Victoria Brittain, Middle East Eye, 17 de abril de 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Victoria Brittain trabajó en The Guardian durante muchos años y ha vivido y trabajado en Washington, Saigón, Argel y Nairobi, además de haber cubierto noticias en numerosos países de África, Asia y Oriente Medio. Es autora de varios libros sobre África y coautora de las memorias de Moazzam Begg sobre Guantánamo, «Enemy Combatant». Es asimismo autora y coautora de dos obras de teatro basadas en testimonios reales sobre Guantánamo; y de «Shadow Lives», sobre las mujeres olvidadas de la guerra contra el terrorismo. Su libro más reciente es «Love and Resistance in the films of Mai Masri».
Una vez que te imaginas a colegialas, universitarias, madres, tías y abuelas tumbadas boca abajo con el pijama de la prisión, las manos atadas a la espalda y soldados acechándolas, golpeándolas si se mueven lo más mínimo, ya no puedes olvidar esa imagen.
Cuando oyes a una reclusa decir que «no tiene más que su corazón», comprendes de inmediato cómo la cárcel puede destrozar vidas.
El Día de los Presos Palestinos se celebra cada año el 17 de abril para poner de relieve las continuas violaciones de los derechos humanos, y hoy en día las condiciones son peores que nunca. Desde el inicio del genocidio de Gaza, el hambre, el aislamiento, la humillación, los registros al desnudo, la tortura y el miedo abrumador se han convertido en realidades constantes para las mujeres palestinas en las cárceles israelíes.
Más de 700 mujeres palestinas han sido detenidas en la Cisjordania ocupada, Jerusalén Este y Gaza desde que comenzó el genocidio a finales de 2023, según grupos de derechos humanos. Tras sufrir redadas nocturnas en sus hogares o detenciones en puestos de control militares, la mayoría ha sido sometida a abusos físicos y psicológicos tanto durante como después de su detención.
«Todo es diferente respecto a las prisiones de la década de los noventa. Todo cambió con el genocidio», afirmó la abogada Sahar Francis, con sede en Ramala y exdirectora de la organización de defensa de los derechos de los presos Addameer, en un seminario web reciente titulado «Mujeres, prisión, resiliencia».
«Ver a personas sin palabras, tras cinco meses de detención en Gaza, y el nivel de abusos, inanición y agresiones físicas, fue muy, muy impactante», afirmó. «Les hemos fallado a los presos. No hemos sido capaces de protegerlos».
Alrededor de 90 palestinos han fallecido bajo custodia israelí desde octubre de 2023, según la Sociedad de Presos Palestinos. Entre ellos se encontraba Walid Khalid Abdullah Ahmed, un muchacho de 17 años.
«El sistema internacional simplemente no funciona… la hipocresía está por todas partes», dijo Francis. «Nosotros, los abogados, somos la única ventana para los detenidos. La gente siente que está perdiendo la esperanza».
Herramientas de control
Durante décadas, Addameer ha documentado y llamado la atención sobre las violaciones cometidas en las cárceles israelíes, y sus informes constituyen una referencia clave para las organizaciones de derechos humanos de todo el mundo. Esta labor la ha convertido en un objetivo recurrente del ejército israelí, que ha registrado sus instalaciones en varias ocasiones desde 2002.
En 2021, el Gobierno israelí calificó a Addameer y a otros cinco grupos de defensa de los derechos palestinos como organizaciones «terroristas», una medida que suscitó fuertes críticas internacionales. El año pasado, Addameer fue objeto de sanciones del Tesoro de EE. UU. por supuestos vínculos con el «terrorismo».
Todo esto forma parte de una campaña israelí más amplia de dominación violenta. Según la Dra. Samah Saleh, socióloga de la Universidad Nacional An-Najah de Nablus y profesora visitante en la UCLA, Israel lleva mucho tiempo utilizando el hambre y la deshumanización como poderosas herramientas de control.
En el caso de las mujeres sometidas a detención israelí, explicó Saleh en el seminario web, los problemas de salud persisten incluso después de su puesta en libertad. A las reclusas se les niega la posibilidad de ducharse y de llevar ropa limpia, se les priva del sueño y se las alimenta de forma insuficiente, recibiendo a menudo poco más que unos trozos de pan y unas cucharadas de fruta o yogur al día, mientras los ácaros de la sarna se les clavan en la piel.
La investigadora Dalal Bajes, profesora visitante en la Universidad de California en Berkeley y experta en las experiencias de las mujeres palestinas en prisión, afirmó en el seminario web que la detención «les arranca todo». Su trabajo subraya el dramático deterioro de las condiciones desde el inicio del genocidio, en medio de la normalización de «la detención prolongada en régimen de incomunicación, la denegación del acceso a la asistencia letrada y las amenazas de violación».
En un caso documentado por Bajes, la escritora Lama Khatir —que también estuvo encarcelada en 2018-19— describió «un régimen completamente diferente» durante su posterior encarcelamiento tras el 7 de octubre de 2023.
«Ya no vivíamos el tiempo; simplemente mirábamos fijamente al vacío», dijo Khatir en un relato publicado por Al Jazeera Media Institute. En su resumen del caso, Bajes señaló que la ausencia de libros, periódicos, noticias o rutinas «transformaba el tiempo en una fuerza opresiva».
Vigilancia digital
Según Bajes, entre 1948 y 1967, las autoridades israelíes detuvieron a unos 100.000 palestinos. El ritmo se intensificó drásticamente en las décadas siguientes, con alrededor de un millón de detenciones registradas entre 1967 y 2021, entre ellas más de 16.000 mujeres.
Hasta el mes pasado, 72 mujeres palestinas permanecían recluidas en prisiones israelíes, principalmente en la prisión de Damon, en el norte, según un informe de Addameer y otros grupos defensores de los derechos de los presos. La mayoría fueron detenidas en la Cisjordania ocupada y en Jerusalén.
De estas presas, tres eran menores de edad y 32 eran madres, que en conjunto tenían 130 hijos, según señala el informe. Además, 17 mujeres se encontraban en régimen de detención administrativa, sin cargos ni juicio. Cinco reclusas cumplían condena, la más larga de las cuales era de 16 años, mientras que muchas otras estaban a la espera de juicio.
El informe señalaba que 18 reclusas estaban enfermas, incluidas tres con cáncer. Más de una docena de las que esperaban juicio fueron detenidas por «incitación», un cargo que incluye actividades online como difundir determinados contenidos o el intercambio de opiniones personales. El mundo digital se ha convertido así en un espacio de vigilancia y persecución estrictamente controlado, en el que las autoridades israelíes tienen en el punto de mira a periodistas, activistas y defensores de los derechos humanos.
Los testimonios del informe ponen de relieve las duras condiciones, y una reclusa describe así su traslado a la prisión de Hasharon: «Una soldado… me llevó a una celda de aislamiento pequeña y sucia en la que no había nada más que un colchón en el suelo, sin manta ni almohada, y un aseo diminuto. Me quedé allí sola durante cuatro días sin que nadie me dirigiera la palabra. Me traían comida fría y en mal estado, y durante esos cuatro días no comí nada».
A algunas mujeres se las detiene para presionar a sus familiares varones. Una de ellas contó a los investigadores que la «interrogaron sin descanso durante 18 días» y que luego la llevaron a ver a su padre, a quien encontró sentado en una silla de interrogatorio con las manos atadas a la espalda.
«Cuando entré, me quitaron la venda de los ojos y me ataron las manos delante. Mi padre empezó a llorar mucho al verme», dijo. «Corrí hacia él y lo abracé aunque seguía atada. Él no dejaba de besarme y decirme palabras tranquilizadoras para consolarme… Parecía extremadamente agotado».
Dado que desde el inicio del genocidio se niegan las visitas familiares, sólo las escasas visitas de los abogados sirven de vínculo con el mundo exterior para estas prisioneras.
Esta situación exige una protesta pública urgente. El mundo no debe permitir la normalización de esta deshumanización de las mujeres, desde las escolares hasta las abuelas, en las prisiones de Israel.
Foto de portada: Soldados israelíes vigilan mientras los palestinos se concentran en el puesto de control de Qalandia, en la ciudad de Ramala, en la Cisjordania ocupada, el 20 de febrero de 2026. (Jaafar Ashtiyeh/AFP)