Una inflación galopante y el aumento vertiginoso del desempleo azotan la economía iraní

Reza Sayah y Murtaza Hussain, Drop Site News, 29 mayo 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Reza Sayah es padre, periodista y cineasta. Está afincado en Teherán.

Murtaza Hussain es un periodista especializado en temas de seguridad nacional y política exterior. Sus trabajos se publican en CNN, BBC, MSNBC y otros medios de comunicación.

Estados Unidos e Irán se hallan inmersos en intensas negociaciones sobre un memorando de entendimiento que podría poner fin a la actual guerra, al tiempo que levantaría el bloqueo a Irán y reanudaría gradualmente el acceso marítimo global al estrecho de Ormuz. El viernes por la mañana, Donald Trump publicó en Truth Social una lista de requisitos para Irán en cualquier acuerdo negociado, incluyendo compromisos sobre su programa nuclear y la reanudación del acceso al estrecho a cambio de una compensación económica, afirmando que próximamente se celebraría una reunión para «tomar una decisión final».

La declaración de Trump sobre el memorando de entendimiento pendiente fue refutada por la agencia de noticias iraní progubernamental Fars, que calificó la publicación como «una mezcla de verdades y mentiras», afirmando que Trump había omitido las concesiones económicas iniciales que había acordado hacer a Irán y los compromisos para poner fin de inmediato a la guerra en el Líbano, y que había tergiversado los propios compromisos acordados por Irán sobre su programa nuclear y el futuro control del estrecho. La información añadía que Irán aún esperaba dar su aprobación final a cualquier acuerdo, mientras continuaba negociando, con «una total desconfianza hacia Estados Unidos».

Un funcionario iraní confirmó a Jeremy Scahill, de Drop Site, que Teherán había aceptado lo que los mediadores describieron como el borrador final de un memorando de entendimiento. Sin embargo, una profunda desconfianza hacia Trump impide cualquier anuncio oficial. Según el funcionario, Irán no puede descartar nuevos ataques estadounidenses-israelíes. «Algunas voces en Irán temen que el presidente Trump reconsidere su postura en el último momento», declaró el funcionario, añadiendo que Irán no consideraría definitiva la decisión de Trump hasta que los mercados financieros estadounidenses cierren al final de la semana. Irán también advirtió que Trump probablemente tergiversaría los términos acordados en privado para promover su narrativa de haber salido «victorioso».

Si bien existen indicios de que la guerra podría estar avanzando —lenta y dolorosamente— hacia una solución negociada, el daño económico y social causado a los iraníes de a pie por la campaña aérea estadounidense-israelí y el bloqueo de su país se sentirá probablemente durante años. Esta mañana, Drop Site publicó un artículo del colaborador iraní Peiman Salehi sobre el impacto de los bombardeos israelíes en la industria petroquímica de Irán y los esfuerzos para reconstruir el extenso yacimiento de gas de South Pars, gravemente dañado durante la guerra. Pueden leerlo aquí.

El siguiente artículo, elaborado en colaboración con el periodista Reza Sayah, afincado en Teherán, aborda las repercusiones económicas más graves de la guerra en Irán: la inflación galopante, la pérdida de empleos y la contracción económica que podría sumir a millones de ciudadanos en la pobreza en los próximos meses.

—Murtaza Hussain

Mientras se vislumbra un posible acuerdo de paz, los iraníes se enfrentan a la devastación económica, la corrupción y una desigualdad arraigada

TEHERÁN, Irán—Durante las últimas semanas de guerra, Babak, de 42 años y director de una pequeña empresa de ingeniería en Teherán, se ha visto obligado a despedir a la mayoría de sus empleados. La decisión se tomó tras una caída catastrófica del negocio durante la guerra, según explicó a Drop Site, así como por el corte del acceso a Internet a nivel nacional, que limitó aún más su capacidad para operar.

«En un momento dado teníamos 25 empleados. Ahora mismo, trabajamos con una plantilla de seis. Reducir nuestra plantilla ha sido doloroso, hemos pasado mucho tiempo trabajando codo con codo. Son como tu familia, tus hermanos y hermanas», afirmó.

En marzo, el Gobierno iraní aumentó el salario mínimo mensual en el país a unos 90 dólares estadounidenses para ayudar a proteger a la población de la inflación. Aunque la medida ayudó a mantener a flote la economía durante la guerra, también obligó a Babak, y a muchos otros propietarios de pequeñas empresas que ya tenían dificultades para operar, a despedir personal para sobrevivir.

Su empresa trabaja en proyectos mineros y de petróleo y gas, incluido el diseño de oleoductos e instalaciones de almacenamiento. A pesar de la destrucción generalizada de las infraestructuras que se produjo durante la guerra de Israel y Estados Unidos y de la necesidad de reconstrucción, la falta de capital en la economía hace que se pongan en marcha pocos proyectos, incluso allí donde existe necesidad.

«La mayoría de nuestros empleados tienen másteres o doctorados en ingeniería civil y arquitectura. En este momento, muchos de ellos tienen un segundo o tercer empleo. Conducen taxis, cambian divisas o venden oro para ganar dinero», dijo Babak.

A pesar del impacto de años de sanciones y aislamiento internacional, Irán cuenta con una población altamente cualificada y algunas de las mejores universidades de ingeniería del mundo, varias de las cuales fueron atacadas durante la campaña militar estadounidense-israelí. El impacto económico de la guerra ha obligado a muchos iraníes con estudios a abandonar sus profesiones en una búsqueda desesperada por llegar a fin de mes en una economía destrozada.

«Nuestro deber más importante en este momento es proteger el ánimo de nuestros jóvenes empleados con habilidades técnicas que quieren trabajar», añadió Babak. «Mantener el ánimo de nuestro personal y evitar que abandonen su carrera y su experiencia para dedicarse a trabajos no cualificados. No tenemos ninguna esperanza de ganar dinero, esa es la amarga verdad. El objetivo es sobrevivir».

Irán entró en la guerra con una economía que ya se encontraba en una situación de grave crisis. La renta nacional per cápita había caído de unos 8.000 dólares en 2012 a unos 5.000 dólares en 2024. Como consecuencia de la guerra, el Fondo Monetario Internacional prevé ahora que el PIB de Irán se contraiga un 6% más en 2026, mientras que los precios al consumo aumentarán casi un 70% durante ese periodo. Los ataques israelíes y estadounidenses contra infraestructuras críticas, como plantas siderúrgicas, empresas farmacéuticas y fábricas, también han provocado la pérdida de aproximadamente un millón de puestos de trabajo, según el Ministerio de Trabajo del país, y han afectado indirectamente al empleo de millones de personas más.

Como muestra de la tensión en el mercado laboral, una importante plataforma iraní de búsqueda de empleo informó a finales de abril de un récord de 320.000 solicitudes de empleo en su plataforma en un solo día. Debido a los daños en las infraestructuras, las empresas privadas y los desplazamientos, el PNUD estima que hasta 4,1 millones de iraníes podrían verse abocados a la pobreza como consecuencia de la guerra.

Inflación galopante

Tras el inicio de los combates, el Gobierno iraní impuso un bloqueo de represalia en el estrecho de Ormuz que trastornó la economía mundial y ejerció una presión extrema sobre Washington para que pusiera fin al conflicto. Pero el posterior bloqueo estadounidense que comenzó en abril sobre los puertos iraníes también ha limitado la capacidad de Irán para vender su propio petróleo y gas y ha restringido las importaciones marítimas al país.

El cierre ha sumido en el caos a un sistema económico dependiente de las exportaciones de energía, ya que la consiguiente pérdida de ingresos ha paralizado la toma de decisiones del Gobierno y ha frenado la planificación de las empresas. Irán necesita actualmente una enorme reconstrucción tras la guerra, así como el deterioro de las infraestructuras tras años de sanciones. Sin embargo, la falta de acceso a la financiación y la incertidumbre sobre la situación económica futura hacen que no se pueda seguir adelante con la planificación de nuevas obras.

«Nuestro país depende de las exportaciones de petróleo. Cuando se nos imponen sanciones y no podemos exportar petróleo, el Gobierno no puede poner en marcha proyectos. Se supone que los proyectos y el desarrollo deben partir de arriba, y eso no ha sido así», afirmó Babak. «En la actualidad, debido a la escasez de electricidad y agua, la jornada laboral de los funcionarios públicos es de siete de la mañana a una de la tarde. En una economía global, donde muchos trabajan diez o doce horas al día, hay muy poco que un funcionario pueda hacer en cinco horas. Y tampoco tienen muchos ingresos, por lo que su motivación es muy escasa».

Tras el estallido de la guerra, el Gobierno impuso un importante bloqueo de Internet por motivos de seguridad nacional. Pero el impacto del bloqueo, que sigue siendo intermitente, también ha paralizado a muchas empresas iraníes que operan online, con estimaciones que sitúan las pérdidas económicas derivadas del bloqueo en más de 6 millones de dólares al día, ya que las empresas que dependen de WhatsApp, Instagram y otros canales de redes sociales para sus ventas y comunicaciones se han visto obligadas a utilizar plataformas estatales más limitadas.

A pesar de contar con un importante sector agrícola nacional que abastece a los iraníes de gran parte de sus alimentos, los precios han seguido aumentando considerablemente durante la guerra, lo que se ha sumado a una espiral inflacionista ya existente que se había desencadenado por el colapso del rial iraní a raíz de las sanciones estadounidenses. Antes de la guerra, Irán ya registraba una tasa de inflación anual de los alimentos cercana al 90%. Pero informes recientes de las agencias de estadísticas gubernamentales indican que, sólo en los últimos meses de combates y bloqueo, productos básicos como el aceite de cocina, el arroz y el pollo se han duplicado o incluso triplicado para los consumidores en términos interanuales.

«Los medios de comunicación hablan mucho de la inflación que se está produciendo en EE. UU., o de lo que dicen el FMI o el Banco Central Europeo sobre la inflación en todo el mundo, o en países occidentales concretos, pero se presta poca atención a la presión inflacionista que se está produciendo aquí, y al coste de los gastos de reconstrucción que afectarán a esta economía en un par de meses», afirma Mohammad Razavi, analista económico y profesor jubilado de la Universidad Azad de Teherán.

«Me preocupa mucho el hecho de que la presión real recaiga sobre la clase media y las clases más bajas. Son estas personas las que se verán muy afectadas, y el hecho de que muchas empresas pertenecientes a la clase media se hayan visto muy afectadas en los últimos meses», añadió. «Quiero hacer especial hincapié en que la situación económica durante el verano en Irán será muy grave. No veo ninguna posibilidad que pueda aliviar las presiones que sufre esta economía».

Economía militar

Mientras la guerra inflige un enorme sufrimiento económico a una población civil que ya se había visto obligada a adaptarse a la vida bajo las sanciones, una pequeña élite ha sabido aprovechar la corrupción y sus contactos políticos para hacerse con una parte desproporcionada de la riqueza del país. Una red de empresas vinculadas al Estado, semipúblicas y afiliadas a los servicios de seguridad en Irán se ha expandido a lo largo de décadas de sanciones y guerra, enriqueciéndose gracias al mismo régimen de sanciones que Estados Unidos ha celebrado por asfixiar la economía iraní.

Los orígenes de esta red se remontan al largo proceso de privatización económica parcial de Irán, que comenzó en la década de 1980 y se presentó formalmente como una transición hacia una economía de mercado. En la práctica, sin embargo, la privatización a menudo difuminó la línea entre la propiedad pública y la privada, creando un ecosistema de empresas nominalmente privadas vinculadas al Estado, fundaciones con conexiones políticas y elementos de los servicios de seguridad.

Con el tiempo, las empresas con conexiones políticas llegaron a dominar sectores clave de la economía gracias a su capacidad para controlar los puntos de estrangulamiento de un ecosistema empresarial sancionado, dejando a las pequeñas empresas independientes mucho más expuestas a los impactos de la guerra, las sanciones y el aislamiento económico.

«Cuando hay sanciones, para que la economía siga funcionando hay que conceder ciertas excepciones y permisos a algunas personas influyentes que, de ese modo, pueden sacar provecho. Esto da lugar al amiguismo, a la especulación, a los monopolios y a un sistema susceptible de ser explotado», afirmó Razavi.

El sistema se extiende a varios sectores, entre ellos el petrolero, las telecomunicaciones y la sanidad. «En general, se conceden permisos especiales a diversas facciones de las fuerzas armadas para vender petróleo, importar equipos de telecomunicaciones, importar equipos médicos y establecer fideicomisos a través del sistema bancario en determinados países que se encargarían de hacer circular y gestionar las divisas iraníes que se encuentran fuera de Irán. Como se puede ver, todo esto supone un movimiento de miles de millones de dólares sin ninguna transparencia ni supervisión por parte de los organismos de control».

¿Reforma y reconciliación?

Mientras los iraníes siguen recuperándose de estos ataques, Washington inició una campaña de sanciones y bloqueo denominada «Furia económica», destinada a estrangular los ingresos petroleros, las redes financieras y las cadenas de suministro de Irán, para obligar al Gobierno a capitular tras el fracaso de la campaña de bombardeos de cinco semanas de duración.

Trump también había instado anteriormente a los iraníes a derrocar a su Gobierno. Sin embargo, la sociedad iraní, ya muy polarizada antes de la guerra y de las protestas masivas y los actos de violencia de enero, ha experimentado un cierto resurgimiento nacionalista a raíz de un ataque militar que ha causado la muerte indiscriminada de miles de civiles y dañado cientos de clínicas, hospitales, puentes, escuelas y monumentos históricos.

Con el fin de aprovechar el sentimiento nacionalista tras la guerra, algunos economistas y asesores políticos vinculados al Gobierno han sugerido que ha llegado el momento de proponer reformas económicas y un nuevo contrato social, lo que incluye abandonar las políticas liberales de libre mercado que se han adoptado en las últimas décadas y avanzar hacia una mayor intervención estatal y políticas redistributivas.

«Por desgracia, en la sociedad iraní, como en cualquier otra parte del mundo, algunos de los revolucionarios, las élites y los estudiantes universitarios tenían una mentalidad liberal. Además, estaban al frente del sistema económico del país. Esto es lo que ha provocado la desigualdad y las divisiones de clase en el Irán actual», afirmó Bijan Abdolkarimi, filósofo iraní y comentarista político de la Universidad Islámica Azad. «Una de las críticas a las políticas económicas del Gobierno se refiere a las políticas de libre mercado y al seguimiento de las recomendaciones del Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y el Fondo Monetario Internacional. Muchos jóvenes y personas, especialmente la gente corriente se dio cuenta de que esas políticas no eran en absoluto adecuadas para el país. Tenemos que volver a las mismas políticas de los inicios de la revolución, que consistían en proporcionar vivienda y educación a las personas necesitadas».

Otras figuras vinculadas a la corriente reformista del sistema político iraní han afirmado que una de las prioridades del Gobierno tras la guerra debe ser reconstruir un contrato social que ha quedado destrozado por la desigualdad, la corrupción y las divisiones en torno a cuestiones sociales.

La creación de una amplia clase de ciudadanos iraníes desilusionados y alienados de lo que muchos consideran ahora una oligarquía gobernante se ha convertido en una importante amenaza para la seguridad del país en sí misma, ya que debilita el tejido social del país y fomenta más ataques económicos y militares destinados a provocar la desintegración de la sociedad.

«Tenemos que reconciliarnos con el pueblo de Irán. Un gobierno que goce de la máxima legitimidad puede tener una economía potente y gestionar sus retos de seguridad. Tenemos que habilitar rápidamente todas nuestras fronteras terrestres para el comercio. Tenemos que reconstruir nuestra infraestructura», afirmó Said Laylaz, economista y asesor del expresidente iraní Mohammad Jatami. «Quienes asustan al pueblo de Irán con la destrucción de la infraestructura del país desconocen las capacidades técnicas que existen en Irán. Casi todas nuestras carreteras, ferrocarriles y aeropuertos ya están operativos. La destrucción total de viviendas durante la guerra equivale a la capacidad de construcción de Irán en un mes».

Mientras Irán se prepara para la posibilidad de que se reanuden los combates, Laylaz argumentó que las vulnerabilidades más urgentes del país no son sólo militares, sino también económicas: restablecer las rutas comerciales, reconstruir las infraestructuras y reforzar la legitimidad pública antes de que una nueva ronda de conflictos ponga a prueba la supervivencia del Estado.

«Lo digo como pacifista: el único camino hacia la paz es una guerra que establezca tu capacidad de disuasión frente al enemigo. Nada más que la disuasión garantiza la paz. Tenemos que ser fuertes y traer la paz a nuestra nación. Si el Gobierno adopta una postura de guerra en la lucha por la economía, podremos reconstruir y reforzar nuestra resiliencia», afirmó. «Esta guerra que ha iniciado Estados Unidos puede acabar trayendo una paz duradera a Irán, porque Estados Unidos sabe ahora que Irán no puede ser derrocado fácilmente. Si gobernamos nuestro país de forma más eficaz, nos reconciliamos con nuestra nación, mejoramos nuestra economía y erradicamos la burocracia corrupta, nuestra resiliencia se multiplicará por diez».

Foto de portada: Un simpatizante del gobierno, que porta una bandera nacional, camina con su hijo por un puente durante una manifestación nocturna en el centro de Teherán, Irán, el 23 de mayo de 2026. (Morteza Nikoubazl/NurPhoto vía Getty Images)

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