Rasha Abou Jalal, Drop Site News, 4 abril 2025
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Rasha Abou Jalal es una periodista de la Franja de Gaza. Trabaja en varios medios de comunicación que cubren temas políticos, humanitarios y sociales palestinos. Es miembro permanente del comité de jueces del premio anual Press House.
Ciudad de Gaza – Nur Al-Abadleh cerró los ojos mientras sostenía la prueba de embarazo, esperando los resultados. En una fría mañana de febrero, se sentía a la vez ansiosa y esperanzada tras cuatro años intentando concebir. Cuando abrió los ojos, unas bandas rosas habían aparecido claramente en la prueba. Corrió hacia su marido con lágrimas de alegría. «Por fin estoy embarazada, Ahmed. Imagínate, voy a ser mamá y tú vas a ser papá», dijo.
Ahmed la abrazó. «Sabía que Dios no nos fallaría», le dijo. «Seremos bendecidos con un niño que llenará nuestro hogar de risas y felicidad».
La euforia de Abadleh se vio rápidamente empañada por la preocupación. La joven, de 24 años, padecía una coagulopatía y su médico le advirtió que tendría que inyectarse heparina, un anticoagulante, todos los días. Sin ella, advirtió el médico, la sangre podría dejar de fluir hacia el feto, poniendo en peligro su embarazo.
«Me comprometí a ponerme la inyección como me indicó el médico», cuenta Abadleh a Drop Site. «Pero ocurrió algo inesperado».
El 2 de marzo, Israel cerró todos los cruces hacia Gaza, cortando todos los suministros de alimentos, combustible y medicinas a más de dos millones de palestinos. La medida se adoptó al día siguiente de que expirara la primera fase del acuerdo de alto el fuego, tras el incumplimiento del mismo por parte de Israel. El bloqueo total es ahora el más largo de los 17 meses de guerra.
Días después de que comenzara el cierre, Abadleh intentó conseguir inyecciones de heparina en hospitales públicos y farmacias privadas, pero no encontró ninguna. «Todos me decían que no había medicamentos», explica. «Les pregunté: ‘¿Qué hago ahora? ¿Debo perder a mi bebé porque Israel ha decidido privarnos del tratamiento?’. Nadie podía responder».
El estado de Abadleh empeoró el 26 de marzo, cuando empezó a sufrir calambres abdominales. Al día siguiente, se despertó con un dolor agudo y temió lo peor. «Sentí que perdía a mi bebé», dijo. Su marido la llevó rápidamente a una clínica privada cercana, pero ya era demasiado tarde: había sufrido un aborto.
«No sólo perdí a mi bebé, también perdí mi sueño. Una parte de mi corazón se ha ido», dice, mirando la cuna que había comprado sólo unas semanas antes. «Soy víctima de una decisión que mató nuestros sueños antes de que nacieran».
La agresión genocida de Israel -incesantes bombardeos aéreos y ataques terrestres, bloqueo total, ataques sistemáticos contra instalaciones médicas y repetidos desplazamientos forzados masivos- ha afectado gravemente a decenas de miles de mujeres embarazadas y a niñas por toda Gaza.
Se dispone de poca información sobre la tasa de supervivencia de los recién nacidos o las complicaciones durante el embarazo, pero en julio de 2024, expertos sanitarios informaron de que la tasa de abortos espontáneos en Gaza había aumentado hasta un 300% desde octubre de 2023. Desde entonces, la escasa atención sanitaria materna disponible en Gaza se ha deteriorado aún más a medida que ha continuado el asalto israelí.
Desde la reanudación de su campaña militar a gran escala el 18 de marzo, tras un periodo de «alto el fuego» de casi dos meses, el ejército israelí ha emitido una serie de órdenes de desplazamiento en zonas de toda Gaza, obligando a más de 280.000 personas a huir de sus hogares y refugios, muchas de ellas recorriendo largas distancias a pie.
Lojain Abu Shanab, de 27 años, caminó tres kilómetros desde su casa en Beit Hanún, en el norte de Gaza, hasta un barrio del oeste de la ciudad el 18 de marzo, lo que le provocó un aborto. «No encontré ningún medio de transporte, así que tuve que escapar a pie», contó Shanab a Drop Site. «Al cabo de unas horas, empecé a sentir fuertes calambres, que se intensificaron con el tiempo hasta que aborté».
El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNPFA, por sus siglas en inglés) afirmó que el bloqueo total que mantiene Israel está creando una escasez crítica de suministros para la salud materna, incluidos medicamentos fundamentales necesarios para el embarazo y para prevenir complicaciones y muertes durante el parto, que afecta a miles de mujeres. Desde el bloqueo del mes pasado, alrededor de 520 bebés han necesitado atención médica avanzada que es cada vez más escasa, señaló el UNPFA.
Zaher Al-Wahidi, jefe del Departamento de Información del Ministerio de Sanidad de Gaza, declaró a Drop Site que la situación humanitaria y sanitaria en Gaza ha alcanzado un «nivel de deterioro sin precedentes, especialmente para las mujeres embarazadas y los niños».
Más de 60.000 mujeres embarazadas sufren desnutrición aguda, lo que pone en peligro sus embarazos y hace que sus fetos corran el riesgo de morir antes de nacer. «Estamos asistiendo a un peligroso aumento del número de niños que sufren desnutrición grave. Alrededor de 3.500 niños penden entre la vida y la muerte, sus frágiles cuerpos son incapaces de soportar la privación prolongada de alimentos y atención médica», declaró Al-Wahidi.
«Continuar con este asedio y bloquear la ayuda médica y alimentaria significa que perderemos más vidas, y la historia registrará que el mundo se mantuvo al margen mientras los niños de Gaza morían de hambre».
El 9 de marzo, Israel también cortó el suministro eléctrico a la única planta desalinizadora que abastece al sur de Gaza, agravando aún más la crisis humanitaria de cientos de miles de palestinos, incluidas las mujeres embarazadas, más vulnerables a los efectos de la deshidratación y la falta de higiene.
Salah Abdul-Ati, director de la Comisión Internacional de Apoyo a los Derechos de los Palestinos (HESD, por sus siglas en inglés), describió la privación de alimentos, agua, medicinas y atención sanitaria a las mujeres embarazadas de Gaza como un «crimen de guerra y una violación flagrante del derecho internacional humanitario» y responsabilizó directamente a Israel, como potencia ocupante, del deterioro de las condiciones de salud de las mujeres embarazadas.
«Israel comete un doble crimen, no sólo al bombardear a civiles y desplazarlos, sino al hacerlos pasar hambre sistemáticamente y privar a las mujeres embarazadas de los derechos sanitarios básicos, poniendo en peligro sus vidas y sus fetos», afirmó Abdul-Ati.
En el campo de refugiados de Nuseirat, en el centro de Gaza, Rana Jaled estaba sentada dentro de su tienda, bebiendo un poco de agua para intentar aliviar su mareo. La mujer, de 28 años, colocó la mano sobre su vientre ligeramente hinchado y susurró: «Aguanta, mi amor, saldremos de esta juntos».
Jaled está embarazada de cuatro meses y espera su primer hijo después de tres años intentando concebir. «He soñado con este niño desde que me casé, pero cada día que pasa siento que lo pierdo lentamente», dijo a Drop Site. «No tengo nada que comer, salvo un poco de pan, y a veces no puedo dormir a causa del hambre».
Hace dos semanas, visitó el hospital tras sentir una fatiga extrema y mareos persistentes. El médico le dijo que estaba gravemente desnutrida y que su feto no crecía adecuadamente por falta de vitaminas.
«Desde que Israel cerró el paso, no he recibido ninguna ayuda alimentaria de las agencias de la ONU que solían distribuirla desde el comienzo de la guerra», dijo Jaled. «No hay carne disponible y los precios de las verduras son desorbitados». Y añadió: «No quiero nada para mí. Sólo quiero que mi bebé nazca sano. Quiero que oiga mi voz y viva como los demás niños. ¿Qué culpa tiene él de que le priven de la vida antes de ver la luz?».
Foto de portada: Rua al-Sindavi, palestina de 24 años embarazada de trillizos en Rafah, Gaza. Sufre desnutrición y anemia extrema debido a la escasez de alimentos en la ciudad, 14 de febrero de 2024 (Abed Zagout/Anadolu vía Getty Images).