Shatha Yaish, +972.com Magazine, 1 mayo 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Shatha Yaish es una periodista que cubre temas relativos a Jerusalén Este y Cisjordania.
Omar Abu Rajab metió sus pertenencias en bolsas de basura negras. Unos días antes, mientras este hombre de 60 años lloraba la reciente pérdida de su madre, representantes del Ayuntamiento de Jerusalén llamaron a su puerta y le entregaron una orden de demolición para el pequeño apartamento que comparte con su esposa en Al-Bustan, una zona del barrio de Silwan, en la Jerusalén Oriental ocupada, que actualmente se encuentra en el centro de una campaña de expulsión israelí que se intensifica a toda velocidad.
Ante la orden de demolición y la perspectiva de una multa de miles de dólares por las molestias que supondría que el ayuntamiento derribara su casa, decidió no esperar a las excavadoras. En su lugar, optó por la opción más barata: derribar su casa él mismo.
El Ayuntamiento de Jerusalén afirma que viviendas como la de Abu Rajab se construyeron ilegalmente, sin los permisos necesarios. «No hay permisos», declaró Abu Rajab a la revista +972, explicando que Israel hace casi imposible que los palestinos de Jerusalén Este obtengan la autorización necesaria para construir legalmente.
En la última década, Abu Rajab ya se ha visto obligado a abandonar otras dos viviendas en diferentes puntos de Silwan; una fue demolida por el ayuntamiento, mientras que la otra la demolió él mismo.
«Sigo pagando multas por una vivienda anterior que demolieron hace años», explicó. «Estoy enfermo y trabajo cuatro horas al día, pero no puedo hacer frente a todos estos gastos. No me queda otra opción. Es más barato hacerlo nosotros mismos».

Omar Abu Rajab mete sus pertenencias en bolsas de basura antes de demoler su propia casa para evitar pagar las elevadas tasas municipales de demolición, Al-Bustan, Silwan, Jerusalén Este ocupada. (Faiz Abu Rmeleh)
Unos días más tarde, tres de los nietos de Abu Rajab faltaron al colegio para ayudar con la demolición, trayendo sus propios martillos para derribar las paredes. Desde entonces, Abu Rajab y su esposa se han mudado con la familia de su hermano, que vive al lado, y todos se apiñan en un pequeño apartamento.
Las viviendas de Al-Bustan llevan mucho tiempo destinadas a la demolición en virtud de los planes municipales para sustituir la zona residencial por un parque temático bíblico. Pero tras una batalla legal que se ha prolongado durante dos décadas, las autoridades israelíes han intensificado sus esfuerzos por limpiar la zona de palestinos en medio de la guerra de Gaza.
Esta presión se ha intensificado aún más en las últimas semanas, con redadas policiales en la zona junto con representantes del ayuntamiento para entregar una oleada de órdenes en las que se advierte a los residentes que deben demoler sus propias viviendas o asumir los costes. La totalidad de Al-Bustan —que comprende 115 viviendas y aproximadamente 1.500 residentes— está ahora bajo amenaza de demolición.
«Se trata de toda una zona de Silwan destinada a la demolición», declaró Aviv Tatarsky, investigador de la organización israelí sin ánimo de lucro Ir Amim, a +972. «Toda una comunidad está a punto de ser expulsada».
«No tenemos nada más»
Según Ir Amim, el plan para construir un parque temático en Al-Bustan forma parte de una iniciativa más amplia para reforzar el control israelí sobre la Ciudad Vieja de Jerusalén y los barrios circundantes (conocidos colectivamente como la «cuenca de la Ciudad Vieja») mediante la expansión de atracciones turísticas y parques nacionales, incluso en terrenos propiedad de la Iglesia, como el Monte de los Olivos.
Situado justo al sur de la Ciudad Vieja, Al-Bustan se encuentra cerca de otra zona de Silwan, conocida como Batan Al-Hawa, que se enfrenta a una campaña de expulsión similar liderada por organizaciones de colonos israelíes.

Banderas israelíes cuelgan de los balcones de antiguas viviendas palestinas que han sido ocupadas por colonos israelíes en Batan Al-Hawa, Silwan, en la Jerusalén Oriental ocupada. (Faiz Abu Rmeleh)
Según la Gobernación de Jerusalén de la Autoridad Palestina, las autoridades israelíes demolieron 185 estructuras en la ciudad durante los primeros cuatro meses de 2026. De las 40 viviendas destruidas en abril, 17 fueron demolidas por sus propios habitantes.
Por todo Al-Bustan se respira un ambiente de derrota. Muchos residentes, como Hatem Baydun, consideran que la autodemolición es el mal menor. «Si dejamos que el ayuntamiento derribe nuestra casa, tendremos que pagar decenas de miles de shekels», explicó a +972. «Así que decidimos hacerlo nosotros mismos».
Dos puertas más allá, Mohammad Qwaider, de 60 años, se enfrenta a la misma elección imposible. Vive en un edificio familiar con su madre, Yusra, de 97 años, que está postrada en cama.
El edificio de seis viviendas se construyó en 1970, y se fueron añadiendo plantas a medida que la familia crecía; Qwaider señaló que, tras la guerra de 1967, hubo menos restricciones de construcción en los primeros años de la ocupación israelí de Jerusalén Este.
A principios del mes pasado, explicó, «el ayuntamiento me ordenó demoler el apartamento de la tercera planta o vendrían ellos mismos a demolerlo, así que lo hicimos». Pero tras demoler ese apartamento, donde vivían uno de sus hijos y sus nietos, el ayuntamiento le ha ordenado ahora demoler todo el edificio, alegando falta de permisos.
Esta vez, se niega a cumplir la orden. «Que lo derriben ellos, yo limpiaré los escombros y pondré allí una tienda de campaña para vivir. La tierra es más importante que la estructura que hay sobre ella».
Su esposa, Manal, está de acuerdo. «No dormimos por las noches», dijo. «No tenemos alternativa a esta casa ni a esta tierra. No tenemos nada más que este lugar».

Los niños de la familia Odeh observan cómo una familia vecina derriba su propia casa en Al-Bustan, Silwan, en la Jerusalén Este ocupada. (Faiz Abu Rmeleh)
«Duplicar el sufrimiento»
Según Tatarsky, de Ir Amim, el fuerte aumento de las demoliciones en Al-Bustan se desencadenó por la repentina decisión del Ayuntamiento de Jerusalén de suspender todas las negociaciones con los residentes destinadas a alcanzar una solución en materia de vivienda.
«Las autoridades israelíes quieren convertir Silwan en un asentamiento israelí y están utilizando todo tipo de métodos para lograrlo», explicó. «Han echado mano de la excusa de la construcción sin permiso, pero a los residentes les resulta imposible obtenerlos. Así, Israel puede calificar de ilegales todas las viviendas de esta zona de Silwan.
«Las autoridades tienen un fuerte motivo político», continuó Tatarsky. «No se trata de leyes de construcción; es una cuestión política, con el objetivo de transformar Silwan de un barrio palestino en un asentamiento judío. Oficialmente, el plan lo impulsa el Ayuntamiento de Jerusalén, pero proviene en gran medida del Gobierno, y las órdenes se emitieron originalmente hace unos 20 años».
Hasta ahora, explicó, la campaña para proteger estas viviendas ha tenido éxito «principalmente porque lograron sensibilizar a la opinión pública y ejercer mucha presión sobre Israel a través de la comunidad internacional». Pero después del 7 de octubre, «a la comunidad internacional o bien no le importa o bien está centrada en Gaza. La conclusión es que la comunidad internacional no está frenando al Gobierno israelí».
Según Fakhri Abu Diab, un activista local, más de 50 viviendas en Al-Bustan —aproximadamente la mitad de la comunidad— han sido demolidas desde el 7 de octubre de 2023. Las autoridades israelíes «se han vuelto más violentas», explicó. «Vienen en mitad de la noche a entregarte una orden de demolición».
Su propia casa fue demolida por el ayuntamiento en febrero de 2024, lo que le obligó a pagar «enormes cantidades de dinero. Todavía sigo pagando a plazos».
Abu Diab se opone a las autodemoliciones, que, según él, suponen «el doble de sufrimiento» para los palestinos. «Es una especie de guerra psicológica contra las familias. Nos convertimos en la herramienta con la que el Ayuntamiento ejecuta sus planes. No quieren que el mundo los vea destruyendo nuestras casas. Al hacerlo nosotros mismos, les estamos ayudando».
Pero Abu Diab también reconoció el miedo que sienten las familias al no saber cuándo llegarán los equipos de demolición israelíes a su casa, y la dificultad de verse obligados a pagar multas exorbitantes. «La gente intenta minimizar el daño».
Foto de portada: Fakhri Abu Diab, junto a los escombros de su casa, demolida por el Ayuntamiento de Jerusalén en 2024, en Al-Bustan, Silwan, Jerusalén Este ocupada. (Faiz Abu Rmeleh)