Mohamed Solaimane, +972.com Magazine, 26 mayo 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Mohamed Solaimane es un periodista afincado en Gaza que ha publicado artículos en numerosos medios internacionales. Ha informado ampliamente sobre la guerra genocida de Israel contra Gaza, así como sobre temas relacionados con el deporte, la música, el medio ambiente y la mujer.
A la sombra de un edificio en la llanura costera meridional de Al-Mawasi, en la Franja de Gaza, las manos se alzan en silencio en señal de aprobación. Un asesor jurídico recorre metódicamente una lista, recogiendo las firmas de los allí reunidos.
El ambiente, alrededor del mediodía de un día a principios de mayo, es reflexivo y formal. En muchos aspectos, se parece a cualquier otra elección organizativa. Excepto que no se trata de un sindicato ni de un consejo municipal. Se trata de una familia. Unos 160 hombres, en representación de la rama Murtaja de la familia Al-Astal —uno de los clanes más grandes y destacados del enclave sitiado— acaban de elegir por aclamación a ocho candidatos para su asamblea general.
Estas elecciones internas, antes informales e irregulares, se están celebrando ahora en toda Gaza a una escala que residentes y analistas describen como sin precedentes. Las familias que antes dependían de un único mukhtar —un líder comunitario que es designado en lugar de elegido— se están reestructurando en órganos representativos jerarquizados, con asambleas generales, consejos familiares elegidos y estatutos formales que regulan cómo se toman las decisiones y quién puede tomarlas.
Pero estas elecciones no se limitan a los clanes más grandes de Gaza, explicó Faten Harb, activista feminista, mediadora comunitaria y mukhtara que fue elegida recientemente para el consejo municipal de Deir Al-Balah. A través de su trabajo, ha sido testigo de la expansión de este tipo de elecciones por toda la Franja.
«Todas las familias, ya sean de unas pocas docenas o de decenas de miles de miembros, quieren un consejo que las represente», afirmó Harb. «Una familia sin consejo corre el riesgo de que se pasen por alto sus derechos, incluido su acceso a la ayuda de algunas organizaciones».

Ceremonia electoral de la rama Murtaja de la familia Al-Astal, en Al-Mawasi, al sur de la Franja de Gaza. (Foto: Mohamed Solaimane)
Esta aceleración se produce en un contexto marcado por el colapso del aparato de gobierno de Hamás, la ausencia continuada del Comité Nacional para la Administración de Gaza (que se suponía que debía hacerse cargo de la Franja de acuerdo con el llamado alto el fuego) y la creciente dependencia de las principales organizaciones de ayuda de los registros proporcionados por los clanes para determinar quién recibe asistencia. Tras la represión israelí contra la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) y el aparato de la ayuda internacional en general, las redes familiares de Gaza han comenzado a llenar el vacío que las instituciones formales se vieron obligadas a dejar.
Mohamed Mansur, portavoz del Comité Egipcio de Ayuda —uno de los organismos humanitarios más grandes y activos de Gaza— declaró a +972 Magazine que su organización ha dependido de los registros proporcionados por los clanes desde que comenzó a operar hace dos años. «Estas listas son las más precisas y profesionales», afirmó, «sobre todo porque ningún representante de los clanes excluirá a ninguna familia del registro». A través de 40 puntos de distribución repartidos por toda Gaza, y utilizando las bases de datos facilitadas por los clanes, Mansur señaló que la ayuda del comité ha llegado a 450.000 familias.
Este sistema no está exento de defectos. «En varias ocasiones surgen conflictos entre los representantes de los clanes», reconoció Mansur, «y el Comité Egipcio les pide que se pongan de acuerdo en un único representante u organismo a través del cual recibir la ayuda». Es precisamente esta fricción, sugirió, la que generó un impulso hacia la creación de organismos formales y elegidos cuya legitimidad sea más difícil de cuestionar.
Los mecanismos de la autoorganización
El jeque Tariq Al-Astal, que preside tanto el consejo de la familia Al-Astal como la Reunión Nacional de Tribus, Clanes y Familias Palestinas, describió el proceso que emprendió su familia como un modelo para otros. Lo que originalmente era un clan de seis ramas se reorganizó en 30 subramas para facilitar la representación, y cada rama eligió delegados en una proporción de un representante por cada 20 miembros. La asamblea general resultante elige entonces el consejo familiar, que a su vez selecciona a su propio presidente, vicepresidente y subcomités, incluido uno para las mujeres, otro para la solidaridad social y un tercero para los deportes.
«Las familias y los clanes están avanzando hacia la formación de consejos representativos que hablen en su nombre ante los diversos organismos pertinentes, de una manera que les ayude a organizar su trabajo, agilice los procedimientos y refuerce su presencia en el marco de las instituciones de la sociedad civil», afirmó Al-Astal.
Las propias elecciones, argumentó, fomentan la consulta entre los miembros y refuerzan las prácticas institucionales dentro de los clanes. Sin embargo, admitió que también son una preparación para algo más amplio: la participación en las elecciones generales, los consejos municipales y cualquier estructura de gobierno que finalmente surja en Gaza.

La primera reunión de la Asamblea Nacional de Tribus, Clanes y Familias Palestinas, el 16 de mayo. (Foto: Mohamed Solaimane)
Taha Al-Qasas recordó cómo el asesinato del mukhtar de su clan en un ataque aéreo israelí hace dos años dejó a la familia sin representación formal en el momento en que más se necesitaba. «La ausencia de un órgano representativo impidió a los miembros de nuestra familia beneficiarse de muchas cosas, incluida la ayuda que dependía de las listas presentadas por los representantes de los clanes», afirmó.
Para solucionar esto, la familia fundó un consejo, redactó unos estatutos y los sometió a votación ante una asamblea general de más de 510 miembros registrados, todos ellos hombres mayores de 16 años. La asamblea eligió un consejo familiar de 13 miembros para un mandato de cuatro años, renovable una vez, que a su vez eligió a su propio presidente y a sus comités.
Incluso se fijaron las tasas de candidatura: 3.000 NIS (alrededor de 1.000 dólares) para el cargo de mukhtar, 200 NIS para un escaño en el consejo, 100 NIS para la asamblea general y 10 NIS para el órgano de afiliación general, destinándose los ingresos a un fondo al servicio del clan. «El mukhtar se asemeja más a un jefe de Estado y el consejo es como el gobierno», explicó Al-Qasas.
Nurhan Al-Aqad, coordinador del Foro de Familias de Jan Yunis, afirmó que el acceso a la ayuda se convirtió en el principal motor de la prisa por formar órganos representativos de los clanes en toda la Franja. «Las instituciones, incluidas la ONU y otras internacionales, adoptaron este enfoque y se pusieron en contacto con los delegados de los clanes y los líderes comunitarios para entregar ayuda e incluso protección», explicó.
El vacío judicial en toda Gaza, señalaron tanto Al-Aqad como Harb, es tan significativo como el humanitario. Con los tribunales, la policía y el aparato de seguridad prácticamente paralizados y reanudando su trabajo sólo parcialmente desde el alto el fuego, los consejos familiares se han convertido en el principal mecanismo para resolver disputas dentro de los clanes y entre ellos. «Incluso los órganos de gobierno de Hamás están dirigiendo a la gente hacia los mukhtars y los consejos de clanes para resolver disputas», dijo Harb.
Las leyes y los sistemas de justicia creados por los clanes están profundamente arraigados en la cultura palestina, especialmente en Gaza, explicó Harb. Pero su protagonismo actual no tiene precedentes, ya que surge directamente de la ausencia de cualquier alternativa que funcione.

Palestinos inspeccionando los daños sufridos por sus viviendas tras un ataque aéreo israelí contra el campo de refugiados de Nuseirat, en el centro de la Franja de Gaza, el 26 de mayo de 2026. (Foto: Ali Hassan/Flash90)
«El vacío dejado por los organismos gubernamentales, que se volvieron ineficaces o desaparecieron por completo como consecuencia de la guerra, hizo recaer sobre los clanes y las familias la responsabilidad de organizar la vida social, la seguridad y la política», afirmó Al-Aqad. «Las instituciones se encontraron sin nadie con quien tratar salvo las familias».
Resistencia a la cooptación
La importancia de estas crecientes estructuras institucionales de clanes en medio de la guerra no ha pasado desapercibida para Israel. El primer ministro Benjamin Netanyahu admitió públicamente el año pasado haber «activado clanes en Gaza que se oponen a Hamás». De hecho, durante gran parte de la guerra, el ejército israelí y la agencia de seguridad Shin Bet han estado identificando y reclutando a delincuentes y fugitivos, prometiéndoles poder, dinero, armas y acceso a alimentos y otros bienes negados a los palestinos de a pie en Gaza.
El resultado más notable de esta estrategia fue la milicia Fuerzas Populares liderada por Yaser Abu Shabab, quien —según múltiples fuentes israelíes— tenía antecedentes penales y presuntos vínculos de contrabando con redes vinculadas al ISIS en el Sinaí. Con el respaldo abierto de Israel, operó en Rafah hasta su asesinato a manos de miembros de su propia milicia en diciembre de 2025.
Como escribió Muhammad Shehada para +972 en aquel momento, «al externalizar su ocupación de una población sitiada a los colaboradores más violentos y oportunistas, «Israel no conseguirá ofrecer una alternativa estable al gobierno de Hamás. Más bien, esa estrategia sólo fomenta una economía de señoríos locales en miniatura, allanando el terreno para ciclos interminables de violencia vengativa».
Sin embargo, aunque ha tenido éxito con algunas personas, Israel no ha logrado reclutar a ninguno de los clanes de Gaza en su conjunto. «Israel fracasó total y absolutamente a la hora de ganarse a las familias», afirmó Harb. «De hecho, las familias cuyos miembros se negaron a cooperar con Israel fueron bombardeadas por ello».
Citó a la familia Bakr, un clan prominente de Gaza, como ejemplo: Según Euro-Med Human Rights Monitor, Israel llevó a cabo una masacre contra la familia un día después de que su mukhtar rechazara una exigencia israelí de que su familia permaneciera en el campo de refugiados de Al-Shati con la condición de que sus miembros sirvieran en una milicia local proisraelí. Los misiles israelíes mataron a nueve miembros de la familia, entre ellos mujeres y niños.
Las familias cuyos miembros sí se unieron a las milicias respaldadas por Israel —como los Abu Shabab y los Al-Astal (Hasam Al-Astal es el líder de la milicia «Fuerza de Ataque Antiterrorista», situada en territorio controlado por Israel entre Jan Yunis y Rafah)—, solían responder emitiendo comunicados públicos formales en los que repudiaban a esas personas, calificaban su participación de acto de traición y advertían al resto de los miembros de la familia que se mantuvieran alejados de las zonas controladas por Israel. Estas familias, señaló Harb, no obstante «dejaban la puerta abierta al arrepentimiento y al regreso».

Miembros de las Fuerzas Populares. (Foto: Yaser Abu Shabab/Facebook; utilizada de conformidad con la cláusula 27a de la Ley de Propiedad Intelectual)
El futuro gobierno de Gaza
Todos los líderes de los clanes entrevistados para este artículo tenían algo en común: su insistencia en que los clanes no son ni serán nunca un sustituto del liderazgo político palestino. «Todos los clanes anunciaron su rechazo a ser una alternativa a la Autoridad Palestina o a cualquier organismo palestino que gobernara Gaza cuando la ocupación israelí lo intentó», explicó Al-Aqad, del Foro de Familias de Jan Yunis.
Aun así, Al-Aqad cree que las elecciones también muestran que existe una profunda pérdida de confianza pública en las facciones políticas y que la gente se decanta cada vez más por las estructuras familiares para proteger sus intereses.
Las recientes elecciones municipales en Deir Al-Balah ofrecieron una idea de cómo podría ser eso en la práctica. La movilización de los clanes fue un factor significativo en el éxito de las elecciones, en parte porque las listas de candidatos evitaron deliberadamente la afiliación a partidos, apoyándose en cambio en las redes familiares para obtener legitimidad y participación. Aunque se presentaron de forma independiente, los que ganaron contaban con el apoyo de sus familias.
En consecuencia, Al-Qasas insta a los partidos a integrar las estructuras clánicas elegidas en cualquier marco político que surja, en lugar de tratarlas como un obstáculo para el mismo. Las elecciones en sí mismas, argumenta, deberían fomentarse como una respuesta institucional saludable a un vacío institucional catastrófico, y como el mecanismo más legítimo disponible para preparar a las estructuras de los clanes para que participen en la futura gobernanza.
Sin embargo, existe una importante línea divisoria que atraviesa el reciente auge de las elecciones de los clanes: la exclusión total de las mujeres, tanto del voto como de la candidatura. Según Al-Qasas, esto es así en todos los clanes de Gaza, independientemente del tamaño de la familia. Las asambleas generales, los consejos familiares y los cargos de mukhtar que se están formalizando y eligiendo a una escala sin precedentes son, sin excepción, ámbitos exclusivamente masculinos.
Harb rechazó esta exclusión en principio, pero explicó la lógica social que la sustenta. «En Gaza, los consejos familiares se encargan principalmente de gestionar las disputas interfamiliares más graves; casos que suelen implicar asesinatos, agresiones violentas y enfrentamientos que escalan desde armas blancas hasta armas de fuego y quema de viviendas», explicó. «No se trata de disputas en cuya resolución hayan participado históricamente las mujeres en Gaza», añadió, «y no son compatibles con el entorno conservador en el que se han criado las mujeres palestinas».
Como mukhtara, Harb media en disputas sociales como conflictos matrimoniales, casos relacionados con los derechos de las mujeres y problemas a los que se enfrentan las divorciadas, en una estructura informal que coexiste con los consejos familiares dominados por hombres, pero que está separada de ellos. Señaló que las mukhtaras superaban a sus homólogos masculinos en este tipo de casos de mediación, pero que esto no se ha traducido en una representación formal dentro del sistema de elecciones de clanes que se está institucionalizando actualmente en toda Gaza.
Foto de portada: Primera reunión del Encuentro Nacional de Tribus, Clanes y Familias Palestinas, 16 de mayo. (Mohamed Solaimane)