Basel Adra, +972.com Magazine, 14 julio 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Basel Adra es un activista, periodista y fotógrafo del pueblo de At-Tuwani, en las colinas del sur de Hebrón.
El 16 de junio, el ministro de Hacienda israelí, Bezalel Smotrich, asistió a la ceremonia de inauguración del nuevo asentamiento israelí de Doran, construido en terrenos pertenecientes a los palestinos en Dura, al sur de Hebrón. Durante la inauguración, aprovechó la ocasión para hacer un drástico anuncio: el Protocolo de Hebrón de 1997 había quedado anulado.
Firmado como parte de los Acuerdos de Oslo —y apenas tres años después de que un colono israelí-estadounidense masacrara a 29 palestinos en la mezquita de Ibrahím de Hebrón—, el protocolo dividió de hecho Hebrón en dos: H1, que constituye el 80% de la ciudad, donde el ejército israelí cedió el control a la Autoridad Palestina; y H2, que comprende la Ciudad Vieja y los barrios circundantes, donde el ejército israelí mantuvo el control.
Es fundamental señalar que, incluso en H2, el Ayuntamiento de Hebrón, gestionado por palestinos, conservaba una autoridad civil limitada en materia de planificación, permisos de construcción y desarrollo de infraestructuras. Sin embargo, la decisión de Smotrich elimina de hecho esa autoridad, despojando al ayuntamiento de su competencia en materia de planificación —incluidos los lugares sagrados de la ciudad, sobre todo la mezquita de Ibrahím— y sometiéndola por completo al control de la Administración Civil, la unidad militar israelí que supervisa la política civil en la Cisjordania ocupada.
El mismo día del anuncio de Smotrich, en un aparente intento por contener las repercusiones diplomáticas, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel afirmó que el protocolo no se había anulado por completo. En una publicación en X, el ministerio aclaró «que, contrariamente a las declaraciones del ministro de Hacienda, el Acuerdo de Hebrón no se había cancelado». El ministerio explicó que el gabinete de seguridad había decidido varios meses antes asumir el control de la planificación y la construcción en zonas vinculadas a los colonos israelíes y a los lugares sagrados judíos.
Pero esta medida por sí sola tendrá implicaciones de gran alcance para Hebrón, algunas de las cuales ya son evidentes sobre el terreno.

El ministro de Hacienda israelí, Bezalel Smotrich, y el ministro de Defensa, Israel Katz, asisten a la ceremonia de inauguración del nuevo asentamiento de Doran, en las colinas del sur de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, el 16 de junio de 2026. (Chaim Goldberg/Flash90)
«En el pasado, cada vez que Israel planificaba una construcción en la parte sur de Hebrón, se nos notificaba oficialmente y teníamos la oportunidad de presentar objeciones, un proceso que solía durar unos dos años», explicó Khaled Al-Qawasmi, teniente alcalde de Hebrón y exministro de Gobierno Local de la Autoridad Palestina. «Sin embargo, recientemente, los colonos recibieron la autorización para añadir otra planta al instituto religioso en un plazo muy breve y sin notificarlo al ayuntamiento».
Al-Qawasmi se refería a la aprobación por parte de las autoridades israelíes de una residencia para colonos destinada a los estudiantes de la yeshivá de Shavei Hevron, situada en el asentamiento ilegal de Beit Romano, en pleno centro de Hebrón. Aproximadamente 900 colonos viven ya dentro de la ciudad palestina, y el proyecto de la residencia añadiría dos plantas a un edificio comercial de la calle Al-Shalala, la vía principal que utilizan los palestinos para llegar a la Ciudad Vieja de Hebrón.
«El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu y Smotrich están dando pasos efectivos hacia la anexión de facto de estas zonas, ya que han dejado de estar bajo nuestra jurisdicción», añadió Al-Qawasmi.
Derribar el statu quo
Para muchos palestinos, la toma de control por parte de Israel de la planificación y la construcción en el corazón de Hebrón ha suscitado preocupación por el futuro del complejo de la Mezquita de Ibrahím —uno de los monumentos religiosos e históricos más destacados de Palestina—.

Banderas israelíes cuelgan de las paredes exteriores de la Mezquita de Ibrahím, en la ciudad cisjordana de Hebrón, el 16 de julio de 2025. (Wisam Hashlamoun/Flash90)
Conocido también como la Tumba de los Patriarcas, el lugar es considerado sagrado por judíos, musulmanes y cristianos por su vínculo con Abraham, el primer patriarca judío (conocido por los musulmanes como el profeta Ibrahím), y posee una importancia arquitectónica y cultural única. Los palestinos incluso lograron que la Ciudad Vieja de Hebrón y la mezquita de Ibrahim fueran declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y ambas figuran en la lista de la organización de sitios en peligro.
En junio de 2023, tras una campaña de 20 años por parte de los colonos israelíes, Israel inauguró un ascensor en la mezquita —una medida provocadora a la que los palestinos se habían opuesto durante mucho tiempo y que se llevó a cabo sin el consentimiento del Ayuntamiento de Hebrón—. Los recientes cambios en el Protocolo de Hebrón permitirán a Israel emprender nuevas acciones unilaterales para modificar la estructura del lugar sagrado, sin tener siquiera que aparentar que busca la coordinación o la aprobación de las autoridades palestinas locales.
De hecho, desde que estos cambios entraron en vigor, las autoridades israelíes ya han comenzado a realizar modificaciones estructurales en la mezquita sin la aprobación palestina, entre ellas diversas medidas para aumentar el acceso de los colonos al lugar y consolidar el control israelí sobre la ciudad.
«La ocupación ha comenzado a alterar la mezquita de Ibrahím mediante la construcción de un techo sobre su patio interior, en un intento de cambiar su carácter árabe e islámico», afirmó Al-Qawasmi. La justificación oficial de Israel para el proyecto es proteger a los colonos y a otros visitantes de las inclemencias del tiempo, pero, como señala Al-Qawasmi, «esto también viola la designación de la UNESCO de la mezquita y sus alrededores como Patrimonio Mundial en Peligro».
Según Al-Qawasmi, también se han intensificado las restricciones impuestas a los fieles musulmanes. «Ya no se les permite permanecer en los patios de la mezquita; solo pueden acceder a la zona de oración designada, y los soldados comprueban con frecuencia sus documentos de identidad», explicó.

Un grupo de palestinos pasa por un puesto de control militar israelí de camino a la mezquita de Ibrahím, en la Ciudad Vieja de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, el 27 de enero de 2025. (Wisam Hashlamoun/Flash90)
Desde hace más de tres semanas, desde que comenzaron las obras en el tejado, el ejército israelí también ha impedido que se emita la llamada a la oración desde la mezquita. Según un miembro del Waqf que habló con +972 bajo condición de anonimato, el ejército alega que esto es necesario mientras duren las obras.
Varios palestinos que han sufrido las restricciones más estrictas del ejército explicaron a +972 que la posibilidad de que los fieles entren en la mezquita depende en gran medida del estado de ánimo de los soldados israelíes que se encuentran en la puerta, quienes deciden a cuántos palestinos dejan entrar cada día. Muchos creen que la intención es rechazar a la gente con tanta frecuencia que, al final, se desanimen hasta el punto de ni siquiera intentar entrar.
«Esta puerta ha convertido la vida en un infierno»
El mismo día en que Smotrich anunció la revocación del Protocolo de Hebrón, las fuerzas israelíes instalaron una puerta de hierro en la entrada de la calle Al-Shalala, en la Ciudad Vieja de Hebrón. Salpicada de cientos de tiendas, esta vía es una de las principales rutas que utilizan residentes, visitantes y fieles para llegar a la mezquita de Ibrahím, situada a unos 15 minutos a pie de la puerta.
Aunque ya estaba prohibido que los vehículos llegaran hasta la propia mezquita, la puerta —que puede abrirse y cerrarse a antojo de los soldados israelíes— impide que los coches accedan a las viviendas cercanas y al mercado. Pero para muchos de los que viven y trabajan aquí, la barrera es mucho más que un simple obstáculo para el tráfico; se ha convertido en un escollo más en una ciudad ya de por sí afectada por los cortes de carretera y las restricciones de movimiento. Solo en el kilómetro cuadrado que rodea la mezquita de Ibrahím, Israel ha instalado más de 120 puestos de control y barreras.
La presencia de colonos y soldados israelíes en la Ciudad Vieja y sus alrededores también ha dado lugar a frecuentes acosos, actos de violencia y cierres, lo que contribuye a una profunda sensación de inseguridad entre los palestinos. Durante las fiestas judías, los soldados israelíes obligan a los comerciantes palestinos a cerrar sus negocios y despejar las calles antes de escoltar a los colonos por las callejuelas de la Ciudad Vieja. Los residentes afirman que los colonos israelíes suelen provocar a los palestinos por el camino.
A solo dos metros de la puerta recién instalada, Badr Al-Tamimi regenta una tienda de recuerdos. Explicó a +972 Magazine que el cierre ha tenido consecuencias devastadoras tanto para los residentes como para los comerciantes.

Badr Al-Tamimi en la puerta de su tienda de recuerdos mientras soldados israelíes patrullan por la Ciudad Vieja de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, el 4 de julio de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)
«Cerrar la Ciudad Vieja con esta puerta ha convertido la vida en un infierno para quienes viven y trabajan aquí», explicó. «Los visitantes que vienen a rezar a la mezquita de Ibrahím o a comprar sienten ahora que entrar en la zona es como entrar en una jaula. Puedes entrar, pero no puedes salir sin que te registren, te humillen, te retengan o incluso te detengan. Se ha producido un descenso real en el número de personas que acuden a la Ciudad Vieja.
Como gobernación más poblada de Cisjordania, donde reside aproximadamente una cuarta parte de la población palestina de la región, Hebrón constituye un importante centro comercial en Palestina. Sus sectores industrial y agrícola —en particular las industrias de la piedra y el mármol— impulsan esta actividad económica, al igual que el turismo, debido a su importancia religiosa e histórica.
Sin embargo, en los últimos tres años, la ciudad ha sufrido un notable retroceso económico debido a las restricciones al movimiento, los cierres de carreteras y el consiguiente descenso de las actividades comerciales, industriales y turísticas. En una reciente rueda de prensa, el gobernador de Hebrón, Khaled Dodin, afirmó que el ejército israelí había aislado de hecho la ciudad con 106 puertas de hierro, al tiempo que bloqueaba 16 carreteras de acceso a la zona con montículos de tierra.
Mientras Al-Tamimi hablaba, un silencio inquietante invadía las calles, que estaban inusualmente vacías. Los comerciantes permanecían de pie frente a sus tiendas charlando entre ellos, mientras apenas se veía a un puñado de clientes. Para él, el mercado de Khan, situado en el interior de la Ciudad Vieja, ha llegado ya a un punto insalvable.
«Este solía ser uno de los mercados más importantes de la Ciudad Vieja, pero se ha hundido comercialmente: muchos comerciantes abren sus tiendas por la mañana y las cierran por la tarde sin haber realizado ni una sola venta», afirmó. «Los grupos de turistas extranjeros dejaron de venir en los últimos años, y ahora los clientes locales también se ven desanimados por la verja y las visitas provocadoras de los colonos».

Soldados israelíes protegen a los colonos durante su incursión semanal en la Ciudad Vieja de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, el 4 de julio de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)
Prestar servicios municipales a los residentes que viven dentro de las zonas cerradas también se ha vuelto cada vez más difícil, explicó Al-Qawasmi. «Incluso los servicios rutinarios, como la recogida de basura, requieren una coordinación militar previa. Los trabajadores municipales suelen esperar en los puestos de control mientras los soldados inspeccionan sus documentos de identidad, y a algunos se les niega la entrada por completo. Las mismas restricciones se aplican a los equipos de mantenimiento de la red eléctrica y del agua».
Según Al-Tamimi, los ataques del 7 de octubre y el posterior genocidio israelí en Gaza dieron a Israel más margen de maniobra para expulsar a tantos palestinos como fuera posible en Hebrón y en toda Cisjordania. «Lo que ocurrió fue que cayeron las máscaras y se reveló su verdadero rostro; quedaron claros el apetito y los planes de la ocupación para apoderarse de la mayor parte posible del territorio», afirmó. «A la ocupación ya no le importa justificar sus acciones».
«Un preludio de algo aún peor»
Para Zulaikha Al-Mohtaseb, directora de guardería de 64 años y activista comunitaria que lleva décadas viviendo en la zona de la Ciudad Vieja ahora bloqueada por la puerta, las restricciones han añadido otra capa de dificultades a la vida cotidiana.
«Ya no puedo coger un taxi hasta mi casa; tengo que ir andando desde la puerta cargando con las bolsas de la compra en la mano», explicó a +972. «Durante el Eid, mis hermanos me dijeron que no podían venir a visitarme por culpa de la puerta, así que tuve que ir yo a verlos».
Algunas familias de la Ciudad Vieja se han visto obligadas a alquilar viviendas fuera de las zonas cerradas —especialmente durante las fiestas judías, cuando se cierran las puertas y se intensifican la actividad de los colonos y los ataques— para poder acoger a sus familiares y asistir a reuniones sociales.

Un hombre palestino pasa por un control israelí en la calle Al-Shuhada, en Hebrón, en la Cisjordania ocupada, el 3 de julio de 2024. (Yossi Aloni/Flash90)
La puerta principal de Al-Mohtaseb da directamente a la calle Al-Shuhada, que discurre paralela a la calle Al-Shalala y que en su día albergó uno de los principales mercados de Hebrón, antes de que Israel cerrara la calle a los palestinos en 1994. Una de las disposiciones del Protocolo de Hebrón exigía la reapertura de la calle Al-Shuhada a los vehículos palestinos, pero, tras la Segunda Intifada, Israel la cerró incluso a los peatones palestinos.
«En 2002, los soldados israelíes soldaron mi puerta principal para impedir que la utilizara», recuerda. «En 2006, obtuve un permiso para cruzar la calle Al-Shuhada, pero solo duró un año. En 2009, después de que unos activistas internacionales atravesaran la calle desde mi casa, los soldados irrumpieron en ella, destrozaron los muebles y volvieron a soldar la puerta. Desde entonces ha permanecido cerrada».
Desde entonces, Al-Mohtaseb se ha visto obligada a entrar y salir de su casa pasando por la de sus vecinos para llegar a la calle Al-Shalala. «También tuve que instalar una valla metálica alrededor de mi balcón después de que unos colonos intentaran trepar a mi casa y me lanzaran piedras», añadió.
«Pero el acoso continúa», prosiguió. «Hace poco, mientras regaba mis flores, un colono me gritó: ‘¿Quieres que te lancemos plátanos?’, burlándose de mí mientras yo estaba detrás de la valla metálica de mi propia casa».
Varios palestinos explicaron a +972 que la verja instalada al final de la calle Al-Shalala y a la entrada del mercado de Khan tiene como objetivo llevar a cabo lo que denominaron un «desplazamiento silencioso» de la Ciudad Vieja de Hebrón.
Foto de portada: Soldados israelíes patrullando por la Ciudad Vieja de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, el 4 de julio de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)