Jeremy Scahill y Murtaza Hussain, Drop Site News, 23 mayo 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Jeremy Scahill es periodista de Drop Site News y fue cofundador de The Intercept. Es reportero de investigación, corresponsal de guerra y autor de Dirty Wars: The World Is a Battlefield y Blackwater: The Rise of the World’s Most Powerful Mercenary Army. Ha informado desde Afganistán, Iraq, Somalia, Yemen, Nigeria, la antigua Yugoslavia y otros lugares del mundo.

Murtaza Hussain es un periodista especializado en temas de seguridad nacional y política exterior. Sus trabajos se publican en CNN, BBC, MSNBC y otros medios de comunicación.
Irán ha presentado su última propuesta a los mediadores para negociar el fin de la guerra de EE. UU., según ha declarado un alto funcionario iraní a Drop Site News, en medio de las continuas amenazas de la Casa Blanca y de las informaciones que apuntan a que la Administración Trump podría estar preparándose para una escalada militar ya este fin de semana. El alto funcionario iraní reveló detalles de las conversaciones en curso entre Teherán y la Administración Trump a través de mediadores regionales, y esbozó la última propuesta de Irán para una resolución diplomática.
El funcionario afirmó que Teherán ha presentado una serie de condiciones como marco para un acuerdo, entre las que se incluyen la reapertura provisional del estrecho de Ormuz —supeditada al fin del bloqueo estadounidense de los puertos iraníes—, la liberación de miles de millones de dólares en activos iraníes congelados y un plan para indemnizar a Irán por los daños sufridos durante la guerra. El funcionario, que pidió permanecer en el anonimato porque no está autorizado a hacer comentarios públicos, afirmó también que el marco iraní requeriría primero un acuerdo para poner fin a la guerra de forma permanente, seguido de negociaciones inmediatas para alcanzar un acuerdo sobre el programa nuclear.
«Hoy, los mediadores han afirmado que Trump parece estar seriamente interesado en declarar el fin de la guerra», declaró el funcionario, aunque ha enviado señales contradictorias sobre si va a responder positivamente a las últimas condiciones de Teherán.
Sin embargo, advirtió que aún existen diferencias significativas entre ambas partes, y reiteró que Irán había elaborado planes para lanzar ataques de represalia si Estados Unidos e Israel reanudaban los ataques. «Dado que la parte estadounidense insiste en llevar a cabo las conversaciones exclusivamente en el marco de la cuestión nuclear, no se ha logrado ningún avance significativo en relación con las propuestas intercambiadas antes de la visita de los mediadores».
Según se informa, en medio de las conversaciones, Trump está sopesando nuevos ataques contra Irán, una táctica que ha utilizado en múltiples ocasiones durante las negociaciones. El viernes se reunió con el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y altos funcionarios de seguridad nacional en el Despacho Oval, y Axios informó de que Trump está «considerando seriamente lanzar nuevos ataques contra Irán, salvo que se produzca un avance de última hora en las negociaciones». Más tarde ese mismo día, publicó en Truth Social que no asistiría a la boda de su hijo y que permanecería en Washington D. C. durante el fin de semana largo debido a «circunstancias relacionadas con el Gobierno y mi amor por los Estados Unidos de América».
La cuestión de la secuencia entre el fin de la guerra y las negociaciones nucleares sigue siendo un importante punto de discordia, según afirmó el funcionario iraní. En su última propuesta, Irán se ha ofrecido a diluir su material nuclear bajo supervisión, al tiempo que acepta límites a su capacidad de enriquecimiento de uranio.
Pero el presidente Donald Trump ha basado la campaña de EE. UU. contra Irán en eliminar la «capacidad de Irán para crear un arma nuclear», una línea roja que la Casa Blanca sigue manteniendo. Trump «dejó muy claras sus líneas rojas», declaró la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, a CBS News: «Irán nunca podrá poseer un arma nuclear, y no puede conservar su uranio enriquecido». Ningún informe de inteligencia ha concluido jamás que Irán estuviera cerca de desarrollar un arma nuclear.
Irán cree que el propio Trump, que ha oscilado entre amenazas descabelladas de destruir Irán y declaraciones de victoria, es un importante factor impredecible para alcanzar cualquier acuerdo. El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, dijo el viernes al secretario general de la ONU que las «exigencias excesivas» de la Casa Blanca eran el principal obstáculo para un acuerdo.
«La decisión política personal de Trump sigue siendo un grave obstáculo para alcanzar la paz. En su mensaje a la parte pakistaní, expresó su voluntad de poner fin a la guerra, pero después de que la delegación pakistaní llegara hoy a Teherán, volvió a adoptar posiciones diferentes en los mensajes intercambiados», dijo el funcionario iraní. «Debido a la falta de compromiso constructivo por parte estadounidense, aún no se ha elaborado ningún borrador de texto».
La Casa Blanca no ha respondido hasta el momento a una solicitud de comentarios.
Acuerdo en dos vías
Las negociaciones se han dividido en dos vías distintas, según el funcionario, centrándose una de ellas en la firma de un acuerdo que declare el fin de la guerra, y la segunda en la controversia sobre el programa nuclear iraní.
El marco iraní esboza una propuesta en la que —tras un acuerdo inicial para poner fin oficialmente a la guerra y el anuncio del fin del bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes— Irán reabriría temporalmente el estrecho de Ormuz y eximiría del pago de tasas de tránsito. «Este acuerdo permanecerá en vigor hasta que se concrete el nuevo régimen de gobernanza de Ormuz, que Irán anunciará en breve», añadió el funcionario iraní. Informó asimismo de que Irán había aceptado esta fórmula en respuesta al impacto destructivo del conflicto en los mercados mundiales de la energía y los alimentos, así como a las peticiones de ayuda de países de la región, de Europa y de Asia.
A cambio, Estados Unidos tendría que aceptar liberar parte de los activos congelados de Irán, así como crear un mecanismo internacional en el que participaran Estados Unidos y otros países que intervinieron en la guerra para compensar a Irán por las pérdidas. La posición iraní también exige el fin de la guerra en toda la región, en particular en el Líbano, donde Israel ha seguido llevando a cabo un ataque militar masivo a pesar de un alto el fuego nominal.
Tras la firma del acuerdo para poner fin a la guerra, como parte de las negociaciones posteriores sobre el expediente nuclear, Irán también presentó unas condiciones que incluirían el compromiso de no desarrollar armas nucleares. A cambio, Irán solicitaría el reconocimiento de sus derechos de enriquecimiento nuclear, que, según el acuerdo, seguirían estando limitados durante varios años.
«Irán suspenderá voluntariamente el enriquecimiento por encima del 3,6% durante un período de 10 años. El uranio enriquecido por encima del 20% existente se diluirá dentro de Irán con la participación de mediadores y se utilizará a nivel nacional con fines pacíficos», afirmó el funcionario iraní. En cuanto al compromiso iraní de no desarrollar armas nucleares, «en nuestra opinión, este será un requisito previo vinculante, siempre que se reconozcan los derechos oficiales del país, y se incluya explícitamente en los textos formales del acuerdo nuclear.
Muchos de los detalles sobre los niveles de enriquecimiento y los derechos garantizados a Irán en virtud del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares se ajustan estrechamente a las propuestas iraníes anteriores a la guerra, así como al acuerdo nuclear de 2015 negociado con éxito entre Washington y Teherán.
Según el funcionario, la Administración Trump ha indicado que desea que el acuerdo sobre el programa nuclear y el fin de la guerra se produzcan simultáneamente. «En sus mensajes, la Administración Trump ha condicionado la liberación de cualquier recurso financiero al resultado de las negociaciones nucleares. Esto no es aceptable para nosotros», afirmó el funcionario iraní.
«Consideramos que el levantamiento total de las sanciones es un resultado razonable a cambio de una conclusión satisfactoria de las negociaciones nucleares. Nuestros activos bloqueados deben ser liberados de inmediato para la reconstrucción del país a cambio de la declaración oficial que ponga fin a la guerra», añadió el funcionario. «Han rechazado explícitamente tanto la cantidad solicitada como el mecanismo propuesto para nuestro acceso a los recursos financieros».
En los últimos días, mientras Trump amenazaba con reanudar los ataques, los países de la región se han visto envueltos en una intensa diplomacia itinerante entre Irán y EE. UU. Después de que este último país presentara su propuesta más reciente a principios de esta semana, Trump dijo: «Si no obtenemos las respuestas adecuadas, todo irá muy rápido. Estamos todos listos para actuar». Las conversaciones entre Washington y Teherán cuentan con la mediación oficial de Pakistán, aunque otros países, entre ellos China, Catar, Arabia Saudí y Egipto, están desempeñando un papel de apoyo en la formulación de un acuerdo.
«Nuestras propuestas han sido aceptadas por todas las partes consultadas, incluidos los países mediadores directos y otros actores regionales informados del proceso de negociación», afirmó el funcionario. «Este marco se considera viable en la práctica».
Mientras tanto, el Gobierno iraní se está preparando para intensificar su respuesta en caso de que Trump reanude los bombardeos.
«Nuestra valoración actual es que la voluntad expresada por Trump de alcanzar un acuerdo para poner fin a la guerra no es totalmente fiable. Por lo tanto, la parte iraní mantendrá la máxima preparación para defender el país en caso de guerra», afirmó el funcionario. «De acuerdo con las políticas de alto nivel que se han adoptado, si comienza la guerra, Irán también atacará intereses estadounidenses fuera de la región de Asia Occidental, y todos los países que alberguen bases de este tipo dentro del alcance operativo de Irán también podrían convertirse en objetivos».
Presiones sobre Irán
La estrategia de EE. UU. para presionar a Irán —después de que varias semanas de ataques aéreos conjuntos de EE. UU. e Israel llevados a cabo durante la Operación Furia Épica no lograran derrocar al Gobierno ni obligarlo a capitular— ha dado un giro hacia el bloqueo de los puertos iraníes y el intento de detener sus ventas de energía. China es el principal comprador de petróleo iraní, representando aproximadamente el 90% de sus importaciones.
Al principio de la guerra, Estados Unidos concedió exenciones temporales que permitían vender sin sanciones el petróleo iraní que ya se encontraba en el mar, con el fin de retrasar el impacto económico del bloqueo del estrecho. A medida que la guerra se ha prolongado y el control de facto de Irán sobre el estrecho se ha afianzado, los países asiáticos y europeos han reanudado cada vez más los contactos diplomáticos con Irán, tras haber participado anteriormente en una campaña liderada por Estados Unidos para aislar a Teherán.
«China está aprovechando ahora la situación en su propio beneficio y disfruta viendo cómo Estados Unidos gasta sus recursos militares y municiones; no hará nada para detenerlo», afirmó Mohammed Sani, un analista iraní afincado en Teherán. «Parece que otros países de Europa y Asia también han empezado a aceptar la realidad de la situación, entre ellos Corea del Sur, Japón, Francia y España. Antes esperaban a que se iniciara una operación estadounidense para abrirse a ello, pero ahora están acudiendo a Irán uno a uno para negociar directamente, aceptando el control iraní, y ya no cuentan con una operación militar estadounidense».
La agencia de noticias Tasnim, un medio de comunicación iraní vinculado al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), informó a principios de este mes de que EE. UU. había concedido de nuevo exenciones para la venta de petróleo, algo que los funcionarios estadounidenses negaron.
El funcionario iraní que habló con Drop Site afirmó que se había alcanzado un acuerdo para reanudar parte de las ventas de petróleo iraní a Pekín, aunque dicho acuerdo no se ha hecho público.
«Hemos vendido parte de nuestro petróleo a China mediante preventas, y la transferencia del volumen adquirido ya ha comenzado», declaró el funcionario.
«Se espera que la parte estadounidense, de acuerdo con sus conversaciones bilaterales con Pekín, no ponga ningún obstáculo al transporte de este petróleo por parte de petroleros chinos».
Tras una visita a China la semana pasada en la que no logró obtener el apoyo de Pekín para presionar a Irán a fin de que pusiera fin al enfrentamiento en los términos estadounidenses, Trump declaró a Fox News que el presidente chino, Xi Jinping, le había dicho: «Me encantaría ser de ayuda, si puedo ser de alguna ayuda», al tiempo que añadía que, a pesar de haber prometido no vender equipo militar a Irán, «compran mucho de su petróleo allí, y les gustaría seguir haciéndolo».
Amenazas inminentes
A pesar de las conversaciones en curso entre EE. UU. e Irán, existe una grave amenaza de que se reanude la guerra. En una reciente conversación telefónica con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, según informó Axios, Trump afirmó que se inclinaba por reanudar los ataques contra Irán, incluida una última oleada «decisiva» de ataques.
Trump ha expresado en repetidas ocasiones su preferencia por poner fin rápidamente a su guerra contra Irán, profundamente impopular y costosa, amenazando con atacar la infraestructura energética iraní —un objetivo que Israel ha alentado en repetidas ocasiones—. Al mismo tiempo, se enfrenta a una presión cada vez mayor por parte de los republicanos del Senado debido al impacto económico de la guerra en un año electoral.
Analistas iraníes vinculados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) que hablaron con Drop Site han afirmado que, en caso de una nueva guerra, Irán se está preparando para lanzar una ofensiva de amplio alcance que no se limitaría a un plazo determinado, y que además se intensificaría hasta incluir ataques contra infraestructuras regionales críticas para la economía mundial, así como contra bases estadounidenses y activos navales dentro del alcance de la costa iraní. El estrecho de Bab al-Mandab, cerca de Yemen, que hasta ahora ha permanecido fuera de los límites durante la guerra actual, probablemente también sería objetivo en una nueva ronda, lo que añadiría otro nivel de tensión a la economía mundial.
«Si se lanzan a una guerra de infraestructuras, Irán responderá con actos de represalia y no sólo bombardeará zonas energéticas en los anillos meridionales del golfo Pérsico, sino que también cerrará el estrecho de Bab al-Mandab. La economía mundial se verá abocada a la devastación, incluida la economía estadounidense», afirmó Mostafa Khoshchesm, analista de seguridad cercano al CGRI. «Lo intentaron antes del alto el fuego: atacaron muchos puentes, centros científicos, centros de investigación, universidades y hospitales. Los iraníes se mantuvieron firmes, no sólo las fuerzas armadas iraníes, sino también el pueblo iraní y el Gobierno. «Todos se mantuvieron firmes. Ya nos han puesto a prueba y saben que eso no será posible. Los iraníes no se rendirán».
Estados Unidos e Israel también han seguido reponiendo sus recursos agotados en la región. Sin embargo, según afirmó Khoshchesm, la opinión iraní es que, a pesar del nivel de fuerza estadounidense desplegada, tras haber superado el primer enfrentamiento y haber mantenido sus capacidades en materia de misiles y drones, Teherán sigue teniendo, en última instancia, la ventaja en la escalada del enfrentamiento. Afirmó que Irán no cederá por la fuerza ante ninguna exigencia de EE. UU. e incluso consideraría intensificar el enfrentamiento por su cuenta en función de lo que ocurra.
«No habrá acuerdo si Donald Trump insiste en su enfoque maximalista, en el que lo quiere todo», dijo Khoshchesm. «Hay muchos en Irán que creen que esta guerra debería zanjarse de una vez por todas. Son muchos los que exigen a las fuerzas armadas un ataque preventivo contra buques estadounidenses y otras bases en la región. Creen, con razón, que Irán tiene ventaja y debería utilizarla para acabar con todo ahora mismo, sin dejar nada para el futuro».
Otros analistas iraníes también predijeron que una nueva guerra supondría un aumento de los ataques iraníes contra los Estados árabes del Golfo que se alinearon con EE. UU. e Israel, en particular los Emiratos Árabes Unidos. Irán y los EAU se han intercambiado ataques incluso desde el alto el fuego del 8 de abril. Los EAU, que se han vinculado estrechamente a Israel durante la guerra, atacaron, según ha quedado constancia, a Irán en las horas posteriores al alto el fuego, al atacar una instalación de almacenamiento de petróleo en la isla de Lavan. A principios de este mes, un dron supuestamente lanzado por milicias proiraníes cayó cerca de la central nuclear de Barakah, en los Emiratos Árabes Unidos, en lo que el país calificó de «ataque terrorista no provocado».
«En Irán todo el mundo está esperando una nueva ronda, porque, dadas las posiciones de Irán y de los estadounidenses, creen que las posibilidades de llegar a un acuerdo son muy escasas. Parece que quieren probar suerte otra vez, pero el resultado será el mismo, salvo que esta vez Irán responderá de forma más agresiva que antes», afirmó Sani.
Además de la esperada coordinación con Ansarallah para cerrar el estrecho de Bab al-Mandab, Sani señaló que Irán atacaría con especial intensidad los intereses económicos y las infraestructuras de los EAU.
Aunque varios países de la región que ayudaron a facilitar los ataques de EE. UU. han llegado desde entonces a acuerdos con Irán para no cooperar en futuras ofensivas a cambio de que no se les considere objetivos en una nueva guerra, los EAU han redoblado públicamente su relación con Israel desde el alto el fuego. Se desplegaron recursos militares israelíes en territorio emiratí durante la guerra, y el país también recibió la visita de altos cargos políticos y militares israelíes, incluido el primer ministro Benjamin Netanyahu, según contactos revelados por el Gobierno israelí.
«Los Emiratos Árabes Unidos están buscándose problemas: están construyendo defensas alrededor de las refinerías para protegerlas de los ataques con drones y preparándose para una nueva ronda. Quieren seguir este camino hasta el final, situarse del lado de Israel y convertirse en un segundo Israel en la región», afirmó Sani.
Tras el intento fallido de conseguir el apoyo de China para reabrir el estrecho de Ormuz, Estados Unidos se enfrenta a un conjunto de opciones cada vez más limitado sobre cómo proceder, especialmente teniendo en cuenta lo que Sani describió como la nueva realidad del control iraní sobre la vía navegable.
«El único país que se niega a aceptar esta realidad es Estados Unidos, pero tendrá que aceptarla pronto, ya sea antes o después de una nueva ronda de guerra. Sólo tiene un camino por delante: colaborar con Irán y pedir que se abra el estrecho por la vía diplomática… Al final se dará cuenta, como otros países, de que no hay opción militar para abrir el estrecho y de que Estados Unidos necesita llegar a un acuerdo con Irán».
Foto de portada: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desciende del Air Force One a su llegada a la Base Conjunta Andrews, en Maryland, el 22 de mayo de 2026. (Brendan SMIALOWSKI/AFP vía Getty Images)