Malabares en el New York Times: Nicholas Kristof escribió sobre la tortura sexual de prisioneros por parte de Israel; al día siguiente, Isabel Kershner publicaba nuevas acusaciones de violación, sin verificar, contra Hamás

Robin Andersen, CounterPunch.org, 1 junio 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Robin Andersen es profesora emérita de Comunicación y Estudios de los Medios de Comunicación en la Universidad de Fordham, escribe habitualmente para Fairness and Accuracy in Reporting (FAIR) y Al Jazeera Arabic, y forma parte del jurado del Project Censored. Entre sus últimos libros, pueden citarse: Censorship, Digital Media, and the Global Crackdown on Freedom of Expression y Investigating Death in Paradise: Finding New Meaning in the BBC Mystery Series.

El New York Times intentó «equilibrar» el reportaje de Nicholas Kristof sobre las violaciones sistemáticas de palestinos a manos de las fuerzas israelíes con otra «investigación» sin verificar sobre violaciones, en la que se afirmaba que Hamás había utilizado la violencia sexual como arma el 7 de octubre. El artículo fue escrito por Isabel Kershner, la reportera proisraelí del periódico afincada en Jerusalén.

El artículo de opinión de Nicholas Kristof en el New York Times titulado «The Silence That Meets the Rape of Palestinians (El silencio que rodea la violación de los palestinos)», publicado el 11 de mayo, se basaba en documentación y en desgarradores testimonios de víctimas de violaciones que los palestinos han sufrido a manos de las fuerzas de seguridad israelíes. En el artículo se describen actos brutales y sádicos de tortura sexual que despertaron una enorme atención, a pesar de que las organizaciones de derechos humanos llevan años documentando estos mismos crímenes.

La organización israelí de derechos humanos B’Tselem ha documentado la tortura sexual infligida por Israel a hombres, mujeres y niños palestinos, calificando al «sistema penitenciario israelí de red de campos de tortura». Save the Children informó en julio de 2024 de que los niños palestinos detenidos en Israel se enfrentaban a «enfermedades, hambre creciente y abusos, incluida la violencia sexual». Una organización palestina de defensa de los derechos de la mujer advirtió de que los 75 casos de violación y violencia sexual contra mujeres palestinas que habían documentado representaban aproximadamente el 1% de lo que realmente ocurría en los centros de detención israelíes. El exhaustivo informe de Euro-Med Human Rights Monitor, publicado el 13 de abril de 2026, subrayaba que la tortura sexual era tan grave que equivalía a «otro genocidio tras los muros». Identificaron su objetivo como una «destrucción sistemática del cuerpo y la identidad». El informe hacía hincapié en el alcance de la «responsabilidad penal», debido a la connivencia de las instituciones estatales que estaban generando impunidad.

En un debate sobre el artículo de Kristof, Francesca Albanese, que también ha documentado brutales centros de tortura israelíes, declaró al programa UpFront de Al Jazeera que ya en febrero de 2024 había concedido una larga entrevista al New York Times sobre la tortura sexual, pero que no se publicó nada.  Albanese continuó diciendo que no entendía por qué el artículo del Times debía ser «más importante» que la extensa documentación de los observadores de derechos humanos. Pero cuando Kristof finalmente reconoció que los palestinos estaban siendo torturados y violados por perros adiestrados (corroborado por un soldado) en las prisiones israelíes, la noticia saltó a los titulares en EE. UU. y causó conmoción en el aparato de la hasbará israelí.

El New York Times, que marca la agenda, es un «periódico de referencia», con una plantilla periodística de 3.000 personas, lo que supone alrededor del 7% de todos los periodistas que trabajan en EE. UU. El periódico también ha sido durante años una fuente fiable de mensajes proisraelíes, especialmente desde el 7 de octubre, por lo que cuando un periodista especializado en derechos humanos de gran prestigio publicó un artículo de opinión de este tipo en sus páginas, supuso un desastre de relaciones públicas para Israel y su maquinaria propagandística se puso en marcha a toda velocidad para contrarrestar la mala prensa. Sionistas y defensores del genocidio se manifestaron frente al edificio del Times. Netanyahu se indignó tanto que amenazó con interponer una demanda por difamación contra el periódico. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel calificó el artículo de «culpable de derramamiento de sangre» y acusó a Nicholas Kristof de escribir «un torrente interminable de mentiras sin fundamento y propaganda» que convertía a las «víctimas en acusados».

No debería sorprender, pues, que el periódico intentara «equilibrar» el ensayo de Kristof publicando al día siguiente, el 12 de mayo, un artículo sobre otra «investigación de dos años» realizada por Israel, que «concluía» que la violencia sexual por parte de Hamás fue generalizada el 7 de octubre. El artículo de Isabel Kirshner intentaba dar un nuevo impulso a la «investigación» de portada del Times, totalmente desacreditada y desmentida, titulada Screams Without Words(Gritos sin palabras). Screams se publicó por primera vez el 28 de diciembre de 2023, justo cuando se presentaba ante la Corte Internacional de Justicia la demanda sudafricana contra el genocidio de Israel, y sirvió como una importante negación y justificación de la violencia genocida de Israel en aquel momento. «Screams Without Words» puede describirse con precisión (y así se ha hecho) con las mismas palabras utilizadas por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel para describir falsamente el artículo de Kristof: «Un torrente interminable de mentiras sin fundamento y propaganda».

El momento en que se publicó la ya notoria noticia sobre la violación de 2023, junto con sus extravagantes afirmaciones sobre pruebas que no aparecían en el artículo de portada, tuvo mucho que ver con el hecho de que, casi de inmediato, el artículo llamara la atención crítica de analistas de medios, periodistas de investigación independientes y organizaciones de derechos humanos. Entre las críticas demoledoras a la historia se encontraba un ensayo publicado en Medium, que la calificaba de «periodismo de mala calidad» y afirmaba que ofrecía una «lección sobre selección, sesgo y lenguaje tendencioso, y sobre por qué el uso de palabras de esta manera constituye un pobre sustituto de las pruebas y el razonamiento sólidos». Una organización no gubernamental (ONG) feminista egipcia, Speak Up, calificó el artículo de «investigación vergonzosa» y criticó al Times por afirmar que proporcionaba a los lectores pruebas definitivas, cuando en realidad no ofrecía ninguna prueba en absoluto. Investigadores independientes estadounidenses como Electronic Intifada, The Grayzone, The Intercept, Mondoweiss y otros desmontaron rotundamente las invenciones de carácter ficticio que se mantenían en él. Sesenta profesores de periodismo escribieron al New York Times pidiendo al periódico que encargara una revisión independiente del artículo. «A los profesores de periodismo les resultaba preocupante ver cómo se publicaba un artículo tan chapucero sin una rectificación o una investigación», declaró la profesora Deepa Kumartold a Democracy Now!

La versión de 2026 del artículo sobre las violaciones atribuidas a Hamás fue redactada por una de las periodistas más firmemente proisraelíes del Times, Isabel Kershner, y esta nueva «investigación» vuelve a dar crédito a fuentes israelíes desacreditadas que Kershner presenta como independientes y fiables. En el centro del artículo se encuentra Cochav Elkayam-Levy, una fuente israelí clave tras el 7 de octubre. Elkayam-Levy y su organización fueron fundamentales en la cobertura de los medios occidentales tras el 7 de octubre, cuando presentó repetidamente contra Hamas acusaciones de violación. Sin embargo, tal y como informó Mint Press News, los medios israelíes informaron posteriormente de que «Elkayam-Levy y su comisión habían engañado a los donantes, exagerado los esfuerzos de recopilación de pruebas y difundido información errónea relacionada con las denuncias del 7 de octubre. La controversia salió a la luz poco después de que ella recibiera el prestigioso Premio Israel». En el nuevo artículo de Kershner se hacen afirmaciones extravagantes sobre el carácter exhaustivo de la investigación, describiendo todas las pruebas visuales ahora reunidas. Pero a Kershner no se le permite publicar las pruebas. Ella escribe: «El archivo de la comisión está cerrado al público debido a la naturaleza gráfica de gran parte del material, según se indicó, y para proteger la privacidad de las víctimas y sus familias». El Times pide a sus lectores que confíen en los israelíes, en Isabel Kershner y en el propio periódico, con su pésimo historial en este tema. Kershner no menciona el hecho de que, a principios del año pasado, Israel bloqueó una investigación de la ONU sobre posibles delitos sexuales cometidos por Hamás el 7 de octubre, ya que, según Haaretz, querían evitar una investigación sobre los abusos a palestinos en las cárceles israelíes.

Isabell Kershner en el New York Times:

Kershner lleva años realizando reportajes favorables a las autodenominadas Fuerzas de Defensa israelíes. Para Kershner, pulir la imagen de las FDI es un asunto de familia. La corresponsal con sede en Jerusalén, cuyo marido trabajaba con el complejo militar israelí, afirma en su página de perfil del Times que «se esfuerza por ser precisa, honesta y justa». Sin embargo, no mencionó que su marido, Hirsh Goodman, trabajaba como investigador asociado sénior en un centro de estudios de seguridad nacional, el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS, por sus siglas en inglés). La página web del INSS se jactaba de la «fuerte asociación del grupo con el establishment político y militar». El trabajo de Goodman, al menos en parte, consistía en «crear una imagen positiva de Israel en los medios de comunicación». Un análisis de los artículos que Kershner escribió o en los que colaboró entre 2009 y 2012, realizado por FAIR, reveló que se basaba de forma abrumadora «en el INSS para el análisis de este centro de estudios sobre los acontecimientos en la región». El Times no ha revelado las conexiones de Kershner con el INSS.

En su reportaje sobre el INSS, Haaretz citó documentos publicados que respaldaban la «doctrina Dahiyah», una doctrina militar israelí que abogaba por el uso de una fuerza desproporcionada contra las infraestructuras civiles en Gaza y el Líbano durante las operaciones contra Hamás y Hizbolá. Desde el 7 de octubre, esta doctrina se ha aplicado de forma generalizada. En un artículo para FAIR, Alex Kane informó de que la doctrina Dahiyah se aplicó en 2008-2009 durante la invasión israelí de Gaza, y continúa explicando que «el trabajo de Goodman en ese contexto consistía en manipular la información». Dado que la violencia desproporcionada que provocaba numerosas víctimas civiles podía dar lugar a acusaciones de crímenes de guerra, Goodman entendió que «Israel debía idear una estrategia para influir positivamente en la opinión pública internacional y árabe y, en general, difundir su mensaje de forma más eficaz». Los mensajes del INSS se difundieron sin duda de forma eficaz en el New York Times: «Entre 2009 y 2012, Kershner escribió o colaboró en 17 artículos que citaban a funcionarios del INSS, muchos más que otros think tanks comparables».

Aunque Kershner nunca utilizó a su marido como fuente directa, tal y como señaló a FAIR Kevin Smith, experto en ética de la Sociedad de Periodismo Profesional (SPJ, por sus siglas en inglés), se trata de una norma ética básica: estas relaciones no son saludables para una cobertura informativa imparcial. «No se puede esperar la confianza del público ni mantener la credibilidad cuando, antes de que lean una sola palabra de tu artículo, has incurrido en un acto de engaño al no revelar tus posibles conflictos de intereses».

En su cobertura posterior al 7 de octubre, la influencia de Kershner a la hora de promover al ejército israelí se percibe claramente en sus escritos. En un artículo de enero de 2024, cuando la violencia genocida de Israel en Gaza ya llevaba tiempo en marcha, Kershner escribió: «Israeli Women Fight on Front Line in Gaza, a First  (Una primicia: Las mujeres israelíes luchan en primera línea en Gaza)». Kershner continuó: «Tras una larga lucha por la aceptación, las mujeres-soldado de combate de Israel están abriendo nuevos caminos tras lanzarse a la batalla el 7 de octubre». Nos enteramos de que una mujer «comanda ahora una compañía de 83 soldados, casi la mitad de ellos hombres. Es una de las varias unidades mixtas que luchan en Gaza, donde mujeres soldado de combate y oficiales están sirviendo en primera línea por primera vez desde la guerra que rodeó la creación de Israel en 1948». También hay dos tripulaciones de tanques compuestas íntegramente por mujeres sobre el terreno en Gaza. Kershner califica el nuevo papel de las mujeres en el ejército como una victoria progresista sobre «rabinos ultraconservadores y soldados practicantes» por parte de «feministas, laicos y críticos de la cultura tradicionalmente machista del país».

Incluso mientras escribe el artículo, parece reconocer que este cumple una función de relaciones públicas para el ejército, al reforzar la nueva imagen positiva de las FDI. Afirma que las «mujeres-soldado de combate se han convertido en símbolos de progreso e igualdad, apareciendo en portadas de revistas y protagonizando reportajes en los informativos de televisión».

Desde una perspectiva feminista y pacifista, Joyce Chediac señala que los grupos de mujeres palestinas han calificado el genocidio de cuestión feminista y están instando a todos aquellos que defienden los derechos de las mujeres a apoyar un alto el fuego. Mientras Kershner elogiaba a las mujeres del ejército israelí, Joyce Chediac cuestionaba su papel en la violencia:

¿Se encuentran los dos tanques pilotados por mujeres entre los que participaron en la irrupción en el hospital Al-Jair de Jan Yunis, deteniendo a su personal e impidiendo que las ambulancias rescataran a los heridos?  ¿Se encuentran las mujeres que combaten por primera vez entre los francotiradores que matan a palestinos mientras buscan comida o agua para sus familias? ¿Están custodiando las excavadoras que arrasan ahora enormes extensiones de Jan Yunis, obligando a las mujeres embarazadas a dar a luz en tiendas de campaña heladas porque sus hogares han sido destruidos y se les impide acceder a los hospitales?

Chediac concluye que «la igualdad de oportunidades de género para cometer genocidio es una burla cruel y obscena de los derechos de las mujeres». Dar cobertura al ejército israelí no promueve los derechos de las mujeres, sino que los hace retroceder. La idea de que el poder militar femenino es progresista ha ayudado a edulcorar la violencia genocida y las atrocidades cometidas por el ejército israelí.

Los testimonios recopilados por B’Tselem en 2024 confirman que mujeres-soldado han participado en el maltrato de prisioneros detenidos en el sistema de campos de tortura de Israel. Una mujer de 39 años, madre de cinco hijos, de la ciudad de Gaza, declaró a B’Tselem: «El 31 de diciembre nos sacaron de la jaula y nos arrastraron hasta un autobús, como a animales. El autobús empezó a circular y, durante todo el trayecto, las mujeres soldado que nos custodiaban no nos dejaban levantar la cabeza. Nos insultaban, nos golpeaban en las manos y nos hacían fotos. Al cabo de un rato, el autobús se detuvo. Nos sacaron de él… Una soldado nos agarró por la cabeza y nos ordenó que besáramos la bandera israelí. Otra soldado me golpeó la cabeza contra el lateral del autobús».

No se puede equilibrar una información legítima que incluye testimonios fiables de testigos, confirmados por múltiples investigaciones de derechos humanos a lo largo de varios años, publicando acusaciones sin verificar procedentes de fuentes desacreditadas. Alan MacLeod señaló aquí un patrón recurrente en los medios de comunicación que se aplica a la cobertura del New York Times sobre Israel: «Cada vez que se intensifica el escrutinio en torno a los abusos israelíes contra los palestinos, los principales medios occidentales desvían la atención hacia acusaciones sin verificar contra Hamás para justificar el genocidio de Israel en Gaza».

Equilibrar el inusual reconocimiento de Kristof de los crímenes de guerra israelíes con la información de una sesgada periodista proisraelí que cita fuentes desacreditadas que repiten acusaciones no verificables fue un intento vergonzoso y fallido de apaciguar al Estado de Israel mientras este expande sus crímenes de guerra y ocupación hacia el Líbano en pos de un Gran Israel. El Times haría mejor en limitarse a informar de la verdad y dejar de complacer a la hasbará y a las narrativas falsas que facilitan la violencia genocida en curso de Israel.

(El material de este artículo se ha extraído del capítulo 4, «Un panorama mediático comprometido», y del capítulo 8, «La historia de la violación del New York Times: propaganda de guerra y pornografía del trauma», de The Complex Lens: US Media Coverage of Israel’s Genocide in Gaza, de Robin Andersen.)

Foto de portada de Stéphan Valentin.

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