Robert Inlakesh, The Palestine Chronicle, 9 mayo 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Robert Inlakesh es periodista, escritor y realizador de documentales. Centra sus trabajos en la región de Oriente Medio, especializándose en las cuestiones relativas a Palestina.
Se ha acusado a los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de lanzar ataques directos contra infraestructuras civiles iraníes, al tiempo que intensificaban su retórica contra Teherán y presionaban a EE. UU. para que volviera a una guerra regional total. Aunque a primera vista podría parecer absurdo que un país tan pequeño y frágil se comprometa con acciones temerarias de este tipo, los EAU no son un Estado del Golfo cualquiera.
Aunque se presenta como una nación innovadora, diferente de sus vecinos en que su enfoque es la creación de riqueza, la «unidad» y la «paz», los EAU fomentan una imagen de liderazgo sabio y acogedor que atiende a los extranjeros. Aprovechando su inmensa riqueza petrolera, los gobernantes de Abu Dabi han logrado construir una imagen de sí mismos casi tan artificial como el horizonte de Dubái.
Detrás del «edificio más alto» y la «piscina más profunda» del mundo no hay arquitectos emiratíes con talento, trabajo duro ni planificadores meticulosos; en su lugar, hay expertos extranjeros y esclavos modernos. Aunque los gobernantes emiratíes sean los que poseen todo y sean sus ciudadanos quienes se benefician de ello, incluso su preciada industria petrolera no sería nada sin todos los extranjeros que lo han hecho todo por ellos.
Curiosamente, tanto sus operaciones de inteligencia en el extranjero como su industria petrolera han estado muy influenciadas por palestinos, concretamente de la Franja de Gaza, y otros árabes no emiratíes, que ayudaron a poner en marcha su nación. Muchos de sus agentes de patrulla policial tampoco son ciudadanos del país, mientras que el 80% de sus fuerzas armadas son extranjeros.
La «paz» y la «unidad» que promueven no son más que un proyecto sionista para atacar la resistencia ante los esfuerzos expansionistas de Israel. Los «Acuerdos de Abraham» no sólo fueron impulsados por los EAU, que utilizaron su influencia en Sudán y Marruecos para sumar aún más Estados, sino que todo su proyecto nacional se ha centrado también en acabar con la unidad panárabe y panislámica.
Los EAU no sólo utilizan proyectos «interreligiosos» para normalizar el sionismo y a los sionistas entre los musulmanes, sino que controlan activamente a una gran cantidad de influencers islámicos, jeques, recitadores del Corán y eruditos, cuya función es dirigirse a musulmanes impresionables. Se utiliza a estas personas para impulsar el sectarismo, especialmente contra los chiíes duodecimanos, pero incluso contra otros musulmanes suníes que se niegan a aceptar sus puntos de vista.
En toda la región, los Emiratos Árabes Unidos, conocidos entre sus aliados belicistas como la «Pequeña Esparta», aplican un enfoque sanguinario, especialmente en el Cuerno de África. En Sudán, son el principal patrocinador de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) del señor de la guerra Muhammad Dagalo (Hemedti), un grupo militante acusado de cometer genocidio. En Gaza, también se les acusa de respaldar a los escuadrones de la muerte vinculados al ISIS controlados por Israel, utilizados por este para luchar contra la resistencia palestina.
En Libia, prestaron apoyo a los hombres del señor de la guerra Jalifa Haftar, al tiempo que respaldaban a los separatistas del Consejo de Transición del Sur (CTS) en Yemen. Afirman oponerse a los «islamistas» y al «extremismo islámico», mientras promueven activamente el islam wahabí, con el objetivo político de fomentar las formas más malignas de sectarismo. Su única oposición real a los «islamistas» es una postura contra los Hermanos Musulmanes y todos los grupos que se atrevan a desafiar a Israel o a Estados Unidos de cualquier manera.
Para demostrar la profundidad de su hipocresía, basta con considerar que los combatientes más duros pertenecientes a sus fuerzas de intermediación del CTS en Yemen eran antiguos militantes de Al Qaida y del ISIS. En nombre de la lucha contra la llamada «amenaza islamista» del gobierno de Ansarallah en Saná, los EAU decidieron apoyar a los militantes salafistas de línea dura.
En lo que respecta al conflicto con Irán, la ilusión óptica de los EAU también está en marcha. Se hicieron pasar por víctimas, fingieron neutralidad, al tiempo que afirmaban haber interceptado más misiles y drones iraníes que los israelíes. De esta manera, se convierten tanto en héroes como en víctimas, pero de una forma aún menos creíble que los sionistas, cuya propaganda es claramente más verosímil.
En realidad, los Emiratos Árabes Unidos no sólo sirvieron de plataforma de lanzamiento para el ataque ilegal de Estados Unidos e Israel contra Irán, sino que incluso habían integrado por completo sus sistemas de defensa aérea con los de Israel tras su acuerdo de normalización. Proporcionaban a los israelíes información que les ayudaba a combatir los ataques de represalia iraníes contra su territorio, mientras que los drones Wing Loong II, propiedad de los Emiratos, se utilizaban para vigilar el espacio aéreo iraní en apoyo de la agresión estadounidense-israelí.
Si bien es cierto que EE. UU. utilizó a otros Estados árabes del Golfo Pérsico para atacar a la República Islámica, ninguno se mostró tan entusiasta como los dirigentes de Abu Dabi. Omán es el único país de la región que no permitió que su territorio se utilizara para acciones ofensivas contra Irán, mientras que Catar comenzó a adoptar un tono más neutral, especialmente a medida que avanzaba la guerra; los EAU, por su parte, tomaron la dirección opuesta. Finalmente, la retórica antiiraní de los Emiratos se intensificó hasta tal punto que los gobernantes emiratíes comenzaron a tildar a Teherán de terrorista.
Entender por qué es crucial para comprender la naturaleza de los Emiratos Árabes Unidos como entidad en el Golfo Pérsico. Contrariamente a su propaganda, Abu Dabi es el medio a través del cual se canaliza el poder imperial israelí y occidental.
Los británicos, que ayudaron a formar los «Estados de la Tregua» que más tarde se unirían bajo el liderazgo de Abu Dabi y se convertirían en los Emiratos Árabes Unidos en 1971, se referían a ellos como «piratas». Este legado de ser un títere menospreciado del imperio es algo que sigue siendo cierto hasta el día de hoy, donde los dirigentes emiratíes multimillonarios cumplen con entusiasmo las órdenes de sus superiores.
En sólo 54 años, el régimen del golfo Pérsico ha logrado presentar al mundo un modelo de adónde conduce el materialismo desenfrenado. Un régimen que funciona gracias al dinero del petróleo, y que no existiría sin los conocimientos técnicos y la inteligencia extranjeros. Desprecia a los demás árabes, a pesar de que los necesita para funcionar o de que se ha convertido en lo que es gracias a ellos.
Afirma representar una versión moderada y pacífica del islam, promoviendo las voces del madjalismo wahabí que lo presentan como un modelo de religión socialmente conservadora y afirman que representa un liderazgo que sigue las virtudes del Tawhid (monoteísmo) por encima de todas las demás. Al mismo tiempo, Dubái es una representación de todo aquello a lo que el islam se opone socialmente, mientras que los mismos predicadores pro-EAU que quieren excomulgar a los musulmanes de a pie de su religión por el más mínimo desacuerdo se quedan de brazos cruzados mientras se construyen abiertamente templos hindúes.
Ha estado implicado en la complicidad de dos genocidios, quizá un tercero si se considera que las 400.000 muertes en Yemen también constituyen un genocidio. Incluso hoy en día, en Somalia, sólo este país e Israel reconocen y respaldan el movimiento separatista de Somalilandia, lo que podría contribuir a un gran derramamiento de sangre en el futuro.
Todo esto es relevante tenerlo en cuenta, ya que los Emiratos Árabes Unidos son tan artificiales y malignos para la región como lo son los israelíes. Ambos sienten un desprecio absoluto por los pueblos que los rodean, se niegan a reconocer los límites de su poder y padecen un narcisismo extremo. En los Emiratos Árabes Unidos tienen que vigilar cada centímetro cuadrado de su territorio, censurar los pensamientos de todos y matar, deportar o encarcelar a cualquiera que se niegue a seguirles el juego para alimentar sus frágiles egos.
En definitiva, los Emiratos Árabes Unidos son tan cómplices de las atrocidades regionales como los israelíes, por lo que no es de extrañar que hayan decidido sumarse directamente a la guerra ilegal de Estados Unidos e Israel contra Irán. Su misión es conquistar, dominar y destruir la región circundante para salir victoriosos, trabajando codo con codo con los sionistas para lograrlo. Ahora que su industria turística ha quedado devastada y han recibido golpes significativos, eso no hace más que reforzar la idea de ayudar a los israelíes en sus esfuerzos expansionistas.
La historia reciente por sí sola ha demostrado que los EAU estaban dispuestos a enfrentarse a la vecina Arabia Saudí, por irracional que pudiera parecer esa idea, y lo rápido que Riad logró sofocar su proyecto separatista por poderes en Yemen. También demostraron en 2017 que estaban dispuestos a llevar a Catar al límite, con el fin de exigir, en nombre de Israel, que dejara de proporcionar apoyo financiero a Hamás, así como de utilizar Al-Jazeera para emitir una cobertura favorable a los palestinos.
Los Emiratos Árabes Unidos no son un país normal; no tienen miles de años de historia como su vecino Omán, sino que son un activo agresivo que sólo se preocupa por expandir el poder de su monarquía. Por lo tanto, cabe suponer que participarán en continuos ataques contra sus vecinos, mientras se escudan tras la excusa de la negación plausible.
Sin embargo, es probable que los emiratíes descubran, en su enfrentamiento con Irán, lo que aprendieron rápidamente cuando se enfrentaron hace poco a Arabia Saudí: que no son Israel y que no pueden comportarse como tal sin sufrir las consecuencias.
Foto de portada: Netanyahu y bin Zayed se enfrentan a realidades regionales divergentes, mientras los funcionarios israelíes advierten de que la guerra con Irán socavará la normalización con los países árabes, salvo en el caso de los EAU. (Montaje y diseño The Palestine Chronicle)