David Hearst, Middle East Eye, 13 abril 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

David Hearst es cofundador y redactor jefe de Middle East Eye, así como comentarista y conferenciante sobre la región y analista en temas de Arabia Saudí. Fue redactor jefe de asuntos exteriores en The Guardian y corresponsal en Rusia, Europa y Belfast. Con anterioridad, fue corresponsal en temas de educación para The Scotsman.
Es totalmente coherente con su gestión de esta guerra que la primera reacción del presidente estadounidense Donald Trump ante el fracaso de las conversaciones en Islamabad fuera anunciar una medida que beneficia más a Irán que lo perjudica.
Anunciar su propio bloqueo del estrecho de Ormuz y prometer perseguir a los petroleros que lo hayan atravesado tendría el efecto inmediato de impedir que Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí exporten su petróleo.
Tres petroleros de estos países cruzaron el estrecho durante el alto el fuego. Se espera que un superpetrolero, que transportaba crudo cargado desde Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos a principios de marzo, llegue al puerto de Malaca, en Malasia, el 21 de abril, según datos de transporte marítimo.
Otro petrolero, el Ocean Thunder, cargado con crudo iraquí y fletado por una filial de la empresa energética estatal malasia Petronas, cruzó el estrecho la semana pasada.
Sin embargo, Trump ha ordenado a la Armada estadounidense que intercepte cualquier embarcación en aguas internacionales que haya pagado un peaje a Irán: “Nadie que pague un peaje ilegal tendrá paso seguro en alta mar”.
El Comando Central de Estados Unidos intentó poner orden en el último edicto de su comandante en jefe al afirmar que la Armada estadounidense “no impedirá la libertad de navegación de los buques que transitan por el estrecho de Ormuz con destino a puertos no iraníes y procedentes de ellos”.
Sin embargo, son precisamente esos buques los que actualmente pagan los aranceles a Irán. La insensatez de esta medida ha dejado a los especialistas del mercado petrolero perplejos.
Una escalada insólita
Desde que Estados Unidos inició la guerra, Irán ha permitido el paso de unos 100 buques por el estrecho de Ormuz. Mientras tanto, Trump ha pasado de una política de levantamiento de sanciones al petróleo iraní para aliviar la presión sobre el suministro mundial a intentar cortarlo por completo.
“Cerrar el estrecho por completo disparará aún más los precios del petróleo y ejercerá mayor presión sobre Estados Unidos por parte de la comunidad internacional”, declaró al Financial Times Jennifer Kavanagh, directora de análisis militar de Defense Priorities, un centro de estudios de Washington.
Vali Nasr, exfuncionario estadounidense y profesor de la Universidad Johns Hopkins, afirmó: “Esto es algo que les viene bien a los iraníes; prolonga el control sobre la economía global… Y los iraníes podrían cerrar el oleoducto Bab el-Mandeb, y entonces Estados Unidos tendría que lidiar con eso”.
Hasan Ahmadian, académico y comentarista político iraní, señaló que el bloqueo partía de la premisa de que Irán no iba a poder romperlo por la fuerza y que a Estados Unidos le bastaría poco tiempo para doblegar a Irán y controlar los precios de la energía.
Ambas suposiciones eran arriesgadas.
Tras 39 días de guerra, Ahmadian observó que los portaaviones estadounidenses se habían mantenido a una distancia segura y añadió: “Basta con que Irán resista, incluso sin guerra, para que los mercados energéticos se disparen de manera significativa”.
Como era de esperar, la respuesta inmediata al último anuncio de Trump fue un aumento del 8% en el precio del barril, con el crudo Brent, la referencia internacional, pasando de 70 a 119 dólares durante el conflicto.
La última escalada en el estrecho y sus alrededores resulta aún más extraña porque, según Trump y el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, las conversaciones estaban yendo bien.
Trump afirmó que estaban logrando avances suficientes para evitar nuevas acciones militares.
“En muchos sentidos, los puntos acordados son mejores que continuar nuestras operaciones militares hasta su conclusión, pero todos esos puntos no importan comparado con permitir que la energía nuclear esté en manos de personas tan volátiles, difíciles e impredecibles”, escribió en Truth Social.
Si Trump se hubiera referido a Israel, que posee 90 ojivas nucleares y no forma parte del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), la mayor parte del mundo habría estado totalmente de acuerdo.
Pero no se refería a Israel.
Se refería a un país que, según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), no tiene programa de armas y sigue siendo miembro del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), aunque si la guerra se reanuda, probablemente no lo sea por mucho tiempo.
El factor Israel
Trump hizo referencia a la oferta de Irán de diluir su uranio enriquecido al 60% y continuar con el enriquecimiento de bajo grado sólo bajo supervisión internacional.
Araghchi publicó: «Cuando estábamos a punto de firmar el Memorando de Entendimiento con Islamabad, nos topamos con maximalismos, cambios constantes de objetivos y bloqueo», dijo en X.
No tengo pruebas de ello, pero la afirmación que hizo el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en la reunión del consejo de ministros es que JD Vance, el vicepresidente de Estados Unidos, le rinde cuentas, tal y como hace la Administración cada día.
Esto respalda mi opinión de que Trump estuvo en comunicación con Netanyahu durante todas las conversaciones.
A Israel no le sentó bien quedar excluido de las negociaciones de Islamabad que condujeron a conversaciones directas, y habría hecho todo lo posible por reincorporarse al proceso saboteándolo. El resultado final fue que Trump incumplió los diez puntos propuestos por Irán que había aceptado como base para la negociación.
Consciente de que Irán jamás renunciaría al enriquecimiento de uranio, ni cedería el control de su activo más valioso, el estrecho de Ormuz, ni cortaría toda financiación a Hizbolá, Hamás y Ansar Allah (los hutíes) en el Líbano, Trump adoptó una postura que exigía la rendición de Irán en los tres frentes.
Existió, sin duda, una asimetría fundamental en las conversaciones de Islamabad.
La parte iraní envió a más de 70 especialistas con su equipo de negociadores y estaba dispuesta a negociar, mientras que la parte estadounidense, que ya había incumplido su promesa de detener la guerra en el Líbano, abandonó las negociaciones tras 21 horas.
Rob Malley, jefe del equipo negociador estadounidense con Irán durante la presidencia de Joe Biden, dejó esto muy claro. Publicó: «Veintiuna horas fueron veinte horas de más si el objetivo era reiterar una exigencia que Irán ya había rechazado. Y fueron muchas horas de menos si el objetivo era negociar».
Así que ahora nos encontramos una vez más al borde de otra gran escalada en este conflicto. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) ha advertido que cualquier buque militar que se acerque al estrecho será atacado.
Y Trump parece estar más que dispuesto a ayudar al CGRI a ampliar el alcance de este conflicto.
Amenazó a China con un arancel del 50% si Estados Unidos encontraba pruebas de que Pekín estaba proporcionando asistencia militar a Irán. Declaró a Fox News: «No vamos a permitir que Irán gane dinero vendiendo petróleo a quienes le caen bien».
Esta última amenaza arancelaria es, presumiblemente, su preparación para la cumbre con el presidente Xi Jinping el próximo mes.
“Podría acabar con Irán en un día… Podría haber destruido toda su energía, todo, cada una de sus plantas, sus centrales eléctricas, lo cual es un gran problema”, alardeó Trump, convencido de que Irán había sido derrotado.
Posición más fuerte
Fuera de la burbuja de fantasía en la que vive Trump, la mayoría de los analistas coinciden en que Irán se encuentra en una posición más fuerte para enfrentarse a Estados Unidos que al comienzo de esta guerra.
Ha demostrado su control sobre el estrecho de Ormuz. La inteligencia estadounidense estima que Irán posee aún la mitad de sus lanzacohetes y drones y conserva miles de misiles que puede disparar desde lanzadores subterráneos.
Tras 13.000 ataques de bombarderos estadounidenses e israelíes, Irán ha demostrado su capacidad de recuperación.
Cuenta con el respaldo cada vez más explícito de China y Rusia, y, según la inteligencia estadounidense, este apoyo va más allá de las palabras. China se prepara para enviar nuevos sistemas de defensa aérea a Irán.
Ha provocado la mayor crisis de suministro energético en décadas, reduciendo la producción mundial de petróleo hasta en nueve millones de barriles diarios y una quinta parte del suministro mundial de gas.
Los hutíes están listos para sumarse a la contienda. Hizbolá combate una incursión israelí como nunca antes, y Kuwait está siendo atacado con misiles y drones de aliados iraníes en Iraq.
Además, Irán tiene otra baza: el cierre del otro punto estratégico del comercio mundial, el estrecho de Bab el Mandeb, que bloquearía el tráfico a través del mar Rojo y el canal de Suez.
Ya ha atacado una estación de bombeo de un oleoducto que transporta petróleo saudí al mar Rojo.
Cualquier intento militar estadounidense de revertir estos avances sería una lucha encarnizada y sangrienta.
Como escribieron Brandon Carr y Trita Parsi, obtener el control físico del estrecho de Ormuz implicaría que las tropas estadounidenses se apoderaran de tres islas iraníes —Abu Musa, Larak y Kharg— en el golfo Pérsico. Señalaron que la principal dificultad no reside en desembarcar infantes de marina ni en tomar estas islas, sino que las fuerzas estadounidenses puedan mantener el control allí.
“Sin fortificaciones preparadas y reforzadas que les proporcionen cobertura, incluso con apoyo aéreo de buques navales cercanos, la protección de esa fuerza sería un desafío enorme”.
“Es probable que los infantes de marina sufrieran numerosas bajas a causa de los misiles balísticos y drones iraníes que atacan sin cesar cualquiera de las dos islas, ya sea desde islas cercanas, como Qeshm, o desde la propia costa iraní, lo que limitaría gravemente su capacidad para proyectar poder en el estrecho. Y proporcionarles apoyo logístico sería extremadamente complejo”.
Las Unidades Expedicionarias de Marines suelen ser autosuficientes durante 15 días, pero requieren reabastecimiento posteriormente. Cualquier intento de reabastecimiento, dependiendo de la amenaza que Irán represente en el estrecho en ese momento, sería objeto de un intenso fuego.
Más allá de este campo de batalla, es difícil creer que Irán no fuera a bombardear todas las demás terminales petroleras del Golfo si su principal terminal en la isla de Kharg fuera atacada.
El coste de liberar las islas de Ormuz y sus alrededores podría ser un cúmulo de ruinas humeantes a lo largo del Golfo, lo que paralizaría la exportación de petróleo y gas en el futuro previsible.
Incluso si una fuerza estadounidense abrumadora lograra tomar Ormuz, es posible que no quedara petróleo procesado que transportar a través de él.
Una nueva ronda
La perspectiva de una nueva ronda, aún más feroz, en esta guerra ha dividido no sólo a los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), sino también el pacto de defensa mutua que Arabia Saudí y Pakistán firmaron después de que Israel atacara a los negociadores de Hamás en Doha el año pasado.
Emiratos Árabes Unidos y Baréin, los aliados más cercanos de Israel en el Golfo, defienden firmemente la idea de “terminar el trabajo” y probablemente hayan comenzado ya a atacar directamente a Irán. Catar y Omán se inclinan por la paz inmediata.
Kuwait y Arabia Saudí se encuentran en una posición intermedia, pero, aun así, Riad no tiene intención de hacer las paces con Abu Dabi tras su conflicto con Yemen. De hecho, Riad y Abu Dabi prefieren lanzar su contraofensiva contra el constante flujo de drones iraníes por separado.
Con Irán, Trump se encuentra ahora en una situación muy similar a la de Netanyahu tras la guerra de Gaza. La negativa de Gaza a rendirse enfureció y debilitó a Netanyahu al mismo tiempo. En cuanto cesó la guerra, Netanyahu se vio inundado de críticas internas por no haber alcanzado los objetivos bélicos.
Lo mismo está ocurriendo dentro del movimiento MAGA con respecto a la guerra de Irán. La única respuesta que Netanyahu y Trump pueden dar a esta protesta es continuar la guerra.
Y lo que es peor es que otras voces están llegando a los oídos de Trump. Como la de su amigo Mark Levin, que no deja de establecer una comparación con la rendición japonesa tras la Segunda Guerra Mundial. “[Para conseguir que los japoneses se rindieran], lanzamos dos bombas atómicas”, afirmó Levin.
“Creo que sería muy útil volver atrás y leer los términos de la rendición japonesa… porque los japoneses se atrincheraron incluso después de lanzarles dos bombas atómicas, y se necesitó mucha presión, incluso después de eso, para lograr que se rindieran”, afirmó.
La locura se ha desatado y se está convirtiendo en un problema global. Europa está fuera de juego y China observa desde la distancia.
Mientras tanto, crecen los argumentos a favor de destituir a Trump por no estar mentalmente capacitado para desempeñar el cargo. Las payasadas de Trump han dejado de ser una broma. Son una de las principales causas de la inestabilidad global.
Foto de portada: El presidente estadounidense Donald Trump gesticula tras desembarcar del Air Force One a su llegada a la Base Conjunta Andrews en Maryland el 12 de abril de 2026 (Reuters).