma de necropolítica son los jóvenes de color y los jóvenes pobres de la clase trabajadora.  Al quedar fuera del guión de la democracia, los jóvenes están viendo cancelado su futuro. No es de extrañar que una encuesta de 2021 publicada por el Instituto de Política de la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard afirmara que «el 52% de los jóvenes de Estados Unidos cree que la democracia del país tiene ‘problemas’ o es ‘una democracia fallida’. Solo el 7% dijo que la democracia en Estados Unidos es ‘saludable'»[5]. El capitalismo en su registro fascista neoliberal no solo ha definido a los jóvenes como el enemigo, sino que los está preparando para una vida de incertidumbre, estupidez, ignorancia y conformidad.  Y aunque el futuro está abierto y la dominación no es el único registro del poder, nunca ha habido un momento histórico más importante para que los jóvenes se levanten y luchen por una noción de capacidad política, justicia e igualdad que les ofrezca tanto esperanza, como libertad y un sentido de igualdad y justicia.

La desaparición de lo social

La Edad Dorada y su actual mezcla de políticas fascistas ha vuelto con grandes beneficios para los ultrarricos y las grandes instituciones financieras y un creciente empobrecimiento y miseria para las clases medias y trabajadoras. Además, la ignorancia fabricada, el analfabetismo político y el fundamentalismo religioso han acaparado el mercado de la rabia populista, proporcionando apoyo a un país en el que, como señala Robert Reich, «los más ricos se llevan todos los beneficios económicos [y] sobornan habitualmente a los políticos» para que reduzcan sus impuestos y establezcan políticas que eliminen los bienes públicos [6]. Dondequiera que miremos, el actual Partido Republicano, con su dedicación a la supremacía blanca y a la política fascista, está utilizando su autoridad y su poder para socavar el contrato social y la calidad de la justicia, si no la vida misma, para una serie de jóvenes cada vez más marginados de los guiones del poder. De forma descarada y sin disculparse, las élites políticas y empresariales utilizan su poder sin control para desmantelar los servicios públicos, denigrar los bienes públicos como las escuelas, las infraestructuras, los servicios sanitarios y el transporte público. Las pandemias médicas se aceleran ahora a través de pandemias políticas y morales que priorizan el capital sobre las necesidades humanas, la atención sanitaria de calidad y las cuestiones de justicia social [7].

Mientras tanto, el orden social neoliberal adopta los valores despiadados y punitivos del darwinismo económico y la ética de la supervivencia del más fuerte. Al hacerlo, los principales partidos políticos premian a los megabancos, a las industrias financieras ultragrandes, al establishment de la defensa y a las grandes empresas como sus principales beneficiarios.  Sin tener en cuenta las consecuencias para el bien público en general, incluidos los niños, la búsqueda obsesiva de beneficios a corto plazo por parte de los apóstoles del neoliberalismo solo tiene parangón con un esfuerzo agresivo por parte de las élites financieras y políticas gobernantes para privatizar los servicios públicos, desregular la industria financiera y despolitizar el ámbito público a fin de sustituir una economía de mercado por una sociedad de mercado [8].

Revigorizados por la aprobación de los recortes de impuestos para los ultrarricos y los crecientes asaltos a las libertades civiles, los políticos de la derecha que se arrastran en el trumpismo, una Corte Suprema reaccionaria y una serie de gobernadores estatales de derechas han lanzado una guerra continua contra los derechos de las mujeres, el Estado de bienestar, los trabajadores, los estudiantes, la prensa y cualquiera que tenga la temeridad de hablar en contra de tales ataques. Los medios de comunicación controlados por las empresas, especialmente Fox News, junto con fundaciones ricas de derechas como ALEC, la Fundación Bradley y las Fundaciones Koch, están dando forma a políticas que socavan la educación pública, hacen la guerra a los derechos reproductivos de las mujeres y criminalizan a los jóvenes de color [9]. Escondidos tras el manto del equilibrio y el objetivismo, los principales medios de comunicación dudan demasiado a la hora de emitir juicios discriminatorios o de adoptar posturas morales frente a un autoritarismo creciente. Una de las consecuencias es que una política de falsa equivalencia se extiende como un reguero de pólvora entre los liberales. Todos, desde George Packer hasta Margaret Atwood, afirman que la izquierda es tan responsable como la derecha de los actuales ataques a la democracia y de la guerra contra los jóvenes.  Es un argumento extraño y falso que sugiere que la izquierda tiene tanta responsabilidad y poder como el Partido Republicano y su ejército de defensores y seguidores serviles. O que es responsable de aprobar leyes de supresión de votantes, de censurar los libros y la historia en las aulas, de abrazar las teorías de la conspiración, de abogar por la supremacía blanca, de apoyar la teoría del reemplazo de los blancos, de militarizar el planeta, de promover la devastación ecológica, de apoyar la desigualdad agobiante y de priorizar los beneficios sobre la santidad de la vida humana y del planeta. Esta línea de argumentación no solo viola cualquier sentido de responsabilidad ética, sino que también es políticamente falsa y es un código para defender las políticas tóxicas del fascismo neoliberal.

La juventud en la era de la necropolítica

El neoliberalismo sigue imponiendo sin freno sus valores, relaciones sociales y formas de muerte social en todos los aspectos de la vida cívica que afectan a los jóvenes [10]. Como forma de necropolítica, produce un modo de violencia lenta que asesta un golpe mortal al contrato social, especialmente en lo que respecta a la salud pública. Es el ADN del capitalismo de gánsteres, que extiende la destrucción y la muerte por todo Estados Unidos, en ningún lugar más evidente que en la chapuza de los servicios de salud pública en la primera crisis del VIH/SIDA y, más recientemente, en la gestión de la pandemia de la COVID-19. Con respecto a esto último, los Centros para la Prevención y el Control de la Enfermedad (CDC, por sus siglas en inglés) informaron de que «entre el 1 de abril de 2020 y el 30 de junio de 2021, más de 121.000 niños menores de 18 años en Estados Unidos perdieron a uno de sus padres, a un abuelo custodio o a un cuidador que les proporcionaba el hogar y las necesidades básicas, incluyendo el amor, la seguridad y el cuidado diario»[11]. Esta orfandad innecesaria de niños ilustra lo que Achille Mbembe denomina los «mundos de la muerte» producidos por la necropolítica, que equivalen a «un tipo de existencia social en la que vastas poblaciones están sometidas a condiciones de vida que les confieren el estatus de muertos vivientes» [12].  En los «mundos de la muerte» del capitalismo neoliberal, los principios salvajes del mercado tienen prioridad sobre una atención sanitaria significativa para todos y el acceso a las prestaciones sociales básicas.

La necropolítica está ahora impulsada por un Partido Republicano supremacista blanco que desangra el contrato social, el Estado del bienestar y las vidas de los considerados desechables, especialmente los niños.  ¿Cómo explicar si no los intentos del fiscal general de Texas, Ken Paxton, y del gobernador Greg Abbott de criminalizar y aterrorizar a las personas o instituciones que administran tratamientos médicos de afirmación de género a niños transgénero, incluidos sus padres?  Esta cruel ley se introdujo a pesar de que, como ha señalado Chase Strangio: «En diciembre de 2021, el Proyecto Trevor publicó un estudio revisado por pares en el que se constataba que ‘la terapia hormonal de afirmación de género está significativamente relacionada con menores tasas de depresión, pensamientos suicidas e intentos de suicidio entre los jóvenes transgénero y no binarios'»[13]. ¿Qué otro referente podría utilizarse, aparte de la necropolítica, para explicar que el gobernador de Texas, que odia la democracia, esté considerando desafiar una sentencia de 1992 que exige que los estados «ofrezcan una educación pública gratuita de calidad a todos los niños»? «Lo que señalan estos ataques regresivos y reaccionarios contra la juventud es que Estados Unidos se parece ahora a un Estado fallido en el que los gobiernos trabajan para destruir sus propias defensas contra las fuerzas antidemocráticas.

Embriagados por el poder y desprovistos de cualquier responsabilidad por el bienestar público de los niños, los dirigentes del poder blanco del Partido Republicano han abandonado cualquier pretensión de testimonio moral, justicia social y defensa de la democracia. La ignorancia fabricada, la atomización inducida por los medios de comunicación social, la privatización de todo y el colapso de la cultura cívica y el imaginario público han destrozado todas las nociones de sociedad unida por valores compartidos, confianza compartida e instituciones fuertes. La política está ahora militarizada y la cultura se ha convertido en espectáculo; además, la crueldad y la ignorancia de fabricación se han convertido en elementos centrales de la gobernanza [15].

Tras las interminables guerras en todo el mundo, el gobierno de Estados Unidos no ha aprendido nada de su despilfarro en gastos militares y de su adopción de la cultura de la guerra. Ambos partidos políticos facilitan la expansión de un complejo militar-industrial que rodea la tierra con más de 700 bases militares, tiene más armas nucleares que cualquier otro país y tiene un presupuesto de defensa de 778.000 millones de dólares para 2022. Bernie Sanders, que preside el comité presupuestario del Senado, argumenta con razón que «en un momento en el que ya estamos gastando más en el ejército que los siguientes once países juntos, no necesitamos un aumento masivo del presupuesto de defensa”[16]. En el momento actual, la hinchada clase financiera y sus grupos de presión están comprando a los políticos que están muy dispuestos a despilfarrar las arcas públicas en guerras en el extranjero, mientras intentan establecer en todo el mundo zonas de la muerte habitadas por drones, armamento de alta tecnología y ejércitos cada vez más privados [17]. Frenar esa financiación no consiste simplemente en ahorrar dinero, sino también en reorientar esos fondos para abordar una serie de problemas que afectan directamente a los jóvenes. Los republicanos pueden salivar con el aumento del presupuesto de defensa, pero bloquearon la renovación de los pagos del Crédito Fiscal por Hijos mejorado, lo que provocó que 3,2 millones de niños volvieran a caer en la pobreza, especialmente los niños negros y latinos [18]. [Solo un Estado gánster libra una guerra contra los jóvenes al negarse a promulgar programas sociales que no solo les beneficiarían a ellos, especialmente a los más merecedores, sino que también beneficiarían a la sociedad en su conjunto. Los programas sociales dirigidos a los niños son más que una inversión pública, son una responsabilidad moral y política. Como señala Greg Rosalsky:

En los últimos años, los economistas han descubierto todo tipo de beneficios que se derivan del gasto público en los niños, como mejores resultados educativos, menos problemas de salud, menores tasas de delincuencia y encarcelamiento, y mayores ingresos (y pagos de impuestos) cuando los niños se convierten en adultos. Un estudio reciente publicado en una revista económica de primera línea, realizado por los economistas de Harvard Nathaniel Hendren y Ben Sprung-Keyser, analizó el rendimiento de los programas de gasto público. Descubrieron que el gasto social en los niños es mucho más rentable para la sociedad a largo plazo que el gasto en los adultos. La rentabilidad es tan grande que es posible que el gasto público en los niños acabe amortizándose a lo largo de su vida, gracias a las ganancias económicas de los niños y a la reducción del gasto público en ellos a través de otros programas sociales cuando sean mayores [19].

La negativa a abordar la pobreza infantil y otros problemas sociales extiende la guerra contra las drogas, el terror, la delincuencia y las mujeres a la guerra contra los niños. La desigualdad es una lacra impuesta a la juventud estadounidense.  Sin embargo, crece hasta alcanzar proporciones asombrosas bajo el capitalismo gansteril, a pesar de que «las investigaciones han demostrado que la pobreza infantil aumenta las tasas de criminalidad, engrosa los costes de la atención sanitaria, empeora los resultados educativos y reduce nuestra economía en general” [20].  En un momento en el que los problemas de salud mental y los posibles intentos de suicidio aumentan entre los jóvenes, especialmente entre los jóvenes de familias con bajos ingresos, el gobierno no intenta prácticamente abordar el problema crucial de la desigualdad en Estados Unidos [21]. La política se ha militarizado, al igual que el discurso de la responsabilidad social y el bien común han desaparecido del lenguaje de la gobernanza.   

La militarización normaliza la violencia en casa y en el extranjero. Los tiroteos masivos se han convertido en un hecho cotidiano del que apenas se informa [22]. En todo Estados Unidos, la cultura de las armas pone cada vez más armas en manos de los individuos, aproximadamente 390 millones son propiedad de los estadounidenses, a pesar de que las muertes por armas fueron la principal causa de muerte entre los niños estadounidenses en 2020. Como señala el CDC, «el aumento de las muertes relacionadas con armas de fuego entre los estadounidenses de entre uno y 19 años fue parte del aumento general del 33,4% en homicidios con armas de fuego en todo el país»[23]. Se mantiene en jaulas a los niños inmigrantes indocumentados, que a menudo son objeto de violencia y abuso sexual.

El Movimiento del Poder Blanco define ahora a un Partido Republicano que considera a los jóvenes negros y latinos de EE.UU. como elementos de una cultura criminal, sujetos a interminables actos de anarquía y violencia policial [24]. Hay un silencio creciente, a pesar de las muertes de George Floyd y Breonna Taylor, sobre el hecho de que los jóvenes negros son demonizados y criminalizados sin cesar. Demasiada gente mira hacia otro lado ante el hecho de que los jóvenes negros son arrestados de forma desproporcionada en relación con los jóvenes blancos, están enormemente sobrerrepresentados en los centros de detención de menores, tienen «nueve veces más probabilidades que los niños blancos de recibir sentencias de prisiones para adultos» y son suspendidos y expulsados de forma desproporcionada de las escuelas con pocos recursos como resultado de las leyes de tolerancia cero [25]. [Frente a este panorama de violencia contra la juventud, el discurso de la supremacía blanca, el odio y la intolerancia se ha intensificado entre los políticos republicanos, los expertos y la base más amplia del Partido Republicano [26]. Sometidos a la marea de la política fascista, los jóvenes negros y latinos están bajo asedio a medida que la guerra contra la juventud se fortalece como parte de un creciente movimiento contrarrevolucionario en los Estados Unidos [27].

La juventud ocupa ahora un orden social en el que la guerra es glamurosa, incluso cuando ésta se abate destructivamente sobre su existencia cotidiana. Tras la guerra contra el terrorismo, las violentas debacles de Iraq y Afganistán, y la actual fiebre bélica que está surgiendo en torno a la guerra de Ucrania, la militarización ha surgido como un narcótico nacional que favorece un público comatoso, indiferente a un sentido de responsabilidad colectiva, política y social. Las conversaciones sobre la diplomacia en relación con la guerra de Ucrania se han sacrificado en favor de la exigencia de proporcionar más armas, lo que da credibilidad a la noción de que la guerra es el enfoque definitivo y más valioso de la política exterior.

El miedo, la ansiedad de las masas y la atomización social han abierto la puerta a las seducciones del imperio, que ahora proporcionan los saludos, los espectáculos y el alto dramatismo para pasar por alto la violencia depredadora que da forma a la política interna dirigida a la juventud. El autoritarismo se ha convertido en el nuevo defecto del neoliberalismo.   Esto no quiere decir que en esta nueva era de autoritarismo progresivo el consumismo y la obtención de beneficios hayan perdido su poder como principios organizadores de la ciudadanía, si no la propia libertad. La prisión del interés propio sin control y el poder de las feas libertades definidas estrechamente a través del prisma de los intereses individuales siguen proporcionando el andamiaje ideológico del neoliberalismo que permite a los mercados gobernar las relaciones económicas libres de la regulación gubernamental o las consideraciones morales.  Lo que ha cambiado es que el fascismo neoliberal se ha convertido ahora en el punto final de un capitalismo gansteril que ya no puede defenderse y que ahora desvía sus propios fracasos predicando el odio racial, la supremacía blanca, la limpieza racial, y pone en juego una serie de políticas que constituyen una guerra continua contra la juventud.

A medida que un contrato social debilitado se ve sometido a un ataque sostenido, el modelo de la prisión, junto con sus prácticas y mecanismos acelerados de castigo, emerge como una institución central y un modo de gobierno bajo el estado suicida -un hipermodo de castigo se está filtrando consecuentemente en una variedad de instituciones. [Las agencias y los servicios públicos que antes ofrecían alivio y esperanza a los jóvenes desfavorecidos están siendo sustituidos por una presencia policial, junto con otros elementos del sistema de justicia penal [29]. El rostro brutal del Estado policial emergente también se hace evidente en los ataques a los jóvenes negros y a los manifestantes juveniles. Florida y otros estados están introduciendo y aprobando leyes que criminalizan la disidencia y las protestas masivas.  Los medios de comunicación conservadores celebran a los justicieros de derechas, como Kyle Rittenhouse, mientras cada vez más políticos abogan por la violencia en nombre del oportunismo político.

Democracia y juventud en la era de la supremacía blanca

La democracia está con respiración asistida, y la lista de bajas en la guerra para vaciarla de contenido es larga. Estamos asistiendo a la privatización en curso de las escuelas públicas, la atención sanitaria, las prisiones, el transporte, el ejército, las ondas aéreas públicas, las tierras públicas y otros elementos cruciales del patrimonio común, junto con el debilitamiento de nuestras libertades civiles más básicas. En este caso, la privatización no solo entrega los bienes públicos a los intereses salvajes de la élite corporativa, sino que pone dichos bienes en manos de fundamentalistas basados en el mercado que ejercen un control cada vez mayor sobre la producción de identidades, valores, modos de agencia y disidencia en los Estados Unidos. A medida que las esferas públicas dedicadas al bien público se reducen, el lenguaje de la comunidad, los valores públicos y la responsabilidad social desaparecen del imaginario público, al igual que la capacidad de traducir los problemas privados en problemas sociales más amplios desaparece como herramienta básica de la alfabetización cívica. Al mismo tiempo, se ha desatado en el país una impotencia aprendida, ya que la ignorancia, el conformismo y el desprecio por los juicios informados se celebran por encima de la razón. Una plaga de máquinas de desimaginación inunda a los estadounidenses con mentiras y el discurso de expertos que habitan en la zona crepuscular de la ignorancia y el odio racial. Este déficit político y educativo es especialmente perjudicial para los jóvenes, que ya no simbolizan una inversión social crucial y a largo plazo en el futuro.

Desde la década de 1970 se han intensificado las presiones antidemocráticas de los modos de gobierno, la ideología y las políticas neoliberales.  Lo que es particularmente nuevo es la forma en que a los jóvenes se les niega cada vez más cualquier lugar en un contrato social ya debilitado, y el grado en que ya no se les considera centrales en la forma en que Estados Unidos define su futuro. La juventud ya no es el lugar donde la sociedad revela sus sueños, sino donde esconde cada vez más sus pesadillas. Dentro de las narrativas neoliberales, a los jóvenes se les define como un mercado de consumo o una representación de problemas [30]. Están bajo constante vigilancia y viven en el mundo insular de unos medios de comunicación social que hacen menos por informarles que por infantilizarles y aislarles de un público más amplio. El cambio en las representaciones de cómo la sociedad estadounidense habla de los jóvenes traiciona mucho sobre lo que es cada vez más nuevo en el tejido económico, social, cultural y político de la sociedad estadounidense y su creciente desinversión en los jóvenes, el Estado social y la propia democracia [31]. Proteger a los niños de los estragos de la pobreza, de la vigilancia sexual, de la violencia estatal y de las formas de escolarización que adormecen la mente es ahora escandalosamente etiquetado por la derecha como la práctica de los pedófilos.

Este lenguaje está sacado directamente del libro de jugadas fascista, actualizado en el vocabulario y la mentalidad mágica de los zombis de QAnon.  Como observa Michael Bronski, gran parte de los proyectos de ley que se están aprobando contra los jóvenes transgénero representan una manifestación actual de una historia de políticas regresivas y vengativas emprendidas contra la juventud y una serie de logros progresistas [32]. Dicha ley representa un odio descarado y relanzado de la homofobia. Para demostrarlo, cita el caso de Christina Pushaw, una portavoz del gobernador derechista Ron DeSantis de Florida, que tuiteó: «El proyecto de ley que los liberales llaman inexactamente ‘No digas gay’ podría describirse con más precisión como un proyecto de ley contra el grooming» [33]. Escribe que se trata de una «descarada apelación a la homofobia [que se refiere] al mito de que los homosexuales ‘preparan’ o ‘reclutan’ a los niños para que se conviertan en homosexuales y así poder tener sexo con ellos». Rápidamente continuó su tuit inicial con: “Si estás en contra del Proyecto de Ley AntiGrooming, probablemente eres un groomer o al menos no denuncias el grooming de niños de 4 a 8 años. El silencio es complicidad» [34].

Aquí hay algo más que una sórdida demostración de homofobia, también está la lógica de la desechabilidad vestida con la lógica de una noción autoritaria de rectitud moral y la amenaza de violencia y limpieza social.  En nombre de la protección de la juventud, los legisladores republicanos quieren recortar las disposiciones sociales, encarcelar a jóvenes de apenas diez años y encarcelar a menores de edad sin posibilidad de libertad condicional por algunos delitos. Las políticas republicanas de derechas que dicen proteger a los niños no son más que una tapadera para hacer justo lo contrario. Bronski da en el blanco al reclamar:

Los proyectos de ley Don’t Say Gay irrumpen en escena como parte de un conjunto de campañas que pretenden «defender» a los niños. Entre ellas se encuentran los esfuerzos por eliminar los libros sobre raza y sexualidad de las bibliotecas públicas y escolares, por bloquear la enseñanza del Proyecto 1619 y la teoría crítica de la raza, y por interrogar a la candidata al Tribunal Supremo (ahora jueza) Ketanji Brown Jackson sobre si los bebés son racistas. Se suman a los proyectos de ley de los estados, como el de Texas, que prohíben la atención médica a los jóvenes transgénero, que dichas leyes califican legalmente de «abuso infantil» y citan como motivo para que a los padres les retiren la custodia de sus hijos. Estas leyes se basan en los sentimientos preexistentes y en las leyes que prohíben a los atletas transexuales competir en deportes y utilizar los baños acordes con su género. Esto ocurre en el contexto más amplio de un asalto total a los derechos reproductivos: entre ellos se incluyen los intentos de criminalizar la venta y el uso de píldoras abortivas con medicamentos, la criminalización de la ayuda a las mujeres para abortar y la probable derogación de Roe v. Wade. Todo ello bajo la retórica de proteger al «más inocente de todos los seres humanos: el niño no nacido» [35].

Es crucial entender que las guerras culturales de la derecha forman parte de un movimiento contrarrevolucionario más amplio que abraza un pasado en el que una falsa apelación a la inocencia se fusiona con el poder de los extremistas cristianos blancos para reconfigurar la modernidad mediante la imposición de valores bíblicos y los registros de la exclusión, el control y la represión [36]. A medida que se superaban históricamente los males de las leyes sobre el trabajo infantil y otras injusticias, la modernidad reconocía cada vez más que los jóvenes eran una inversión social crucial para desarrollar una democracia sustantiva. Pero la fe aparentemente inquebrantable de la modernidad en los jóvenes ha durado poco con el auge del neoliberalismo y su renombrado fascismo. Las promesas de la modernidad sobre el progreso, la libertad y la esperanza, al menos sus principios más democráticos, no han sido eliminadas; han sido reconfiguradas, despojadas de su potencial emancipador y relegadas a la lógica de un instrumental salvaje de mercado. Al no estar ya calibrada con las promesas de la democracia, la modernidad ha dado paso a considerar a la juventud en general, pero en particular a la que está fuera de las normas bíblicas tradicionales, como una amenaza inminente que hay que disciplinar, despojar de sus derechos y desterrar a esferas de exclusión terminal. Lo que escribí en 2010, Youth in a Suspect Society, es hoy más actual que nunca y vale la pena repetirlo.

Si antes los jóvenes constituían una inversión social en el futuro y simbolizaban la promesa de un mundo mejor, ahora están entrando en otra etapa en la construcción de un orden social global en el que los niños son cada vez más demonizados y criminalizados: sujetos a órdenes aleatorias de cacheos desnudos y a una mayor vigilancia, obligados a prostituirse, vendidos como esclavos infantiles, secuestrados como niños soldados y convertidos en víctimas de otras numerosas formas de violencia. Como objetos de una guerra de baja intensidad sin fin librada por los gobiernos y las corporaciones globales, los jóvenes se definen ahora con los lenguajes de la criminalización y la mercantilización, su existencia diaria se delinea con un estado de emergencia permanente mediado por una mayor explotación económica, la desigualdad de clases y las injusticias raciales [37].

La modernidad ha incumplido sus promesas, aunque fueran falsas o limitadas, a los jóvenes en cuanto a movilidad social, estabilidad y seguridad colectiva. La planificación a largo plazo y las estructuras institucionales que las apoyan están ahora relegadas por los imperativos de la privatización, la desregulación, la flexibilidad y las inversiones a corto plazo. Los lazos sociales han cedido ante el colapso de las protecciones sociales y el Estado de bienestar, al igual que ahora se pone «el énfasis en las soluciones individuales a los problemas producidos socialmente» [38]. Como señaló Sharon Stevens en un contexto histórico diferente, lo que estamos presenciando ahora no es solo la «amplia reestructuración de la modernidad», sino también el efecto que «estos cambios tienen para el concepto de infancia y las condiciones de vida de los niños» [39]. Stevens no se equivoca, pero su lógica es incompleta. A lo que estamos asistiendo es a una guerra fascista contra la juventud y a la muerte de la propia idea de modernidad, ahora vestida con el lenguaje teocrático del mal, los enemigos, la represión, los pedófilos y el fanatismo.

La gravedad de las consecuencias de este cambio de la modernidad bajo el neoliberalismo entre los jóvenes es evidente en el hecho de que ésta es la primera generación en la que la «situación de los marginados puede extenderse hasta abarcar a toda una generación”. Zygmunt Bauman argumentó que los jóvenes de hoy en día han sido «arrojados a una condición de deriva liminar, sin forma de saber si es transitoria o permanente» [41]. Es decir, la generación de jóvenes de principios del siglo XXI no tiene forma de comprender si alguna vez «se liberarán de la sensación de transitoriedad, indefinición y naturaleza provisional de cualquier acuerdo» [42]. «La violencia neoliberal y fascista, producida en parte por el desplazamiento masivo de la riqueza hacia el 1% superior, la creciente desigualdad, el reinado de los servicios financieros, el cierre de las oportunidades educativas, el despojo de beneficios y recursos a los marginados por raza y clase, y el retorno de las leyes Jim Crow, ha producido una generación sin empleo, sin autonomía social y sin los más mínimos beneficios sociales.

Los jóvenes ya no ocupan la esperanza de un lugar protegido que se ofrecía a las generaciones anteriores.  Ahora habitan una noción neoliberal de la temporalidad marcada por la pérdida de fe en el futuro junto con la aparición de narrativas apocalípticas en las que el futuro aparece indeterminado, sombrío e inseguro. El tiempo ya no es un lujo, sino una privación ligada a la estranguladora lucha por la supervivencia.  Las expectativas elevadas y las visiones progresistas palidecen y se hacen añicos al lado de la normalización de las políticas gubernamentales impulsadas por el mercado que acaban con las pensiones, eliminan la asistencia sanitaria de calidad, aumentan las matrículas universitarias y producen un duro mundo de deudas y trabajo a tiempo parcial, mientras dan millones a los bancos y al ejército. Los estudiantes, en particular, se encuentran ahora en un mundo en el que las grandes expectativas han sido sustituidas por esperanzas frustradas. Las promesas de la educación superior y las credenciales antes envidiables se han convertido en la estafa de la realización, ya que: «Por primera vez en la memoria, toda la clase de graduados se enfrenta a una alta probabilidad, casi la certeza, de empleos ad hoc, temporales, inseguros y a tiempo parcial, pseudoempleos de ‘aprendiz’ no remunerados y engañosamente rebautizados como ‘prácticas’, todo ello considerablemente por debajo de las habilidades que han adquirido y eones por debajo del nivel de sus expectativas”. Nada ha preparado a esta generación para el nuevo mundo inhóspito y salvaje de la mercantilización, la privatización, el desempleo, las esperanzas frustradas, la legitimación de la limpieza racial y los proyectos que nacen muertos [44]. La generación actual ha nacido en una sociedad de consumidores de usar y tirar en la que el lenguaje, las relaciones sociales, los bienes públicos y los jóvenes están cada vez más militarizados, privatizados y alejados de cualquier noción de bien común.

Las estructuras ideológicas e institucionales del neoliberalismo no solo desinvierten en los jóvenes, sino que transforman el espacio protegido de la infancia en una zona de exclusión y crueldad disciplinaria. Muchos jóvenes son ahora considerados desechables, obligados a habitar «zonas de abandono social» que se extienden desde las malas escuelas hasta los abultados centros de detención y las prisiones [45]. En medio del auge del Estado punitivo, los circuitos de represión, vigilancia y desechabilidad del Estado «vinculan cada vez más el destino de negros, latinos, nativos americanos, blancos pobres y asiáticos americanos» que ahora están atrapados en un complejo juvenil de gobierno a través del crimen, que ahora sirve como solución por defecto a los principales problemas sociales [46.] Los gobernadores republicanos han ampliado el vicio del terror y la violencia dirigida a los jóvenes. Apoyan la producción masiva de armas, destruyen las instituciones en las que los jóvenes pueden aprender a ser agentes críticos y les imponen limitaciones económicas que les condenan a una vida de inmisericordia sin fin.

Los jóvenes, que ya estaban privados de derechos por su edad, se ven hoy agredidos de un modo totalmente nuevo, porque ahora se enfrentan a un mundo mucho más peligroso que en cualquier otro momento de la historia reciente. No solo viven en un espacio de desamparo social en el que la precariedad y la incertidumbre les impiden tener un futuro seguro, sino que también se encuentran viviendo en una sociedad que busca silenciarlos haciéndolos invisibles, cuando no desechables [47]. Cómo explicar si no la actual guerra contra la juventud transgénero y lo que sugiere para erosionar una serie de libertades civiles que afectan a los jóvenes a menudo considerados excesivos y desechables. Víctimas de una guerra contra la justicia económica, la igualdad y los valores democráticos, a los jóvenes se les dice ahora que no esperen demasiado y que acepten la condición de nómadas «sin estado, sin rostro y sin función», una situación de la que solo ellos tendrán que aceptar la responsabilidad [48]. En el mejor de los casos, se les dice que cada uno debe asumir la responsabilidad de su destino. En el peor de los casos, se les considera improductivos, excesivos y totalmente prescindibles.

La juventud constituye ahora una ausencia presente en cualquier discurso sobre la democracia. Su desaparición es sintomática de una sociedad que se ha vuelto contra sí misma, que castiga a sus hijos y que lo hace con el riesgo de matar a todo el cuerpo político. Bajo el régimen de un despiadado darwinismo económico que hace hincapié en una ética centrada en el ego, en ganar a toda costa, en la guerra contra todos, los conceptos y las prácticas de la comunidad y la solidaridad han sido sustituidos por un mundo de política despiadada, codicia financiera, espectáculos mediáticos y un consumismo rabioso.

La existencia cotidiana de los jóvenes blancos, inmigrantes y de las minorías pobres se ha convertido en una cuestión de supervivencia. Muchos de estos jóvenes ya no se encuentran en las clases de alto o bajo rendimiento, sino que se ven empujados a abandonar la escuela y a ingresar en el sistema de justicia penal juvenil [49]. En estas circunstancias, la desechabilidad de ciertos grupos sociales se convierte en el centro del orden político y social. Hay demasiados jóvenes que no terminan la escuela secundaria y que, en cambio, soportan el peso de un sistema que los deja sin educación y sin trabajo y que, en última instancia, les ofrece una vida de indigencia o prisión, los únicos papeles disponibles para aquellos individuos que no pueden ser productores o consumidores. Cuando los fundamentos materiales de la capacidad y la seguridad desaparecen, los jóvenes se ven reducidos a la condición de productos de desecho que se tiran o se esconden en la industria mundial de residuos humanos.  ¿Cómo explicar, si no, el destino de generaciones de jóvenes, especialmente blancos, morenos y negros pobres, que se encuentran en un país que es líder mundial en encarcelamiento, en el que esos jóvenes son considerados el nexo de la delincuencia?

Tras la guerra contra el terrorismo y el ascenso de un Partido Republicano fascista, los jóvenes se han convertido en el enemigo preferido, elevado a la categoría de amenaza omnipresente para la autoridad dominante. El aumento de la militarización de las fuerzas policiales locales y su creciente uso de la violencia contra los jóvenes manifestantes señalan la amenaza que los jóvenes representan ahora para el aumento del racismo sistémico, la devastación ecológica y la violencia policial. En lugar de educar y educar a los niños, ahora se les somete a torsiones, se les recluye en cárceles peligrosas y se les demoniza para desviar nuestra atención de los verdaderos problemas sociales y sus posibles soluciones. Al mismo tiempo, la sociedad lleva a cabo un ritual de purificación pública mediante la imposición de duras prácticas disciplinarias a sus miembros más vulnerables y a los profesores, funcionarios e instituciones que educan y nutren a la juventud.

El deterioro de la juventud puede ser el reto más serio al que se enfrentan los educadores, los trabajadores sociales, los trabajadores de la juventud y otros en el siglo XXI. Es una lucha que exige una nueva comprensión de la política, que exige que pensemos más allá de lo dado, que imaginemos lo inimaginable y que combinemos los elevados ideales de la democracia con la voluntad de luchar por su realización.  Pero no es una lucha que pueda ganarse a través de luchas individuales o movimientos políticos fragmentados. Exige nuevos modos de solidaridad, nuevas organizaciones políticas y un poderoso movimiento social capaz de unir intereses y grupos políticos diversos. Es una lucha tan educativa como política. Es también una lucha tan necesaria como urgente.  Es una lucha que no debe ser ignorada.

Enfrentar la guerra contra la juventud

Una forma de abordar nuestras visiones intelectuales y morales en colapso con respecto a los jóvenes es imaginar aquellas políticas, valores, oportunidades y relaciones sociales que invocan la responsabilidad de los adultos y refuerzan el imperativo ético de proporcionar a los jóvenes, especialmente a los marginados por raza y clase, las condiciones económicas, sociales y educativas que hacen la vida habitable y el futuro sostenible. Además, esta visión debe superar lo que Alain Badiou ha llamado «crisis de la negación» [50], que es un fracaso de la imaginación, la conciencia histórica y la aversión a las nuevas ideas. El llamamiento a una nueva visión puede encontrarse en las protestas que están llevando a cabo los movimientos Black Lives Matter y otros movimientos de resistencia juvenil en todo el mundo. También hay una larga historia de resistencia en Estados Unidos que puede releerse y de la que se puede aprender como recurso para luchar contra la guerra contra los jóvenes [51]. En el momento histórico actual, lo que se pone de manifiesto en un creciente movimiento mundial de protestas juveniles es un intento audaz de imaginar la posibilidad de otro mundo, un rechazo del momento actual de unidimensionalidad histórica y un rechazo a conformarse con reformas que sean puramente graduales. Como adultos, también está la cuestión de qué responsabilidad tenemos como educadores, profesores, periodistas, artistas y trabajadores sociales para enseñar a los niños sobre la violencia haciéndoles conscientes de dónde viene, cómo funciona y cómo se puede desafiar [52].

Estados Unidos se ha convertido en una sociedad necropolítica organizada en torno a la primacía de los impulsos sádicos, con una violencia generalizada y modos de hipercastigo que funcionan como parte de una cultura de la crueldad que convierte la economía del placer genuino en un modo de sadismo que crea la base para minar la democracia de cualquier sustancia política y vitalidad moral. El capitalismo de gánsteres, en su modalidad de política fascista, devalúa cualquier noción viable de racionalidad, ética y democracia. El pánico moral de alto octanaje, la huida de la responsabilidad cívica, la insensibilidad extrema y la producción implacable de sufrimiento humano se han convertido en los subproductos de una sociedad racista e impulsada por el mercado atrapada en la sombra de un autoritarismo rastrero.

La prevalencia de la injusticia institucionalizada, las legalidades ilegales y la violencia creciente en la sociedad estadounidense sugieren que la única manera de avanzar hacia un futuro viable debe comenzar con una nueva conversación y política que aborde cómo debe ser un mundo verdaderamente justo y equitativo. Vemos el inicio de tal conversación entre una serie de movimientos juveniles que están abordando cómo construir un futuro libre del capitalismo neoliberal. Esto también forma parte de una conversación más amplia infundida por la necesidad de un nuevo lenguaje político que está siendo formulado con gran cuidado y autorreflexión por intelectuales, artistas, trabajadores, sindicatos, padres, educadores, jóvenes y otros cuyas protecciones individuales y derechos sociales están en grave peligro por la amenaza de una política fascista que está extendiendo su veneno por todo el cuerpo político.

Las tendencias fascistas del Estado, con sus aparatos de violencia, se están introduciendo en todos los aspectos de la vida social, dejando claro que demasiados jóvenes y otros marginados por clase, género, raza y etnia han sido abandonados por la pretensión de democracia de Estados Unidos. Una parte sustancial del público estadounidense y todo el Partido Republicano han renunciado a la promesa y a los ideales de una democracia radical, lo que indica una nueva urgencia para el surgimiento de una política colectiva y de movimientos sociales capaces tanto de negar el orden establecido del capitalismo como de imaginar el surgimiento de una sociedad socialista democrática. En estos esfuerzos, la crítica debe fusionarse con un sentido de posibilidades realistas; al mismo tiempo, las luchas individuales y las facciones políticas aisladas deben expandirse en un movimiento social de masas más amplio.

Como mínimo, la opinión pública estadounidense debe a sus hijos y a las generaciones futuras un esfuerzo considerable para desmantelar la maquinaria necropolítica neoliberal de la muerte. Esto es necesario para reclamar el espíritu de un futuro que trabaje para la vida y no para los mundos de muerte del actual autoritarismo. Es hora de que los jóvenes, los educadores, los artistas y otros trabajadores de la cultura conecten los puntos, se eduquen y desarrollen movimientos sociales que no solo reescriban el lenguaje de la democracia sino que pongan en marcha las instituciones y las culturas formativas que lo hagan posible.

Este reto no tendrá lugar si no se hace de la educación el centro de la política, si no se cambia la conciencia de las masas y si no se crean las instituciones y los movimientos sociales que hagan posible estos cambios.  Ante el actual fascismo reforzado, ya no hay lugar para la restricción o la deliberación prolongada. Lo que se necesita es un juicio informado e ideas rigurosas que creen un catalizador para la acción de masas entre trabajadores, artistas, profesores, estudiantes, jóvenes y otros que se niegan a permitir que las oscuras nubes del fascismo asfixien sus esperanzas y posibilidades de imaginar un orden social diferente. Haríamos bien en prestar atención a las palabras de James Baldwin en The Fire Next Time cuando escribe: «El mar se levanta, la luz falla, los amantes se aferran unos a otros y los niños se aferran a nosotros. En el momento en que dejamos de abrazarnos, en el momento en que rompemos la fe entre nosotros, el mar nos engulle y la luz se apaga».  Las luces son cada vez más tenues, pero la chispa de la resistencia está siempre lista para encender un fuego que nos saque de la oscuridad.

Notas:

[1] See more recently, Jeffrey St. Clair, “The Origins of America’s Vicious War on its Own Kids,” Counterpunch (May 1, 2022). Online: https://www.counterpunch.org/2022/05/01/the-origins-of-americas-vicious-war-on-its-own-kids-2/; see also Henry A. Giroux, Youth in a Suspect Society (New York: Palgrave 2010); Henry A. Giroux, The Abandoned Generation (New York: Palgrave, 2003).

[2]. Anne-Marie Cusac, Cruel and Unusual: The Culture of Punishment in America (New Haven: Yale University Press, 2009), p. 175.

[3] Mark Walker, “Report Catalogs Abuse of Native American Children at Former Government Schools,” New York Times (May 11, 2022).

Online: https://www.nytimes.com/2022/05/11/us/politics/native-american-children-schools-abuse.html

[4] Jacqueline Howard, “US ranks lower than 38 other countries when it comes to children’s wellbeing, new report says,” CNN Health (February 18, 2020). Online: https://www.cnn.com/2020/02/18/health/children-health-rankings-unicef-who-lancet-report/index.html

[5] Juana Summers, “Young Americans are raising alarms about the state of U.S. democracy in a new poll,” NPR (December 1, 2021). Online: https://www.npr.org/2021/12/01/1060429939/young-americans-are-raising-alarms-about-the-state-of-u-s-democracy-in-a-new-pol

[6]. Robert Reich, “The Fable of the Century,” Robert Reich’s Blog (April 6, 2012), http://robertreich.org/post/20538393444

[7] See, for instance, Henry A. Giroux, Race, Politics, and Pandemic Pedagogy: Education in a Time of Crisis (London: Bloomsbury, 2021).

[8] Colin Crouch, The Strange Non-death of Neoliberalism (London: Polity, 2011).

[9] See, for instance, Anne Nelson, Shadow Network: Media, Money, and the Secret Hub of the Radical Right (London: Bloomsbury, 2021); Jane Mayer, Dark Money: The Hidden History of the Billionaires Behind the Rise of the Radical Right (New York: Anchor, 2017); Nancy MacLean, Democracy in Chains (New York: Viking, 2017).

[10]. Some useful sources on neoliberalism include:  Randy Martin, An Empire of Indifference: American War and the Financial Logic of Risk Management (Durham: Duke University Press, 2007); Naomi Klein, The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism (New York: Knopf, 2007); David Harvey, The Enigma of Capital and the Crisis of Capitalism (New York: Oxford University Press, 2010); and Gerard Dumenil and Dominique Levy, The Crisis of Neoliberalism (Cambridge: Harvard University Press, 2011Henry A. Giroux, Terror of Neoliberalism: Authoritarianism and the Eclipse of Democracy (New York: Routledge, 2018); Wendy Brown, “Introduction,” In The Ruins of Neoliberalism: The Rise of Antidemocratic Politics in the West, (New York: Columbian University Press, 2018); Simon Springer, The Handbook of Neoliberalism (New York: Routledge, 2020); Thomas Piketty, Time for Socialism: Dispatches from a World on Fire, 2016-2021Century (New Haven: Yale, 2021).

[11] Press Release, “the Hidden U.S. COVID-19 Pandemic: Orphaned children—More than 140,000 US Children Lost a Primary or Secondary Caregiver Due to the CoVID-19 Pandemic,” CDC Newsroom (October 7, 2021). Online: https://www.cdc.gov/media/releases/2021/p1007-covid-19-orphaned-children.html

[12] Achille Mbembe, Necropolitics (Durham: Duke University Press, 2019), p. 92.

[13] Chase Strangio, “Texas Is Terrorizing Trans Youth,” The Nation (February 24, 2022). Online: https://www.thenation.com/article/activism/texas-gender-affirming-care/

[14] Julia Conley, “Texas GOP Governor Considers Challenging 1982 Ruling Requiring Free Public Education,” CommonDreams (May 5, 2022). Online: https://www.commondreams.org/news/2022/05/05/texas-gop-governor-considers-challenging-1982-ruling-requiring-free-public-education?utm_source=weekly_newsletter&utm_medium=Email&utm_campaign=weekly_newsletter

[15] Jonathan Haidt, “Why the Past 10 Years of American Life Have Been Uniquely Stupid,” The Atlantic (April 11, 2022). Online: https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2022/05/social-media-democracy-trust-babel/629369/

[16] Joan E. Greve, “Biden’s record defense budget draws progressive ire over spending priorities,” The Guardian (April 3, 2022). Online: https://www.theguardian.com/us-news/2022/apr/03/biden-record-defense-budget-progressive-spending-priorities

[17]. Bill Moyers and Michael Winship, “The Best Congress the Banks’ Money Can Buy,” CommonDreams.org (April 6, 2012), http://www.commondreams.org/view/2012/04/06?print

[18] Isaac Chotiner, “The Devastating Effects of Losing the Child Tax Credit,” The New Yorker (March 4, 2022). Online: https://www.newyorker.com/news/q-and-a/the-devastating-effects-of-losing-the-child-tax-credit

[19] Greg Rosalsky, “Why America Has Been So Stingy In Fighting Child Poverty,” NPR (February 22, 2022).

Online: https://www.npr.org/sections/money/2022/02/22/1081373489/why-america-has-been-so-stingy-in-fighting-child-poverty

[20] Nate Golden, “Child poverty is not just a moral failure, it’s a policy choice,” The Baltimore Sun (April 28, 2022). Online: https://www.baltimoresun.com/opinion/op-ed/bs-ed-op-0502-child-poverty-credit-20220428-yiaeho5fbfaaxdyht53imjs7ji-story.html

[21] Jonathan Miles, “Can child poverty stimulate mental health disorders in adulthood? Open Access Government (February 10, 2022). Online: https://www.openaccessgovernment.org/child-poverty-mental-health/129395/

[22] Mark Follman, Trigger Points: Inside the Mission to Stop Mass Shootings in America (New York: Dey Street Books, 2022).

[23] Editorial “Gun deaths were the leading killer of US children in 2020.” BBC News (April 22, 2022). Online: https://www.bbc.com/news/world-us-canada-61192975

[24] Policy Platform, “End the war on black youth,” M4BL (March 2022). Online: https://m4bl.org/policy-platforms/end-the-war-on-black-youth/. See also Alex S. Vitale, The End of Policing (New York: Verso, 2018).

[25] Policy Platform, “End the war on black youth,” M4BL (March 2022). Online: https://m4bl.org/policy-platforms/end-the-war-on-black-youth/

[26] Ibid.

[27] Henry A. Giroux, Pedagogy of Protest (London: Bloomsbury, 2022).

[28]. Anne-Marie Cusac, Cruel and Unusual: The Culture of Punishment in America (New Haven: Yale University Press, 2009).

[29]. There are a number of important books that address this issue. See, Angela Y. Davis, Gina Dent, Erica R. Meiners, and Beth E. Richie, Abolition. Feminism. Now. (Chicago: Haymarket Press, 2022); Elizabeth Hinton, America on Fire (New York: Liveright Publishing, 2021); Michelle Alexander, The New Jim Crow: Mass Incarceration in the Age of Colorblindness (New York: The New Press, 2010).

[30]  These themes are taken up in Lawrence Grossberg, Caught In the Crossfire: Kids, Politics, and America’s Future, (Boulder: Paradigm Publishers, 2005); Henry A. Giroux, Youth in a Suspect Society (New York: Routledge, 2009).

[31] See, for example, Jean and John Comaroff, “Reflections of Youth, from the Past to the Postcolony,” Frontiers of Capital: Ethnographic Reflections on The New Economy, ed. Melissa S. Fisher and Greg Downey, (Durham, NC:  Duke University Press, 2006) pp. 267-281

[32] Michael Bronski, “Grooming and the Christian politics of innocence.” Boston Review [May 3, 2022]. Online :

[33] Ibid.

[34] Ibid.

[35] Ibid.

[36] I take up this issue of a resurgent counterrevolutionary politics in Insurrections: Education and the Challenge of Revolutionary Politics(London: Bloomsbury, in press).

[37] Henry A. Giroux, Youth in a Suspect Society (New York: Routledge, 2010).

[38] Zygmunt Bauman, Liquid Times: Living in an Age of Uncertainty (Cambridge: Polity Press, 2007), p. 14.

[39] Sharon Stephens, ed., Children and The politics of Culture, (Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1995), p. 19.

[40] Zygmunt Bauman, “Downward mobility is now a reality,” The Guardian (May 31, 2012). Online http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2012/may/31/downward-mobility-europe-young-people; Bauman develops this theme in detail in both Zygmunt Bauman, On Education, (Cambridge, UK: Polity Press, 2012) and Zygmunt Bauman, This Is Not A Diary, (Cambridge, UK: Polity Press, 2012).

[41]. Zygmunt Bauman, Wasted Lives (London: Polity, 2004), p. 76.

[42]. Ibid. p. 76.

[43]  Zygmunt Bauman, On Education (Cambridge: Polity Press, 2012), p. 47.

[44] Ibid. Bauman, On Education, p. 47.

[45]. I have borrowed the term “zones of social abandonment” from Joäo Biehl, Vita: Life in a Zone of Social Abandonment (Berkeley: University of California Press, 2005); see also Henry A. Giroux, Disposable Youth (New York: Routledge, 2012) and Michelle Alexander, The New Jim Crow (New York: The Free Press, 2012).

[46] Angela Y. Davis, “State of Emergency,” in Manning Marable, Keesha Middlemass and Ian Steinberg, Eds.  Racializing Justice, Disenfranchising Lives (New York: Palgrave, 2007), p. 324.

[47] See Brad Evans and Henry A. Giroux, Disposable Futures: The Seduction of Violence in the Age of Spectacle (San Francisco: City Lights, 2015).

[48]. Zygmunt Bauman, Wasted Lives (London: Polity Press, 2004), pp. 76-77.

[49].  Carl Suddler, Presumed Criminal: Black Youth and the Justice System in Postwar New York (New York: NYU Press, 2020); Kristin Henning, The Rage of Innocence: How America Criminalizes Black Youth  ((New York: Pantheon, 2021); Henry A. Giroux, Youth in a Suspect Society: Democracy or Disposability? (New York: Palgrave, 2010).

[50] John Van Houdt, “The Crisis of Negation: An Interview with Alain Badiou,” Continent 1:4 (2011), http://continentcontinent.cc/index.php/continent/article/viewArticle

[51] Robin D. G. Kelley, Freedom Dreams: The Black Radical Imagination (Boston: Beacon Press, 2022) and Robin D. G. Kelley, Black Bodies Swinging: A Historical Autopsy (New York: Metropolitan Books, 2023).

[52] See Brad Evans, “How Should we Educate Children About Violence.” Journal for Critical Education (forthcoming Spring 2022).

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