Charlotte Ritz-Jack, +972.com Magazine, 12 junio 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Charlotte Ritz-Jack es becaria editorial en la revista +972 Magazine, con sede en Jerusalén. Se graduó en el Harvard College en la primavera de 2025.
La mañana del 12 de mayo comenzó como tantas otras para Zakaria Qatusa, un hombre de 44 años y padre de cuatro hijos, natural de Deir Qadis, en la Cisjordania ocupada. Cada pocos meses, Qatusa se levantaba temprano, se desplazaba hasta Al-Ram —una localidad limítrofe con Jerusalén Este pero aislada por el muro de separación de Israel— y trepaba por el hormigón. Una vez al otro lado, se dirigía al centro de Israel, donde pasaba los siguientes uno o dos meses realizando diversos trabajos de construcción. Tras ganar unos cuantos miles de shekels, emprendía el viaje de vuelta con su familia.
En esta ocasión, sin embargo, Qatusa nunca volvió a casa. «La policía israelí le disparó y lo mató», contó a +972 Magazine el hermano de Zakaria, que prefiere no dar su nombre. «Una bala le alcanzó en la cabeza mientras trepaba por el muro, y murió como mártir».
Los Qatusa se encuentran entre las docenas de familias palestinas de Cisjordania que recientemente han enterrado a seres queridos asesinados mientras intentaban entrar en Israel en busca de trabajo. «Hay muchísima gente que hace esto porque ha perdido sus ingresos», explicó el hermano de Zakaria. «No podía mantener a su familia, su hogar, las cosas que necesitaba».
Desde que se construyó el muro de separación a principios de la década de 2000, los palestinos lo han escalado —eludiendo los puestos de control que mantienen el estricto régimen de permisos de Israel— para buscar trabajo o rezar en la mezquita de Al-Aqsa, en Jerusalén. Pero, aunque en el pasado el ejército israelí solía detenerlos o herirlos, los casos de muerte eran bastante infrecuentes. Sin embargo, desde el 7 de octubre, el número de víctimas mortales se ha disparado.
La Federación General de Sindicatos Palestinos informa de que Israel ha matado a más de 50 palestinos que intentaban cruzar la barrera de separación sin permiso en los últimos dos años y medio. Otros cientos —al menos 290 según la ONU— han resultado heridos al intentar superar el muro de 7,6 metros de altura.

Zakaria Qatusa, un año antes de ser asesinado. (Cortesía de la familia Qatusa)
Assaf Adiv, director ejecutivo de la Asociación de Trabajadores de Ma’an, que sindica a trabajadores de todo Israel y Cisjordania, afirmó que el número de personas muertas o heridas al intentar cruzar la barrera es probablemente mucho mayor que las cifras indicadas por la ONU y la Federación de Sindicatos. Señaló que muchas muertes no se denuncian a la policía israelí (cuyos datos constituyen la base de los recuentos mencionados) y que los trabajadores que son atacados en el muro a menudo intentan llegar a los hospitales sin ser descubiertos.
«Es muy difícil de estimar», dijo Adiv, pero sugirió que «entre 100 y 200 trabajadores han muerto intentando cruzar desde el 7 de octubre».
Este aumento de los asesinatos es, ante todo, un reflejo del incremento de los intentos de cruzar la frontera, impulsados por la desesperación económica. Casi un tercio de los palestinos de Cisjordania se encuentra actualmente en paro, en gran parte debido a que Israel ha prohibido la entrada al país a 150.000 personas con permisos de trabajo desde el 7 de octubre. Otros cientos de miles de empleados del sector público llevan meses sin cobrar sus salarios, ya que Israel sigue reteniendo más de 4.500 millones de dólares en ingresos fiscales de la Autoridad Palestina.
En los últimos meses, sin embargo, las cifras han aumentado aún más después de que el ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, ordenara a la policía utilizar munición real por defecto contra los palestinos que cruzaran la barrera sin permiso. «La Policía de Fronteras ha iniciado una buena prueba piloto disparando a los que entran ilegalmente», dijo Ben Gvir en diciembre. «Y eso está empezando a reducir las cifras».
Mientras tanto, el número de muertos no hace más que crecer. Sólo en mayo, al menos cuatro palestinos murieron al intentar cruzar la barrera.
«Cada dos días, alguien muere intentando cruzar el muro de separación», afirmó Marwan (seudónimo), que solía desplazarse desde su casa en la localidad cisjordana de Anata a su trabajo en el sector hortofrutícola de Tel Aviv antes de que Israel le cancelara el permiso tras el 7 de octubre.
Desde entonces, ha estado haciendo un seguimiento de las muertes y lesiones de personas en busca de empleo en el tramo del muro de Al-Ram, donde ha sido testigo de un aumento de los tiroteos mortales en las últimas semanas. Tiene cientos de vídeos impactantes que muestran a trabajadores a los que disparan mientras trepan por el muro y caen al vacío, y a paramédicos de la Sociedad de la Media Luna Roja Palestina atendiendo a los heridos graves.

Francotiradoras de la Policía de Fronteras israelí toman posiciones cerca de la barrera de separación durante una operación contra los palestinos que entran sin permiso, el 28 de abril de 2026. (Chaim Goldberg/Flash90)
Soldados y agentes de policía israelíes también han detenido a decenas de palestinos escondidos en el maletero de coches o hacinados en un camión de basura. Los descubiertos se encuentran entre los 38.000 trabajadores palestinos detenidos por las autoridades israelíes desde el 7 de octubre, según la Federación de Sindicatos palestinos. Muchos de ellos fueron puestos en libertad posteriormente, pero miles siguen languideciendo en prisiones israelíes, donde la tortura y los abusos son sistemáticos y se sabe que unos 100 palestinos han muerto desde que comenzó la guerra en Gaza.
Ante estas amenazas mortales, muchos palestinos están optando por vivir en la pobreza extrema antes que arriesgarse a escalar el muro. El hermano de Zakaria cruzó a Israel dos veces después del 7 de octubre, pero desde que Zakaria fue asesinado hace unas semanas, ha decidido no volver a intentarlo. «No quiero arriesgar mi vida y dejar a mis hijos a su suerte solo para poder trabajar en Israel», dijo.
«Mártir de los trabajadores»
Antes del 7 de octubre, Imad Harun Ishtayeh regentaba una exitosa carnicería en su ciudad natal de Salem, al este de Nablus. Pero desde el inicio de la guerra de Gaza, en medio de una profunda crisis económica en Cisjordania, su negocio se paralizó. «Apenas podía llegar a fin de mes y mantener a su familia», declaró su primo, Nasser, a +972 Magazine. «No había demanda de pollo palestino». Hace poco más de dos meses, Ishtayeh se vio obligado a cerrar la tienda.
Buscó otro trabajo, pero no encontró una fuente de ingresos viable. Imad estaba construyendo una casa, esperaba casarse pronto y necesitaba mantener a su padre, que padecía cáncer. A finales de mayo, desesperado, decidió hacer lo que muchos a su alrededor hacían: entrar clandestinamente en Israel.
La mañana del 31 de mayo, Ishtayeh y otros hombres instalaron una escalera junto a un tramo del muro en Al-Ram, y él fue el primero en intentar trepar por las losas de hormigón cubiertas con alambre de púas. Casi de inmediato, un agente de la Policía Fronteriza le disparó en el muslo, provocándole la rotura de una arteria principal. Como se puede apreciar en un vídeo que muestra las consecuencias, los demás hombres se apresuraron a bajar su cuerpo inerte por la escalera y trasladarlo a un hospital en Ramala, donde los médicos lo declararon muerto.

Dolientes portan el cuerpo del trabajador palestino Imad Harun Ishtayeh, de 26 años, asesinado por las fuerzas israelíes en el muro de separación, durante su funeral en la aldea de Salem, Cisjordania, el 31 de mayo de 2026. (Nasser Ishtayeh/Flash 90)
«No estaba armado; se ve claramente en el vídeo», lamentó Nasser. «Es obvio que es un civil, y tiene a otros 10 trabajadores civiles con él». La familia de Ishtayeh celebró un funeral esa misma noche, al que, según Nasser, asistieron más de 10.000 personas. «Lo llaman ‘mártir de los trabajadores’», añadió.
Mientras la economía de Cisjordania se encuentra en cuidados intensivos, la economía de Israel está en auge a pesar de la guerra con Irán. En particular, a medida que el shekel se acerca a su límite máximo, la demanda de los trabajos mal pagados que suelen ofrecer los palestinos —construcción, carpintería, agricultura— tiende a aumentar. Varios trabajadores entrevistados para este artículo testificaron que a menudo trabajan más de 60 horas semanales.
Dentro de Israel, los trabajadores a tiempo completo de Cisjordania cobran un promedio de 6.000 a 7.000 NIS (alrededor de 2.100 a 2.500 dólares) al mes, en efectivo y en negro. Estas sumas son más del doble del salario promedio en Cisjordania antes del 7 de octubre. En la actual crisis económica, estos salarios representan casi cuatro veces el sueldo de los empleos locales disponibles (de los cuales 10.000 se encuentran en asentamientos israelíes). «Si no hubiera empleadores al otro lado, los trabajadores no arriesgarían sus vidas», explicó Adiv, de Ma’an.
Las autoridades han descubierto a empleadores israelíes sobornando a la Policía Fronteriza para que hiciera la vista gorda mientras introducían trabajadores de contrabando desde Cisjordania, o pagando a israelíes judíos para que condujeran a los trabajadores a través de los puestos de control en sus coches discretos, como ocurrió con el hermano de Zakaria en las dos ocasiones en que entró clandestinamente al país. «La ironía es que trabajamos con israelíes que no son hostiles», afirmó.
Adiv fue informado sobre los últimos informes internos de seguridad militar israelí y comunicó que el ejército sospecha que entre 60.000 y 70.000 palestinos de Cisjordania trabajan actualmente en Israel sin permisos. Sin embargo, la mayor parte de ellos pasan las pocas semanas que permanecen en Israel escondidos. «Una vez que cruzan la barrera, la gente no está segura; la preocupación es constante», explicó. La mayoría trabaja en ciudades donde predomina la población árabe, y resulta más fácil integrarse con los trabajadores locales que en las ciudades israelíes más grandes y con una población judía más homogénea.

Un agente de la Policía Fronteriza israelí detiene a dos palestinos que saltaron la barrera de separación en el barrio de Beit Hanina, en Jerusalén Este, el 23 de diciembre de 2025. (Chaim Goldberg/Flash90)
Mohammed y Yusef, dos jóvenes de 20 años de la región de Masafer Yata, en el sur de Cisjordania, que pidieron mantener esos seudónimos, declararon a +972 que planeaban realizar su tercer viaje a Israel sin permiso en los próximos días. Como en viajes anteriores, un familiar los dejaría cerca de la Línea Verde, en una zona donde aún no se había completado el muro de separación. Caminarían seis horas a través del desierto del Négev hasta la ciudad israelí de Arad, en el sur del país, y luego tomarían un taxi hasta la ciudad beduina donde se quedarían uno o dos meses trabajando. Sin embargo, Mohammed admitió que aún existen riesgos graves. «Si la policía nos atrapa en el camino, iremos a la cárcel dos o tres meses», afirmó. «Si nos vuelven a atrapar después de eso, nos pondrán en detención administrativa», refiriéndose a una forma de encarcelamiento sin cargos ni juicio que puede extenderse indefinidamente.
«Cada uno de nosotros tiene una sentencia de muerte»
Hay pocos indicios de que Israel planee reincorporar a los trabajadores palestinos a su fuerza laboral en un futuro próximo. En cambio, el gobierno ha importado a decenas de miles de trabajadores migrantes para reemplazar a aquellos a quienes Israel prohibió la entrada después del 7 de octubre, lo que ha agravado aún más la crisis de empleo en Cisjordania y ha llevado a más hombres a arriesgar sus vidas por trabajo.
La crisis se intensifica debido a la estructura económica de Cisjordania, fuertemente endeudada. «Todos en Cisjordania tienen préstamos», explicó Adiv, y las familias siguen sin poder realizar sus pagos mensuales. «Los bancos han iniciado procedimientos legales y hay personas detenidas, arrestadas y desalojadas».
Desde el 7 de octubre, el riesgo de impago de los préstamos para los hogares palestinos se ha disparado. Si bien la Autoridad Monetaria Palestina ha intervenido exigiendo a los bancos que ajusten las deducciones mensuales de los pagos a salarios parciales y autorizando el aplazamiento de los pagos, los principales cabezas de familia se enfrentan a la posibilidad de perder su hogar, su automóvil o su libertad. La grave presión financiera está desestabilizando a las familias palestinas: Marwan y su esposa se encuentran entre los miles de personas que solicitan el divorcio a medida que sus matrimonios se desmoronan bajo estas condiciones de inestabilidad y represión.

Palestinos utilizan una cuerda para escalar un tramo del muro de separación israelí hacia Beit Hanina, Jerusalén Este, el 28 de octubre de 2024. (Jamal Awad/Flash90)
La gravedad de la crisis también ha llevado a algunos palestinos a quitarse la vida, aunque las tasas de suicidio son generalmente bajas en Cisjordania. Marwan conoce al menos a dos personas que intentaron suicidarse, alegando su incapacidad para pagar sus deudas o la falta de perspectivas de ingresos. Hace dos años, filmó a un palestino prendiéndose fuego en un concurrido mercado de Hebrón mientras declaraba que no tenía trabajo.
«La situación es absolutamente trágica», dijo Marwan. «A nadie le importamos los trabajadores; nos estamos muriendo un poco cada día».
Y a pesar del creciente número de muertos, hay pocas pruebas que sugieran que los intentos por encontrar trabajo en Israel vayan a disminuir. «Es difícil esperar que los palestinos dejen de intentar cruzar la barrera, a pesar de que esto pone sus vidas en grave riesgo», declaró a +972 Elza Bugnet, abogada de la Asociación por los Derechos Civiles en Israel (ACRI, por sus siglas en inglés). Bugnet forma parte de un equipo que impugna la legalidad del uso de fuego real por parte de la policía israelí contra trabajadores que cruzan la barrera. «El reglamento policial sobre el uso de fuego real no autoriza a los agentes a utilizarlo en estos casos, especialmente cuando la persona está desarmada y no representa una amenaza», explicó. «Israel es plenamente consciente de que quienes cruzan son personas que buscan trabajo, y este uso de la fuerza implica un riesgo extremo y desproporcionado».
Foto de portada: Unos palestinos utilizan una cuerda para trepar por la barrera de separación desde la localidad de Al-Ram hacia Jerusalén Este, el 12 de enero de 2026. (Chaim Goldberg/Flash90)