De cómo resisten los palestinos la desesperación existencial

Awad Abdelfattah, Middle East Eye, 2 abril 2025

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Awad Abdelfattah escribe sobre cuestiones políticas. Fue secretario general del partido Balad. Ahora es coordinador de la campaña Un Estado Democrático, con sede en Haifa, creada a finales de 2017.

En tiempos de graves crisis humanitarias, ya sean naturales o provocadas por el hombre, suelen surgir profundas preguntas y dudas sobre el sentido de la vida. Estas preguntas pesan mucho sobre los individuos y las comunidades, especialmente cuando la salvación no parece vislumbrarse en el horizonte.

En la Europa del siglo XIX, el avance del pensamiento político y la noción de gobierno democrático fomentaron una atmósfera de optimismo y sueños ambiciosos. Pero esta transformación no tardó en toparse con los horrores de la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.

Estos conflictos consumieron millones de vidas y devastaron las sociedades, tanto física como espiritualmente. La destrucción generalizada sacudió profundamente los logros de la modernidad, provocando el resurgimiento de las cuestiones existenciales en la filosofía, la literatura y el arte: una reconsideración de la naturaleza humana y del alma.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las amplias reevaluaciones condujeron al establecimiento de nuevos fundamentos para las relaciones internacionales. Tras el Holocausto, se promulgó la Declaración Universal de los Derechos Humanos junto con leyes mundiales destinadas a prevenir el genocidio. La matanza de millones de judíos por la Alemania nazi impulsó el lema: «Nunca más».

Es a la vez asombroso y aterrador que las mismas naciones y grupos que establecieron estos principios estén repitiendo ahora su propia historia oscura en toda Palestina. En Gaza, estamos siendo testigos de un genocidio sistemático y de una estrategia deliberada para borrar a todo un pueblo.

Con su complicidad en la limpieza étnica de Israel, las naciones occidentales están recordando a las nuevas generaciones los cimientos sobre los que se construyeron estos países: el exterminio y la eliminación de los pueblos indígenas. Están reafirmando su mentalidad supremacista y racista profundamente arraigada.

Esta dolorosa realidad es precisamente lo que empuja a la gente de nuevo a una espiral de desesperación existencial. También plantea un profundo dilema: ¿cómo se puede sobrevivir en un mundo así, y existe algún marco ético capaz de evitar el colapso interno total?

Salvajismo indescriptible

Para muchas personas, la fe proporciona una fuerte inmunidad contra esta cuestión y las dudas que puede provocar. La fe proporciona sentido y refugio; lo mismo cabe decir de las personas comprometidas con causas humanitarias o liberacionistas, ya sean religiosas o laicas.

Aun así, las preguntas existenciales pueden salir a la superficie cuando las personas ven agotadas sus reservas internas de resiliencia. Se trata de una experiencia natural y profundamente humana.

En Gaza, la resistencia de un pueblo que ha soportado un año y medio de genocidio brutalmente ejecutado por Israel está siendo poco menos que legendaria. Cuando los habitantes de Gaza cuestionan el mundo que les rodea, su atención se centra principalmente en el estado de la humanidad: en quienes gobiernan los imperios imperialistas y genocidas, y en los regímenes árabes sometidos al poder occidental.

En esta era de consumismo, codicia y poder opresor, puede que no haya ningún pueblo en la tierra con la misma asombrosa capacidad de resistencia que el pueblo palestino. Sin embargo, muchos palestinos nos implorarían que no los viéramos como héroes, sino como seres humanos corrientes a los que no les queda más refugio que la fe y la firmeza.

Lo que realmente necesitan es un apoyo tangible. Los palestinos han soportado innumerables pruebas horribles que han diezmado a generaciones enteras. Su prolongada confrontación con el proyecto colonial sionista ha producido una extensa literatura, algunas de las cuales son profundas y esenciales, mientras que otras obras son poco más que retórica superficial.

Sin embargo, ni siquiera las críticas más radicales y perspicaces han logrado materializarse en un plan estratégico concreto.

Pero la cuestión existencial nunca se ha planteado con la misma intensidad y urgencia que hoy, tanto entre los palestinos como entre sus aliados de todo el mundo. La guerra crea interminables tragedias e historias de sufrimiento. Ante tal devastación, la propia humanidad comienza a marchitarse.

Esta brutal guerra contra Gaza está siendo ejecutada por la fuerza militar más poderosa de la tierra, el despiadado imperio estadounidense y sus aliados, contra una entidad diminuta y empobrecida. Esta indescriptible salvajada está siendo retransmitida en tiempo real, mientras los perpetradores se deleitan con la destrucción de hogares y el exterminio de niños, mujeres y ancianos.

Ante tal barbarie, el mundo se muestra conmocionado y horrorizado, preguntándose: ¿cómo puede ocurrir esto impunemente en el siglo XXI? ¿Cómo es posible que la humanidad, o quienes gobiernan el mundo, no hayan aprendido nada de la historia?

Este terror ante la naturaleza del sistema global y su fundamento sionista ha alimentado un frente civil internacional, que representa una extraordinaria intersección de luchas. Al igual que las generaciones pasadas han triunfado sobre la tragedia, la generación actual, muy atenta a la injusticia, cree en la posibilidad de restablecer la dignidad humana y exigir responsabilidades a los actores violentos.

De este modo, el pueblo palestino y quienes le apoyan en todo el mundo están resistiendo la atracción de la desesperación existencial, mientras forjan una visión liberadora frente a la barbarie más absoluta.

Foto de portada: Un palestino reza el Eid al-Fitr en la histórica mezquita de Omar de la ciudad de Gaza el 30 de marzo de 2025 (Omar al-Qattaa/AFP).

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