Jurgen Mackert, Middle East Eye, 9 mayo 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Jurgen Mackert es profesor de Sociología en la Universidad de Potsdam (Alemania). Ha sido profesor temporal de Estructura de las sociedades modernas en la Universidad de Erfurt (Alemania) y profesor visitante de Sociología Política en la Universidad Humboldt de Berlín. Entre sus últimos libros se encuentran On Social Closure. Theorizing Exclusion, Exploitation, and Elimination (Oxford University Press, 2024) y Siedlerkolonialismus. Grundlagentexte und aktuelle Analysen (editado junto con Ilan Pappe; Nomos, 2024).
Era de esperar.
El 21 de abril, Alemania, junto con Italia, bloqueó una moción presentada por España, Irlanda y Eslovenia para suspender el acuerdo comercial entre la UE e Israel debido a las violaciones de los derechos humanos por parte de Israel, su guerra genocida contra Gaza y la violencia de los colonos en la Cisjordania ocupada.
Aunque esta medida no habría cambiado gran cosa —si es que cambiaba algo—, ya que la entidad sionista habría conservado su acceso privilegiado al mercado europeo, en otra reacción vergonzosa y reveladora, el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Johann Wadephul, calificó la iniciativa de los tres países de «inapropiada», afirmando: «Tenemos que hablar con Israel sobre las cuestiones críticas… eso debe hacerse en un diálogo crítico y constructivo con Israel».
«¡Inapropiada!»
¿Después de dos años y medio de genocidio en Gaza y del bloqueo de toda la ayuda? ¿A la luz de la brutalidad sin precedentes en Cisjordania, cometida por la «escoria de los colonos sionistas» que, con la ayuda de las fuerzas de ocupación israelíes, están perpetrando una «segunda Nakba»? ¿Después de meses de masacrar a civiles en el Líbano, destruir toda la infraestructura tal y como hicieron en Gaza los inhumanos fanáticos coloniales del Gran Israel, y bombardear a la población iraní?
En lugar de tomar por fin medidas contra todas estas repulsivas masacres, Wadephul no ofrece más que palabras vacías sobre la supuesta responsabilidad histórica de Alemania ante los asesinos en masa sionistas y la repetición, a modo de mantra, de que es necesario mantener un «diálogo constructivo» con ellos.
En 19 meses, este «diálogo constructivo» no ha dado ningún resultado para las víctimas de los sionistas, pero como Wadephul insiste en continuarlo, ya es hora de examinar más de cerca lo que este tipo de diálogo implica realmente.
Diálogo constructivo
«El diálogo constructivo es una forma de conversación en la que personas con perspectivas diferentes tratan de entenderse mutuamente —sin abandonar sus propias creencias— para vivir, aprender y trabajar juntas. Es especialmente adecuado para abordar cuestiones importantes y complejas que a menudo dividen a las personas».
Si esta es una definición proporcionada por expertos, tal diálogo entre Alemania e Israel es completamente innecesario.
En lo que respecta al genocidio, la violencia de los colonos, la Nakba que se prolonga desde hace décadas, la destrucción del sur del Líbano y el bombardeo de barrios residenciales libaneses e iraníes, Berlín y los sionistas no tienen ni una sola «perspectiva diferente» que deba aclararse. Se «comprenden mutuamente»; ni siquiera tienen que «abandonar sus propias creencias», y ninguno de estos crímenes los «dividiría».
Aprendemos aún más: «En esencia, el diálogo constructivo da prioridad al entendimiento mutuo: el esfuerzo compartido por comprender los puntos de vista de los demás mientras somos conscientes de que los otros también llevan a cabo el mismo esfuerzo respecto a los nuestros. A través de este proceso, los participantes pueden enriquecer sus propias perspectivas, aclarar diferencias, descubrir puntos en común o incluso crear oportunidades para una futura colaboración que antes parecían inalcanzables».
Esto nos ayuda a comprender por qué un diálogo de este tipo carece, en realidad, de sentido.
A la luz de todos los crímenes contra la humanidad que los sionistas siguen perpetrando, ya existe un «entendimiento mutuo» entre ellos y Alemania. Y no hace falta decir que, para el canciller alemán Friedrich Merz, lo que sus mejores amigos hayan anunciado que van a hacer, hayan hecho y sigan haciendo en Gaza y más allá no es en absoluto un genocidio.
En un «diálogo constructivo», Berlín y la entidad sionista no pueden «enriquecer» sus perspectivas ni «aclarar diferencias», ya que están totalmente de acuerdo en todo lo que hacen los sionistas.
No pueden «descubrir puntos en común», pues son hermanos de armas y aliados en el genocidio. Y ni siquiera pueden «crear oportunidades para una futura cooperación» porque, al igual que el proyecto genocida y asesino contra el pueblo palestino fue un acto conjunto, también lo es la posterior aniquilación de libaneses e iraníes. Ninguno de ellos ha «parecido estar nunca fuera de su alcance».
Lanzando bombas de humo
Wadephul, que se vio sometido a la presión de los tres Estados miembros de la UE, respondió recurriendo a una táctica de probada eficacia que no es más que un engaño a gran escala, lo que nos permite comprender una vez más lo que no significa el «diálogo constructivo».
«El diálogo constructivo no consiste en persuadir a los demás ni en ganar una discusión, y tampoco en demostrar que la otra parte está equivocada. Aunque estos puedan ser objetivos razonables para otras formas de conversación, no son los objetivos del diálogo constructivo».
Y por eso Alemania quiere continuar con el «diálogo constructivo». Por definición, descarta todo lo que realmente hay que hacer.
Este hipócrita «diálogo constructivo» tiene por objeto impedir que el ministro de Asuntos Exteriores alemán haga lo que realmente debería hacer: convencer a los sionistas de que pongan fin a sus atroces crímenes y ejercer presión sobre ellos. Tendría que hacer todo lo que estuviera en su mano para plantar cara a la máquina de matar conocida como Israel, para salvar las vidas de aquellos a quienes masacra.
Las acciones, en lugar de palabras vacías, serían simplemente el deber —y, de hecho, la responsabilidad histórica— de un ministro de Asuntos Exteriores alemán. ¿Hasta qué punto sería eso constructivo? Serviría directamente a la causa de la vida, no a la necropolítica sionista.
Sin embargo, ¿se puede imaginar a un ministro de Asuntos Exteriores alemán que no se limite a pronunciar discursos «constructivos» vacíos y sin consecuencias? ¿Quién se atrevería siquiera a imponer sanciones al régimen sionista que comete a diario una lista casi infinita de crímenes bárbaros?
«Israel ante todo»
Por supuesto que no, pero hay mucho que aprender del llamamiento de Wadephul a un «diálogo constructivo».
Hacer un llamamiento a ese «diálogo constructivo» ahora —después de que Alemania haya apoyado y alentado sin reservas el genocidio durante dos años y medio, así como las guerras de agresión en curso contra el Líbano, Siria e Irán— equivale, de hecho, a poner «Israel» en primer lugar.
Otro «diálogo constructivo» no llevará a ninguna parte, porque no está destinado para ello ni debe hacerlo. Se supone que nada va a cambiar. La erradicación del pueblo palestino y de otros pueblos árabes debe continuar. Es una expresión del desprecio apenas disimulado, arraigado en la supremacía blanca, que tanto Alemania como los sionistas albergan hacia la civilización árabe y persa.
Alemania, por su parte, honra la contribución del sionismo a la civilización occidental, que se reduce esencialmente al desarrollo de algunas de las tecnologías militares más avanzadas y de las tecnologías de vigilancia más sofisticadas con el fin de matar y controlar a las personas. Ambas son expresiones del culto sionista a la muerte, que Alemania apoya y del que busca beneficiarse.
«Israel ante todo»: esa es una doctrina muy alemana y lo ha sido durante décadas.
Hoy vemos las consecuencias: mientras el Gobierno alemán, incluso ante el genocidio, intenta apaciguar y engañar a su propio pueblo y al mundo llamando a un «diálogo creativo», al mismo tiempo allana el camino para los jinetes mesiánico-sionistas del Apocalipsis.
Asesinar y mutilar deliberadamente a niños, mujeres y hombres, aniquilar a familias enteras, masacrar a periodistas, cooperantes y personal sanitario, destruir hospitales, escuelas, pueblos, complejos residenciales y barrios enteros: esto es lo que está haciendo «el ejército más degenerado del mundo» con la ayuda de Alemania.
El «diálogo constructivo» que sugiere Wadephul no es más que otra charla de salón en la que Alemania, de manera totalmente constructiva, garantiza a los sionistas carta blanca y apoyo para la continuación de sus bárbaras campañas de exterminio.
Dado que nunca habrá consecuencias, tales conversaciones, por utilizar la expresión de Wadephul, son totalmente «inapropiadas».
Foto de portada: El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul, fotografiado durante un vuelo a Tel Aviv, Israel, el 10 de marzo de 2026. (Felix Zahn/AA/Facilitada por el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí)