Alex MacDonald, Middle East Eye, 9 mayo 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Alex MacDonald es reportero de Middle East Eye. Ha informado desde Iraq, Turquía, Qatar y Bosnia, centrando su trabajo en las luchas sociales e ideológicas de la región.
Los organizadores del Festival de Eurovisión siempre han sostenido que quieren mantener la política al margen del evento.
En la práctica, sin embargo, la política siempre ha desempeñado un papel importante, con las disputas sobre asuntos internacionales, derechos humanos y disturbios internos que surgen cada año.
La Revolución de los Claveles de 1974 en Portugal, que derrocó la dictadura del país y condujo a la independencia de sus colonias africanas, se desencadenó tras la emisión de la canción con la que Portugal participaba en Eurovisión ese año, E depois do adeus («Y después del adiós»), interpretada por Paulo de Carvalho.
En 2009, las autoridades de Azerbaiyán interrogaron a 43 personas tras votar a favor de la canción de Armenia en el concurso de ese año, mientras que Ucrania y Rusia se lanzaban pullas mutuamente con respecto a la invasión de esta última hasta que Rusia fue expulsada en 2022.
Pero podría decirse que la mayor controversia política del certamen ha girado en torno a la participación de Israel desde el inicio del genocidio en Gaza en octubre de 2023.
«Para mí, se trata ante todo de la devastadora catástrofe humanitaria en Gaza y de la enorme pérdida de vidas civiles», declaró Emmelie de Forest, ganadora del Festival de Eurovisión de 2013, a Middle East Eye.
«Pero también se trata de lo que significa que las instituciones culturales intenten separarse por completo de la realidad política. No creo que la música exista al margen del mundo que nos rodea».
La cantante danesa, que ganó a los 20 años con la canción Only Teardrops, es una de las numerosas estrellas de Eurovisión que se han opuesto públicamente a la inclusión de Israel en el concurso de 2026 en Viena.

Manifestación contra el candidato de Israel antes de la gran final del Festival de Eurovisión 2025 en Basilea, Suiza, el 17 de mayo de 2025 (AFP)
Las cadenas nacionales de Irlanda, España, Islandia, Eslovenia y los Países Bajos ya han anunciado que no participarán, mientras que muchos músicos y activistas han instado a otros a retirarse del evento.
Emmelie de Forest fue una de los más de mil artistas que firmaron la petición «No Music For Genocide» (No a la música para el genocidio), en la que se pedía el boicot a Eurovisión, junto con el ganador irlandés de Eurovisión de 1994, Charlie McGettigan, así como Peter Gabriel, Massive Attack, Björk, Macklemore, Mogwai, Brian Eno y muchos otros.
A diferencia del país de McGettigan, Dinamarca, la patria de Forest, participa en el concurso, algo que a ella le ha parecido decepcionante, aunque no del todo sorprendente.
Emmelie declaró a MEE que había dejado de hablar con algunos de sus amigos y que había puesto en riesgo sus ingresos al alzar la voz, pero afirmó que «a veces la integridad tiene un precio».
«Lo que me resulta más difícil es la idea de que Eurovisión pueda, de alguna manera, separarse por completo de la realidad política. Simplemente ya no creo que eso sea posible.
«Mantener a Israel en el concurso también es una decisión política».
La Unión Europea de Radiodifusión (UER), que supervisa el evento, dictaminó en diciembre que Israel podía participar en Eurovisión a pesar de la presión ejercida en la Asamblea General del organismo para que se celebrara una votación sobre el tema.
Devolución de los trofeos
Nemo, el ganador suizo de 2024, afirmó que devolvería su premio en respuesta a la decisión, señalando que, aunque Eurovisión afirmaba defender «la unidad, la inclusión y la dignidad para todos», la inclusión de Israel entraba en conflicto con esos objetivos.
Charlie McGettigan, ganador de Eurovisión en 1994, declaró a MEE que él también había tenido la intención de devolver su trofeo siguiendo el ejemplo de Nemo, hasta que su mujer le hizo ver que, en realidad, no le habían entregado ningún trofeo físico.
«¡Pues digamos que devolví un trofeo virtual!», afirmó.
McGettigan fue el tercer concursante irlandés de Eurovisión en ganar el primer puesto de forma consecutiva, lo que desató rumores de que el coste de organizar el evento preocupaba tanto a la cadena pública RTE que, en realidad, no querían que ganara.
Apasionado de Eurovisión desde su infancia, fue con gran pesar que solicitó a la RTE que se retirara del concurso de 2026, junto con activistas pro-Palestina, logrando convencer a la cadena.
«No soy miembro de ninguna organización… soy sólo yo a título personal y, afortunadamente, la dirección de la RTE decidió tras una votación que no iban a participar, lo cual me parece admirable», afirmó.

Paul Harrington y Charlie McGettigan actuando en el Festival de Eurovisión de 1994 (RTE).
Dijo que se sentía incapaz de permanecer en silencio tras ver las interminables imágenes del genocidio en Gaza, donde hasta ahora han muerto más de 72.000 palestinos, con miles más desaparecidos y presuntamente muertos bajo los escombros, y la mayor parte del enclave destruido.
Cientos de personas han perdido la vida desde que entró en vigor, el 14 de enero, la segunda fase del alto el fuego negociado por Estados Unidos, una semana antes de que Israel fuera seleccionado para participar en el concurso.
McGettigan afirmó que su propio interés por el tema se remonta a mucho antes, y citó la victoria de Israel en Eurovisión en 2018, cuando, apenas unos días después de su triunfo, sus fuerzas mataron a tiros a 62 palestinos en Gaza —entre ellos seis niños— durante las protestas pacíficas de la Gran Marcha del Retorno.
«Si eso hubiera ocurrido en nuestro país, y si hubieran asesinado a 62 personas de esa manera, sin duda no estaríamos celebrando la victoria en Eurovisión», afirmó.
También rebatió la idea del entretenimiento «apolítico» y señaló que existe una larga tradición de la música como fuerza de cambio social y para poner de relieve la injusticia.
«Si echamos la vista atrás a figuras como Pete Seeger de la década de 1960, Woody Guthrie, Bob Dylan o Joan Baez, todos estos artistas han utilizado su música para promover la paz y llamar la atención sobre la injusticia», señaló.
«Hay dos corrientes de pensamiento al respecto: algunos países lo ven simplemente como entretenimiento y no creen que la política tenga cabida en el entretenimiento, pero yo sí».
Hasta ahora, España es el único país de los llamados «Cuatro Grandes» —los Estados que se clasifican automáticamente para el concurso— que se ha retirado.
En septiembre, tras el anuncio español, MEE solicitó al Departamento de Cultura, Medios de Comunicación y Deporte del Reino Unido que se pronunciara sobre la polémica, pero se le respondió que no haría comentarios y nos remitió a la BBC, que es quien supervisa la participación del Reino Unido en el concurso.
La BBC ha declarado asimismo que no hará comentarios al respecto.
MEE se ha puesto en contacto con los músicos que representarán al Reino Unido, Francia y Alemania en el concurso de 2026, pero no ha recibido respuesta alguna en el momento de la publicación.
Se esperan protestas en Viena
Con la 70ª edición del Festival de Eurovisión a punto de comenzar el próximo martes, los manifestantes tienen previsto movilizarse frente al recinto del festival en Viena.
La policía declaró en una rueda de prensa el martes que esperaban «bloqueos e intentos de altercado» en la capital austriaca, con unos 3.000 manifestantes previstos, tanto propalestinos como proisraelíes.
Añadieron que se prohibirían los drones en un radio de 1,5 km de los recintos, incluida la sede del concurso, mientras que la Oficina Federal de Investigación de EE. UU. también crearía un grupo de trabajo en Nueva York la próxima semana con el que las autoridades austriacas podrían contactar las 24 horas del día para hacer frente a las amenazas cibernéticas.
La víspera de la final, el 15 de mayo, es también el Día de la Nakba, en el que los palestinos conmemoran las expulsiones y masacres de 1948 que dieron lugar a la creación del Estado de Israel.
Por su parte, Forest afirmó que, aunque se oponía a la participación de Israel y no se «sentiría cómoda» asistiendo, sus críticas iban dirigidas a la UER y a las decisiones que se toman a nivel institucional, no a los artistas individuales ni a los aficionados en general.
Afirmó que Eurovisión siempre había creado un sentimiento de conexión y comunidad «entre países y culturas», y señaló que los seguidores de toda la vida seguían queriendo conservar el concurso.
«Al mismo tiempo, creo que la gente debería seguir hablando con franqueza, planteando preguntas difíciles y negándose a pasar página como si nada estuviera sucediendo», afirmó.
«Los seguidores tienen más influencia de la que a veces creen, sobre todo cuando actúan de forma colectiva».
Foto de portada: La ganadora de Eurovisión 2013, la cantante danesa Emmelie de Forest, actúa en el escenario durante la gran final del concurso de la canción de 2013 en Copenhague, Dinamarca, el 10 de mayo de 2013. (Jonathan Nackstrand/AFP)