James Smith, Middle East Eye, 6 julio 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

James Smith es profesor de Política y Práctica Humanitaria en la University College London (UCL) y médico de urgencias en Londres. Trabajó en Gaza entre diciembre de 2023 y enero de 2024, y entre abril y junio de 2024.
El 1 de mayo de 2024, me reuní en Gaza con el pediatra palestino y director del Hospital Kamal Adwan, el doctor Hussam Abu Safiya.
Dos años después, corre un riesgo inminente de ser asesinado en la tristemente célebre prisión israelí de Nitzan, tras llevar más de 550 días en cautividad.
Aquel día de mayo de 2024, el equipo de nuestra ambulancia se unió a un pequeño convoy de la ONU para viajar al norte de Gaza. Se nos había concedido un breve margen de tiempo para dejar a un equipo médico noruego en el Hospital Al Awda y, a continuación, trasladar a pacientes del Kamal Adwan al sur de Gaza, donde debían esperar a ser evacuados.
En Al Awda vimos las huellas de los repetidos ataques de Israel contra el hospital. Las paredes estaban acribilladas por agujeros de balas de gran calibre. Entre la tercera y la cuarta planta quedaba un enorme hueco, causado por un ataque israelí contra el hospital en noviembre de 2023 que acabó con la vida de tres médicos y un acompañante de un paciente.
Llegamos al hospital Kamal Adwan bien pasado el mediodía. Los soldados israelíes nos habían retenido en un puesto de control en Netzarim durante casi tres horas, lo que significaba que disponíamos de muy poco tiempo para identificar y trasladar de forma segura a los pacientes de nuestra lista.
El Dr. Abu Safiya nos recibió en su despacho. También estaban presentes representantes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de Médicos Sin Fronteras (MSF), y nos invitaron a sentarnos mientras él y sus colegas nos explicaban los numerosos retos a los que se enfrentaban al ser el hospital más septentrional de Gaza.
El zumbido penetrante de los drones israelíes era implacable. A pesar de la amenaza constante de ataques y de la escasez provocada de alimentos, se nos ofrecieron agua y galletas, como es habitual en la hospitalidad palestina.
Maltrato desvergonzado
El doctor Abu Safiya nos mostró las instalaciones del hospital. Los patios y las escaleras estaban abarrotados y las salas llenas.
Nos llevaron a la sala de pediatría para ver a los niños a su cargo: decenas de niños en estado crítico, algunos visiblemente desnutridos y otros con necesidad urgente de medicación que Israel había impedido que llegara a los hospitales de Gaza.
Ese día trasladamos a cuatro niños al sur de Gaza. Un ataque israelí había causado heridas horribles a tres de ellos, mientras que el cuarto necesitaba una evacuación urgente para someterse a un trasplante. Todos habían sido atendidos meticulosamente, con lo poco que les quedaba, por el doctor Abu Safiya y el personal de enfermería y médico del Kamal Adwan.
La siguiente vez que volví a ver al doctor Abu Safiya fue en unas imágenes de vídeo ocho meses después, cuando circularon unas imágenes por Internet en las que se veía al médico caminando hacia dos vehículos blindados israelíes apostados en una calle adyacente al hospital.
Estaba de pie, erguido, mirando al frente y vestido con su bata blanca de médico. En las semanas anteriores, el centro médico había sido atacado, asaltado y rodeado en repetidas ocasiones. Decenas de pacientes y miembros del personal habían perdido la vida dentro del hospital, y muchos más en las inmediaciones.
Entonces, el doctor Abu Safiya fue víctima de una desaparición forzosa. Se sabía muy poco sobre su paradero, o incluso si seguía con vida, hasta que un abogado de al-Mezan pudo visitarlo en febrero de 2025.
Para entonces, ya había sido sometido a tortura: lo desnudaron, lo golpearon repetidamente y lo mantuvieron en régimen de aislamiento prolongado.
Dos semanas más tarde, los medios de comunicación israelíes publicaron unas imágenes de vídeo del doctor Abu Safiya, esposado de manos y pies y rodeado de guardias de prisiones israelíes. Por supuesto, tenían el rostro cubierto: los guardias de prisiones y los soldados israelíes saben que es poco probable que tengan que rendir cuentas, pero, aun así, no se arriesgan.
El Dr. Abu Safiya permanece recluido desde entonces, sin cargos ni condena, en virtud de la ilegítima Ley de Combatientes Ilegales de Israel, y durante todo este tiempo han continuado las torturas y los descarados malos tratos.
Violencia sádica
Nunca se ha presentado ninguna prueba que justifique la detención del Dr. Abu Safiya, ni ninguna prueba podría justificar jamás la violencia sádica que se le ha infligido.
¿Su delito? Que se empeñó en quedarse con sus pacientes. Que, a diferencia del personal de las agencias de la ONU y las ONG internacionales, se negó a marcharse y, al actuar así, no otorgó legitimidad alguna a los repetidos intentos de limpieza étnica por parte de Israel.
Las manos sanadoras que se resisten al borrado salvando vidas siempre serán consideradas una amenaza para aquellos cuya ambición es el genocidio.
Y, como tal, así es como el Israel genocida ha tratado al doctor Abu Safiya. Durante la última visita de su abogado, el 2 de julio, había recibido una paliza tan brutal que estaba casi irreconocible. Tenía dificultades para respirar, estaba débil, parecía a punto de perder el conocimiento y se encontraba en un estado de gran angustia.
«Esta es la última vez que vas a verme… Me han traído aquí, a la prisión de Nitzan, para matarme», le dijo el doctor Abu Safiya a su abogado.
Su vida corre un peligro inminente. No cabe duda de que este riesgo es real; seis profesionales sanitarios palestinos ya han sido asesinados bajo custodia israelí desde octubre de 2023.
Tenemos que actuar
Quienes tienen el poder de actuar han optado, en cambio, por quedarse de brazos cruzados y observar cómo Israel ha sembrado la muerte y la destrucción por toda Palestina y en otros países de la región.
La detención, la tortura y el asesinato de palestinos dentro del sistema penitenciario israelí no son una irregularidad, ni la obra de unos pocos guardias de prisión sin escrúpulos; representan una de las consecuencias más perversas de la necesidad intrínseca de Israel de deshumanizar y oprimir al pueblo palestino.
El doctor Hussam Abu Safiya debe ser puesto en libertad de inmediato. Lo mismo ocurre con todos los detenidos palestinos, incluidos los otros 83 trabajadores sanitarios que, a fecha de abril, seguían recluidos en prisiones israelíes —23 de los cuales también habían trabajado en el Hospital Kamal Adwan—.
Es evidente que nuestras obligaciones no pueden quedarse ahí. No existe un colonialismo de asentamientos respetuoso con los derechos humanos, un apartheid digno o una ocupación que pueda tildarse de humana.
La viabilidad de Israel como colonia de asentamientos depende de la tortura y la detención continuadas de los palestinos y, como tal, no puede haber perspectivas de que esta depravación llegue a su fin mientras se permita que el colonialismo de asentamientos prospere.
Foto de portada: El médico palestino Hussam Abu Safiya, que fue capturado por el ejército israelí en Gaza a finales de 2024 y sigue detenido, comparece por videoconferencia en la vista celebrada en el Tribunal Supremo israelí en Jerusalén el 10 de junio de 2026 (Reuters).