¿Es Irán el «principal Estado patrocinador del terrorismo»? (con John Kiriakou)

Chris Hedges, The Chris Hedges Report, 3 abril 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Chris Hedges es un escritor y periodista independiente que trabajó durante casi dos décadas como corresponsal extranjero para The New York Times, la National Public Radio y otros medios en Latinoamérica, Oriente Medio y los Balcanes. Formó parte del equipo de reporteros de The New York Times que ganó un Premio Pulitzer por su cobertura del terrorismo global. Hedges es miembro del Nation Institute y autor de numerosos libros, entre ellos War is a Force That Gives Us Meaning.

(Esta entrevista también está disponible en plataformas de podcast y en Rumble)

Transcripción

Chris Hedges: Un cable del Departamento de Estado firmado por Marco Rubio ha ordenado a los diplomáticos estadounidenses que presionen a los aliados para que designen a la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y a Hizbolá del Líbano como organizaciones terroristas. El cable del 16 de marzo instruía a los diplomáticos estadounidenses a plantear la cuestión a sus homólogos extranjeros antes del 20 de marzo y a coordinarse con funcionarios israelíes. La campaña forma parte del esfuerzo para tachar a Irán de principal patrocinador mundial del terrorismo de Estado por su apoyo a las milicias chiíes en Iraq, a los hutíes en Yemen y a Hizbolá en el Líbano, así como a Hamás en la Palestina ocupada. Pero ¿está Irán, al apoyar a grupos delegados, haciendo algo en lo que Estados Unidos no haya estado participando durante décadas? ¿Y puede siempre clasificarse a los grupos que Irán apoya como organizaciones terroristas? Hamás, que es suní y no chií, no se formó como grupo terrorista. Se creó como parte de la lucha palestina por la liberación cuando los líderes laicos de la Organización para la Liberación de Palestina no cumplieron sus promesas de crear un Estado palestino. Hizbolá tampoco se formó como grupo terrorista. Surgió como fuerza de oposición para luchar contra la ocupación israelí del sur del Líbano entre 1982 y 2000. Los hutíes, por su parte, se levantaron para luchar contra un régimen represivo respaldado por Arabia Saudí en Yemen.

Aunque estos grupos, al igual que todos los grupos de resistencia —incluidas las milicias judías que fundaron el Estado de Israel y el Congreso Nacional Africano—, han llevado a cabo actos de terrorismo, como atentados con bombas, secuestros, asesinatos y secuestros aéreos para alcanzar sus objetivos de liberación, no son estrictamente terroristas ni asesinos nihilistas. A sus ojos, luchan por el fin de la ocupación y por la liberación. ¿En qué se diferencia esto del apoyo estadounidense a organizaciones de intermediarios?

La CIA lleva mucho tiempo financiando y armando a grupos que utilizan el terrorismo como táctica. Las organizaciones cubanas anticastristas financiadas por la CIA, por ejemplo, colocaron una bomba en un avión comercial cubano en 1976 que mató a los 73 pasajeros que iban a bordo. La CIA ayudó a financiar y formar escuadrones de la muerte en Chile, Argentina, El Salvador y Guatemala, y más tarde, durante la guerra de Iraq, armó y entrenó a milicias chiíes de asesinos.

Las organizaciones terroristas de derechas en Italia durante los llamados «Años de Plomo», desde finales de la década de 1960 hasta principios de la de 1980, también contaron con el respaldo de Estados Unidos. Entre 1979 y 1990, Washington prestó apoyo a los rebeldes de la Contra en Nicaragua. Los Contras, que buscaban derrocar al gobierno sandinista de izquierda, llevaron a cabo unos 1.300 ataques terroristas. Estados Unidos también proporcionó una amplia ayuda militar a los militantes sirios que luchaban contra el régimen sirio. Estos grupos islamistas secuestraron y torturaron a periodistas y cooperantes extranjeros, y llevaron a cabo ejecuciones con decapitaciones.

Me acompaña para hablar sobre la designación de Irán como el mayor patrocinador del terrorismo del mundo John Kiriakou. John trabajó para la CIA de 1990 a 2004, primero como analista y más tarde como oficial de operaciones antiterroristas en el extranjero, en Baréin, Atenas y Pakistán. Dirigió una serie de redadas militares contra refugios de Al Qaida en Pakistán, capturando a docenas de sospechosos, incluida la redada de 2002 en la que se capturó a Abu Zubaydah, considerado entonces el tercer miembro más importante de Al Qaida. También fue el primer agente de la CIA en confirmar públicamente que la CIA sometía a los prisioneros a simulacros de ahogamiento y que tal acción constituía tortura.

También confirmó que la tortura era una política oficial del Gobierno de EE. UU. y no una irregularidad cometida por unos pocos agentes rebeldes. Se convirtió en el sexto denunciante procesado en virtud de la Ley de Espionaje por la Administración Obama y fue condenado a dos años y medio de prisión.

Tengo una pregunta, John. ¿Conoces alguna agencia de inteligencia en cualquier parte del mundo que no contrate a individuos o grupos intermediarios que, en mi opinión, encajarían en la definición clásica de terrorismo o de ser un terrorista?

John Kiriakou: Creo que prácticamente todos los países hacen cosas que pueden ser ilegales y a las que otros podrían oponerse. Sin duda, Estados Unidos y sus principales aliados, como el Reino Unido y Francia, por ejemplo, y otros países cercanos a Estados Unidos, han cometido actos, incluso recientemente, que creo que tú, yo o cualquier persona razonable consideraríamos, sin duda, actos de terrorismo.

Chris Hedges: La designación de Irán como el principal patrocinador mundial del terrorismo —y traté de señalar esto en la introducción—, los grupos a los que patrocina no son grupos terroristas nihilistas per se. ¿De dónde viene eso? ¿Puedes comparar a Irán y su apoyo a grupos de intermediarios o «grupos terroristas» con otros países, incluida Arabia Saudí?

John Kiriakou: Claro. En primer lugar, creo que les debemos a los espectadores una definición de terrorismo. La definición de terrorismo generalmente aceptada es el acto de ejercer violencia contra la población civil con el fin de infundir terror con fines políticos. Apoyar a organizaciones de liberación nacional no es un acto de terrorismo. Sencillamente, no lo es. Que estemos de acuerdo o no con eso es otra cuestión, pero no es un acto de terrorismo.

Añadiría que hay aliados cercanos de EE. UU., como Arabia Saudí, por ejemplo, si aplicáramos a los saudíes la misma definición, serían al menos tan culpables como los iraníes. Fíjate en el caos que han provocado los saudíes, por ejemplo, en Yemen. Es incalculable y se ha prolongado durante décadas. Fíjate en lo que ha hecho Estados Unidos. Has mencionado a los rebeldes de la Contra. Ese es un gran ejemplo. Pero fíjate en otros. Fíjate en la junta militar griega, por ejemplo, que llevó a cabo actos de terrorismo contra su propio pueblo. Fíjate en Israel, que ha perpetrado asesinatos en todo el mundo.

De hecho, podríamos incluso señalar al Gobierno de la India por llevar a cabo asesinatos y atentados terroristas en Canadá, llegando incluso a hacer que explotara un 747. Así que, en realidad, la queja que tengo con esta designación de terrorismo es que, como hemos manipulado la definición tantas veces a lo largo de los años, y hemos utilizado esa designación como arma arrojadiza contra países que no nos gustan o cuyas políticas no compartimos, ha perdido todo su sentido incluir a un grupo o a un país en la lista de terroristas. Al final, ya no significa nada.

Chris Hedges: Irán es un régimen muy represivo —una vez me encarcelaron allí y otra vez me deportaron esposado—, pero no parece llevar a cabo la oleada de asesinatos selectivos contra opositores, especialmente fuera de sus fronteras, que lleva a cabo Israel.

John Kiriakou: Cierto. Quiero decir que, en mi opinión, Israel es un ejemplo extremo. Es decir, si eres un oficial militar iraní, un científico nuclear o un empresario que lleva a cabo actividades comerciales con las que el Gobierno de Israel no está de acuerdo, y te encuentras en Viena, Londres o Dubái, por ejemplo, puedes ser fácilmente asesinado por agentes israelíes allí, igual que si estuvieras en el centro de Teherán.

Y hablemos del centro de Teherán. Los israelíes utilizan allí a intermediarios. Recurren a agentes reclutados sobre el terreno para llevar a cabo actos de terrorismo en el centro de Teherán dirigidos contra oficiales militares y científicos.

Chris Hedges: Explica qué es un intermediario.

John Kiriakou: Claro, un intermediario es una persona reclutada para llevar a cabo una acción que proporcione al iniciador de la misma una negación plausible. Así, por ejemplo, si no quieres enviar a un agente del Gobierno israelí, a un oficial de inteligencia israelí a Teherán, porque consideras que el riesgo es demasiado alto, reclutas, digamos, a un refugiado afgano para que lo haga. Puede que lo haga por 100 dólares. O reclutas a alguien que ya está en Irán, tal vez un ciudadano iraní que tiene capacidad para entrar y salir. Quizá reclutes a esa persona en Dubái y la envíes de vuelta a Teherán para llevar a cabo este acto. Pero hay un millón de formas de cometer actos de terrorismo, y los israelíes utilizan muchas de ellas.

Chris Hedges: Hemos apoyado durante mucho tiempo al Mojahedin-e-Khalq, que tenía su base en Iraq, y es un grupo de resistencia antiiraní, pero creo que estaba en la lista de grupos terroristas designados por…

John Kiriakou: Oh, décadas, décadas. Chris, me alegro mucho de que hayas sacado a colación al MEK, porque tengo la sensación de que he sido el único que ha hablado del MEK en los últimos meses y nadie sabe de qué demonios estoy hablando. El MEK, el Mojahedin-e-Khalq, es un grupo terrorista que existe desde los años sesenta. Es más bien una secta que otra cosa. Lo crearon un matrimonio a finales de los años sesenta para llevar a cabo atentados terroristas en Irán. Ahora bien, estos atentados no sólo iban dirigidos contra el sah y los funcionarios de su Gobierno, sino que también hubo atentados contra estadounidenses, contra el embajador estadounidense, por ejemplo, en Teherán, y contra el general de mayor rango del Ejército de los Estados Unidos destinado en Irán, un teniente general.

Chris Hedges: Estoy en lo cierto, John, en que los mataron, ¿verdad?

John Kiriakou: Así es. Los asesinaron. Al menos el embajador fue asesinado. Tienes toda la razón. El Mojahedin-e-Khalq tenía su base en campamentos en las montañas del noreste de Iraq. E incluso Sadam Husein les proporcionó una emisora de radio con la que transmitir su propaganda hacia Irán. Ahora bien, aunque se constituyó como un grupo comunista, en realidad no eran comunistas. Era, como he dicho, más bien una secta. El fundador, Rajavi —no recuerdo su nombre de pila—, desapareció un día, simplemente desapareció, y nunca más se le volvió a ver. Se rumoreaba que su esposa, Miryam Rajavi, lo había asesinado y había hecho que enterraran su cuerpo. Pero, en cualquier caso, ella se hizo cargo de la organización y de inmediato comenzó a trabajar para abrir un canal de comunicación con Occidente.

Fue en 2009, Chris, durante el mandato de Barack Obama, con Hillary Clinton como secretaria de Estado, cuando el Gobierno de EE. UU. decidió retirar al MEK de la lista de organizaciones terroristas. E inmediatamente el MEK fue agasajado en Washington, en Nueva York y en Londres.

Hillary Clinton utilizó su influencia para conseguir que los británicos, los franceses y otros países retiraran al MEK de la lista de organizaciones terroristas. Y luego, los dirigentes del MEK fueron muy astutos al reconocer la necesidad de contratar a poderosos grupos de presión en Washington. Así que contrataron a gente como Rudy Giuliani y Howard Dean, un republicano y un demócrata. Gastaron millones y millones de dólares en el Capitolio tratando de ganarse amigos e influir en la gente, y lo consiguieron. Y así, ahora tenemos a esta terrorista, esta asesina, esta líder de secta, Miriam Rajavi, llegando a Washington y siendo tratada como una heroína. ¿Por qué? Porque odia a los ayatolás. Y nuestro Gobierno odia a los ayatolás. Ahora bien, esto ha dado lugar, en mi opinión, a un problema mayor.

Sabemos que los israelíes han proporcionado una cantidad desmesurada de la llamada «información de inteligencia» al Gobierno de EE. UU. desde el inicio de este conflicto con Irán. Pongo «inteligencia» entre comillas porque, en mi opinión, gran parte de ella es pura invención. Por ejemplo, esa ridícula afirmación de que hay células terroristas iraníes durmientes en ciudades de todo Estados Unidos. No sabría decirte cuántos correos electrónicos he recibido de gente de lugares tan dispares como Cleveland, Ohio, y Honolulu, Hawái, Oklahoma City, Denver y Miami que se preguntan: ¿es cierto que hay células terroristas iraníes infiltradas en mi ciudad? No, no es cierto. Esa fue una mentira que se inventaron los israelíes para convencer al pueblo estadounidense de que teníamos, ante todo, que derrocar a este Gobierno de Teherán.

En segundo lugar, Miriam Rajavi recibe dinero de Israel. Los israelíes presumen de ello en sus medios de comunicación. Miriam Rajavi le dice al Gobierno israelí que el pueblo de Irán está al borde de un levantamiento. Y que todo lo que el Gobierno necesita es un pequeño empujón. Que es un castillo de naipes. Que se derrumbará cuando vuele el primer misil y habrá democracia y todos vivirán felices para siempre. Y cualquiera con dos dedos de frente, cualquiera que haya seguido alguna vez los acontecimientos en Irán, habría podido decir que eso era absurdo, que nada de eso iba a suceder.

Un tercer punto: participé de cerca en la planificación de la guerra de Iraq de 2003, algo de lo que no me siento nada orgulloso. Era el asistente ejecutivo del subdirector de operaciones de la CIA. Una de las cosas que aprendí entonces —bueno, supongo que ya lo sabía, pero lo aprendí de forma definitiva— fue que Estados Unidos, independientemente de sus intenciones, nunca será visto como un libertador. Se le verá como un invasor y un ocupante. Por eso, para el iraní de a pie, es mejor vivir con el sistema que tienen ahora que arriesgarse al caos que inevitablemente conlleva una intervención estadounidense-israelí. Me puedo imaginar lo que piensa el iraní de a pie sobre una intervención conjunta de Estados Unidos e Israel…

Chris Hedges: El objetivo israelí en Irán parece diferente del objetivo estadounidense. Pero ¿quién sabe cuál es el objetivo? No estoy seguro de que Trump lo sepa. Les gustaría que el régimen cambiara, eso sí. Creo que Trump pensó, de forma imprudente, que decapitar a la cúpula del régimen iraní le proporcionaría una situación similar a la de Venezuela. El objetivo israelí es, en realidad, crear un Estado fallido, destruir Irán.

John Kiriakou: Sí…

Chris Hedges: Por supuesto, los israelíes nos instaron también a iniciar la guerra contra Iraq. E Iraq está fracturado en facciones antagónicas. Siria es un Estado fallido. En estos momentos están llevando a cabo una aniquilación similar a la de Gaza en el sur del Líbano. Y parece claro, Netanyahu lleva casi cuatro décadas presionando a favor de la guerra con Irán, que lo que quieren es dividir, destruir, fragmentar, pero sólo el 60% de los iraníes son persas. La gente no sabe que es un país muy diverso étnica y religiosamente. Pero como alguien que has estudiado el terrorismo durante mucho tiempo, son esos Estados fallidos los que realmente engendran grupos terroristas, ¿no es así?

John Kiriakou: Así es. Tienes toda la razón sobre los israelíes. Los israelíes creen que les beneficia que los países vecinos estén sumidos en el caos. Por ejemplo, en Siria, los israelíes se beneficiaron de la guerra interminable que había allí. Siempre he sostenido que más vale malo conocido que bueno por conocer. Y Bashar al-Asad no era una amenaza para Israel.

Pero luego pones al mando a un antiguo cofundador del ISIS, un hombre que fue miembro de Al-Qaida durante mucho tiempo, lo que podría provocar una campaña de persecuciones contra las comunidades minoritarias, ya sean drusas, cristianas o de cualquier otro tipo. ¿Y para quién se supone que eso es mejor?

En Iraq, lo mismo. Los israelíes se sentían amenazados por un gobierno central liderado por Sadam Husein. Se beneficiaron del caos. Su idea era que, si los iraquíes estaban ocupados matándose entre ellos, no supondrían una amenaza para Israel, no amenazarían con matar a israelíes. Vimos cómo ocurrió lo mismo en Libia. Ahora estamos viendo que ocurre lo mismo en Irán. Creo que tienes toda la razón en que lo que los israelíes realmente quieren, al final de todo esto, es un Estado fallido. Quieren ver décadas en las que los iraníes se enfrenten entre sí y se pasen años y años matándose unos a otros.

Chris Hedges: Quiero plantear algo que tú sabes y yo sé, pero que la mayoría de la gente que sigue los temas de Oriente Medio no sabe, y es que, en ciertos momentos cruciales, Irán fue nuestro aliado. Irán tiene una relación muy antagónica con los talibanes. Y cuando las milicias suníes estaban en auge, Irán colaboró con Estados Unidos para apoyar a los grupos chiíes, incluso enviando iraníes armados a Iraq con nuestro beneplácito.

John Kiriakou: Sí, así es exactamente. Y no estamos hablando de la época del sah de Irán. Estamos hablando del Irán posterior al sah. Esto es algo que siempre me ha preocupado mucho. Hemos dejado pasar una oportunidad tras otra en las que podríamos haber cooperado con los iraníes. Podríamos haber cooperado con ellos en la lucha contra el terrorismo, contra la proliferación, incluso contra el narcotráfico.

Te he contado esta historia muchas veces, Chris. Cuando era investigador principal en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, le dije al presidente, el senador John Kerry, que quería ir a Afganistán para realizar un estudio sobre el cultivo de adormidera. Así que volé a la base aérea de Bagram. Me estaban esperando. No les hacía ninguna gracia. Pero les dije que necesitaba volar a Kandahar y luego a la provincia de Helmand, a la capital, Lashkar Gah, para realizar ese estudio. Quería ir a los campos de adormidera. Quería entrevistar a los agricultores. Y los militares estadounidenses allí odiaban la idea. Es la única vez en mi carrera que he hecho valer mi rango ante alguien. Y les dije: «Miren, con el debido respeto, como miembro de alto rango del personal del Congreso, tengo rango de general de brigada, y les ordeno que me lleven en avión a Kandahar y a Lashkar Gah».

Nos subimos al helicóptero y fuimos. Bueno, cuando llegamos a Lashkar Gah, cogimos un par de jeeps y, con un traductor y un equipo de seguridad, nos adentramos en los campos de adormidera y nos topamos con un agricultor de adormidera. Y le hice lo que, en retrospectiva, fue una pregunta muy ingenua. Le pregunté: «¿Por qué cultivas adormidera cuando podrías cultivar cosas con dos cosechas al año, como cebollas, tomates o granadas?».

Se enfadó mucho conmigo. Y me dijo, enfadado: «Los estadounidenses me dijeron en 2001 que si les decía dónde estaban los árabes, podría cultivar toda la adormidera que quisiera». Le pregunté: «¿Qué estadounidenses te dijeron que podías cultivar adormidera?». Y tan pronto como esas palabras salieron de mi boca, mi contacto militar dijo: «Se acabó la reunión. Estamos bajo amenaza», lo cual no era cierto. Me llevó de vuelta al jeep y regresamos a la base. Y luego tuve que volar de vuelta a la base aérea de Bagram. En cualquier caso, volé de vuelta a Washington. Redacté un informe en términos muy contundentes y se lo envié a un amigo mío de la Agencia Antidrogas. Y él me llamó unos días después y me dijo: «Amigo, sabes que nunca vas a conseguir que publiquen esto, ¿verdad?». Y yo le dije: «¿Por qué no?». Y él respondió: «Afganistán produce el 93% de la heroína del mundo. Casi toda esa heroína va a Irán y Rusia. Y queremos que sean adictos a la heroína. Eso debilita sus sociedades». Y, por supuesto, el senador Kerry no iba a permitir que ese informe publicara. Y tuve que descartarlo.

Y aquí estamos ahora, tantos años después. Y no conseguimos controlar nuestro problema con el fentanilo. El fentanilo con el que lidiamos se fabrica en China. ¿Y por qué los chinos no colaboran con nosotros para detenerlo? Porque quieren que seamos adictos al fentanilo. Eso debilita nuestra sociedad.

Así que aquí nos encontramos en una situación en la que, durante décadas, intentamos destruir la sociedad iraní en lugar de tomarnos la molestia de cooperar, en lugar de buscar puntos en común en los que pudiéramos colaborar con ellos y tal vez empezar a mejorar las relaciones, que han sido tan malas desde 1979. En su lugar, optamos por intentar que su población se volviera adicta a la heroína, quizá con la intención de que muchos murieran, colaboramos también con los israelíes para asesinar a sus científicos y líderes militares y simplemente dejamos que se sumieran en un caos que esperábamos durara muchos años.

Chris Hedges: La otra cuestión sobre los asesinatos selectivos —he seguido de cerca los asesinatos y sé que lo que consiguen, inevitablemente, es fortalecer o consolidar a los más radicales, a los más fanáticos, porque el mensaje es: ¿para qué negociar? ¿Para qué hablar? ¿Para qué intentar llegar a acuerdos? Al final te matarán. Y pasas de conocer al Dr. Abdel Aziz Rantisi, uno de los cofundadores de Hamás, y luego, tras su asesinato en 2004, junto con el jeque Yassin, el otro cofundador, conocí a su sucesor, Nizar Rayan, y acabas con Yahya Sinwar. Y esto es inevitablemente cierto, que todas estas campañas de asesinatos selectivos, acaban creando líderes más radicales, y quizá eso es lo que quieren…

John Kiriakou: Exacto.

Chris Hedges: Con tanto asesinato se facilita la aparición de personas mucho más rígidas.

John Kiriakou: Creo que eso es exactamente así. Porque entonces es más fácil atacar políticamente a esas personas y aislarlas. Creo que ese era precisamente el plan. Y otra parte del plan, y esto es algo que se ha trasladado en cierto modo al ámbito del discurso público, es la acusación de que todo aquel que no siga la línea oficial es antisemita.

Tú eres antisemita. Yo soy antisemita. Tucker Carlson es antisemita. Cualquiera que no esté de acuerdo con la línea del Likud o con la línea más a la derecha del gobierno de coalición del Likud es antisemita. Tengo un buen amigo que fue oficial de las Fuerzas Especiales de las FDI, ahora es ciudadano estadounidense y está casado con una estadounidense. Y me contó que, de hecho, en la escuela le enseñaron a acusar automáticamente de antisemitismo a cualquiera que criticara a Israel de cualquier forma, que eso servía para silenciar la disidencia. Pero ahora hemos llegado a un punto en que está empezando a ser contraproducente y la gente ya no se lo traga.

Chris Hedges: ¿Tienes alguna idea, o has oído durante tus años en la CIA, de cuál es la calidad de la inteligencia iraní? ¿Se considera buena o débil, tienes alguna idea?

John Kiriakou: Sí, se considera uno de los servicios menos eficaces. Parte del problema es que les cuesta encontrar una formación decente. Reciben un poco de formación de los rusos. Puede que consigan algo de equipamiento de los chinos, pero eso es todo. El resto se hace, por así decirlo, internamente, y la verdad es que no se les da muy bien.

Chris Hedges: En cuanto a utilizar ese argumento sobre los iraníes —y, por supuesto, esa ha sido una de las razones de las sanciones—, de que Irán es, creo que lo llaman «el mayor patrocinador del terrorismo del mundo», ¿hay otros factores que, en esencia, atenúen ese perfil? No sé si se pueden hacer comparaciones, pero ¿hay formas de situar a Irán en cierta perspectiva teniendo en cuenta otras naciones que apoyan a grupos que consideramos terroristas?

John Kiriakou: Claro. Fijémonos en Pakistán. Una de las misiones más memorables que he tenido en la CIA fue en Pakistán. Me encantó cada minuto que pasé allí. Y disfruté trabajando con los servicios de inteligencia y el ejército pakistaníes. Eso no quiere decir que no apoyen activamente a una miríada de grupos terroristas. Lo hacen.

Siempre he dicho que es como si hubiera dos servicios de inteligencia pakistaníes paralelos. Está la mitad con la que trabajé, todos ellos formados en Sandhurst. Pero luego vas a la sede del ISI y ves a algunos de esos tipos con barbas muy largas, que son los que formaron grupos como Jaish-e-Mohammed o los grupos de liberación de Cachemira. Son los que financiaron los atentados contra el Centro Judío de Bombay y los hoteles occidentales de Bombay. Auténticos terroristas. Pero consideramos que los pakistaníes son nuestros amigos en lo que respecta a Al Qaida y a la lucha contra los talibanes. No importa que ellos mismos crearan a los talibanes. Ahora luchan contra ellos. Y por eso son nuestros amigos.

Chris Hedges: Ese es un punto importante, John, porque los saudíes y los estadounidenses canalizaron, no sé, miles de millones a través del ISI, y el ISI financió conscientemente a los elementos más radicales de los talibanes y se negó a apoyar a los movimientos de resistencia más moderados o democráticos.

John Kiriakou: Exactamente. Y no sólo canalizaron miles de millones de dólares, sino que les proporcionaron armas de última generación para utilizarlas contra el ejército soviético. Eso cambió el rumbo de la guerra, pero luego se quedaron con las armas para utilizarlas finalmente contra nosotros. Así que sí, hay mucha mala planificación. Podríamos decir lo mismo de los indios, en el sentido de que los indios apoyan a sus propios grupos separatistas de Cachemira, grupos extremistas. Y son los indios los que volaron el 747 en Canadá. Son los indios los que llevan a cabo atentados o intentos de atentado contra activistas sij, izquierdistas indios o nacionalistas antihindúes en lugares como Canadá o el Reino Unido. Hay culpa de sobra para todos y ni siquiera voy a entrar a hablar de lo que la CIA hace a diario.

Chris Hedges: Recuerdo haberte entrevistado antes y que hablaste de que, tras los atentados del 11-S, se acabaron las contemplaciones. Es decir, todo lo que la Comisión Church había intentado evitar —los asesinatos, la tortura y todo lo demás— simplemente se esfumó.

John Kiriakou: Así fue, de verdad. Siempre oíamos hablar de esa «edad de oro» de la CIA como pilar de nuestra democracia que respetaba la ley, que comenzó en 1975 con la creación de las comisiones Church y Pike. Y eso, sencillamente, no era cierto. Sí, es cierto que se deshicieron de muchos de los veteranos, de los asesinos, los golpistas, los del programa MK-Ultra, los «Dr. Mengele». Claro, los despidieron en 1975 y 1976, pero luego Ronald Reagan fue elegido presidente en 1980, y todo cambió porque estaba obsesionado con el comunismo y obsesionado con Centroamérica. Y, antes de que te dieras cuenta, la CIA estaba supervisando una guerra secreta en Centroamérica y la cocaína, de alguna manera mágica, se estaba colando en la sociedad estadounidense. Entonces, ¿hubo realmente una edad de oro? Si la hubo, sólo duró un minuto.

Chris Hedges: Pero después del 11-S, ¿no se disparó la tasa de asesinatos por parte de los servicios de inteligencia estadounidenses? ¿Me equivoco?

John Kiriakou: No, tienes toda la razón. Claro que se disparó. Ojalá hubiera una palabra aún más fuerte. La Orden Ejecutiva 12333, firmada por el presidente Ford en 1975, prohibía, entre otras disposiciones, los asesinatos por parte de la CIA. La CIA se dedicó a matar a todo el que no le gustaba hasta 1975. El presidente Ford puso fin a eso. La orden 12333 fue modificada por Ronald Reagan para permitir el asesinato selectivo de cualquier persona que representara un peligro claro e inminente para los Estados Unidos, un ciudadano estadounidense o una instalación estadounidense. La orden 12333 volvió a modificarse pocos días después del 11-S para permitir que la CIA asesinara a opositores a discreción. Y se disparó hasta el punto de que la agencia creó equipos, oficinas formales con una estructura administrativa incluso, un comité de carrera, un comité de ascensos donde tu trabajo consistía en volar por todo el mundo y matar gente.

Y luego se recibía un informe de aptitud que decía: Sí, mató a estas personas, falló con esta otra y no pudo encontrar a aquella. Por ello, en esta ocasión no le vamos a dar el ascenso. Le ascenderemos la próxima vez que mate a las siguientes cinco personas. Esta es la locura que adoptamos en la CIA tras el 11-S.

Chris Hedges: Para terminar con el tema de la guerra con Irán, me gustaría saber qué opinas. Pero teniendo en cuenta que Israel y Estados Unidos han asesinado, incluyendo por supuesto al Líder Supremo, a figuras clave, y antes de eso, en la primera administración Trump, asesinaron a Soleimani, el general. ¿Crees que los iraníes están, en esencia, intentando vengarse?

John Kiriakou: Sí. Es algo en lo que creo que deberíamos pensar. Sabes, Chris, una de las primeras cosas que aprendí en mi formación operativa en la CIA fue cómo manejar lo que se conoce como un «walk-in». Un «walk-in» es alguien que, literalmente, entra desde la calle en una embajada estadounidense y dice: «Tengo información que quiero pasar a la CIA».

Yo solía ser el oficial encargado de los walk-in porque hablo varios idiomas extranjeros. Me ponía un disfraz. Iba a la sala de walk-in, que normalmente estaba fuera de la línea de seguridad. No siempre. Y 95 de cada 100 veces, y soy específico con este 95 porque se han hecho estudios internos. 95 de cada 100 veces, se trataba simplemente de gente loca. La CIA tiene un chip en la cabeza, tienen un mensaje, el líder de Al-Qaida es la reina Isabel, ese tipo de cosas. Solíamos recibir eso todo el tiempo.

Chris Hedges: Sólo quiero interrumpirte porque esa gente siempre acude a los periodistas y quiere que escribas exactamente eso. Para que lo sepas, no eres el único al que acosan esas personas.

John Kiriakou: Era muy frustrante y suponía una gran pérdida de tiempo. Pero hay que tomarse a cada uno de ellos en serio, por si acaso ese fuera el auténtico. Ahora bien, respecto al otro 5%, algunos son lo que llamábamos «corredores de inteligencia», que realmente tienen alguna información valiosa y te la dan a cambio de, por ejemplo, 500 dólares. Pero luego van a la embajada británica y se la venden también a ellos, y a la embajada francesa y a la china y a los rusos, y se lo venderán a todos ellos. Y eso equivale al sueldo de un mes. Y esa semana les va bastante bien.

Algunos son auténticos. Normalmente, uno de cada cien, quizá menos de uno de cada cien es auténtico. Un científico nuclear, un agente de inteligencia, un alto mando militar. Pero luego el otro uno de cada cien se denomina «sonda de inteligencia». Se trata de alguien enviado por los rusos, los chinos, los norcoreanos, los iraníes, Hizbolá o Al Qaida. Vienen fingiendo que quieren ser un «walk-in», pero en realidad están observando dónde están las cámaras, qué parte del cristal es a prueba de balas o de bombas, cuánto pesa la puerta, si está blindada, hasta dónde pueden llegar dentro de la embajada, cuántas personas con las que se cruzan llevan armas cortas, y recopilan esta información en sus bases de datos por si acaso necesitan atacar a Estados Unidos. Esto les ayuda a identificar el eslabón débil de la cadena. Así, por ejemplo, en Pakistán, alguien que se presenta sin cita previa nunca podría acercarse a la embajada propiamente dicha. Hay una pequeña caseta en el aparcamiento y nos reunimos con esa persona allí mismo. Pero había algunas embajadas en las que trabajé donde les recibíamos directamente dentro del edificio.

En una ocasión, nos reunimos con personas que se presentaron sin cita previa en el MSG, la sala de uniformes de la Guardia de Seguridad Marina, con las armas en sus soportes colgados en la pared, lo cual me pareció una locura. Pero ellos saben que, bueno, si Estados Unidos ataca, digamos a Irán en este ejemplo, saben que la embajada estadounidense en el país XYZ es un punto débil, y esa es precisamente la embajada a la que van a atacar.

Chris Hedges: ¿Crees que, quiero decir, es una especie de «por cada reacción, hay otra reacción»? Estoy seguro de que el genocidio en Gaza acabará generando lo que llamamos terrorismo. Esos militantes palestinos no tienen fuerza aérea. No tienen la capacidad de llevar a cabo lo que consideraríamos terrorismo de Estado. Me pregunto si ves que eso se avecina con respecto a Irán.

John Kiriakou: Sí. Si yo fuera un líder iraní o un oficial de inteligencia iraní, estaría tramando mi venganza desde este mismo momento. Sí. Y como dije hace un momento, no hay células durmientes iraníes en Estados Unidos. No necesitan tener células durmientes. Necesitan tener una célula en un país o una ciudad donde Estados Unidos tenga intereses diplomáticos, por ejemplo. Hay una enorme población iraní en Dubái. ¿Hay una célula iraní en Dubái? Probablemente. Supongo que la habrá. Y si fuera iraní yo querría atacar un interés estadounidense en Dubái, o en Islamabad, o en Manila, o en algún lugar donde fuera menos probable que estuviera protegido.

Chris Hedges: Bueno, creo que, en toda la región, muchos chiíes —sin duda en Iraq, donde el 60% de la población es chií, y en Baréin, que es mayoritariamente chií— ven esto como una guerra contra el chiísmo. Y ya hemos visto una serie de ataques perpetrados por milicias chiíes en Iraq contra intereses estadounidenses. Por eso, creo que es importante comprender que se puede reclutar a personas más allá de la ciudadanía iraní.

John Kiriakou: Exactamente. Muchos libaneses son chiíes. La mayoría de los bahreiníes, como has dicho, son chiíes. Hay una gran minoría chií en Kuwait. Hay una población chií en los Emiratos. La mayoría de ellos son expatriados. Hay una gran población chií en la provincia oriental de Arabia Saudí, alrededor de los yacimientos petrolíferos. Hay chiíes en Afganistán, los hazaras. Hay chiíes en Pakistán.

Chris Hedges: Es lo que llaman «efecto boomerang».

John Kiriakou: Así es exactamente como lo llaman.

Chris Hedges: Genial, gracias, John. Quiero dar las gracias a Sophia, Thomas y Max, que han producido el programa. Pueden encontrarme en chrishedges.substack.com.

Voces del Mundo

Deja un comentario