«Oscuridad, llamas, gritos»: Aldea palestina aterrorizada por colonos israelíes

Basel Adra, +972.com Magazine, 7 agosto 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Basel Adra es un activista, periodista y fotógrafo del pueblo de At-Tuwani, en las colinas del sur de Hebrón.

El mensaje de WhatsApp llegó a las 21:50 horas del miércoles. Era una súplica desesperada de ayuda por parte de Hamza Abu Jundiya, un joven de 22 años de la aldea de Tuba, en Masafer Yatta: «Los colonos están prendiendo fuego a las casas».

A las 22:11 horas, otro mensaje: «Enviad ambulancias y bomberos. Hay niños heridos y las casas están ardiendo».

Esas pocas palabras reflejaban el terror que se estaba desatando aquella noche en la pequeña aldea, situada en el extremo sur de Cisjordania ocupada. Ya había sido objeto de ataques incendiarios por parte de colonos israelíes anteriormente, pero este parecía tener una magnitud diferente.

Llegar a Tuba nunca es fácil. El camino de tierra que conduce a la aldea se encuentra dañado y erosionado por las lluvias invernales, ya que a los palestinos se les prohíbe repararlo; cualquier acción de este tipo se consideraría «construcción ilegal» en una zona donde es imposible obtener permisos. En el mejor de los casos, el trayecto dura unos 30 minutos.

Desde mi propio pueblo, At-Tuwani, antes solo se tardaba entre cinco y diez minutos. Pero la creación del puesto avanzado de Havat Ma’on y del asentamiento de Ma’on nos ha cortado el acceso a la carretera directa, lo que deja a Tuba cada vez más aislada siempre que estalla la violencia.

Una vista de la aldea palestina de Tuba en primer plano, con el asentamiento de Havat Ma’on al fondo, en Masafer Yatta, Cisjordania ocupada, 6 de agosto de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)

Para las familias que se vieron atrapadas en sus casas aquella noche, cada minuto que pasaba se hacía eterno. Rana Maghnam, de 37 años, estaba sentada en la habitación de invitados con su hijastra de 7 años, Razan, cuando comenzó el ataque.

«Miré por la ventana y vi a un grupo de colonos que bajaban corriendo por la colina», relató. «Salí fuera y el primer colono que llegó a nuestra casa se dirigió directamente hacia nosotras. Llevaba un palo y enseguida empezó a golpearme mientras las niñas se escondían detrás de mí».

«Corrimos a otra habitación para protegernos, pero el colono nos siguió», continuó Maghnam. «A Razan le alcanzó una piedra lanzada desde fuera de la casa que le golpeó en la nariz y el labio superior. Luego, el colono nos alcanzó de nuevo y me golpeó en la cabeza y en el brazo».

La agresión dejó a Maghnam con varios dedos de la mano derecha fracturados y una herida profunda en la cabeza que requirió ocho puntos de sutura. Fue trasladada a un hospital de la ciudad más cercana, Yatta, donde recibió atención de urgencia. Pero, mucho después de que le hubieran suturado las heridas, los recuerdos de aquella noche seguían siendo imposibles de borrar.

Todavía le cuesta describir el miedo que sintió al ver a decenas de colonos israelíes asaltando su pueblo. «Fue una noche aterradora. Los gritos, los llantos, los golpes a la gente y el estruendo de las ventanas al romperse resonaban por todas partes. «Las llamas se elevaban desde la habitación de invitados donde habíamos estado sentadas, y el humo se colaba en la habitación donde nos escondimos después de que prendieran fuego a las sillas, los sofás y los muebles de madera que había fuera de la casa». 

Mobiliario quemado delante de una vivienda tras un pogromo perpetrado por colonos israelíes en la aldea palestina de Tuba, Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, el 6 de agosto de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)

Cuando por fin amaneció, la destrucción se reveló en toda su magnitud: tres viviendas habían quedado calcinadas hasta quedar irreconocibles. La red eléctrica de la aldea sufrió graves daños a causa de los incendios, y los colonos habían destrozado aproximadamente dos docenas de paneles solares de la aldea. Cinco residentes, entre ellos tres niños, resultaron heridos.

Al salir de la aldea, los colonos habían pintado con espray las palabras «1-0 para los judíos» en hebreo en el redil de una familia, un mensaje que los residentes interpretaron no solo como vandalismo, sino como una celebración de su sufrimiento.

«Incendiaron la casa mientras yo estaba todavía dentro»

A la mañana siguiente, en el interior de una de las viviendas incendiadas, todo estaba ennegrecido. Del techo colgaban cables eléctricos derretidos. El suelo estaba cubierto de cenizas. La nevera no era más que un caparazón de metal retorcido. Incluso quince horas después del incendio, el olor a humo era tan insoportable que dificultaba la respiración.

De pie entre los restos de la casa de su familia, Sujud Mahmud Awad, de 17 años, describió lo que había presenciado la noche anterior. «Estaba sentada dentro de la casa cuando oí ruidos fuera. Levanté la vista y vi a unos colonos lanzando piedras contra las ventanas. Corrí al baño para esconderme y llamé a mi padre, que estaba durmiendo en la habitación de al lado.

«Mi hermano Jud, de 11 años, estaba durmiendo en su habitación. Un colono lo agarró por el cuello, lo estranguló y lo arrojó fuera.

«Volvieron a entrar en la casa. Podía oír cómo destrozaban cosas. Tiraron la nevera y la lavadora al suelo y luego prendieron fuego a la casa mientras yo seguía dentro, temblando de miedo». 

Los residentes inspeccionan los daños causados por el incendio en sus hogares tras un pogromo perpetrado por colonos israelíes en la aldea palestina de Tuba, en Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, el 6 de agosto de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)

En ese momento, no estaba segura de si iba a poder salir con vida. «Un colono empezó a golpear la puerta del baño. La puerta me golpeó en la cara y caí al suelo. Cuando los colonos por fin se marcharon, un humo espeso invadió la casa. El fuego se propagó rápidamente de una habitación a otra. Salí corriendo aterrorizada, pero no podía respirar. Me desmayé fuera de la casa a causa del humo».

Su padre, Mahmud Awad, se despertó ante lo que describe como la peor pesadilla de cualquier padre. «Nuestra casa estaba en llamas, junto con la de mi hermano Mohamad, dos cobertizos para almacenar heno y una tienda de campaña que utilizábamos como trastero. Corrí a buscar a mis hijos. Tenía tres extintores, pero dos de ellos no funcionaban. Lo intenté todo para apagar el fuego, pero no pude. No disponemos del equipo de extinción de incendios que necesitamos».

Observó impotente cómo la oscuridad se apoderaba del pueblo. «Se fue la luz y el pueblo quedó completamente a oscuras. Solo había humo, llamas, llantos y gritos. Nos quedamos allí, incapaces de detener el fuego, mientras veíamos cómo consumía nuestras casas y destruía todo lo que había dentro.

«No paraba de correr de un lado a otro cargando con recipientes de agua, intentando extinguir las llamas, pero cada vez que me acercaba, el humo me asfixiaba y tenía que retroceder», continuó. «No quedó nada, salvo piedras y metal retorcido».

Todo lo que la familia poseía desapareció en cuestión de minutos. «La comida, los muebles, los colchones, las mantas… todo se esfumó».

«Destrozaron las cámaras de seguridad, los focos y nuestro cuarto de baño»

Hamza, cuyo mensaje aquella noche me había alertado por primera vez del ataque, dijo que, después de que los colonos incendiaran la casa de su primo Radwan, se dirigieron hacia la vivienda de su familia.

Paneles solares dañados tras un pogromo perpetrado por colonos israelíes en la aldea palestina de Tuba, en Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, el 6 de agosto de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)

«Uno de los colonos llevaba dos botellas llenas de líquido inflamable. Mi madre, mis hermanas y los niños corrieron al interior de la casa y se escondieron. Mi padre, mi hermano y yo nos quedamos fuera para defender nuestro hogar. Conseguimos impedir que le prendieran fuego, pero me alcanzaron con las piedras en la mano y en la espalda.

«Destrozaron tres cámaras de seguridad, los focos que rodeaban la casa y nuestro baño exterior», continuó. «También rompieron las ventanas al intentar entrar en la casa. Unos fragmentos de cristal roto le alcanzaron a mi madre en la cara».

A medida que más vecinos del pueblo se reunían y corrían hacia la casa para ayudar a defenderla, los colonos acabaron retirándose hacia el cercano puesto de Havat Ma’on, situado a solo unos minutos de Tuba. Se trata del mismo puesto desde el que, recientemente, decenas de colonos atacaron mi propio pueblo, At-Tuwani: incendiaron la mezquita, así como casas y coches, rompieron ventanas y pintaron con espray la palabra «venganza».

Jóvenes y voluntarios de las aldeas vecinas acudieron rápidamente a ayudar a extinguir los incendios antes de que llegaran los servicios de emergencia; debido al estado de la carretera, las ambulancias no llegaron a Tuba hasta casi una hora después de que comenzara el ataque. Un espeso humo cubría la aldea mientras los residentes se movían en la oscuridad con linternas de mano, buscando supervivientes, ayudando a los heridos e intentando desesperadamente salvar lo que quedaba.

La policía israelí llegó aproximadamente 40 minutos después de que comenzara el ataque, acercándose desde la dirección de Havat Ma’on. Los soldados israelíes, responsables de la seguridad en esta zona de Cisjordania, no llegaron hasta más de una hora después de que comenzara el asalto.

Uno de los vecinos afectados inspecciona los daños causados por el fuego en su hogar tras un pogromo perpetrado por colonos israelíes en la aldea palestina de Tuba, en Masafer Yatta, Cisjordania ocupada, el 6 de agosto de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)

Los vecinos afirman que la policía se desplazó de un edificio incendiado a otro tomando fotografías y grabando vídeos —procedimientos rutinarios que, según su experiencia, rara vez conducen al enjuiciamiento de los agresores—. Mientras tanto, los soldados se mostraron abiertamente hostiles hacia los aldeanos. Amenazaron a los residentes con detenerlos y recorrieron las casas incendiadas apuntando con sus armas a los civiles.

Si la policía estuviera realmente interesada en identificar a los responsables, sabría exactamente dónde buscar. Los colonos procedían del puesto avanzado y del asentamiento cercanos, lugares equipados con algunas de las cámaras de vigilancia más avanzadas de la zona. Pero los residentes no tienen esperanzas de que sus agresores sean llevados ante la justicia; en cambio, se ven obligados a prepararse para el próximo pogromo.

El viernes por la tarde, tres colonos de Havat Ma’on ya habían regresado a la aldea y se dedicaban a acosar a los residentes.

Foto de portada: Un juguete infantil quemado tras un pogromo perpetrado por colonos israelíes en la aldea palestina de Tuba, en Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, el 6 de agosto de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)

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