El día después de la guerra contra Irán: cinco escenarios, preguntas clave y un foro para nuestros lectores

Ramzy Baroud,  The Palestine Chronicle, 14 junio 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Ramzy Baroud es periodista y director de The Palestine Chronicle. Es autor de seis libros, entre ellos Our Vision for Liberation, My Father was a Freedom Fighter y ‘The Last Earth, siendo el más reciente Before The Flood: A Gaza Family Memoir Across Three Generations of Colonial Invasion, Occupation and War in Palestine.  El Dr. Baroud es también investigador senior no residente en el Centro para el Islam y los Asuntos Globales (CIGA) de la Universidad Zaim de Estambul (IZU). Su sitio web es www.ramzybaroud.net .

Oriente Medio se encuentra al borde de un profundo reajuste geopolítico sin precedentes. Incluso si se mantiene un «cese de hostilidades» temporal entre EE. UU. e Irán, los factores estructurales del conflicto siguen sin resolverse.

Entre una frágil tregua provisional y un acuerdo global se encuentra un volátil vacío estratégico, que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, tiene grandes incentivos para explotar.

Ante las profundas vulnerabilidades políticas internas, el principal mecanismo de supervivencia política de Netanyahu sigue siendo la escalada regional. Sin embargo, los parámetros geográficos y militares disponibles para dicha escalada se están reduciendo con toda rapidez.

El panorama regional ha cambiado radicalmente. El Eje de la Resistencia ha demostrado una resiliencia estratégica sin precedentes, frustrando los objetivos de la agresión militar conjunta de Estados Unidos e Israel iniciada el 28 de febrero.

La guerra conjunta de Estados Unidos e Israel tenía como objetivo paralizar la infraestructura militar de Irán e imponer un cambio de régimen. Sin embargo, ha puesto de manifiesto los límites del poder convencional occidental e israelí frente a una red asimétrica profundamente arraigada.

La nueva estrategia de la disuasión iraní

Irán ha reescrito de forma radical las reglas de combate. Al absorber los ataques directos y responder con una doctrina de represalias masiva y en múltiples niveles, Teherán ha dejado claro que la era de la «paciencia estratégica» ha llegado a su fin.

La represalia iraní ya no es localizada; puede llegar a cualquier lugar. Esto quedó demostrado cuando los drones y misiles balísticos iraníes atacaron no sólo la infraestructura militar israelí, sino también bases militares estadounidenses clave e infraestructuras críticas en los Estados del Golfo.

El control estratégico de Teherán sobre el estrecho de Ormuz sigue siendo un arma económica potente, que ha llevado los precios mundiales de la energía a máximos históricos y ha demostrado que cualquier agresión occidental futura garantiza una perturbación global inmediata y sistémica.

El paradigma de frentes múltiples y el fracaso de la «desvinculación»

Durante años, Washington y Tel Aviv buscaron una estrategia de «desvinculación», intentando aislar los escenarios de resistencia y conflicto para poder aplastar la resistencia palestina, debilitar a Hizbolá o atacar a Irán de forma individual sin desencadenar una respuesta regional unificada.

Esta estrategia se derrumbó cuando Israel bombardeó Al-Dahya, en Beirut, a principios de junio, a pesar de las advertencias explícitas y de línea roja de Teherán. En lugar de fracturar el Eje, la agresión codificó de forma permanente la «unidad de las plazas» (wahdat al-sahat).

Esto significa que un ataque convencional contra un punto del Eje desencadena ahora una respuesta automática, coordinada tanto jurídica como militarmente, en todos los frentes.

Los campos de batalla de Gaza, el sur del Líbano, Teherán y el mar Rojo se han fusionado en un único e indivisible teatro estratégico, un escenario de pesadilla para Israel, Estados Unidos y sus aliados regionales.

Ansarallah: la reserva estratégica

El hecho de que Ansarallah, en Yemen, no activara todo su arsenal militar durante el punto álgido de la agresión del 28 de febrero es una demostración calculada de confianza, no de debilidad.

Al abstenerse de cerrar Bab al-Mandab y de emplear sus misiles balísticos antibuque más sofisticados y las variantes de drones de largo alcance de que dispone Ansarallah, el Eje ha señalado que posee una gran profundidad estratégica.

Realineamiento palestino

En el marco de este enfrentamiento regional más amplio, las facciones de la resistencia palestina han jugado una partida de espera calculada, observando atentamente los cambios en el equilibrio de poder regional.

Las facciones de Gaza han llegado a una conclusión definitiva: Israel no tiene intención de respetar ningún alto el fuego a largo plazo (tampoco a corto).

De hecho, las declaraciones abiertas de Netanyahu sobre la ampliación de la llamada «línea amarilla», la retórica continua de los ministros de extrema derecha del gabinete que abogan por la limpieza étnica y la obstrucción sistemática de la ayuda, que ha vuelto a llevar a Gaza al borde de la inanición, sirven como prueba irrefutable.

Además, décadas de ocupación han enseñado a los líderes palestinos que los marcos internacionales liderados por Estados Unidos son, en esencia, ineficaces.

Washington ha actuado sistemáticamente como escudo diplomático y principal proveedor de armas de Israel, lo que ha descartado cualquier posibilidad de que Estados Unidos actúe como árbitro neutral o exija a Israel el cumplimiento del derecho internacional.

Al mismo tiempo, los Estados árabes de la región han demostrado ser o bien cómplices absolutos, o bien estructuralmente incapaces de ejercer el poder necesario para detener la destrucción de Gaza.

¿Realineamiento de Hamás?

Esta trayectoria geopolítica está cambiando radicalmente la dinámica interna de Hamás.

Históricamente, el movimiento ha mantenido un delicado equilibrio entre dos facciones rivales: las cercanas a Catar y otros aliados de Estados Unidos, y una rama militar más radical que buscaba el apoyo directo de Irán.

Dado que la diplomacia mediada por Occidente no logra asegurar un fin permanente a la ocupación, el ala proiraní está experimentando un aumento sin precedentes de su influencia.

Este cambio interno quedó patente en la crucial llamada telefónica reciente entre Jalil al-Hayya, miembro de alto rango de la oficina política de Hamás, y el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi.

Al-Hayya elogió explícitamente al equipo negociador de Irán por su postura inflexible al exigir un cese simultáneo de las hostilidades en todos los frentes regionales.

Es fundamental señalar que esta llamada se produjo tras una serie de declaraciones deliberadas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) —en lugar de las ramas políticas de Teherán—, en las que se especificaba que Gaza ya no es una cuestión aislada y secundaria.

Si bien «poner fin a la guerra en todos los frentes» implicaba anteriormente centrarse en el Líbano, ahora se señala explícitamente a Gaza como una condición previa indispensable para la estabilidad regional permanente.

Si la situación sigue evolucionando a favor de Irán y sus aliados, es probable que las facciones de la resistencia palestina actúen con rapidez para sacar partido de este éxito, un éxito en el que la firmeza palestina ha desempeñado un papel fundamental.

Cinco expectativas y preguntas fundamentales para la nueva era:

Si la agresión estadounidense-israelí contra Irán termina a favor de Irán, a corto y largo plazo, es probable que se produzcan las siguientes dinámicas:

Primero: En el frente interno iraní

Es probable que Irán inicie una nueva era de cohesión interna impulsada por la recuperación económica, un sentimiento de orgullo nacional y un nuevo contrato social que una a conservadores y reformistas.

Irán está emergiendo claramente con un carácter nacionalista, aunque los componentes religiosos seguirán siendo fuertes. Repeler una campaña conjunta de las superpotencias ofrece al régimen una ola sin precedentes de soberanía interna y legitimidad defensiva.

La pregunta fundamental: ¿Aprovechará el nuevo liderazgo iraní esta oportunidad para desarrollar una cohesión estratégica a largo plazo en el país y no permitir que los conflictos internos sigan constituyendo un punto de vulnerabilidad que puedan explotar Estados Unidos, Israel y los países occidentales?

Segundo: La redefinición de la arquitectura de seguridad del Golfo Pérsico

Un Irán fortalecido se erigirá como actor regional dominante, redefiniendo sus relaciones con los países árabes vecinos, especialmente en el Golfo. Estos últimos, desanimados o conmocionados por la incapacidad de Estados Unidos para protegerlos en el momento álgido de los enfrentamientos, no tendrán más remedio que buscar un acuerdo diplomático directo con Teherán para salvaguardar sus propias infraestructuras.

Las cuestiones fundamentales: ¿Cuál será la base de cualquier futuro impulso hacia la coexistencia regional? ¿Permitirá esa base coexistir pacíficamente a Irán con los países del Golfo que aún albergan bases militares estadounidenses y activos residuales de inteligencia israelí?

Tercero: El colapso de los Acuerdos de Abraham

Es probable que el plan de normalización entre Israel y los países árabes bajo los auspicios de Estados Unidos sufra un revés catastrófico.

Es importante recordar que la normalización se concibió como una herramienta para construir un frente alternativo israelo-árabe con el que luchar y derrotar a Irán.

La guerra contra Irán ha demostrado claramente que ocurre lo contrario; la normalización no «disuadió» a Irán, sino que convirtió a los países anfitriones en zonas potenciales de represalias. Esto hace que la normalización resulte cada vez más irrelevante y demuestra que Israel es un lastre estratégico, no un activo.

La pregunta fundamental: ¿Reducirán ahora formalmente sus relaciones con Israel los países árabes que anteriormente las normalizaron, y qué narrativa realista puede utilizar Washington para impulsar la normalización en el futuro?

Cuarto: El cambio en el equilibrio político del Líbano

Si Israel se ve obligado a retirarse del Líbano, es probable que los equilibrios de poder político cambien drásticamente.

Aunque es poco probable que Hizbolá aproveche estos cambios para vengarse agresivamente de sus enemigos internos —es decir, aquellos que criticaron al movimiento durante una guerra que Hizbolá considera una guerra de liberación—, el antiguo statu quo cambiará.

Irán será reconocido oficialmente como la «profundidad estratégica» del Líbano. Es probable que los países árabes cercanos al Gobierno de Beirut se apresuren a alcanzar compromisos políticos destinados a preservar a sus aliados, sin condicionar los acuerdos futuros al desarme de la resistencia.

La cuestión fundamental: si Israel acepta un alto el fuego que le obligue a retirarse de todo o de la mayor parte del Líbano, ¿respetará esa frontera en el futuro? Si no lo hace, ¿volverá Irán a enfrentarse militarmente a Israel?

Quinto: La «libanización» de la alianza palestina

Sintiéndose traicionadas por todos los actores tradicionales, incluida la comunidad internacional controlada por EE. UU. y los principales países árabes y musulmanes, es probable que las facciones de la resistencia palestina (incluido Hamás) refuercen de forma permanente su alianza estratégica con Irán.

A medida que Teherán emerge como potencia regional capaz de crear nuevas ecuaciones, este reajuste podría significar —o al menos eso esperan los palestinos— que Irán tratará a Gaza de la misma manera que al sur del Líbano, tomando represalias directamente contra Israel en caso de que este reanude su genocidio en la Franja.

Las preguntas fundamentales: ¿Significa esto que Hamás tendría que abandonar por completo a sus aliados diplomáticos tradicionales en la región? ¿Permitirá Washington que Catar y otros países sigan acogiendo a los dirigentes de Hamás, en caso de que el movimiento se acerque a Teherán? Además, ¿hasta dónde llegaría Israel para mantener a Palestina al margen de sus guerras en Irán y el Líbano?

Invitación al lector

La guerra aún no ha terminado. Es muy probable que Israel intensifique aún más el conflicto para desviar la atención de sus fracasos estratégicos en múltiples frentes, posiblemente abriendo nuevos focos de tensión internos, como la anexión acelerada de gran parte de Cisjordania y más masacres en Gaza.

Sin embargo, hay algo que sigue siendo innegablemente claro: Oriente Medio se encuentra en la cúspide de cambios geopolíticos importantes y sin precedentes que tendrán repercusiones durante décadas.

¿Cuál es su opinión sobre este panorama cambiante? ¿Cómo piensa que pueden desarrollarse estos equilibrios regionales y cómo respondería a las preguntas planteadas anteriormente?

Animamos a los lectores a que aporten sus opiniones, análisis y comentarios a continuación para hacer avanzar este debate fundamental.

Foto de portada: La nueva era de Oriente Medio podría traer consigo una mayor consolidación del Eje de la Resistencia. (Captura de vídeo, Palestine Chronicle)

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