Bashir Al-Bakr, The New Arab, 4 junio 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Bashir Al-Bakr es un escritor y poeta sirio perteneciente a la familia editorial The New Arab, donde fue redactor-jefe.
La participación de Siria, representada por el presidente Ahmed Al-Sharaa, en la cumbre europea celebrada recientemente en Chipre marcó un hito importante en el camino hacia la construcción de una nueva asociación con la Unión Europea y los Estados mediterráneos de Oriente Medio.
El título de la cumbre, «Salvar el verano», deja claro que la guerra contra Irán fue lo que la definió. Esto queda patente en el hecho de que la seguridad energética fuera el primer punto del orden del día, partiendo de la idea de que Siria podría convertirse en un puente terrestre entre Europa y la otra orilla del mar Mediterráneo, el Golfo, Iraq y Jordania.
Según los informes de los medios de comunicación árabes e internacionales, los debates de la cumbre se centraron en unificar las políticas europeas para mitigar el impacto de la crisis en los precios y el suministro, diversificar las fuentes de energía y evitar un «verano catastrófico» desde el punto de vista económico, junto con otras cuestiones internacionales como la seguridad colectiva.
El creciente papel de Siria
La presencia de Al-Sharaa junto al presidente egipcio Abdel Fatah al-Sisi, el presidente libanés Joseph Aoun, el príncipe heredero de Jordania Husein bin Abdulá y el secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo, Yasim al-Budaiwi, se produce en un contexto de interés por parte de la Unión Europea en estabilizar su vecindad meridional.
Europa ya no considera a Siria únicamente un asunto humanitario, sino estratégico. Esto significa que busca no sólo la calma, sino también la estabilidad económica, política y de seguridad.
Este cambio está vinculado con varios factores, entre ellos la ubicación geoestratégica de Siria en el corazón de Oriente Medio, lo que la convierte en un punto de conexión entre múltiples países y regiones. También es un actor central en el conflicto desde la creación de Israel, cuya seguridad es una prioridad para la UE, así como por su proximidad al Líbano, Iraq y Jordania.
Siria fue también aliada de Irán durante más de cuatro décadas. Ahora se ha alejado de ese eje, convirtiéndose en un actor independiente con influencia en la seguridad regional, y se espera que desempeñe un papel en cuestiones de interés europeo como la migración, los refugiados, la seguridad regional, el terrorismo y la seguridad energética, especialmente en el contexto de la búsqueda de alternativas al estrecho de Ormuz.
Se sabe que la cumbre fue precedida por declaraciones que presentaban a Siria como un posible corredor energético, lo que explica la especial atención que recibió en comparación con otros Estados. El primero en plantear la cuestión fue el enviado especial de EE. UU. para Siria, Tom Barrack, quien afirmó: «Hay que encontrar alternativas al estrecho de Ormuz… Siria puede desempeñar un papel a través de los oleoductos».
En una aclaración posterior, no presentó a Siria como una alternativa completa, sino como parte de una solución a la crisis energética.
A continuación, aparecieron informes occidentales en los que se analizaban planes para convertir a Siria en un corredor energético que uniera el Golfo, Turquía y Europa: el llamado concepto de los «Cuatro Mares».
Esto coincidió con los envíos de petróleo iraquí que transitaban por Siria desde los yacimientos de Kirkuk hasta la ciudad costera de Baniyas, donde se encuentran una refinería y un puerto de exportación de petróleo. Esto abre la puerta a rutas de tránsito energéticas parcialmente alternativas y a la reapertura de los pasos fronterizos para potenciar el transporte comercial y petrolero al margen de Ormuz.
El momento refleja una rápida adaptación a unas condiciones excepcionales: Iraq busca una salida, Siria busca un papel y, en medio de intereses que se cruzan, se está configurando un nuevo orden regional.
Dado que Kirkuk está conectada con Baniyas a través de un oleoducto que data de la década de 1950, la historia parece repetirse, dejando de lado las disputas políticas que cortaron la arteria en 2003.
Se está trabajando para pasar del transporte de petróleo iraquí en camiones, como solución temporal, a la rehabilitación del oleoducto, que tiene una capacidad de 800.000 barriles al día.
Al-Sharaa, en sus declaraciones en la cumbre, también presentó a Siria como un corredor energético, afirmando: «Siria es una arteria alternativa para la seguridad del suministro energético».
Abogó por reforzar la cooperación y vincular a Siria con Europa.
Los círculos de observación interpretaron esto como una oferta política y económica enmarcada en la idea de que «Europa necesita a Siria tanto como Siria necesita a Europa».
Desde esta perspectiva, la petición de Al-Sharaa refleja una aspiración a que se levanten las sanciones, a que lleguen inversiones y a que el reconocimiento político tras la era de Asad se transforme en una asociación estructurada basada en compromisos recíprocos, en lugar de considerar a Siria principalmente como una fuente de crisis y refugiados.
Esto se refleja en los ajustes a las invitaciones a la cumbre, que inicialmente se esperaba que incluyeran a países de la «Iniciativa de la Carta del Mediterráneo» antes de reducirse en consonancia con las prioridades cambiantes, partiendo de la base de que Oriente Medio es un vecino directo de la UE y su seguridad está, por lo tanto, vinculada estructuralmente, especialmente en materia de migración, energía y estabilidad regional.
Por otro lado, los círculos mediáticos europeos consideran la invitación a Al-Sharaa como una prueba del interés europeo más amplio más allá del expediente de los refugiados.
Alemania, que soporta la mayor parte de la carga tras acoger a casi un millón de sirios que huyeron de la guerra, ha visto cómo muchos de ellos han adquirido la ciudadanía, mientras que una gran parte sigue residiendo legalmente e integrada en el mercado laboral. Otros permanecen en una situación de transición entre la residencia permanente y el retorno.
Esta cuestión fue un tema clave durante la visita de Al-Sharaa a Berlín el mes pasado, donde las conversaciones se centraron en encontrar una solución aceptable para todas las partes.
El inicio del diálogo político con Siria se considera un indicador del giro europeo hacia su integración en los mecanismos de asociación de la UE y los protocolos de vecindad.
Esto viene motivado por el reconocimiento del papel regional de Siria, similar al de Estados vecinos de Oriente Medio como Egipto, el Líbano y Jordania, cuyas relaciones se rigen por los compromisos europeos de apoyar la estabilidad y el desarrollo.
Sin embargo, el diálogo con Siria se ha llevado a cabo sin promesas de inversión ni un levantamiento total de las sanciones. Por lo tanto, se espera que Siria permanezca bajo evaluación europea durante un período definido, sin un marco de adhesión fijo como el de los Estados candidatos a la UE, sino más bien un conjunto de criterios de referencia que combinan intereses mutuos con condiciones relacionadas con la apertura, los derechos humanos y los principios de la economía de mercado.
La cuestión central es qué obstáculos y puntos en común existen entre ambas partes. La respuesta radica en lo que Al-Sharaa busca de Europa y lo que Europa busca de Siria.
La estabilidad sigue siendo el punto de encuentro. Va más allá de la seguridad, la lucha contra el terrorismo y el control de la migración para incluir la política y la economía.
Independientemente de los resultados de la cumbre y del reconocimiento del papel de Siria y de la autoridad de Al-Sharaa, lo ocurrido no representa aún una transformación fundamental, sino más bien el comienzo de una fase de prueba.
Europa busca garantías de que la «nueva Siria» pueda avanzar sin grandes sacudidas, como se ha visto en los acontecimientos de la costa y en Suwaida.
Siria, por su parte, espera medidas concretas por parte de Europa en materia de inversión y ayuda que puedan cambiar la situación actual, en la que la gran mayoría de los sirios vive por debajo del umbral de la pobreza.
Esto supone un riesgo no sólo para Siria, sino también para sus vecinos de la región y del Mediterráneo, ya que el país sigue siendo vulnerable ante la inestabilidad económica y necesita apoyo para superar una etapa difícil y alcanzar la autosuficiencia.
Obstáculos para el desarrollo de Siria
Entre los principales retos de Siria se encuentran el bajo poder adquisitivo, la falta de servicios básicos como electricidad, agua potable y asistencia sanitaria, y la magnitud de la destrucción que requiere reconstrucción.
Este asunto sigue en gran medida estancado, con vastas zonas urbanas aún afectadas, incluidas localidades alrededor de Damasco como Duma, Daraya y Jobar. Esto requiere un apoyo internacional y regional significativo.
El segundo reto son los refugiados. Aunque casi dos millones han regresado tras la caída del antiguo gobierno desde Turquía, el Líbano y Jordania, más de un millón permanece en Europa, junto con un número similar en campamentos de desplazados internos, a la espera de que la reconstrucción les permita volver a casa.
Otro obstáculo clave es garantizar la estabilidad en todo el territorio sirio, ya que amplias zonas siguen fuera del control del Estado, incluida Suwaida. Las fuerzas turcas tampoco se han retirado del noroeste de Siria, una situación que en Europa se considera que socava la soberanía siria.
Además, la lucha contra el terrorismo sigue siendo fundamental, ya que el Estado Islámico sigue considerándose una amenaza a través de sus células durmientes en el desierto y las regiones orientales.
Una de las cuestiones más controvertidas es la estabilidad política, requisito previo para el restablecimiento pleno de las relaciones entre Siria y la UE. A menos que se adopten una serie de medidas, Damasco seguirá bajo evaluación.
Desde una perspectiva europea, los acontecimientos ocurridos desde la destitución de Asad se consideran una gestión de crisis, y lo que se espera es una transición hacia una solución.
Esto requiere una estabilidad institucional basada en leyes claras y un marco político gradual fundamentado en la participación y la transparencia. Esto crearía las condiciones para el retorno de los refugiados, la inversión y las alianzas.
La calma por sí sola no es suficiente; es sólo una puerta de entrada a la estabilidad, y ahí es donde radica el reto.
(Este artículo fue traducido del árabe por Afrah Almatwari. Para leer el original, hágase clic aquí.)
Foto de portada: El presidente sirio Al-Sharaa y el canciller alemán Merz en la cumbre europea celebrada en Chipre. [GETTY]