A pesar de la indignación mundial, Israel sigue obstaculizando la educación de nuestros hijos

Tariq Hathaleen, +972.com, 5 mayo 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Tariq Hathaleen es activista, profesor de inglés y líder comunitario de Umm Al-Khair.

La mañana del 13 de abril volví a las aulas tras mes y medio sin clases debido a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Al igual que el resto de profesores de mi escuela, situada cerca de mi pueblo de Umm Al-Khair, en la región de Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, estaba deseando volver a oír el familiar murmullo de las voces de los niños llenando las aulas, verlos de nuevo en sus pupitres y retomar la frágil rutina de aprendizaje que tanto nos cuesta mantener aquí, en las colinas del sur de Hebrón.

Pero aquella mañana algo iba terriblemente mal. Más de 50 de nuestros alumnos no habían acudido a clase.

No era porque no quisieran venir al colegio, ni porque sus familias los hubieran retenido en casa. No habían acudido porque el camino de tierra que conectaba sus hogares con el colegio había sido bloqueado por colonos israelíes.

La noche anterior, el guardia de seguridad del asentamiento de Carmel, junto con un adolescente colono que vive allí, instalaron una valla de alambre de púas a lo largo del camino del valle que los niños de Umm Al-Khair llevan utilizando desde hace más de 40 años. Al amanecer, la ruta había desaparecido.

El momento elegido no fue casual. Los colonos sabían que los niños debían volver al colegio al día siguiente, tras semanas de interrupción debido a la guerra regional. Tras perder una parte importante de su educación, nuestros alumnos estaban por fin listos para volver a clase. En cambio, se despertaron y se encontraron con que su camino hacia la educación estaba bloqueado.

Una valla de alambre de púas con banderas israelíes impide el paso a profesores y alumnos palestinos desde sus hogares en la aldea de Umm Al-Khair hasta su colegio, en Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, 13 de abril de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)

Después de dar toda la vuelta al asentamiento en mi coche, me reuní con los padres de los niños junto a la barrera recién erigida. Los alumnos —algunos sentados en el suelo, otros de pie pacientemente con sus mochilas— miraban en silencio las afiladas bobinas de metal que ahora los separaban de sus aulas, como si el simple hecho de esperar lo suficiente pudiera hacerlas desaparecer.

Como su profesor y residente de su pueblo, verlos así fue uno de los momentos más dolorosos que he vivido. Eran niños que simplemente deseaban ir andando a su escuela de forma segura; en cambio, se les trataba como intrusos en su propia tierra.

Poco después de llegar, llamamos a la policía israelí para denunciar la valla que se había erigido ilegalmente durante la noche en terrenos privados palestinos. Los soldados israelíes llegaron poco después, pero en lugar de ayudar, inmediatamente comenzaron a lanzar gases lacrimógenos hacia los niños y sus padres.

Muchos alumnos sentían dificultades para respirar mientras el humo se extendía a nuestro alrededor. Los padres se apresuraron a sacarlos de allí. Así fue como comenzó el bloqueo a la educación de nuestros hijos, y ha continuado cada día durante las últimas tres semanas.

Desde entonces, cada jornada escolar ha comenzado no en el aula, sino ante la valla de alambre de púas. A las 7 de la mañana, cuando los niños suelen ir andando al colegio, se reúnen ante la barrera junto a activistas palestinos, israelíes e internacionales, coreando consignas a los soldados apostados allí y al guardia de seguridad del asentamiento para que abran el paso, y sosteniendo pancartas en las que reclaman su derecho a la educación.

Por un momento, pareció que el mundo por fin se había dado cuenta. Periodistas internacionales acudieron para documentar lo que estaba sucediendo. Las organizaciones de derechos humanos denunciaron la injusticia. Las imágenes y los vídeos de los estudiantes de pie tras la alambrada se difundieron por las redes sociales, entre ellos el de mi preciosa sobrina de 5 años, Masa Bilal.

Sin embargo, a pesar de la atención mundial y la indignación en Internet, ninguna autoridad ha obligado a los colonos a retirar la barrera. El camino sigue bloqueado.

Los niños de Umm Al-Khair continúan su protesta contra el cierre del camino que conduce a su colegio, bloqueado por colonos hace dos semanas, en Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, 26 de abril de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)

Lo más doloroso de esta situación es la forma en que se está utilizando a nuestros hijos como instrumentos de presión. Los colonos saben que atacar la educación es golpear el corazón de cualquier comunidad. Al bloquear el camino a la escuela, están enviando un mensaje a todo el pueblo: aquí no tenéis futuro.

Y aunque fueron los colonos quienes instalaron físicamente la barrera, es el Gobierno israelí el que permite que esta injusticia continúe.

El significado de resiliencia

Umm Al-Khair es una isla rodeada por un océano que desea borrarla del mapa.

Durante décadas, hemos vivido a la sombra del asentamiento de Carmel, que nos rodea y sigue expandiéndose sobre nuestras tierras. Nuestras casas han sido demolidas; nuestro acceso a nuestras tierras restringido; nuestros movimientos controlados. Todas las familias de aquí tienen historias de acoso, intimidación y pérdida.

Desde el 7 de octubre de 2023, la situación se ha vuelto aún más dura. En toda Cisjordania, los colonos han intensificado sus ataques, mientras que las restricciones militares a la circulación de los palestinos han aumentado drásticamente. En pequeñas comunidades como la nuestra, en la Zona C, la vida cotidiana se ve cada vez más oprimida hasta que marcharse se convierte en la única opción.

Pero nos negamos, porque no podemos permitirnos no hacerlo. Y porque la educación de nuestros hijos es demasiado importante.

Los niños de Umm Al-Khair continúan su protesta contra el cierre del camino que conduce a su colegio, bloqueado por colonos dos semanas antes, en Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, 26 de abril de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)

Con la nueva barrera aún en pie tres semanas después, las familias han empezado a llevar a los niños al colegio en coche por una carretera larga y accidentada que rodea el asentamiento. Se tarda mucho más tiempo, cuesta un dinero que muchas familias no tienen y expone a los niños a nuevos peligros. Los colonos ya han bloqueado partes de esa carretera con piedras en un intento de imposibilitar también el trayecto alternativo.

A menudo se describe a los residentes de Umm Al-Khair como «resilientes». A veces pienso que esa palabra no capta del todo la realidad de lo que debemos hacer simplemente para mantener la apariencia de una vida normal.

Resiliencia aquí significa que los niños cojan sus mochilas cada mañana y recorran tres kilómetros hasta la escuela cuando la ruta habitual ha sido bloqueada por los colonos. Significa saber que cada día traerá consigo otro desafío —una valla, una orden de demolición, un ataque, un asesinato— y decidir seguir adelante de todos modos.

Significa que los profesores abran las aulas, incluso cuando la mitad de los asientos estén vacíos, para que los niños sepan que siempre tienen un lugar de aprendizaje a su disposición. Significa negarse a desaparecer.

Los fantasmas de nuestras aulas

Cuando estoy en mi aula, a menudo pienso en los profesores que estuvieron aquí antes que yo. Uno de ellos fue nuestro querido Awdah Hathaleen, que no sólo era profesor, sino también la voz de nuestra comunidad y un símbolo de la resistencia no violenta a la ocupación israelí.

El pasado mes de julio, Awdah fue asesinado a tiros por un colono israelí que había invadido nuestras tierras, mientras él grababa desde una distancia de más de 30 metros. Solo tenía 31 años. Dejó atrás una esposa, tres hijos pequeños y una comunidad que aún siente el vacío que dejó tras de sí.

Para mí, Awdah era más que un hermano. Crecimos juntos. Hacíamos todo juntos. Éramos casi como una persona y su sombra.

Foto de portada: Una niña palestina lee su libro de texto frente a una valla de alambre de púas recién erigida con banderas israelíes, que los colonos israelíes han levantado para bloquear el paso de profesores y alumnos palestinos desde sus hogares en la aldea de Umm Al-Khair hasta su escuela, Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, 13 de abril de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)

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