¿Por qué los enemigos europeos de judíos y palestinos abrazaron el sionismo?

Joseph Massad, Middle East Eye, 31 mayo 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Joseph Massad es profesor de Política Árabe Moderna e Historia Intelectual en la Universidad de Columbia, Nueva York. Es autor de numerosos libros y artículos académicos y periodísticos. Entre sus libros figuran Colonial Effects: The Making of National Identity in Jordan; Desiring Arabs; The Persistence of the Palestinian Question: Essays on Zionism and the Palestinians y, más recientemente, Islam in Liberalism. Sus libros y artículos se han traducido a una docena de idiomas.

Tras la expulsión de los cruzados católicos y el desmantelamiento de su colonia de asentamientos, el «Reino Latino de Jerusalén» en los siglos XII y XIII, Palestina ha seguido estando en el punto de mira de los cristianos fanáticos de Europa.

A los seguidores de la nueva vertiente del cristianismo, el protestantismo, se unieron los imperialistas fanáticos de Europa a finales del siglo XVIII.

Desde entonces, los enemigos europeos del pueblo palestino han persistido en sus esfuerzos por despojarlo de su patria.

Napoleón Bonaparte conquistó el sur y el centro de Palestina, marchando desde Gaza hasta Yafa entre febrero y mayo de 1799, antes de ser derrotado en Acre.

Su proclamación de abril de 1799, inspirada en los pensadores protestantes hugonotes franceses, instaba a los judíos de Europa a colonizar el país, pero fue ignorada.

Mientras tanto, desde finales del siglo XVIII, los británicos buscaban activamente convertir a los judíos europeos al protestantismo anglicano y enviarlos a Palestina para despojar a los palestinos de su patria, al tiempo que aceleraban la Segunda Venida de Jesucristo.

Además de los regímenes británico y francés, entre los enemigos de los palestinos se contaban los protestantes evangélicos blancos estadounidenses, los protestantes evangélicos ingleses y escoceses y los protestantes evangélicos alemanes, todos los cuales establecieron colonias protestantes blancas en Palestina durante el siglo XIX.

A finales del siglo XIX, se unieron a ellos colonos judíos rusos, la Organización Sionista fundada por Theodor Herzl en 1897 y la burguesía judía de Europa occidental que financiaba a ambos.

Antes del final de la Primera Guerra Mundial, a estos implacables enemigos del pueblo palestino se unirían los regímenes de gran parte de Europa occidental y de Estados Unidos. Todos ellos siguen hoy igual de decididos a despojar a los palestinos de su patria.

Para que quede claro, todos estos enemigos de los palestinos eran también enemigos de los judíos europeos. Los funcionarios británicos y los protestantes evangélicos blancos intentaron colonizar Palestina ellos mismos y convertir a los judíos europeos para que, como compañeros protestantes, se unieran a ellos en la colonización del país.

El Imperio británico protestante fue el principal patrocinador de los esfuerzos por convertir a los judíos europeos antes de enviarlos como colonos a Palestina.

Enemigos comunes

La Organización Sionista era considerada, con razón, un enemigo de los judíos por todos los sectores principales de la sociedad judía europea y estadounidense.

Entre ellos se encontraban los rabinos, tanto del judaísmo ortodoxo como del reformista, que expulsaron a Herzl y a su primer congreso sionista de Múnich en 1897; los judíos liberales asimilados de Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y Alemania; y los judíos socialistas y comunistas de Europa del Este y Rusia, entre otros.

La burguesía judía de Europa occidental y la intelectualidad judía asimilada se oponían a la inmigración de judíos pobres de Europa del Este a Europa occidental, por temor a que socavara los logros de la comunidad judía de Europa occidental y alimentara el antisemitismo.

En su lugar, trataron de expulsarlos por completo de Europa —un objetivo compartido por los gobiernos antisemitas de Europa occidental—, facilitando y financiando su migración a América y Palestina como colonos.

En lugar de ayudarles a superar la pobreza y luchar por sus derechos en sus propios países, como pretendía hacer el Bund Obrero Judío Internacional antisionista —la organización sindical judía también fundada en 1897—, financiaron su partida.

Todos estos grupos y países afirman hoy amar a los judíos, equiparando esto con el apoyo al sionismo, al que la mayoría de los judíos se siguieron oponiendo hasta la Segunda Guerra Mundial por considerarlo un movimiento antijudío patrocinado por potencias antisemitas. Algunos incluso afirman amar a los palestinos, equiparando ello con el apoyo al régimen colaboracionista de la Autoridad Palestina.

En efecto, todos ellos siguen siendo enemigos de ambos pueblos. El supuesto apoyo de Estados Unidos y Europa a la Organización Sionista, que es antijudía, y a la Autoridad Palestina, que es antipalestina, sigue la misma lógica.

Nueva formulación del antisemitismo

Irónicamente, el antisemitismo del sionismo cristiano y judío y del imperialismo protestante llegó a ser identificado por sus defensores como una postura «projudía» después de 1917, y especialmente después de 1945, mientras que los judíos antisionistas fueron tildados por esos mismos sionistas antisemitas, especialmente después de 1967, de «antisemitas» y «judíos que se odian a sí mismos».

La lucha anticolonial de los palestinos contra la colonización cristiana y judía de su país y la tutela imperialista desde el siglo XIX también pasó a ser descrita por esas mismas potencias imperialistas colonialistas y antisemitas como una «lucha antisemita».

En contra de la opinión de la mayoría de los judíos, el sionismo pretendía representar a todos los judíos mientras buscaba colonizar Palestina en su nombre. La resistencia palestina ante esa colonización fue entonces reformulada no como una «lucha anticolonial», sino como hostilidad hacia su supuesto «carácter judío».

Esta propaganda ilógica sólo convenció a los antisemitas, a los imperialistas y a sus partidarios racistas, como así sigue haciéndolo hoy en día.

Es cierto que, desde 1948, y más aún desde 1967, la mayoría de los judíos europeos y estadounidenses pasaron del antisionismo al no sionismo y al sionismo. Sin embargo, en el último cuarto de siglo, un sector importante de la comunidad judía occidental ha recuperado sus posturas antisionistas y ahora se opone firmemente a la colonización israelí y a sus guerras genocidas.

Entre los palestinos, a pesar de la subordinación de su lucha de liberación que comenzó a mediados de la década de 1970 —un proceso que culminó con la rendición definitiva de la Organización para la Liberación de Palestina ante Israel en 1993—, la mayoría sigue resistiéndose a diario contra las depredaciones coloniales israelíes y contra un sadismo y un racismo coloniales y genocidas inimaginables.

Sin embargo, los enemigos de ambos pueblos siguen comprometidos con el apoyo al sionismo, el movimiento judío más antisemita de la historia del judaísmo, y a la Autoridad Palestina al estilo de Vichy, cuya completa subordinación y colaboración con la agenda imperialista de EE. UU. y Europa no tiene precedentes en la historia palestina.

Este es el callejón sin salida al que se enfrentan hoy EE. UU. y los patrocinadores europeos de Israel. Siguen comprometidos de forma intransigente con un mundo en el que puedan coaccionar a todos los palestinos para que se sometan a las políticas coloniales y genocidas de Israel y amenazan con la excomunión a todos los judíos antisionistas.

La resistencia perdura

La guerra lanzada contra los palestinos y sus partidarios judíos y cristianos, por no hablar de los musulmanes, no ha remitido desde principios del siglo XIX, a pesar de su fracaso absoluto a la hora de asegurar el saqueo total de la patria palestina o garantizar la supervivencia de la colonia de colonos sionistas.

Por mucho que lo intenten, estos enemigos del pueblo palestino libran una batalla perdida, una batalla que saben que podría acabar con el colapso de las estructuras genocidas y racistas del Estado israelí.

Mientras Israel celebraba este mes su 78º aniversario, los medios de comunicación occidentales y sus magnates, las empresas occidentales, las universidades occidentales serviles comprometidas con la supresión de la libertad académica y la defensa de sus Estados de seguridad nacional y los brazos represivos y judiciales de los regímenes coercitivos de EE. UU. y Europa continuaron movilizándose en la tarea de preservarlo.

Tras dos siglos patrocinando y propiciando el robo de Palestina, estos enemigos del pueblo palestino no han logrado completar su tarea colonial.

Sin embargo, su compromiso de privar a los palestinos de su patria sigue siendo tan obstinado como siempre.

La resistencia palestina ha demostrado ser no menos duradera. Al igual que sus predecesores de los siglos XII y XIII, que expulsaron a los colonos católicos cruzados, no ha cesado desde que los fanáticos colonos protestantes evangélicos estadounidenses establecieron numerosas colonias en Palestina en el siglo XIX. La primera, «Mount Hope», se fundó en Yafa en 1851, seguida de la «American Mission Colony» en 1854 y muchas otras a partir de entonces, todas las cuales fueron finalmente desmanteladas.

Esta resistencia persiste hoy en día frente a los colonos sionistas, igualmente fanáticos, y sus estructuras coloniales en todo el territorio palestino, denominado «Israel».

Es esta resistencia y la solidaridad mundial que ha fomentado, incluso entre la comunidad judía occidental, lo que se interpone en el camino de los planes depredadores que traman continuamente los enemigos coloniales occidentales de los palestinos y sus agentes locales.

Foto de portada: Un niño ondea una bandera palestina durante una manifestación de solidaridad en apoyo a la Flotilla Global Sumud en la ciudad de Gaza, el 30 de abril de 2026. (Omar Al-Qattaa/AFP)

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